Mañana (Arpías 3) Capítulo 27
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Capítulo 27

Row

E ntro en el vestíbulo del edificio seguida por mis hermanas. El portero que me saludó esta mañana se encuentra sentado en su lugar. Espero que me reconozca y me deje subir al ático. No me apetece usar la violencia con él.

—Buenos días de nuevo, señorita —me saluda.

—Eh… Hola. Venimos a ver a…

—El señor Hutcher, ¿verdad? —Asiento. Me ha reconocido—. Tengo órdenes de dejarla pasar. Las acompañaré al ascensor.

Empieza a caminar delante de nosotras, sonriendo de manera servicial.

Neva me mira y se le escapa una risita baja. Nao, sin embargo, no parece tan entusiasmada con la falsa amabilidad del portero; odia sentir amabilidad a su alrededor.

—¿Sabe si alguien más ha venido esta mañana a visitar al señor Hutcher? —pregunto, intentando sonar casual.

Él se detiene y parece pensarlo unos segundos antes de sacudir la cabeza de un lado a otro.

—Juraría que no, pero estamos teniendo una mañana complicada. Justo hoy el sistema de seguridad ha decidido fallar y andamos como locos. Lo que sí puedo asegurarle es que el señor Hutcher se encuentra en su ático. Hablé con él hace un rato.

Day me da un toque con el codo y hace un gesto en dirección a una cámara que hay en una esquina, junto a los ascensores.

Jesse está aquí. Ha sido él quien ha saboteado el sistema de seguridad. Todas lo sabemos porque hemos sido adiestradas con las mismas técnicas que él.

—Muchas gracias por la información —digo, esbozando media sonrisa.

Nos metemos en el ascensor y enseguida el portero desliza una tarjeta por la pantalla de mandos y retrocede. Antes de que pueda apartarse del todo, lo sujeto por la camisa y tiro de él.

—Hazlo ahora, Neva —ordena Nao.

—Pero ¿qué…?

Mi hermana coloca su mano en el antebrazo del tipo y nos mira.

—¿Cuánto tiempo le borro? —pregunta.

—Toda la mañana, solo para asegurarnos —le digo.

Tarda apenas unos segundos en usar con él el método clear. El tipo aún no se ha recuperado cuando lo empujo fuera del ascensor y este empieza a ascender.

—¿Estás segura de esto, Row? —me pregunta Day.

Asiento y tomo una respiración profunda. Sé que cuando lleguemos al último piso ya no habrá vuelta atrás.

—Si cambias de idea, aún estamos a tiempo de volver a casa —comenta Neva—. Puedo borrarte…

—No quiero que me lo borres —la corto, adivinando lo que iba a sugerir—. Por una vez no voy a huir. Sé que Thomas es inocente, lo sé.

Neva me sonríe y asiente con la cabeza.

—Seguro que es así. Te estaremos apoyando en todo momento.

—Eso si Jesse no se lo ha cargado aún. —Todas miramos a Nao frunciendo el ceño y ella se encoge de hombros—. Solo estoy planteando una posibilidad.

—Estamos a punto de descubrirlo —anuncia Day justo cuando el ascensor se detiene.

Las puertas se abren a puta cámara lenta, joder.

Contengo el aliento y repito en mi mente una y otra vez que Thomas estará bien.

Entonces, los veo: Jesse le está apuntando con una pistola, pero sigue vivo.

—¿Row? —susurra Tom, poniéndose en pie cuando me ve llegar.

Jesse se gira de golpe y frunce el ceño.

—¡¿Qué coño estáis haciendo vosotras aquí?! ¡Este no era el plan!

Camino hacia Jesse con decisión. Trato de ignorar la mirada de sorpresa de Thomas, sin embargo, me taladra la piel como un jodido rayo láser.

—Baja ahora mismo la pistola, Lameculos —le ordeno.

—¡¿Qué?! ¡Lo estáis arruinando todo! ¡Largaos de aquí! Yo me ocuparé de este hijo de puta, y después… —Antes de que pueda terminar la frase, ya le he arrebatado la pistola y le estoy lanzando un puñetazo directo a la mandíbula.

—¡Row! —escucho gritar a Day, que corre a comprobar el estado en el que se encuentra su amorcito.

—Eso ha sido divertido —dice Nao, satisfecha, cruzándose de brazos. Sé que ella no intercederá a menos que se lo pida.

Me giro hacia Thomas y exhalo con fuerza.

—¿Estás bien? ¿Jesse te ha hecho daño?

—Estoy perfectamente, aunque muy confuso.

¿Alguien va a explicarme qué demonios está pasando aquí?

Primero ese desquiciado irrumpe en mi casa amenazándome con una pistola, diciendo locuras sobre habilidades, un proyecto de no sé qué y que tú has intentado matarme, y ahora…

—Se frota la barba—. Vas a tener que darme muchas explicaciones, Row.

Trago saliva y asiento.

