Capítulo 11
Row
N ormalmente disfruto viajando en metro.
Y más en Chicago, donde el metro apenas lo es: la mayor parte del trazado va elevado, por encima de las calles, colgado sobre la ciudad en una estructura de hierro que traquetea como si fuera a venirse abajo en cada curva.
Aquí lo llaman «the L», por elevated, y es una gozada.
Ves la vida de la gente, el río, los rascacielos recortándose contra el cielo…, y suelo usar ese tiempo para centrarme en mis cosas: cómo acceder a un objetivo; la mejor manera de abordarlo…
Admito que a veces soy algo chapucera, pero puedo permitírmelo.
Lo bueno de que mi habilidad funcione en un plazo de veinticuatro horas es que nadie puede incriminarme.
Cuando el objetivo muere, yo ya estoy muy lejos, aunque siempre que me es posible intento evadir cámaras de vigilancia y cualquier otro sistema de seguridad.
No obstante, este viaje en metro está siendo muy distinto a lo habitual.
«Row, ven rápido. El poli casi se muere y Nao no está bien». Rememoro las palabras de Day cuando me ha llamado y un escalofrío me recorre de pies a cabeza.
Si Day cree que algo malo le pasa a Nao, tiene que ser serio de verdad. Ella nunca da muestras de debilidad, es una jodida roca.
Los casi cincuenta minutos de viaje se me hacen eternos.
Trato de mantener la cabeza ocupada en cualquier otra cosa que no sea lo que ha pasado en la funeraria.
No puedo enfrentarme a esa mierda ahora mismo; a lo que Thomas me hizo sentir, antes, durante y después del sexo.
Por suerte, no todo fue bueno. Creo que finalmente he podido ver su verdadero carácter, ese que se esfuerza en esconder de los demás.
Al fin el metro llega a la estación de Cenmark y no pierdo ni un segundo. Aún me queda un paseo de casi diez minutos, aunque acorto ese trayecto cogiendo un autobús que me deja frente a la puerta del hospital Insight.
Hago verdaderos malabarismos para hablar por mensajes con Day mientras recorro el interior del hospital.
Preston está hospitalizado en la unidad de cuidados intensivos. Llego en solo unos minutos y me encuentro con mis hermanas en la sala de espera. Jesse y Evan también están aquí.
En cuanto me ve, Day se pone de pie y viene a mi encuentro.
—¿Qué ha pasado? —pregunto, intentando recuperar el aliento.
—Aún no lo sabemos, pero tiene pinta de que fue algo intencionado.
—¿Han intentado matar al poli? —Mi hermana asiente con la cabeza.
Todos somos muy conscientes del peligro que corremos. Estamos intentando acabar con una organización que lleva en activo desde antes de que naciéramos. Hay personas muy poderosas detrás de la financiación del proyecto A.R.P.I.A.S., entre ellos, Thomas Hutcher.
«¡Maldita sea, Row! El tipo es un desgraciado sin escrúpulos y puede que también un asesino. Deja ya de jugar al gato y al ratón con él», pienso, pero, por supuesto, no digo nada.
Day no aprobaría mi encuentro con Thomas en la funeraria. Ha pasado de ser un objetivo fallido a algo más, aunque aún no sé muy bien el qué.
Sé que tarde o temprano tendré que contárselo. No tengo secretos con mis hermanas, pero ahora la prioridad es el poli y lo que su posible fallecimiento pueda provocar en Nao.
—¿Ella cómo está? —pregunto, señalando con la barbilla en dirección a nuestra hermana.
La veo como siempre, seria, distante y ajena a cualquier emoción humana, pero ese es el maldito problema con Nao, se cierra tanto en sí misma que nunca sabes qué le pasa por la cabeza.
—Aunque no lo aparente, todo esto la está afectando mucho. Apenas soy capaz de estar a su lado. Su dolor es… —Day traga saliva con fuerza y coloca una mano en la base de su garganta—. Está sufriendo y no sé cómo ayudarla.
