Mañana (Arpías 3) Capítulo 14
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Capítulo 14

Thomas

R owan Smith, así se llama la desconocida.

He tenido que pedirle un favor a un amigo habilidoso con los ordenadores para obtener toda la información posible de ella. Si la vía legal no me lleva a donde quiero, no tengo ningún problema en buscar otras alternativas.

Los investigadores que contraté no eran capaces de ahondar más en el pasado y la situación familiar de Row. Estuvieron haciendo preguntas en la funeraria y me dijeron que empezarían a hacer un seguimiento exhaustivo, sin embargo, decidí tomar el camino rápido y no creo haberme equivocado.

Gracias a mi amigo he averiguado que Row es un jodido enigma.

No hay registro de su vida antes de la adolescencia.

No tiene pasado ni familiares cercanos. Vive en un complejo de edificios junto a otras tres chicas que, curiosamente, se apellidan igual.

Aunque lo más extraño aún es que una de ellas trabaja en GenoLabs.

Por lo tanto, la teoría de que Walsh haya sido la que envió a Row a por mí cobra fuerza.

Está claro que no quiere matarme, de ser así ya lo habría hecho, pero entonces… ¿Qué es lo que pretende con exactitud? ¿Solo quiere tenerme vigilado o hay algo más?

Eso es justo lo que intento averiguar cuando entro por la puerta principal de GenoLabs.

Walsh no me espera hoy, no la he advertido de mi visita.

Quiero tomarla por sorpresa. Mi excusa es preguntarle, una vez más, por los avances de la investigación que se supone que va a salvar a mi hermana, pero no voy a dejar pasar la oportunidad de indagar un poco más.

Accedo directamente a la zona de los laboratorios. Apenas doy tres pasos cuando uno de los guardias de seguridad me corta el paso con un gesto educado.

—Señor, esta zona es de acceso restringido.

Lo observo unos segundos sin perder la sonrisa.

—Lo sé. También sé quién paga la investigación que se hace aquí… y, con un poco de suerte, hasta su nómina.

El hombre traga saliva. Mira a su compañero. Después a la acreditación que llevo colgada del cuello.

—Disculpe, señor Hutcher.

Se aparta de inmediato.

Continúo caminando como si nada hubiera pasado. No es ningún secreto que la mayoría de los proyectos de este complejo siguen vivos gracias a los fondos de mi empresa. Cuando eres quien mantiene las luces encendidas, pocas puertas permanecen cerradas mucho tiempo.

Dejo atrás los laboratorios y continúo avanzando por las zonas más profundas del complejo. Cuanto más me adentro, más silenciosos se vuelven los pasillos y más escasa es la presencia de personal. Nadie me detiene. Nadie se atreve siquiera a preguntarme qué hago aquí.

Un pasillo de servicio desemboca en una puerta completamente lisa. A un lado hay una cristalera que hace las veces de pared, aunque el cristal opaco impide ver qué hay al otro lado.

Me fijo en el panel de control junto a la puerta. Un par de botones. Ninguna indicación.

Movido por la curiosidad, pulso uno de ellos.

Al instante, el cristal se vuelve translúcido.

Al otro lado hay una habitación infantil sorprendentemente amplia. Cuatro niñas pequeñas levantan la vista hacia mí al mismo tiempo. Tres permanecen inmóviles. La cuarta se acerca despacio, con una mezcla de curiosidad y cautela.

Sus ojos azules me miran con escrutinio.

—Hola —saludo, alzando una mano.

La niña señala hacia el lugar donde se sitúa la puerta y me doy cuenta de que no me está escuchando. Enseguida presiono el otro botón y suena un pitido.

—¿Quién eres? —pregunta, frunciendo el ceño.

—Un amigo de la doctora Walsh. ¿Qué hacéis vosotras aquí?

La niña se gira para mirar a sus tres compañeras, que siguen sentadas sobre una de las cuatro camas que hay en la habitación, antes de responder.

—Estamos enfermas. Aquí nos van a curar.

Me paro un segundo a pensarlo y asiento. Tal vez ellas tengan la misma enfermedad que mi hermana y Walsh trate de curarlas. Son parte de la investigación. Es extraño, sí, pero tiene lógica.

—Vuestros padres os echarán mucho de menos, ¿verdad? —La chiquilla frunce el ceño como si no entendiera mi pregunta—. ¿Cuánto tiempo lleváis aquí? —Se encoge de hombros.

—Dos, pregúntale si tiene chocolates —susurra otra de las niñas.

La que estaba hablando conmigo asiente y se cruza de brazos.

—¿Nos has traído dulces?

Frunzo el ceño, confuso. ¿Dos? Qué apodo más extraño.

—Eh… No. ¿La doctora Walsh no os permite comerlos?

—Solo una vez a la semana. Dice que se nos caerán los dientes.

