Capítulo 28
Thomas
T engo la sensación de haber entrado en una especie de realidad alternativa en la que todo el mundo a mi alrededor ha perdido el juicio.
¿Habilidades sobrehumanas? ¿Proyectos secretos de implantación genética? ¿Asesinatos por encargo? No sé qué clase de guion de Hollywood se han inventado este grupo de pirados, sin embargo, empiezo a estar harto.
—Como broma ha estado bien, pero ya es suficiente. Quiero que me digas de una vez qué está pasando aquí, Row.
Ella pone los ojos en blanco y es su hermana, la del pelo lila, la que resopla con fuerza.
—¿Estás segura de que te gusta este tipo? Tiene pinta de ser un poco lerdo —masculla.
—Nao, sigues sin ayudar —intercede otra de ellas, la que se supone que… ¿borra la memoria? ¡Dios santo, están todos para encerrarlos!
Row da un paso en mi dirección, estoy seguro de que va a decir algo cuando escuchamos cómo las puertas del ascensor se abren. Todos dirigimos las miradas hacia Selene, que entra en el ático cargando con unas cuantas bolsas de la compra.
—Señor Hutcher, no sabía que tenía visitas —dice al vernos.
—Ella es una buena forma de demostrar que decimos la verdad —masculla Row—. ¿Neva?
La hermana que lleva puesto un vestido rosa de volantes, como el de una niña, y un colgante de macarrones alrededor del cuello se acerca a Selene. Esta deja las bolsas en el suelo y esboza media sonrisa.
—Hola —la saluda jovial—, ¿quién eres tú?
—Me llamo Selene.
—Encantada, Selene. Yo soy Meryl Streep.
Selene abre los ojos con sorpresa y estira más las comisuras.
—¿Como la actriz?
—Exacto, como ella.
—Qué curioso. Es un placer conocerla, señorita Streep.
Row le hace un gesto a su hermana.
—Neva, bórrale los últimos segundos.
Observo en silencio cómo la chica coloca la mano en el antebrazo de Selene. Apenas unos segundos después, la enfermera de mi hermana pestañea rápido y mira en dirección a Neva.
—Me llamo Selene —repite.
Row se cruza de brazos y sonríe de medio lado.
—Encantada, Selene —dice Neva—. Yo soy Mariah Carey.
Selene vuelve a abrir los ojos con sorpresa.
No entiendo qué demonios está pasando. Parece como si de verdad no recordara nada de lo que acaba de suceder.
—¿Como la cantante? —pregunta.
—Sí, justo como ella.
—Qué curioso.
Row mira de nuevo en dirección a su hermana.
—Vuelve a borrarla —ordena.
Se gira hacia mí y yo sacudo la cabeza.
—¿Qué se supone que estás haciendo? —inquiero mientras por el rabillo del ojo veo cómo la otra vuelve a sujetar del antebrazo a la enfermera.
—Demostrarte que digo la verdad.
—Me llamo Selene —repite como un loro.
Row la mira y vuelve a sonreírme.
—Encantada, Selene. Yo soy Michelle Obama —dice esta vez la hermana.
Los ojos de la enfermera casi se le salen de las órbitas.
—¡¿Como la…?!
—¡Suficiente! —exclamo.
Row se gira hacia mí y exhala con fuerza.
—Podemos seguir así todo el día, Thomas. Necesito que me creas. Te estoy diciendo la verdad.
—Selene, déjanos solos —pido.
Enseguida se marcha con las bolsas. Inspiro hondo por la nariz y me llevo las manos al rostro.
Nada de esto tiene sentido. ¿Por qué Selene fingiría no acordarse de una conversación que acaba de tener, y no una, sino tres veces?
Busco en mi mente una explicación plausible para lo que mis propios ojos se niegan a creer que es verdad, pero tras un par de minutos, soy incapaz de encontrar ninguna.
Me dejo caer en el sofá e intento asimilar que es cierto.
Row y sus hermanas tienen habilidades sobrehumanas, poderes mágicos o lo que sea.
