Mañana (Arpías 3) Capítulo 25
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Capítulo 25

Row

M ientras el montacargas asciende hasta la tercera planta del complejo, voy repasando en mi mente todo lo que tengo que decirles a mis hermanas: «Aunque suene a cachondeo, creo que me he enamorado de Thomas Hutcher.

Él solo intenta salvar a su hermana o, al menos, eso creo.

Voy a contarle toda la verdad sobre nosotras, Madre y el proyecto A.R.P.I.A.S. ».

¡Mierda! Esto último es lo que más me va a costar convencerlas para que me permitan hacerlo. Al fin y al cabo, no es algo que me afecte solo a mí y debo contar con el permiso de ellas.

No creo que tenga problema con Nao, y a Neva puedo engatusarla, es una blanda. Day, sin embargo… No me lo va a poner fácil, y no la culpo.

Terry está muerto y es posible que, de alguna manera, Thomas haya participado, aunque sea de forma indirecta, en su asesinato. Con Jesse sé seguro que no cuento. Está desesperado por encontrar un culpable para la muerte de su hermano y Thomas es tan buen candidato como cualquier otro.

Nada más dar un paso al interior de la sala común, tres pares de ojos recaen sobre mí. Neva se levanta a toda prisa de su enorme puf de colores y me lanza una mirada de advertencia que no logro entender.

—¡¿Dónde diablos estabas?! —el grito de Day retumba en las paredes.

Hago una mueca. Supongo que eso era de lo que me estaba advirtiendo Neva.

Miro a Day frunciendo el ceño. No sé qué he hecho para merecer su furia, aunque lo más probable es que tenga razón.

—¿Qué he hecho ahora? ¿He vuelto a dejarme los calcetines sucios en el sofá? —Echo un vistazo sobre su hombro, pero entre la montaña de ropa que cubre gran parte de mi desgastado y viejo sofá no logro ver nada.

—Te he llamado más de cincuenta veces, Row. Estaba preocupada.

—Ah… Eso. Me he quedado sin batería. ¿Dónde está el fuego?

—No hay fuego —intercede Nao—, solo novedades de tu amigo el follador millonario.

Mierda, Thomas. Trago saliva con fuerza e intento actuar con normalidad.

Creo que este no es el mejor momento para sacar el tema de mi encaprichamiento por él. Tal vez cuando el ambiente esté más relajado o… ¡Joder, soy una cobarde!

—¿Qué pasa con él? —pregunto tras carraspear.

—Jesse ha pasado toda la noche investigando su participación en el proyecto A.R.P.I.A.S.

—Evan ha tenido que ayudarlo a colarse en varios servidores restringidos —añade Neva.

—¿Y bien?

Me quito la chaqueta y la lanzo sobre el respaldo de la silla eléctrica que le regalé a Jesse.

Day se cruza de brazos. Trata de ocultarlo, pero está muy alterada. En realidad, nadie se preocupa por mí como lo hace ella. Con ese instinto feroz que solo tienen las mejores madres.

—El cabrón está de mierda hasta las cejas. No se trata solo de dinero, quiere la cura para su hermana.

Asiento. Eso ya lo he deducido yo por mi cuenta.

—Lo peor no es eso —añade Nao—. Jesse ha encontrado documentos que incriminan a Thomas Hutcher en la creación del proyecto A.R.P.I.A.S.

No solo quiere la cura para su hermana, también está metido en todo el asunto de los asesinatos por encargo.

Madre es solo un títere en sus manos. El proyecto prácticamente le pertenece.

—¿De qué demonios estás hablando? —pregunto alucinada.

«No es posible que Thomas esté metido en todo eso. No me lo creo».

—Todo está en los documentos —prosigue Day—. Hay registros de cuando clonaron a los bebés que vio Terry en GenoLabs. Todos llevan la firma de Thomas Hutcher. Él ha estado moviendo los hilos en todo momento.

—Y lo más probable es que también sea el responsable de ordenar el asesinato de Terry —añade Neva—. Sabe quiénes somos y lo que podemos hacer. Entre los documentos había fichas personales con nuestras habilidades detalladas.

Sacudo la cabeza de un lado a otro y noto cómo un nudo de angustia se cierne sobre mi pecho.

¿Thomas? ¿El mismo que hace solo un rato estaba besándome y pidiéndome que no huyera de él? ¡¿Cómo demonios es eso posible?!

—Un momento… —susurro con la voz quebrada—. ¿Estáis seguras de esto? Puede haber otra explicación. No me creo que Tom sepa nada sobre nuestras habilidades.

—¡¿Tom?! —exclama Day, arqueando una ceja de manera interrogante.

—Thomas —rectifico.

Day estrecha la mirada sobre mí.

—Row, dime que no has pasado la noche con él…

Me quedo unos segundos en silencio. No necesito responder, mis hermanas me conocen lo bastante bien para saber leer entre líneas.

—Genial. Mientras nosotras nos volvíamos locas intentando localizarla, ella estaba follándose al que, con casi toda seguridad, está planeando matarnos a todas —gruñe Nao.

