Mañana (Arpías 3) Capítulo 20
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Capítulo 20

Thomas

A guardo con impaciencia su respuesta, y cuando asiente con la cabeza, suelto todo el aire que ni sabía que estaba conteniendo.

Lo ha admitido, eso es un avance.

—¿Alguna…?

—De eso nada, Hutcher —me corta—. Es mi turno.

Aprieto los dientes, contrariado, pero cabeceo, dándole la razón.

—¿Conoces a la doctora Walsh?

—¿No has encontrado una pregunta más ingeniosa?

—Responde.

—Sí, la conozco. Mi turno. —Hace un gesto con la mano en mi dirección—. ¿Alguna vez has pensado en usar contra mí esa pistola que llevas en el bolso?

—Por supuesto. Hace un rato, cuando me di cuenta de que un pirado me estaba siguiendo por la calle.

—Me refiero a antes de eso.

—No.

¡Bien! Eso significa que Walsh no la envió para hacerme daño.

—Te toca.

—Dijiste que querías contratar los servicios fúnebres para un familiar, ¿eran para tu hermana?

Frunzo el ceño. ¡¿Conoce la existencia de Melissa?! ¡No puede ser! ¡¿Quién demonios es esta mujer y qué quiere de mí?!

—Sí —gruño entre dientes.

—¿Ella está bien? —Alzo la vista para recordarle que no es su turno de preguntar, pero la forma en la que me mira hace que mi cabreo desaparezca de golpe.

No es lástima lo que hay en sus ojos, ni condescendencia, aunque tampoco puedo descifrar qué es.

Con un nudo en la garganta, niego con la cabeza—.

Lo siento, Thomas —susurra, y que me alcance un rayo si no parece que esté siendo sincera.

Le doy un sorbo a la copa para despejarme, y tras tomarme unos segundos para recuperar la compostura, vuelvo a mirarla.

—Has hecho dos preguntas seguidas. Ahora me toca a mí.

—Adelante.

—¿Te envió Walsh a buscarme?

—No. Siguiente pregunta.

Lo ha negado tan rápido que ni siquiera me planteo que no sea cierto. Maduro bien la próxima cuestión. Tengo que ser muy preciso.

—¿Jesse Jones es tu novio?

Me doy una bofetada mental por haber desperdiciado la oportunidad de preguntarle más por Walsh y su implicación en GenoLabs, pero… ¡Joder! Necesito saber si tengo un jodido rival al que batir.

Row abre mucho los ojos y empieza a reír a carcajadas.

—¡¿Jesse?! —exclama, atrayendo la atención de varios comensales.

—Baja la voz —susurro.

Sigue riendo y niega con la cabeza.

—¿Qué mierda te ha hecho pensar que Jesse y yo…? —Vuelve a negar con la cabeza—. Si el mundo tal como lo conocemos llegara a su fin y solo Jesse y yo sobreviviéramos, preferiría hacérmelo con una piedra afilada.

Casi me echo a reír por su explicación, y sí, también porque me alegro de que ese cabrón no sea su novio.

—Voy a deducir que tu respuesta es «no».

—Oh, es un «no» muy rotundo. —Al fin deja de reír y exhala mientras me mira a los ojos—. Jesse es como un hermano para mí, y también la pareja de una de mis hermanas. Nunca jamás podría verlo de otro modo.

Sonrío al escucharla. Acaba de darme una explicación completa sin necesidad de pedírselo.

—Entonces, él es el novio de una de tus hermanas.

—¿Eso es otra pregunta?

—No, es una afirmación.

—¿La pregunta, entonces?

—¿Las tres mujeres que viven contigo son tus hermanas?

Entrecierra los ojos y hace una mueca con los labios.

—Algo así.

—¿Sí o no, Row?

—Técnicamente, no.

—Sigue sin ser una respuesta válida.

—Es complicado. —Arqueo una ceja y ella resopla—. Eso es lo máximo que vas a sacar de mí. Me toca.

—De eso nada. Si tú no contestas con sinceridad, yo tampoco lo haré.

—¡Genial! Fuiste tú quien quiso jugar a este estúpido juego.

—No creo que intentar conocerte sea estúpido. Voy a hacerte una última pregunta y de tu respuesta depende cómo acabará la noche.

—¿A qué te refieres?

—Si contestas de manera incorrecta, saldremos ahora mismo de este restaurante, te dejaré delante de tu casa y no volverás a saber nada de mí.

—Y ¿qué pasará si acierto? —inquiere, arqueando una ceja de manera interrogante.

Esta vez soy yo el que me inclino sobre la mesa para que solo ella pueda oírme.

—Si tu respuesta es correcta, tomaremos el postre con tranquilidad y después te llevaré a mi casa, donde pienso pasar el resto de la noche adorando cada jodido centímetro de tu cuerpo. No dejaré ni una sola porción de piel sin lamer y ni un solo orificio sin llenar.

Row inspira hondo por la nariz y carraspea antes de echarse hacia atrás.

—¿Cuál es la pregunta?

La miro fijamente durante un tiempo que se me hace eterno y al fin lo suelto.

—¿Pretendes hacerme daño?

Cierra los ojos durante unos segundos, y cuando vuelve a abrirlos su cabeza se mueve de un lado a otro.

—No.

Sonrío de oreja a oreja y levanto la mano para llamar al camarero. No puedo creer que esté a punto de meter a esta mujer en mi casa.

—¿Qué vas a pedir de postre, Desconocida?