Supongo que ha llegado el momento de sincerarme y, aunque jamás lo admita en voz alta, estoy aterrada.

—Siéntate, por favor. Tenemos que hablar.

—Estoy bien de pie.

—¿Qué se supone que estás haciendo? —pregunta Jesse a mi espalda—. ¡Ese cabrón es el culpable de todo, joder! ¡No hay nada de qué hablar!

—¡Jesse, cierra la puta boca! —exclamo.

Lo escucho discutir en voz baja con Day, pero no replica. Vuelvo a respirar hondo.

—Ni siquiera sé por dónde empezar —murmuro.

—Empieza por decirme qué hacéis todos en mi casa y por qué el novio de tu hermana me ha amenazado con una pistola.

—Jesse… Él… —Exhalo con fuerza. ¡A la mierda! No hay una manera sencilla de soltarlo—. Jesse ha venido a matarte porque cree que tú eres el responsable del proyecto que nos creó, el mismo que nos hizo desarrollar nuestras habilidades.

Thomas pestañea rápido y estrecha la mirada sobre mí.

—¿Tú también has perdido la cabeza? ¿De qué habilidades hablas? ¿Qué proyecto?

Respiro aliviada. Estaba segura al noventa y ocho por ciento de que él era inocente, y con su reacción ha disipado cualquier minúscula duda que pudiera tener.

—El que dirige Madre… La doctora Walsh —me corrijo—.

Ella nos creó. Encontró una manera de crear embriones artificiales con genes manipulados.

Se supone que íbamos a ser la cura para la enfermedad de tu hermana, pero, al crecer, desarrollamos ciertas habilidades y decidió usarnos para…

No sé cómo decir esto sin que suene mal.

—Asesinar a objetivos seleccionados previamente por hombres asquerosamente ricos como tú —suelta Nao como si nada.

Le lanzo una mirada de advertencia y ella se encoge de hombros. Thomas nos mira a ambas y frunce el ceño.

—¿De qué estáis hablando?

Bufo y me pinzo el puente de la nariz.

—Está bien, empecemos por el principio.

Durante un buen rato, Thomas me escucha con atención.

Se lo cuento todo. La forma en la que nos crearon, nuestra infancia en los laboratorios, el momento en el que empezamos a asesinar a objetivos, cuando pensábamos que trabajábamos para los buenos.

Después el regreso de Terry a nuestras vidas, cómo murió y que descubrimos que todo lo que Madre nos había contado era mentira, que en realidad solo fuimos sus peones, sus armas para acabar con gente que le estorbaba para sus propósitos y los de sus clientes.

Lo de las niñas clones diabólicas que andan por ahí obligando a la gente a suicidarse…

Por último, relato palabra por palabra la noche que fui a buscarlo a la discoteca, cómo tenía intención de matarlo, pero sobrevivió y descubrimos que es inmune a nuestras habilidades.

Al terminar, Thomas se me queda mirando con una expresión en su rostro que soy incapaz de descifrar. Abre la boca, pero, antes de pronunciar una sola palabra, vuelve a cerrarla y resopla.

—¿Me estás diciendo que pretendías matarme con un beso? —Asiento con la cabeza. Pasan unos segundos más y, entonces, él empieza a reír—. En serio, esto es una broma, ¿verdad? ¿Hay alguna cámara oculta?

—Tom, no estoy bromeando. Todo lo que te he contado es verdad.

—Por supuesto. —Señala a Nao—. La de ahí puede influir en los recuerdos y los sentimientos haciendo un tatuaje, y esa… —señala a Neva— borra la memoria.

—Sí, y Day es empática, siente todo lo que sienten las personas que la rodean.

—¿Y qué estoy sintiendo ahora mismo, Day? —le pregunta, sonriendo de manera incrédula.

—No lo sé. Eres inmune, ¿recuerdas?

—Ya, claro… Qué conveniente que vuestros poderes mágicos no funcionen conmigo.

—No es magia, es ciencia —replica Day indignada.

—Estáis todos locos, joder. Me he topado con un grupo de pirados —dice, llevándose las manos a la cabeza.

—Puedo demostrarlo —afirmo, y busco su mirada.

—¿Qué vas a hacer? ¿Vas a matarme con un beso? Qué miedo… —se burla.

—Mi habilidad tampoco funciona contigo, Thomas. Eres inmune. Si no fuese así, ya estarías muerto.

—Por un beso.

—Sí, por un beso. —Resoplo con fuerza y señalo a Jesse con el dorso de la mano—. Si ahora mismo lo beso a él, morirá en veinticuatro horas.

Thomas me lanza una mirada heladora y tensa la mandíbula.

—Atrévete a besarlo delante de mí y estará muerto en veinte segundos —gruñe.

Pongo los ojos en blanco por su arranque de testosterona, pero decido dejarlo pasar.

Necesito encontrar la manera de demostrarle que lo que estoy diciendo es real.