Capítulo 35
Row
S iempre he pensado que hay cosas en mi vida que son inamovibles, pero en esta última semana me he dado cuenta de que no es así.
Todo está cambiando.
Ahora Day y Jesse son inseparables, Nao ha descubierto que hacer de enfermera se le da bastante bien y apenas sale de su apartamento porque el poli se ha mudado con ella y Neva ha decidido hacerle un borrado total a su chico y dejarlo ir.
Tal vez, si yo no estuviese tan enterrada en mis propias miserias, la haría admitir que, al contrario de lo que ella asegura, su ruptura con Evan la está afectando.
Ni siquiera entiendo por qué me siento tan mal. Se supone que la gente normal necesita meses de convivencia para enamorarse y Tom y yo apenas nos conocemos, pero lo echo mucho de menos, joder.
No soy capaz de sacarme de la cabeza la forma en la que me miró, con tanta rabia y decepción.
«¿Crees que cuando salgas de aquí voy a encerrarme en una habitación oscura a llorar por ti?».
Exhalo el humo de mi cigarrillo y echo un vistazo a mi alrededor.
Mi dormitorio está aún más desordenado de lo habitual, hay botellas de vodka vacías por todas las superficies, ropa sucia amontonada, paquetes de cigarrillos arrugados tirados por el suelo… Apenas he salido de aquí en toda la maldita semana.
Al final he sido yo la que se ha encerrado a llorar en una habitación oscura.
Aparto un poco mi camiseta y veo la marca tatuada que me hizo Nao en el momento en el que salí del edificio de Tom.
Me advirtió de que no duraría demasiado y estaba en lo cierto.
Solo noté algo de alivio durante unas cuantas horas, y después el dolor, la angustia y la culpa volvieron con más fuerza.
Desde entonces no he podido convencerla para que intente hacerme un nuevo tatuaje.
«Tienes que enfrentarte a esto, Row. Llevas media vida tapando tus emociones. No puedes seguir huyendo».
Esbozo una falsa sonrisa y aplasto la colilla contra el fondo del cenicero. Es fácil decirlo. No es ella la que tiene que soportar cómo el pecho se parte en dos cada vez que piensa que pudo tenerlo todo y se ha quedado sin nada.
Fui una ingenua. Por un momento de verdad llegué a creer que había esperanza para mí.
Alyss, Ralph… A ellos los maté, pero con Tom… Ni siquiera sé por qué sigo llamándolo así en mi mente. Pero él ha sido el que me ha matado a mí.
Escucho cómo mi teléfono vibra sobre la mesita de noche, pero no me molesto en comprobar quién me ha enviado un mensaje.
Sigo bebiendo y enciendo otro cigarrillo. Tal vez debería dormir un rato. ¿Qué hora será ya?
Echo un vistazo a la ventana. Un par de rayos de luz alcanzan a colarse por las cortinas cerradas. No sé si ya ha amanecido o aún no se ha ido el sol. Sinceramente, tampoco es que me importe demasiado.
Le doy un nuevo trago a mi botella. Por más que bebo, me cuesta emborracharme, y eso es una mierda.
Mi teléfono sigue vibrando una y otra y otra vez. Cansada ya de escucharlo, lo alcanzo y con un suspiro abro la aplicación de mensajería instantánea.
Todos los mensajes son del grupo que tengo con mis hermanas y Jesse.
El primer mensaje es de Jesse hace solo unos minutos.
«Reunión de urgencia en la planta común del complejo».
Day y Neva enseguida responden de manera afirmativa.
«¿Cómo de urgente es?», pregunta Nao.
La respuesta de Jesse es inmediata.
«Lo bastante como para que muevas tu culo a la planta común del complejo».
Frunzo el ceño al leer el siguiente mensaje. No conozco el remitente.
«Su culo no es asunto tuyo».
Casi me echo a reír. Parece que el poli también ha sido invitado a participar en el grupo familiar.
«Estoy volviendo del trabajo, Lameculos».
La réplica de Nao abre un debate entre Jesse y ella en el que Day no tarda en intervenir.
