Capítulo 24
Row
T ras un rato en el que sigo insistiendo en que Thomas y yo no somos pareja, al fin decido darme por vencida. Es imposible llevarle la contraria a esta chica.
—Ya veo que eres de las duras, y eso está bien. Pónselo difícil. Tom está acostumbrado a tener a cualquier mujer con un chasquido de dedos. Solo espero vivir lo bastante como para verlo arrastrarse de amor por ti.
Siento la tentación de volver a negarlo, de decirle que no hay nada de eso que ella cree entre nosotros, pero algo que ha dicho me deja callada. «Solo espero vivir lo bastante».
Carraspeo y busco su mirada.
—No quiero ser insensible, pero…
—¿Vas a preguntarme qué es lo que me pasa? —Me encojo de hombros y ella suspira—. Una enfermedad complicada con un nombre aún más complicado. En resumen… Nací con unos genes defectuosos. No me queda demasiado tiempo.
—Pero ¿no hay ninguna esperanza?
Melissa sonríe de nuevo.
—La gente siempre teme hacer ese tipo de preguntas.
Cuando las haces, te arriesgas a escuchar una respuesta que no suele gustar demasiado.
Me alegra que tú no seas así. —Inspira hondo por la nariz y esta vez es ella quien se encoge de hombros—.
Tom hace todo lo posible por salvarme. Hay muchos científicos y médicos buscando una cura, pero me temo que ya he agotado mi tiempo de descuento.
Las palabras de Day acuden a mi mente: «Si ella está lo bastante enferma como para hacer los preparativos fúnebres, es posible que la participación de Thomas en el proyecto sea mucho mayor de lo que imaginamos».
¿Walsh es la que va a conseguir una cura para la enfermedad de Melissa? ¿Por eso Thomas parece estar tan involucrado en el proyecto A.R.P.I.A.S.?
—Estoy segura de que tu hermano hará todo lo que pueda y más para salvarte —susurro con un nudo en la garganta.
—Sí, pero lo más probable es que no sirva de nada, y está bien. Yo ya me he cansado de luchar. Quien me preocupa es él.
Frunzo el ceño. Se me pasa por la cabeza que Thomas también esté enfermo, pero eso no es posible. Day dijo que la enfermedad no le afectaba, solo lo hace inmune a nuestras habilidades.
«Mierda, ¿por qué de pronto hace tanto calor aquí?».
Trago saliva con fuerza. Una gota de sudor frío me recorre la espalda al imaginarme a Tom desnudo sobre la mesa de embalsamiento de la funeraria, su piel pálida, las venas azules marcadas en su cuello…
Alzo la vista cuando noto la mano de Melissa sujetando la mía.
—Lo siento. Eh… Yo…
—Él está bien, Row —susurra—. No corre ningún peligro, pero sé que cuando yo me marche sufrirá mucho, y eso es algo que no voy a poder evitar.
Exhalo con fuerza. A eso se refería.
¡Me cago en todo! ¿Qué mierda me pasa?
—No sé qué decir —mascullo, apartando la mirada.
Melissa vuelve a darme un apretón en la mano y la miro de nuevo.
—Solo prométeme que estarás a su lado. Ya has dicho que no tenéis una relación, pero cuando eso cambie, que lo hará, te va a necesitar. No dejes que te aleje de su lado; aunque ni él mismo lo sepa, eres todo lo que le hace falta.
Me quedo mirando su rostro escuálido durante un buen rato, con las palabras atascadas en la garganta y lágrimas en los ojos. Esta chica no tendría que estar pidiéndole a una desconocida que consuele a su hermano cuando ella muera.
¡Es injusto, joder!
—¿Interrumpo?
La voz de Thomas nos sobresalta a ambas. Separamos nuestras manos y Melissa enseguida vuelve a esbozar esa sonrisa tan amplia.
—Sí, hermanito. Llegas justo cuando estaba intentando robarte a tu chica.
—No esperaba menos de ti —comenta Thomas, y escucho sus pisadas acercándose.
Me pongo de pie como una exhalación y me giro para mirarlo.
—Pasaba por delante y tu hermana me pidió que entrara, pero ya me iba.
Arquea una ceja y me tiende una taza humeante.
—Antes tómate un café. ¿Tienes hambre? Puedo preparar algo de desayuno.
—No. Debo marcharme. —Paso a su lado y me giro para mirar una última vez a su hermana—. Ha sido un placer conocerte, Melissa. Adiós.
Salgo del dormitorio a la carrera. Escucho a Thomas llamarme, sin embargo, no me detengo.
—¡Row! ¡Row, espera! —Lo ignoro y bajo las escaleras a toda prisa, pero antes de poder llegar al ascensor que lleva directamente al vestíbulo, siento su mano alrededor de mi muñeca y me obligo a mirarlo—.
¿Qué te pasa? ¿Por qué sales corriendo? Ya sé que Mel a veces puede ser muy invasiva. ¿Ha dicho algo que te ha molestado?
Niego con la cabeza.
