Capítulo 16
Row
T irada sobre mi destartalado sofá en la planta común, me como una galleta.
Hago una mueca porque están asquerosas… ¿Quién me iba a decir que echaría de menos el veneno de las niñas demoníacas? Pero tras lo de Terry es como si se hubiesen esfumado de la faz de la Tierra.
La tele emite un aburrido reportaje sobre el senador McCain y su campaña electoral a la presidencia.
Nunca me ha interesado la política. A excepción de algún diplomático al que he tenido que matar, he intentado mantenerme alejada de esa clase de personas, sin embargo, el aburrimiento me está volviendo loca.
Hace ya diez días que estoy enclaustrada en el complejo.
Mi jefe en la funeraria me dijo que un par de hombres habían estado allí haciendo preguntas sobre mí.
Y estoy segura de que los envió Thomas, por lo tanto, Jesse sugirió que debería quedarme en casa al menos hasta que Day termine de analizar el ADN que encontró en el vaso de café que él le robó a Thomas Hutcher.
Yo no estuve de acuerdo, así que discutimos, mi hermana se puso de su lado y no me quedó más remedio que ceder.
Ahora empiezo a plantearme seriamente la posibilidad de meterme el cañón de mi pistola en la boca y apretar el gatillo si no salgo de este maldito sitio cuanto antes. No sirvo para estar encerrada.
Escucho el chirrido estridente de la verja del ascensor y aparto la mirada de la pantalla.
Jesse y Day entran en la sala y mi hermana hace una mueca al verme.
—Dime que no te estás comiendo las galletas de esas niñas del demonio, Row.
Me encojo de hombros y engullo otra más.
—Por desgracia, no —mascullo con la boca llena.
—¿Qué coño estás viendo? —inquiere Jesse, echando un vistazo al televisor.
—Es un reportaje. ¿Sabes que el senador McCain tiene muchas probabilidades de convertirse en presidente?
—Me importa una mierda.
—¡Oye, Lameculos! Empiezo a pensar que quieres rivalizar con Nao en borde y desagradable.
—¿Dónde está? —inquiere Day.
—¿Nao? —Asiente y yo me encojo de hombros—. En el hospital. Hoy le dan el alta al poli.
Por suerte, Preston ha resultado ser un tipo difícil de matar, y me alegra que sea así. No quiero tener que ver a Nao otra vez en el estado en el que se puso cuando supo que él se encontraba en coma y tal vez no volvería a despertar.
—Tenemos los resultados de los análisis —anuncia Jesse de sopetón.
Me sacudo las migas de la camiseta, y tras terminarme la cerveza de un trago, los miro a ambos expectante.
—¿Y bien? ¿Sabéis por qué a Thomas no le afecta mi habilidad?
—Es posible —contesta mi hermana—. He comparado su muestra de ADN con la tuya y la explicación más probable es que se trate de un fenómeno de resistencia molecular adaptativa.
»Tu habilidad depende de una proteína citotóxica capaz de atravesar membranas celulares y activar rutas de muerte programada.
Sin embargo, Thomas presenta una mutación homocigótica en el mismo locus genético que altera la conformación tridimensional de los receptores intracelulares implicados en el proceso.
En consecuencia, la proteína que produces no puede acoplarse a sus células ni iniciar la cascada bioquímica responsable del colapso sistémico.
Además, he detectado niveles anormalmente elevados de enzimas neutralizadoras y anticuerpos específicos que degradan el agente activo en cuestión de segundos.
Pestañeo rápido y miro a Jesse.
—Traduce lo que la friki de tu novia acaba de decir —pido.
—Thomas, tus hermanas y tú compartís la misma alteración genética.
La diferencia es que en tu organismo esa mutación provoca una sobreexpresión descontrolada de las proteínas responsables de tu habilidad.
Tu cuerpo produce concentraciones letales de ese agente biológico y, al transferirlo mediante el contacto, desencadena una cascada de apoptosis celular masiva en la víctima.
En Thomas ocurre justo lo contrario. La mutación ha activado un mecanismo compensatorio que no existe en ti.
Sus células expresan una variante anómala de los receptores diana sobre los que actúa tu toxina.
Es como si su sistema inmunitario hubiera desarrollado una resistencia natural antes incluso de entrar en contacto contigo.
Cada vez que tu habilidad intenta atacarlo, su organismo identifica el agente, lo neutraliza y lo elimina antes de que alcance niveles tóxicos.
