Capítulo 26
Thomas
L e he pedido a Jane que cancele todas mis citas del día. Estoy demasiado inquieto y nervioso como para pasar toda la jornada encerrado en la oficina.
Desde que Row se marchó, no he dejado de mirar el reloj. Los minutos pasan demasiado lentos. Aún faltan muchas horas para las seis. No sé si podré aguantar tanto tiempo sin verla.
—¿Puedes parar de mover la pierna de manera compulsiva? Me estás desquiciando —se queja Mel.
Le lanzo una mirada poco amistosa y resoplo con fuerza.
—Dime otra vez qué fue lo que le dijiste a Row. Salió de aquí como si la estuviese persiguiendo el mismísimo demonio.
—Nada. Solo charlamos un rato.
—Mel… —siseo a modo de advertencia.
Mi hermana pone los ojos en blanco y suspira.
—Puede que le mencionara algo sobre mi inminente partida y que la necesitarías a tu lado.
—¡Mel! —exclamo, poniéndome de pie—. ¿Cómo le dices algo así?
—Porque es la verdad. Me iré mucho más tranquila sabiendo que tienes a alguien a tu lado, Tom.
Me muevo de un lado a otro del dormitorio, resoplando una y otra vez.
—Para empezar, tú no vas a ir a ninguna parte. La doctora Walsh conseguirá la cura, y aunque fuese así… ¿En qué momento creíste que era buena idea ponerla en ese compromiso? Estoy intentando que confíe en mí, y lo único que has logrado es asustarla.
—¡No exageres! La chica es dura. Puede que esté un poco confusa, pero tú mismo has dicho que cuando se marchó ya no parecía tan asustada y aceptó salir contigo esta noche, ¿no?
—Sí, pero…
—Relájate, hermano. —Exhalo con fuerza y vuelvo a tomar asiento en el sillón que hay junto a su cama—. Estás loco por ella, ¿verdad?
Se me escapa una sonrisa y meneo la cabeza de un lado a otro.
—Me vuelve loco, aunque aún no he logrado averiguar en qué sentido.
Cada vez que intento conocerla un poco mejor, se cierra en banda y sale huyendo.
Sé que le gusto y, definitivamente, lo que siento yo por ella…
—Tomo una respiración profunda y busco su mirada—.
Creo que me estoy enamorando, y me aterra porque tengo la sensación de que desaparecerá en cualquier momento y no volveré a verla.
Mel me sujeta la mano y esboza una sonrisa sincera.
—Ten un poco de fe en ella, ¿quieres? Sé que todo esto es nuevo para ti, pero piensa que ella también está asustada. Ha pasado todo demasiado deprisa. Dale tiempo.
Asiento y noto cómo mi teléfono empieza a vibrar en el interior de mi bolsillo. Atiendo la llamada y me llevo el aparato a la oreja.
—Señor Hutcher, soy el portero de guardia de su edificio. Solo llamo para informarle de que estamos teniendo unos pequeños problemas técnicos con el sistema de seguridad.
—¿Algo importante? —inquiero, frunciendo el ceño.
—Es poco probable. La incidencia ya ha sido reportada a la empresa de seguridad y van a enviar a un par de operarios para que revisen la instalación. Por el momento, todas las cámaras están fuera de línea.
—Está bien. Informadme cuando el problema se solucione, y si viene a verme la mujer que se fue de mi casa esta mañana, quiero que la dejéis subir.
—Por supuesto, señor. Que tenga un buen día.
Desconecto la llamada sin despedirme y, al alzar la vista, compruebo que mi hermana me está mirando con reprobación.
—Sabes que ser amable con los demás es gratis, ¿verdad? —Pongo los ojos en blanco y me guardo el teléfono de nuevo en el bolsillo—. Lo digo en serio, Tom. En algún momento vas a tener que dejar de tratar a los demás como simples peones.
—Yo no trato a los demás como peones. Respeto a todo aquel que hace bien su trabajo, el portero del edificio no es uno de ellos.
Me acaba de decir que el sistema de seguridad está fallando.
Ahora mismo podría entrar en casa un ladrón o un asesino y no habría constancia de ello porque las putas cámaras están desconectadas.
No pago cientos de miles de dólares al año para que esos fallos ocurran.
—Oye, tampoco es tan malo. Al menos, si entraran en casa a robar, sería lo más emocionante que me ha pasado en los últimos meses.
—Meneo la cabeza y vuelvo a sacar el teléfono para echarle un nuevo vistazo.
«¿Por qué no pasa el tiempo?»—. A ti también te vendría bien algo de emoción para que dejes de una vez de mirar el reloj. ¡Tom!
—¿Qué? Solo estaba echando un vistazo.
—¿Por qué no te vas a trabajar? Al menos te distraes un rato.
—No, sería incapaz de concentrarme en nada.
Empiezo a mover de nuevo la pierna y Mel me la frena con la mano.
—Entonces, llama a tu amigo y sal con él a tomar una copa. Dijiste que estaba en la ciudad, ¿no?
—¿Carter?
—¿Tienes otro amigo que no conozco?
Lo pienso unos segundos. Carter me cae bien. Nos conocimos hace un par de años. Ambos coincidimos en el bar de un hotel del centro. Yo había acudido a una conferencia y él estaba de paso en la ciudad. Vive en Nueva York, y cada vez que viene aquí, suele llamarme y quedamos a comer o a cenar.
—Es demasiado temprano para beber. Mejor me quedo aquí contigo.