Pone los ojos en blanco de una forma que me resulta bastante familiar, no obstante, solo niego con la cabeza.

—Ahora mismo no tengo ninguna chocolatina, pero hagamos algo, volveré otro día con dulces para todas, aunque no podéis contarle a la doctora Walsh que he estado aquí o se enfadará conmigo, ¿de acuerdo? —Vuelve a echar un vistazo a sus compañeras y todas asienten.

Enseguida me despido y salgo de la zona restringida sin ser visto.

Al no ser capaz de encontrar a Walsh por mi cuenta, decido preguntar por ella y me informan de que ha tenido que salir de los laboratorios para una reunión. No indago más. Sé que aquí no encontraré respuestas, así que decido marcharme.

Cojo el ascensor hasta la planta principal y, cuando este se abre, me encuentro de frente con Jesse, el asistente de la doctora Walsh.

—Señor Hutcher, no sabía que vendría hoy. La doctora Walsh no se encuentra aquí —dice, haciéndose a un lado para que yo pueda salir del cubículo.

—Sí, ya me han informado. ¿Sabes dónde puedo encontrarla?

Niega con la cabeza.

—Tenía una reunión esta mañana. ¿Ha intentado contactar con ella por teléfono? Si quiere, puedo llamarla yo mismo.

—No te molestes. Trataré de hablar con ella en otro momento.

—Como prefiera. ¿Puedo ayudarle en algo? Si le apetece, lo invito a un café. Hay un local de especialidad nuevo justo enfrente.

Mi primera opción es negarme, sin embargo, tras pensarlo mejor, asiento con la cabeza. Tal vez pueda sacarle algo de información. El tipo es el asistente de Walsh y seguro que conoce muchos de sus secretos. Necesito saber qué está pasando y qué tiene que ver Row en todo esto.

—No tengo mucho tiempo, pero sí lo bastante para un café.

—Perfecto. Acompáñeme entonces.

Salimos juntos del edificio y nos acercamos a una cafetería que está justo enfrente de los laboratorios. No hay demasiada gente, así que no tardamos en tomar asiento en una de las mesas.

Le doy un trago largo a mi vaso de papel mientras lo observo con curiosidad. Es bastante joven para ser el asistente de alguien tan importante e influyente como Walsh. Me pregunto cómo habrá llegado a obtener ese puesto.

—¿Hace mucho que trabajas para la doctora Walsh? —pregunto, intentando sonar casual.

Él deja su vaso sobre la mesa y asiente.

—A veces pienso que llevo toda la vida —responde con una pequeña sonrisa.

Es una contestación demasiado ambigua y muy poco esclarecedora, pero no insisto. Tampoco quiero que piense que lo estoy interrogando, aunque sea justo eso lo que pretendo en realidad.

Seguimos bebiendo en silencio un rato más.

—Este lugar está bastante bien —comento, echando un vistazo alrededor del local.

—Sí, preparan buen café.

—¿Sueles venir a menudo?

—Solo cuando tengo tiempo libre, o lo que es lo mismo, menos de lo que me gustaría.

Aprovecho su comentario para volver a la carga.

—Supongo que la doctora Walsh es muy exigente con el trabajo.

—Así es. Tiene mucha responsabilidad y le gusta que la gente que la rodeamos estemos implicados en nuestro trabajo. Gracias a ella, y a usted, por supuesto, muchas vidas podrán ser salvadas en el futuro.

Asiento.

Puede que sea egoísta por mi parte, pero me importan una mierda los demás. Lo único que quiero es que salve a mi hermana. Bueno, las niñas del laboratorio también. Me da mucha pena que estén encerradas allí.

—Espero que ese futuro esté próximo. Necesito resultados lo antes posible.

—Si la doctora Walsh le ha garantizado resultados, le aseguro que los tendrá. Para ella, sus pacientes son siempre una prioridad.

—Lo sé. Mi hermana es su paciente —mascullo mientras echo un vistazo a la pantalla de mi teléfono.

Está claro que no voy a lograr sacarle nada a este tipo.

Es un jodido lameculos de Walsh. Me levanto y él me mira confuso—.

Tengo que irme ya. Mi tiempo de descanso ha terminado. Debo volver al trabajo.

Él también se pone de pie y me tiende su mano.

—Ha sido un placer, señor Hutcher. Si hay algo en lo que pueda ayudarle, no dude en decirlo.

Le doy un leve apretón y salgo de la cafetería a toda prisa.

Tengo la sensación de que he estado perdiendo el tiempo.

No tengo más respuestas que las que tenía esta mañana, y la conexión de Row con Walsh sigue siendo todo un misterio.

Supongo que tendré que esperar a que los investigadores reúnan información.

Hasta entonces, pienso mantenerme alejado de Row. Esa chica no es trigo limpio.