—Parece que al fin lo está entendiendo —escucho que dice alguien, creo que ha sido Day.
—¡¿De verdad os estáis creyendo esta patraña?! —Alzo la vista al escuchar la exclamación de Jesse. Resopla con fuerza y sacude la cabeza—. ¡Está mintiendo, joder!
—No necesito usar mis habilidades para saber que dice la verdad, Jesse. Se le nota en la cara —replica Day.
—¡Pues lo está fingiendo! —Camina hacia mí de manera amenazante y yo me pongo de pie.
«Jesse ha venido a matarte porque cree que tú eres el responsable del proyecto que nos creó, el mismo que nos hizo desarrollar nuestras habilidades».
El hijo de puta me quiere muerto, pero no se lo voy a poner fácil.
—Si das un paso más, juro que no saldrás de aquí con vida —gruño.
Se detiene y esboza una sonrisa arrogante.
—¿Lo veis? Ahora saca a relucir su verdadera cara. Seguro que Madre lo ha puesto sobre aviso. Él sabía quiénes erais vosotras cuando Row fue a matarlo. Todo esto ha sido una trampa.
—¡Jesse, cierra la puta boca de una maldita vez! —le ordena Row.
¿Madre? Así es como llaman a la doctora Walsh. ¿Creen que yo estoy con ella en lo que sea que haya hecho?
—Yo solo le pago a Walsh para que encuentre una cura para mi hermana —afirmo.
Jesse chasquea la lengua, contrariado, y me señala con el dedo índice.
—Tú, maldito hijo de perra, y tus amigos millonarios poderosos sois los culpables de todo esto. Por vuestra culpa experimentaron con nosotros, nos crearon para serviros. ¿Quién ordenó matar a Terry? ¡¿Fuiste tú?!
Sacudo la cabeza de un lado a otro. Intento recordar todo lo que Row me contó antes. La escuché, pero no le estaba prestando atención porque me parecía surrealista; ahora ya no estoy tan seguro de que lo sea.
—Has dicho que este proyecto se creó antes de que tú nacieras, ¿verdad? —le pregunto a Row.
—Sí, nos crearon a partir de un embrión artificial y fuimos implantados en vientres de alquiler. En ese momento solo buscaban la cura para la misma enfermedad que tiene tu hermana. Nosotras fuimos un experimento fallido que acabó siéndoles útil.
—Vale, piénsalo un segundo. Tú tienes veintiséis años y yo cuarenta. Cuando nacisteis, yo ni siquiera era mayor de edad. ¿Cómo se supone que iba a ser responsable de ese experimento, proyecto o lo que sea que haya hecho Walsh?
Todos se quedan callados. Row mira a Jesse frunciendo el ceño y suspira.
—Sé que no fuiste tú, Thomas. No tienes que justificarte.
—Sí que tiene que hacerlo —intercede Jesse, aunque parece más calmado—. Si no tuviste nada que ver, ¿cómo es posible que tu firma esté en esos documentos sobre los inicios del proyecto.
Me paro a pensarlo unos segundos y bufo con fuerza.
—Mi padre, esa es la explicación. Me llamo igual que él, solo tenemos distinto el segundo nombre, pero ambos firmamos como Thomas Hutcher.
—Me acerco más a Jesse, que parece estar intentando asimilar mis palabras—.
Yo no tenía ni idea de nada de esto, esa es la verdad, y me importa una mierda si me crees o no.
—Yo te creo —dice Row, llamando mi atención.
Me giro hacia ella, pero no le ofrezco una mirada de agradecimiento.
Ella me cree. La mujer que intentó matarme, la misma que solo se acercó a mí en esa discoteca porque me creía un enemigo.
Alzo la barbilla y tenso los puños a cada lado de mi cuerpo.
—Tampoco me importa que me creas tú o no, Row. Ahora, largaos todos de mi casa.
—Tom… —susurra preocupada, y da un paso en mi dirección.
Retrocedo y niego con la cabeza.
—Aléjate de mi hermana y de mí. No quiero volver a verte nunca.