—Entonces, invítalo a comer.
Estrecho la mirada sobre ella con desconfianza.
—Tengo la sensación de que intentas librarte de mí.
—No es solo una sensación. Te quiero, hermanito, pero me estás volviendo loca. —Respira hondo y me da un nuevo apretón en la mano—. Llama a Carter, come con él y distrae tu cabeza un rato. Las horas pasarán más deprisa si no estás mirando el reloj cada dos minutos, te lo aseguro.
Tal vez no sea mala idea. Después de comer con Carter, me pasaré por GenoLabs para seguir apretándole las tuercas a la doctora Walsh.
Con un poco de suerte, puedo sacarle algo de información sobre Row y sus hermanas; está claro que están conectadas de alguna manera con ella.
Incluso puedo seguir investigando sobre esas niñas tan extrañas que me encontré en el laboratorio.
—Está bien. —Me levanto y la señalo con el dedo índice—. Que conste que me has ofendido. Es inaudito que mi hermana pequeña no quiera pasar unas cuantas horas conmigo.
—Vete ofendido si quieres, pero lárgate de una vez.
A ambos se nos escapa la risa. Me acerco a ella, y tras darle un beso en la frente a modo de despedida, salgo de su dormitorio.
Bajo las escaleras, buscando en el teléfono el contacto de Carter. Escucho cómo tocan a la puerta, y durante un instante me siento confuso.
La entrada principal al ático es por el ascensor que lleva directo al vestíbulo, solo se puede acceder a él con autorización.
Chasqueo la lengua y me dirijo a la puerta de servicio.
Lo más probable es que el sistema de seguridad esté afectando también al ascensor.
Selene salió hace un rato a hacer la compra.
Desbloqueo el cerrojo manual y tiro del pomo.
—Dime que no has subido por las escaleras cargando con la compra —digo mientras abro la puerta.
Frunzo el ceño al ver al asistente de Walsh al otro lado. Ahora sí que estoy confuso.
—Buenos días, señor Hutcher —me saluda.
—¿Jesse? ¿Qué haces tú aquí?
—Vengo a cumplir un encargo.
—No entiendo… ¿Te ha enviado la doctora Walsh?
—No, exactamente. ¿Puedo pasar? —Dudo un segundo.
Todo esto es muy extraño. Nadie ajeno al edificio conoce el acceso a las escaleras de servicio.
Estoy a punto de cerrarle la puerta en las narices cuando saca la mano de la espalda y me apunta con una pistola—.
Está bien, reformularé la frase. Vas a dejarme pasar, Thomas. No era una pregunta.
Me hago a un lado, y en cuanto está dentro del apartamento, Jesse cierra la puerta sin dejar de apuntarme a la cabeza. No muestro ningún tipo de temor, aunque estoy aterrado. No por mí; Mel se encuentra en el piso de arriba y no puedo permitir que este hijo de perra llegue a ella.
—Vas a tener que decirme qué es lo que quieres, Jesse. Tengo dinero en efectivo en mi despacho si es lo que buscas.
—No quiero tu puto dinero. —Hace un gesto con la cabeza—. Muévete. Vamos a charlar un rato como dos buenos amigos.
—No lo creo. Yo elijo a mis amigos, y siento decirte que no estás en la lista, pero si lo que quieres es hablar, adelante. Podemos ir a mi despacho.
Frunce el ceño y niega con la cabeza. Me temo que he sido demasiado evidente insistiendo. Tengo una pistola en el cajón de mi escritorio. Si tan solo pudiese llegar a ella…
—Mejor nos quedamos en la sala de estar. —Me insta a que siga moviéndome, y cuando llego junto al sofá, vuelve a mover la pistola para señalar—. Siéntate y ponte cómodo, como si estuvieras en tu casa.
—Estoy en mi casa —afirmo mientras tomo asiento.
—Ya, bueno… Tengo una primera pregunta para ti.
Tu hermana, Melissa, ¿está aquí ahora? —Aprieto los puños con fuerza y me tenso de pies a cabeza—.
Por tu reacción, voy a deducir que sí. Puedes estar tranquilo, no le haré daño.
Al fin y al cabo, por lo que pude ver en sus registros médicos, a la pobre no le queda demasiado tiempo.
—¿Qué demonios quieres? —mascullo entre dientes.
—Respuestas, Thomas. ¿Por qué no avisaste a Madre cuando Row se acercó a ti en la discoteca?
—¿A quién?
—¡La doctora Walsh! Agatha Walsh, ¿por qué no le dijiste que Row había intentado matarte?
—¿Matarme? Row no intentó matarme, idiota, y ¿qué tiene ella que ver con todo esto?
—Sabías que eras inmune a su habilidad, ¿verdad?
Pestañeo rápido, tratando de entender su pregunta.
—No tengo ni idea de qué me estás hablando. ¿Habilidad?
—¡No juegues conmigo, Hutcher! —vocifera, y da un paso amenazante hacia mí—. Sabes muy bien a qué me refiero. Conoces las habilidades de las chicas.
—¿Qué chicas?
—¡Row y sus hermanas, joder! Tu firma está en todos los registros del proyecto A.R.P.I.A.S. ¡Has estado metido en esto desde el principio!
Me quedo mirándolo fijamente. Este tipo se ha vuelto completamente loco.
¿De qué habilidades habla? ¿Qué tiene que ver Row y sus hermanas en todo esto?
¿Arpías? ¡Ha perdido la cabeza, joder!