«Row, lo de la reunión urgente también va por ti. Deja de lloriquear y sube a la planta común».
Pongo los ojos en blanco por el comentario de Jesse y tecleo un mensaje a toda prisa.
«Gracias por la invitación, pero esta vez paso. Divertíos sin mí».
La respuesta de Jesse no se hace esperar.
«No te estaba preguntando. Es importante. Sube, pero dúchate antes, haz el favor».
Bufo con fuerza y lanzo el teléfono sobre el colchón a mi lado.
Podría pasar el resto del día discutiendo con Jesse, pero sé que, si no lo hace él, alguna de mis hermanas vendrá a buscarme.
Me pongo en pie y, tal como esperaba, descubro que no estoy tan borracha como me gustaría.
Gracias a la inestimable ayuda de la pesada de mi hermana Neva estoy duchada y llevo ropa limpia.
Anoche apareció por aquí y no me dejó en paz hasta que me metí debajo del agua.
Mientras tanto, ella aprovechó para cambiarme las sábanas y recoger un poco de basura, aunque ya he acumulado algo más desde entonces.
Recojo mi teléfono, la cajetilla de tabaco y salgo del apartamento en pijama y descalza.
Solo tengo que subir un piso en el montacargas hasta llegar a la planta común.
Lo hago dispuesta a ignorar lo que sea que Jesse cree que es urgente, sin embargo, en cuanto doy un paso fuera del aparato y alzo la vista, me quedo paralizada al ver a Tom en mitad de la sala, rodeado por Jesse y mis hermanas.
Hasta el poli está sentado en el inmaculado sofá de Nao, con la pierna estirada sobre un cojín y el brazo pegado al pecho con un cabestrillo.
«¡¿Qué demonios hace Tom aquí?!», grito en mi cabeza, pero ni una sola palabra abandona mis labios.
Él me mira un segundo y después aparta la vista.
—Row, te estamos esperando. Solo faltas tú —vocifera Neva desde su enorme puf de colores.
Tomo una respiración profunda y doy un paso adelante.
«Vamos, Row, no eres una cobarde», me digo a mí misma mientras sigo avanzando.
Paso a su lado sin llegar a rozarlo siquiera. Ignoro las miradas poco disimuladas de los demás mientras me dejo caer en mi destartalado sofá y enseguida me enciendo un cigarrillo.
No voy a mirarlo. Me niego a hacerlo. Aguantaré lo que sea que haya venido a hacer aquí y después correré a encerrarme de nuevo en mi apartamento.
Thomas
Esto ha sido una mala idea.
Creí que contactar con Jesse para dejarles claro a las chicas y a él mis intenciones era algo que debía hacer.
Al fin y al cabo, mi padre fue uno de los mayores responsables de que ellos hayan sido usados como poco más que animales durante todas sus vidas, sin embargo, en el mismo instante en el que veo aparecer a Row con el pelo negro alborotado, vestida con un pantalón de pijama con imágenes de calaveras y una fina camiseta de tirantes, supe que había cometido un grave en error.
¿Cómo es posible que esté tan preciosa?
La observo mientras camina en mi dirección con la mirada fija en sus pies.
Pasa a mi lado, lo bastante cerca como para que su olor me golpee como un jodido puñetazo en el estómago.
Vodka y tabaco. No podía ser de otra manera.
Se sienta sobre un sofá de cuero desgastado y raído y no tarda en encenderse un cigarrillo, pero sigue sin levantar la vista hacia mí.
—Bueno, ahora que estamos todos, ya puedes decirnos qué es lo que te ha traído hasta aquí —escucho lo que dice Jesse, pero soy incapaz de apartar la mirada de Row.
Tengo la sensación de que ha perdido algo de peso, y antes, cuando salió del montacargas, me pareció ver que tenía unos círculos grisáceos alrededor de los ojos.
¿Le ocurre algo? Puede que esté enferma o… —. ¡Thomas, ¿me estás escuchando?!
Sacudo la cabeza de un lado a otro y centro mi atención en él. No he venido aquí para esto. Lo que le ocurra a Row tiene que darme igual.