Capítulo 29
Row
E l agujero en mi pecho se hace más grande a cada segundo que Thomas sigue mirándome como si yo solo fuese una cucaracha que puede aplastar bajo su bota.
Me odia, y no lo culpo.
Hoy no solo ha descubierto que está envuelto en un asunto turbio, también que la mujer a la que hace solo unas horas estaba besando e invitando a mudarse con él lo ha estado engañando todo el tiempo.
Inspiro hondo y trato de tranquilizarme. No puedo volver a tener otro ataque de pánico. No aquí, delante de él. Necesito que entienda que no todo era mentira, que yo…
¡Mierda, ni siquiera sé cómo explicarlo!
Carraspeo y me giro para mirar a mis hermanas y Jesse.
—¿Podéis dejarnos a solas un momento? —pido con un hilo de voz.
Day frunce el ceño. Sé que no está de acuerdo en dejarme con él, pero asiente y empieza a moverse en dirección a la salida. Jesse, sin embargo, no da ni un paso.
—No podemos irnos y que él se quede aquí con toda la información. Madre…
—Yo me encargo —lo corto.
Parece dudar, pero Day tira de su brazo y lo arrastra hacia el ascensor.
Neva y Nao los siguen en silencio. Tardan solo unos segundos en meterse en el interior, y cuando las puertas se cierran, vuelvo a mirar a Thomas.
Se ha desplazado hacia un lateral de la sala de estar, donde hay un mueble bar. Se está sirviendo una copa.
—Te ofrecería un trago, pero solo lo hago con mis invitados, y tú ya no lo eres —masculla serio antes de beberse todo el contenido del vaso de un solo trago.
Enseguida se sirve otro. Esta vez deja la botella en el mueble y se gira hacia mí.
Estoy luchando contra la angustia que se expande por cada centímetro de mi pecho. Es como una jodida losa que me presiona las costillas y no me deja respirar. Trago saliva e intento mantenerlo bajo control.
—Thomas, sé que ahora mismo me odias y…
—No —me corta.
Estrecho la mirada sobre él con sorpresa.
—¿No?
—No te odio, Row. —Le da otro trago largo a su vaso y esboza una falsa sonrisa—.
¿Crees que eres la primera mujer que intenta joderme?
Te sorprenderías de la cantidad de zorras que he echado de mi vida.
La mayoría solo buscaban dar un braguetazo, tú eres aún más ambiciosa.
Querías matarme… Admito que eso es impresionante.
Tenso la mandíbula y soporto su ataque con entereza. Merezco que me insulte y que me trate mal.
—Solo cumplía con mi trabajo.
—Claro, porque eres una asesina. —Asiento. No hay manera de dulcificarlo. Eso es lo que soy—. Pero solo matas a los malos.
—Nuestra intención es destruir a Madre y a sus socios, y la mejor forma es cortándole el suministro de dinero. Tú eres su mayor patrocinador.
—Por supuesto. Le daría mi propia cabeza si con ella logra salvar a mi hermana.
Soy sincero, Row, siempre lo he sido. Tú, por otro lado…
—Vuelve a beber y me mira directo a los ojos—.
Te pregunté si querías hacerme daño y dijiste que no.
Mentiste, y creo que eso es lo que más me jode.
Porque incluso sabiendo que ocultabas muchas cosas, fui tan idiota como para meterte en mi casa. Confié en ti.
—No te mentí. —Suelta una falsa risa por la nariz, y tras terminar el contenido del vaso, empieza a servirse otro—. Anoche me preguntaste si quería hacerte daño y contesté con la verdad. En ese momento ya no.
—En ese momento…, pero antes sí, ¿verdad? Intentaste matarme en el baño de la discoteca la noche que nos conocimos, y después otra vez en el ascensor. —Asiento—. ¿Cuándo más? ¿Lo de la funeraria también fue un intento de asesinato que salió mal?
—No. Bueno…, no estoy segura. —Exhalo con fuerza y me peino el pelo con los dedos—. Puede que al principio sí, pero todo cambió cuando nosotros… Esto no se me da bien. Lo de… hablar de sentimientos.
—¿Sentimientos? —Suelta una enorme carcajada y niega con la cabeza—. Seamos sinceros, Row. Eres guapa, la chupas bien, y sí, puede que me haya obsesionado contigo lo suficiente para dejar que me cegara por un momento, pero entre nosotros no hay tal cosa como sentimientos.
—Tom… —susurro con un nudo en la garganta.
Durante toda mi infancia me sometieron a pruebas, análisis y experimentos, algunos de ellos eran tan dolorosos que gritaba hasta perder el conocimiento. Después llegaron los entrenamientos exhaustivos, la preparación mental y el adiestramiento con armas.
Me cortaba, corría hasta que mis piernas desfallecían y recibía tantos golpes que apenas me quedaba porción alguna de piel sin cardenales. Sin embargo, nunca imaginé que unas simples palabras pudiesen ser más dolorosas que todo eso junto.