—Creíamos que te había pasado algo malo —intercede Neva—. Te buscamos incluso en hospitales y comisarías.

—¡Pues estoy aquí, joder, sana y salva! —grito, abriendo los brazos.

—¡Oye! ¿Qué te pasa? ¿Es que te has vuelto loca? No le hables así a Neva —me amonesta Day.

Me giro hacia ella totalmente sobrepasada por todos los sentimientos y emociones de las últimas horas.

«Thomas es el enemigo».

«Thomas puede haber enviado a matar a Terry».

«Thomas sabe quiénes somos y lo que podemos hacer».

—¡Lo siento, ¿vale?!, pero no me lo creo. He visto a su hermana hace un rato. ¡Está muy mal! ¡Thomas solo quiere salvarla, nada más!

—¡¿Cómo cojones sabes eso?! —pregunta Nao, alzando ella también la voz—.

¡¿Has estado en su casa?! ¡¿Has hablado con él sobre nuestras habilidades?

! —Niego con la cabeza mientras noto cómo el agujero en mi pecho se va haciendo cada vez más grande—.

¡¿Entonces, cómo estás segura de que no es un hijo de puta igual que Madre? !

—Nao, detente —le advierte Day.

Trago saliva con fuerza y coloco la mano en el centro de mi pecho para intentar mitigar el dolor.

«¿Qué demonios me pasa? ¿Por qué no puedo respirar?».

—¡No, joder! ¡Con su vida que haga lo que quiera! ¡Pero así nos está poniendo en peligro a todas!

—Nao, es suficiente.

—¡¿Suficiente?! Preston está en mi apartamento, en una jodida cama, con huesos rotos y magulladuras por todo el cuerpo. Es posible que ese hijo de puta también haya ido a por él, pero Row, una vez más, solo se mira su propio ombligo.

Empiezo a hiperventilar. Trato de coger aire, pero soy incapaz de llenar mis pulmones.

«¿Esto es un infarto? ¿Voy a morir? ¿Qué mierda me está sucediendo?».

—¡Para, joder! —grita Day. Y veo que se planta delante de mí y me sujeta la cara.

—¡¿Qué le pasa?! —escucho que pregunta Neva nerviosa.

—Está sufriendo un ataque de pánico. —Day me conduce hasta el sofá y me obliga a sentarme—. Tranquila, Row. Respira hondo por la nariz y exhala por la boca. ¡Vamos!

Intento seguir sus indicaciones, pero no funciona. Soy consciente de todo lo que ocurre a mi alrededor, sin embargo, no puedo controlar mi cuerpo. El corazón me late a toda velocidad y me quedo sin aire.

«¡Voy a morir, joder!».

—Day, ¿qué notas? ¿Qué está sintiendo? —pregunta Neva.

—Pánico, culpa y… ¡Joder, creo que la muy idiota se ha enamorado de Hutcher!

—¡¿Qué?! —exclaman Nao y Neva a la vez.

Estiro una mano para sujetarme al antebrazo de Day.

«¿Van a quedarse ahí hablando mientras yo me muero? ¡¿Por qué no hacen algo?!».

Day se lleva una mano a la cabeza.

—¡Day, ¿qué te pasa a ti ahora?! —se preocupa Nao.

—Estoy intentando ignorar sus emociones, pero son tan fuertes que apenas puedo abrir los ojos. ¡Joder, creo que me está afectando! —exclama Day.

—Aparta, déjame a mí, —Day se escapa de mi alcance y enseguida veo frente a mí el rostro de Nao—. Row, basta. Estás bien. Solo tienes que respirar. Vamos, hazlo, coge aire.

Sacudo la cabeza de un lado a otro.

«¡¿Es que no ve que justo eso es lo que no puedo hacer?! ¡Llamad a emergencias!».

—Abofetéala —sugiere Neva.

—¡¿Qué?! A mí también me saca de quicio a veces, pero no creo que sea necesario usar la violencia ahora mismo —replica Nao.

Neva chasquea la lengua contrariada y empuja a Nao. Cuando se coloca frente a mí, está esbozando una sonrisa maquiavélica que no augura nada bueno. Hija de…

—Row, recuerda que te quiero y que hago esto por tu bien —susurra justo antes de echar el brazo hacia atrás y abofetearme con todas sus fuerzas.

Noto el impacto en mi rostro como si acabaran de atizarme con un bate de béisbol en el cerebro.

Pero alzo la cabeza y al fin logro tomar una gran bocanada de aire.

—¡Joder, ha funcionado! —exclama Nao.

Durante unos segundos me concentro en seguir respirando, primero de manera acelerada y atropellada y después más despacio y profundo.

—Dejadme pasar, ya estoy mejor y ella también. —Day vuelve a ponerse frente a mí y no tardo en escuchar el suave zumbido de la máquina de tatuar de Nao.

Me arde la piel a la altura del hombro, justo donde ella está dibujando una minúscula runa tranquilizadora.