Neva se une a nosotras enseguida. Si la situación no fuese tan tensa y complicada, me estaría burlando de ella por el ridículo vestido de volantes con colores estridentes que lleva puesto. Es asquerosamente infantil y llamativo, a juego con su personalidad.
—¿Dónde estabas? —me pregunta en voz baja—. Te he llamado media docena de veces.
—En el trabajo —contesto, encogiéndome de hombros.
Day estrecha la mirada sobre mí y arruga la nariz como cada vez que está percibiendo una emoción extraña. Ni siquiera sé si ella misma se ha dado cuenta de que lo hace, pero si de algo estoy segura es de que no va a dejarlo pasar.
—Suéltalo de una vez —exige, cruzando los brazos sobre el pecho.
¡Joder! Sabía que tendría que contárselo, pero al menos esperaba tener un poco de tiempo para asimilarlo.
—He visto a Thomas —murmuro.
—¿Thomas Hutcher? —Asiento y Day vuelve a hacer ese gesto con la nariz.
—¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Dónde? ¿Qué ha pasado? —Neva suelta una pregunta tras otra sin darme tiempo para responder.
—En la funeraria, hace un rato. Apareció de repente.
—¿Crees que sabe quién eres? —inquiere Day.
—No. —Bufo con fuerza y me acomodo el pelo sobre un hombro—. Es poco probable.
—Las probabilidades no son certezas, Row. Si fue a buscarte a la funeraria, es posible que te haya descubierto y Madre no tardará en saber que estamos intentando eliminarlo. Todos estamos en peligro.
—Puede que Hutcher haya tenido algo que ver con lo que le ha pasado a Preston —añade Neva.
Y por algún motivo que no consigo entender, me molesta que mis hermanas piensen eso de Thomas.
¡Joder! ¡¿Qué mierda me está pasando?!
—No. Espera. Creo que fue solo un encuentro fortuito. Vino a preguntar por los servicios de la funeraria. Tenía una cita con mi jefe.
—¿Estás segura? —Me quedo callada unos segundos y Day resopla—. Si no estás segura…
—Parecía sorprendido de verme. No esperaba encontrarme allí, eso sí puedo asegurarlo —vuelvo a defenderlo sin saber el motivo.
Esta vez es Neva la que me estudia con los ojos entrecerrados.
—¿Esa marca que tienes en el cuello es la prueba de toda tu seguridad? —pregunta en tono burlón.
Me giro para verme reflejada en una de las cristaleras de la sala de espera y suelto una maldición en voz baja. ¡El muy hijo de puta me ha dejado los dientes marcados en el cuello!
¿Cuándo lo hizo?
Sin poder evitarlo, regreso a ese momento en la funeraria, cuando estaba sentada sobre el ataúd con Thomas arremetiendo en mi interior. Casi puedo sentir sus dedos clavados en la piel de mis muslos, su aliento golpeando mi cuello, las gotas de sudor que resbalaban por sus sienes…
—¡Dios santo, Row, contrólate! —exclama Day, dándose aire en el rostro con la mano. Se gira hacia Neva y me señala con la barbilla—. Se lo ha tirado en la funeraria.
Neva suelta una carcajada que atrae todas las miradas en nuestra dirección, a excepción de Nao, que sigue mirando un punto fijo en la pared como si el mundo se hubiese detenido a su alrededor.
—Siempre te quedas con los objetivos más divertidos —se burla Neva.
Le lanzo una mirada asesina que ella ignora y sigue sonriendo como la puta loca que es.
—Row, eres consciente de que ese hombre es el dueño y CEO de la empresa que más fondos ha aportado al proyecto A.R.P.I.A.S., ¿verdad?
—Sí, claro que lo sé. ¿Crees que me gusta o algo así?
«Algo así», resuena en mi mente, pero decido ignorar ese incómodo pensamiento.
—Si no te gusta, ¿por qué estás a la defensiva?
—Day…
—No, respóndeme —me corta—. Ese cabrón puede estar detrás del atentado de Preston. Mira a Nao. Está destrozada. Además, si estamos en lo cierto, también pudo tener algo que ver con la muerte de Terry
—¿Y tengo yo la culpa? Se supone que debo matarlo, ¿recuerdas?