El puto nudo en mi garganta apenas me deja respirar. Necesito salir de aquí y dejar de sentir esta angustia asfixiante, es demasiado intenso.
—Yo… —Tomo una respiración profunda y trato de hablar sin cortarme—. Tu hermana es un encanto, pero tengo que irme. Aún debo pasar por casa antes de ir al trabajo.
—No me estás diciendo la verdad.
—Es mi verdad, Thomas, tómala o déjala —replico en tono cortante.
Tras unos segundos en los que se dedica a mirarme fijamente, como si así pudiese meterse en mi cabeza y desgranar todos mis pensamientos, exhala con fuerza y asiente.
—Está bien. No voy a presionarte, pero esto no es algo de lo que vas a poder huir, Row. —Libera mi mano y acaricia mi rostro con suavidad. En cuanto noto su tacto en mi piel, el nudo de mi garganta se afloja y tomo una respiración profunda—. ¿A qué hora sales del trabajo?
—A las seis —respondo tras carraspear.
—Bien. —Esboza media sonrisa—. Te esperaré en la puerta para llevarte a nuestra segunda cita.
—¿Lo de anoche fue la primera? —Asiente y su sonrisa me contagia, aunque no lo muestro. No entiendo cómo es posible que solo su voz o su tacto me afecte de esta manera—. Yo creí que había sido un interrogatorio.
—Entonces, si lo prefieres, puedo recogerte para la segunda ronda de interrogatorio. Aún tengo muchas preguntas sin respuesta. —Aparto la mirada.
No puedo. ¿Qué se supone que voy a contarle? Jamás me perdonará si sabe que intenté matarlo. Espera… ¿Quiero que me perdone? Estoy tan confusa… No dejo de sentirlo todo y ni siquiera sé ponerle nombre.
El rostro de Alyss se cuela en mi mente, recuerdo lo que sentía cuando estábamos juntas, esa emoción por verla cada mañana, esa felicidad extrema cuando me sonreía…
Alzo la mirada hacia Thomas y él esboza una sonrisa ladeada. Podría jurar que mi corazón se salta un jodido latido y vuelve a funcionar con normalidad. Me tiemblan las piernas y la presión en mi pecho se expande como nunca antes.
¡Dios santo! Esto es peor que lo que sentí con Alyss. Me estoy enamorando de Thomas.
Retrocedo de espaldas hacia la puerta del ascensor, negando con la cabeza.
—Tengo que irme —susurro con un hilo de voz.
Él no se rinde, camina hacia mí con decisión y enmarca mi rostro con ambas manos.
—Vete, pero no huyas de mí. —Va a besarme. Siento cómo sus labios están a punto de rozar los míos y, por puro instinto, me aparto. No quiero que muera como Alyss. Thomas frunce el ceño y busca mi mirada—. ¿Estás bien? Pareces aterrada, Row. Me estás asustando.
Inspiro hondo por la nariz.
«Tienes que tranquilizarte», me digo a mí misma en mi cabeza. Thomas no va a morir. Él es inmune a mi habilidad. En realidad…
Cierro los ojos con fuerza y casi se me escapa una sonrisa.
Él es la única persona en el mundo al que podría besar cada día, durante el resto de mi vida, y no sería responsable de su muerte.
Abro los ojos y lo veo ahí, delante de mí, frunciendo el ceño como si intentara descifrar cuál va a ser mi siguiente movimiento.
Me estoy comportando como una maldita desquiciada, pero no es fácil asimilar que es más que probable que me haya enamorado de alguien con quien sí podría compartir mi vida. No más Alyss, no más Ralph… Tom para siempre.
—¡A la mierda! —mascullo justo antes de abalanzarme sobre su boca.
Thomas me recibe, estrechándome con fuerza contra su cuerpo. Su lengua se cuela entre mis labios y, cuando noto su sabor, un escalofrío me recorre de pies a cabeza.
Desearía quedarme aquí, en este instante, besándolo el resto de mi vida.
—Eso está mejor —susurra él tras apartarse unos centímetros. Su aliento caliente golpea mi rostro mientras une su frente a la mía—. Dime que has cambiado de idea y vas a quedarte a desayunar, o mejor aún, múdate aquí conmigo. Joder, haz lo que quieras, pero no te alejes ni un centímetro de mí.
Niego con la cabeza, no obstante, no puedo evitar que se me escape una sonrisa.
—Debo irme. —Thomas gruñe e intenta besarme de nuevo. Lo esquivo y aparto sus manos de mi cintura. Vuelvo a retroceder de espaldas hacia el ascensor mientras él me mira con intensidad—. Esta noche —susurro.
—A las seis en punto pasaré a recogerte.
—Seis en punto. —Antes de cambiar de idea, doy media vuelta y salgo del ático a toda prisa.
En cuanto las puertas del ascensor se cierran, suelto todo el aire que ni sabía que estaba conteniendo.
Tengo que ir a casa cuanto antes. Necesito reunir a las chicas y contarles lo que está pasando.
Esta noche voy a decirle toda la verdad a Thomas, seré completamente sincera con él y para ello necesito el apoyo de mis hermanas.