Mañana (Arpías 3) Capítulo 23
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Capítulo 23

Row

N ada más abrir los ojos, mi primer pensamiento del día va para Jesse.

El jodido Lameculos me va a matar. No solo no mato al objetivo, sino que paso la noche con él mientras me folla hasta dejarme sin sentido. Pero es él quien me ha metido en este lío de proporciones inimaginables tremendamente excitante y placentero.

Me aseguro de que Thomas no esté en el dormitorio antes de levantarme de la cama.

«Si tu respuesta es correcta, tomaremos el postre con tranquilidad y después te llevaré a mi casa, donde pienso pasar el resto de la noche adorando cada jodido centímetro de tu cuerpo.

No dejaré ni una sola porción de piel sin lamer y ni un solo orificio sin llenar».

Rememoro lo que dijo anoche en el restaurante y se me escapa una sonrisa.

Al menos es un hombre de palabra, aunque las consecuencias de esa promesa sean que haya perdido la capacidad de moverme con normalidad. Me duele todo el cuerpo. Siento pinchazos en músculos de mi anatomía que ni siquiera sabía que existían.

¿Es posible acabar con lesiones permanentes después de una noche de sexo?

Se lo preguntaré a Day. Seguro que la muy friki ha leído algún estudio sobre ello.

Encuentro la ropa que llevaba puesta anoche sobre una cómoda, doblada con pulcritud, y también una caja que no tardo en abrir. En el interior hay un conjunto de ropa interior de encaje negro a estrenar.

—Piensas en todo, cabronazo —murmuro para mí.

Me visto y, al comprobar mi teléfono, me doy cuenta de que me he quedado sin batería. Estoy segura de que al menos Day ya me habrá llamado un par de veces. No puede evitar comportarse como una mamá gallina cada vez que cualquiera de nosotras no vuelve a casa a dormir.

Me guardo el móvil en el bolsillo y salgo del dormitorio. Lo más sensato será volver cuanto antes al complejo para calmar los ánimos de mis hermanas y, de paso, arrearle un buen puñetazo al imbécil de Jesse.

Tiene que dejar de provocarme, aunque sea de manera involuntaria.

Ya he cruzado la mitad del pasillo cuando escucho voces que provienen de una habitación.

Dejándome llevar por mi vena cotilla, me acerco con cuidado.

Mi intención es echar un vistazo por el espacio que deja la puerta entreabierta, sin embargo, antes de que pueda hacerlo, la madera se abre de golpe y una señora de mediana edad sale al pasillo y se me queda mirando con los ojos muy abiertos.

—Hola. ¿Puedo ayudarla en algo?

—Eh… —empiezo a balbucear como una idiota y retrocedo un par de pasos.

—Selene, ¿es mi hermano? —se escucha una voz débil de mujer desde el interior del dormitorio, y la señora se gira para responder.

—No, es una chica.

—¿Qué chica? —pregunta la mujer que sigue dentro.

La tal Selene dirige de nuevo toda su atención hacia mí y me observa con atención.

—Muy guapa, morena, ojos azules…

—¿Es Row?

En cuanto la chica, que aún no he visto, menciona mi nombre, todo mi cuerpo se tensa.

«¿De qué demonios me conoce?».

—No lo sé. ¿Quieres preguntárselo tú?

La chica no dice nada, pero debe responder sin palabras porque enseguida Selene se hace a un lado y me indica con un gesto de su mano que entre en el dormitorio. Ni siquiera me lo pienso.

Si alguien sabe mi nombre es que busca o quiere algo de mí, y yo no soy de las que se amilanan ante un reto, mucho menos ante una amenaza.

Tomo una respiración profunda y doy un paso hacia la puerta, después otro y otro más, hasta que mis pies se hunden en una peluda y mullida alfombra de color crema.

Alzo la vista y por un segundo se me corta el aliento. Debí haber imaginado que la chica del dormitorio era la hermana de Thomas. Me sonríe con su rostro huesudo y pálido.

Echo un vistazo a la estancia. Parece más una habitación de hospital que un dormitorio. Hay máquinas emitiendo pitidos, una cama articulada y media docena de aparatos más.

—Eres Row, ¿verdad? —me pregunta sin dejar de sonreír.

Asiento y carraspeo antes de dar un nuevo paso en su dirección.

—¿Cómo sabes mi nombre?

—Tom no deja de hablar de ti —contesta, y pone los ojos en blanco.

—Supongo que nada bueno.

Sus comisuras se estiran aún más. Es una chica guapa, o en algún momento lo fue. Sus ojos son grandes y muy expresivos.

—Siéntate, por favor. Estaba deseando conocerte. —Me señala un sillón que hay junto a la cama—. Por cierto, me llamo Melissa.

Dudo un instante. No creo que a Thomas le agrade encontrarme aquí, con su hermana.

«Porque no eres como ellas». Lo que dijo anoche resuena en mi mente. No puedo ni quiero pensar en el significado de esas palabras.

—En realidad…, debería irme ya —me excuso, señalando sobre mi hombro con el dedo pulgar.

—Solo unos minutos. Nunca recibo visitas. Ver a alguien nuevo en casa se siente como la mañana de Navidad para mí.

«¡Mierda! ¿Qué se supone que tengo de decir a eso? Soy su Navidad. ¡No puedo irme sin más!».

Fuerzo una sonrisa y me siento donde me ha indicado. Durante unos segundos ella no dice nada, solo me sigue mirando con una sonrisa.

—Eh… Parece que va a hacer buen día —comento para rellenar el incómodo silencio.

Me sorprende verla soltar una enorme carcajada.

—No se te da muy bien lo de fraternizar con la familia de tus parejas, ¿verdad?

Frunzo el ceño al darme cuenta de a qué se refiere.

—¡Oh! Yo no… Thomas y yo no somos pareja.

—¿Estás segura? —inquiere, arqueando una ceja.

—Sí. Nosotros solo… Eh…

—¿No fue a ti a quien escuché gritar anoche? —«¡Mierda!». Vuelve a reír a carcajadas y sacude la cabeza de un lado a otro—. Tranquila. Tom es un hombre adulto. Puede traer a casa a quien quiera, aunque me extrañó escucharlo con una mujer. Imaginé que serías tú.

—¿Por qué yo?

—Porque nunca antes lo había visto tan entusiasmado e ilusionado con nadie.

—Estrecha la mirada sobre mí y vuelve a esbozar una sonrisa sutil—.

Él tenía razón. Eres muy distinta a cualquier otra mujer que se haya cruzado en su camino.

Me gustas. Si no estuviese en esta cama, sería una gran rival para mi hermano.

Estoy segura de que me preferirías a mí antes que a él.

Pestañeo un par de veces, intentando asimilar sus palabras. ¿La hermana de Thomas está ligando conmigo?

—No creo que… Yo… —Vuelve a reír, esta vez sujetándose el estómago con fuerza. Yo resoplo y niego con la cabeza—. Me estás tomando el pelo, ¿verdad?

Deja de reír y se acomoda mejor sobre las almohadas antes de responder.

—Sí y no. Mi radar nunca me falla y sé que, si hubiese tenido la oportunidad, tal vez… —mueve las cejas de arriba abajo de manera insinuante—, pero nunca le robaría la chica a mi hermano. Su ego no lo soportaría.

—No soy su chica —digo mientras meneo la cabeza.

Melissa es tremenda, y sí, es posible que, en otras circunstancias, si ella no estuviese enferma y yo perdiendo la jodida cabeza al fijarme en su hermano… En fin. Ya tendré tiempo para pensar en ello en otro momento.