Se acerca más a mí y me taladra con la mirada.
—¿Crees que cuando salgas de aquí voy a encerrarme en una habitación oscura a llorar por ti?
—Vuelve a esbozar esa sonrisa falsa. Es como si estuviese apuñalándome con ella en el estómago—.
Estuvo bien follarte. Fue divertido y hasta diría que valió la pena, pero seamos sinceros, solo tengo que chasquear los dedos para que cualquier zorra ocupe tu lugar, y eso es precisamente lo que voy a hacer.
Ahora, lárgate de mi casa, y a no ser que vengas a matarme, no vuelvas.
«No llores, Row. ¡Ni se te ocurra, joder!», grito en mi mente una y otra vez.
Inspiro despacio por la nariz y asiento.
Thomas aparta la mirada para beber de su copa y aprovecho para dar media vuelta a toda prisa.
Un paso y después otro y otro más. Me concentro solo en seguir caminando hasta llegar al ascensor, presiono el botón y no aparto la mirada de las puertas cerradas hasta que escucho el sonido que me indica que ya ha llegado.
Cuando estoy a punto de entrar, me atrevo a hablar de nuevo, pero no me giro para mirarlo.
—Te agradecería que no le contaras nada de esto a Madre. Si sabe que vamos a por ella, nuestras vidas correrán peligro —consigo decir sin atragantarme con mis propias lágrimas.
—Tu error es pensar que me importa lo que os pase a cualquiera de vosotros. —Su respuesta vuelve a clavarse en mi pecho como otra puñalada más.
Entro en el ascensor, me alejo todo lo posible de las puertas y solo cuando escucho que ya se han cerrado, dejo que se me escape un sollozo desde el fondo de la garganta.
¡Maldita sea! No quiero esto. Odio sentirme así.
El trayecto hasta la planta baja se me hace eterno. Ni siquiera sé cómo consigo salir del ascensor y caminar hasta el exterior del edificio.
Encuentro a mis hermanas junto al coche. Jesse está con ellas. Day debe percibir mi estado antes de verme porque, cuando alza la mirada, ya se está sujetando la base de la garganta con una mano. No hablo con ella.
Voy directa a la puerta sobre la que está apoyada Nao. Me seco las mejillas de un manotazo y clavo mi mirada en la suya.
—Dime que traes la máquina de tatuar para emergencias —digo, aunque mi voz suena más como un graznido.
—Eh… Sí, claro.
—Bien. —La aparto de forma brusca y abro la puerta—. Necesito que me lo apagues todo. No quiero seguir sintiendo esta mierda.
—Row, ¿es que no has aprendido nada? No puedes…
—¡Maldita sea, Nao! ¡Lo necesito!
Me meto en el coche sin esperar su respuesta. Trato de tranquilizarme, pero no soy capaz de sacar de mi mente la forma en la que Thomas me ha mirado.
«Eres guapa, la chupas bien, y sí, puede que me haya obsesionado contigo lo suficiente para dejar que me cegara por un momento, pero entre nosotros no hay tal cosa como sentimientos».
¡¿Eso es todo?! Él va a superarlo sin más, con cualquier zorra rubia que se encuentre en un bar, y yo… ¡Mierda, yo no creo que pueda seguir adelante! Esto es peor que lo de Alyss. A ella la quería mucho, pero con Thomas…
Tras subirse atrás conmigo, Nao me mira y resopla con fuerza.
—Voy a hacer esto por ti, aunque tenga que pasar por un infierno, pero es posible que no dure demasiado. En algún momento tienes que parar y enfrentarte al dolor, Row. No hay otra forma de superarlo.
—No necesito tus sermones ahora —gruño, quitándome la camiseta por la cabeza.
—No es un sermón. Solo te estoy advirtiendo. Ya sabes cómo funciona esto. Si quieres que apague tus sentimientos, lo haré, pero no solo los malos. Los buenos también se irán.
Echo un vistazo hacia abajo, y al ver el sujetador de encaje que encontré esta mañana en el dormitorio de Thomas, una nueva punzada de dolor me atraviesa el pecho de lado a lado.
Señalo una pequeña porción de piel sin ningún tatuaje, justo encima de donde se supone que está mi corazón. Ahora mismo ya no estoy segura de que siga ahí.
Cuando Nao termine, sé que me sentiré mejor. El dolor desaparecerá, y con él también parte de lo que sea que siento por Thomas. Es mejor así. Nunca debí haber permitido que llegara tan lejos.
—¿Quieres que espere? —le pregunta Neva, que se ha sentado tras el volante.
Day ha decidido irse con Jesse, y no la culpo. Ahora mismo, estar a mi lado, sintiendo lo mismo que yo, debe ser una tortura para ella.
—No, arranca ya. Puedo hacerlo de camino a casa. Solo intenta mantener el coche estable.