—En serio, sois los dos igual de irritantes —me quejo—. ¿Alguien puede explicármelo sin tanta jerga científica o voy a tener que buscarlo en internet?
Day resopla y se cruza de brazos.
—Thomas no es inmune a tu habilidad. Es biológicamente incompatible con ella. Tu habilidad está diseñada para destruir organismos normales. Él no es un organismo normal.
—Entonces, ¿qué es? ¿Un extraterrestre?
—Un enfermo —responde Jesse—. Thomas lleva en su sangre la misma enfermedad que nosotros.
—Esperad…, ¿estáis diciendo que a él también lo creó Madre? —Day niega con la cabeza.
—No, lo suyo es de nacimiento. Sabemos que Madre nos creó a partir de embriones sintéticos con genes manipulados para que fuésemos inmunes a esa enfermedad. Esa implantación de genoma fue la que nos dio nuestras habilidades, pero Thomas es portador de esa enfermedad en su forma más pura.
—Entonces, ¿por qué no está muerto?
—Porque su sistema inmunitario ha asimilado la enfermedad. Apuesto a que ninguna de nuestras habilidades le afecta. Es completamente inmune a ellas.
Con lo que acaba de decir está echando por tierra el plan que habíamos ideado para librarnos de Thomas. Se supone que Neva iba a borrarle la memoria y yo podría recuperar mi vida.
—Vale, y ¿qué hacemos ahora? Yo no puedo seguir encerrada en este sitio.
—Row, creo que no estás entendiendo la gravedad del problema —añade Jesse.
Se rasca el mentón y exhala con fuerza —.
Hasta ahora creíamos que Thomas Hutcher solo quería ganar dinero con los experimentos de Madre y por eso subvencionaba el proyecto A.R.P.I.A.S.
, pero esto lo cambia todo. Él tiene la enfermedad y estoy casi seguro de que su hermana también.
—¿Qué hermana?
—Cuando tomé café con él me dijo que su hermana es paciente de la doctora Walsh. No le di demasiada importancia, pero al saber que él es portador de la enfermedad, empecé a atar cabos. Dijiste que él apareció en la funeraria para contratar un paquete o algo así, ¿no?
—Sí, para un familiar. No dio demasiadas explicaciones.
—Supongamos que ese familiar es su hermana —intercede Day—. Si ella está lo bastante enferma como para hacer los preparativos fúnebres, es posible que la participación de Thomas en el proyecto sea mucho mayor de lo que imaginamos.
—Hasta puede que haya tenido que ver con la muerte de Terry —masculla Jesse.
—Espera, eso es demasiado suponer. Tal vez solo intenta salvarle la vida a su hermana —difiero.
—¿A qué coste? —replica Jesse—. Porque el que seguro está muerto aquí es mi hermano.
—Estamos sacando conclusiones precipitadas —intercede Day—. Hay que investigarlo más a fondo. Si la hermana de Thomas es paciente del laboratorio, debe haber registro de ella en la base de datos. Análisis, pruebas, ensayos clínicos… Todo su historial médico tiene que estar ahí.
—Bien visto —murmura Jesse, y echa un vistazo a su reloj—. Iré a GenoLabs y lo comprobaré. A esta hora, Madre ya no estará allí.
—Antes, acércame a la funeraria —le digo, poniéndome de pie.
Jesse frunce el ceño, pero no dejo que abra la boca para quejarse—.
Dijiste que no podía salir hasta que tuviésemos los resultados y ya los tenemos.
Que yo siga encerrada aquí no va a cambiar nada, solo que, en algún momento, muy pronto, me volveré loca y acabaré cargándome a alguien.
Si no estás dispuesto a presentarte voluntario como víctima y escape emocional, te recomiendo que ni siquiera pienses en la posibilidad de llevarme la contraria.
Resopla con fuerza y niega con la cabeza.
—Vamos, pero como se te ocurra poner los pies sobre el salpicadero, juro que te sacaré de mi coche a patadas —refunfuña.
—Oh, quiero ver cómo lo intentas, Lameculos —me burlo, siguiéndolo en dirección al ascensor.
Day cabecea y pone los ojos en blanco mientras nos observa marcharnos. Ha aprendido a las malas que no debe tomar partido en nuestros debates. Aunque jamás lo admitiré en voz alta, quiero al Lameculos como a un hermano, pero disfruto demasiado sacándolo de sus casillas.