—¿Has vuelto con nosotras? —pregunta tras unos segundos.

Asiento y Day retrocede un par de pasos. Cuando alzo la vista, descubro que las tres me están mirando con preocupación.

—Estoy bien —murmuro para calmarlas.

—¡Dios santo, Row! ¡Nos has dado un susto de muerte! —dice Neva—. ¿A qué ha venido eso? ¿Te había pasado antes?

Enseguida niego con la cabeza. Jamás había sentido nada parecido.

—Eso es lo que ocurre cuando, en vez de enfrentarte a tus traumas, decides encerrarlos bajo tatuajes durante años —deduce Nao.

Busco su mirada y asiento. Supongo que tiene razón.

He pasado toda mi vida huyendo de lo que le hice a Alyss, de mi incapacidad para relacionarme con los demás de una manera normal y sana y, sobre todo, con el pánico que siento a hacer daño a alguien a quien quiero, otra vez.

Inevitablemente, mi mente regresa a Thomas. Al terror que sentí cuando por un instante creí que podría matarlo igual que a Alyss. A nuestro encuentro en el baño, en el ascensor, en la funeraria y esta noche en su ático.

«Dime que has cambiado de idea y vas a quedarte a desayunar, o mejor aún, múdate aquí conmigo. Joder, haz lo que quieras, pero no te alejes ni un centímetro de mí».

No tiene sentido. ¿Por qué diría algo así si sabe quién soy? Tiene que haber otra explicación para todo esto.

Echo un vistazo alrededor y frunzo el ceño.

—¿Dónde está Jesse? —inquiero, aún con la voz distorsionada. Mis hermanas se miran entre ellas, pero no responden—. Os he hecho una pregunta. ¿Dónde mierda está el Lameculos?

Day carraspea y se ajusta las gafas sobre la nariz antes de responder.

—Sé que sientes algo por Thomas, pero dejarlo vivir es demasiado peligroso para todas nosotras. La forma más rápida y sencilla de destruir a Madre y el proyecto es acabando con él. Ese era el plan desde el principio, Row.

Me pongo en pie de un salto y mi corazón vuelve a acelerarse.

Jesse ha ido a matarlo, estoy segura.

—¡¿Hace cuánto tiempo se ha marchado?!

—Row… —empieza a decir Neva, pero no quiero escuchar nada más.

—¡¿Cuánto tiempo, maldita sea?! —vocifero.

Day suspira y echa un vistazo a su reloj de pulsera.

—Salió unos quince minutos antes de que llegaras.

Hago un cálculo mental rápido. Desde aquí al ático de Thomas no debe haber más de media hora en coche, contando con el tráfico de la mañana, puede que algo más. Cojo mi chaqueta a toda prisa y me desplazo hasta la cocina.

Mis hermanas me observan mientras rebusco entre los cajones en busca de las llaves del coche que tenemos en el garaje para uso común.

—¿Buscas esto? —Giro la cabeza en dirección a Nao.

Tiene las llaves que estoy buscando colgando de su dedo índice. Me acerco a ella e intento cogerlas, pero las aparta de mi alcance.

—Dámelas —exijo.

—Row, no estoy segura de que sea una buena idea. Deberías dejar que Jesse se ocupe del asunto.

La angustia regresa a mi pecho, pero esta vez no dejo que me domine.

—No puedo —susurro, y las miro a las tres—. Sé que pensáis que estáis haciendo lo mejor para mí y os quiero por ello. Nunca podré agradecer suficiente al jodido universo que me haya dado unas hermanas como vosotras. Sé que no os merezco.

—Row, no digas eso… —susurra Neva con lágrimas en los ojos.

—Es cierto. Yo soy un desastre, siempre me estoy metiendo con vosotras y sé que la mayor parte del tiempo actúo por puro egoísmo.

—Eso no es cierto —replica Day—. Tú tienes muchos defectos, pero no eres egoísta. Todas sabemos que darías tu vida por protegernos sin dudarlo un segundo.

—Ahora necesito protegerlo a él. —Trago saliva con fuerza y vuelvo a mirarlas una a una—. Si confiáis en mi instinto, aunque sea solo un poco, ayudadme a salvarlo. Sé que Thomas es un buen hombre y os lo demostraré.

Day asiente con la cabeza. Neva se limpia un par de lágrimas de las mejillas y hace lo mismo, pero cuando miro a Nao, ella me está observando con expresión hastiada.

—Yo misma te llevaré a salvar a ese cabrón si cortamos ya mismo este momento tan emocional. Me estáis poniendo de los nervios —masculla.

Se me escapa una risa y asiento.

Joder, no las merezco, pero, aun así, las quiero más que a nada en el mundo.

—Hay que irse ya —digo tras carraspear.

—¡Vamos a por tu chico, Row! —exclama Neva con un gritito agudo.

«Mi chico». «Mío». Joder, eso suena bien.

—Llama a Jesse ahora mismo, Day. Dile que, como le toque un pelo, va a dejarte viuda.