—¡Sí, pero no a polvos! —intercede Neva.
Esta vez no solo la miro mal. Resoplo y me giro hacia ella hirviendo de furia.
—¿Tú vas a darme lecciones? ¿Cuántas veces has tenido que borrarle la memoria a tu novio? Tienes suerte de que el pobre chico aún sepa atarse solo los cordones. ¡Vas a fundirle el cerebro!
—¿Qué tiene que ver Evan en todo esto?
—Nada. Ese es el maldito problema, que no tiene nada que ver con nosotras ni con la vida que llevamos, pero tú te empeñas en tenerlo cerca, Dios sabrá por qué.
—¡Eh, dejad de discutir! —media Day.
Una vez más, atraemos todas las miradas, pero estamos lo bastante alejadas como para que no sepan qué es lo que estamos diciendo.
Neva y yo nos miramos cabreadas.
Sé que no estoy siendo justa con ella, y tal vez me arrepienta un poco de lo que acabo de decir, aunque, conociéndola, apuesto a que me habrá perdonado en cuestión de minutos. No es culpa suya que mi cabeza esté hecha un torbellino de pensamientos y emociones sin ningún sentido.
¡Maldito Hutcher!
—Chicas, ¿se puede saber qué os pasa? Estamos en un hospital —dice Jesse en cuanto se une a nosotras.
Day resopla y me señala con el dorso de la mano.
—Row se ha tirado a Hutcher en la funeraria. Él sabe que trabaja allí.
—Mierda. ¿Qué te ha dicho? ¿Crees que sabe que vamos a por él?
Empiezo a negar con la cabeza, pero Day es la que responde por mí.
—No, piensa que ha sido una desgraciada coincidencia, pero, aun así, se lo ha tirado.
—¿Porque has querido hacerlo o porque intentabas cargártelo? —inquiere Jesse.
—Vete tú a saber —masculla Day.
Esta vez es ella la receptora de una de mis miradas asesinas.
—Sabes que estoy aquí y sé hablar, ¿verdad?
Chasquea la lengua, contrariada. Tomo una respiración profunda y me centro en explicarle la situación a Jesse.
Cuando termino, él se rasca la barbilla y hace una mueca con los labios.
—Tal vez no sea tan grave. Si fue una casualidad, podemos solventarlo. Por el momento, no te acerques a él. Está claro que, por alguna razón, tu habilidad no le afecta. Intentaré averiguar algo por mi cuenta.
—¿Has oído, Row? No más revolcones con el millonario buenorro. Ya puedes cancelar el banquete y las invitaciones de boda —se burla Neva, y hace un corazón con las manos.
Cierro los ojos y niego con la cabeza mientras intento no echarme a reír. Neva es una de las personas más irritantes que he conocido nunca, pero, joder, cómo la quiero. Daría mi vida por ella o cualquiera de mis hermanas sin dudarlo un instante.
—Algún día te asesinaré mientras duermes —la amenazo en broma.
Ella abre la boca para replicar, pero es interrumpida por un tipo vestido con bata blanca que irrumpe en la sala de espera. Pregunta por los familiares del poli y Nao se pone en pie como un muelle al ser accionado.
—¿Usted es familiar de Preston Reed?
—Sí… —dice nerviosa—. Es mi pareja. ¿Cómo está? ¿Se encuentra bien?
La expresión de Nao sigue siendo la de siempre. No hay ni un ápice de emoción en su voz, sin embargo, por la forma en la que Day se toca la base del cuello, como si una mano invisible la estuviese asfixiando, sé que está empatizando con nuestra hermana y que algo anda muy mal.
—El señor Reed llegó con múltiples lesiones, clavícula, codo, peroné… Hemos logrado estabilizarlo, pero lamentablemente… —«Que no diga que ha muerto, ¡que no lo diga, por favor!»—. Permanece inconsciente y sin respuesta a estímulos externos. Su pronóstico es reservado.
—¿Qué diablos significa eso…? —Nao clava su mirada en la del médico.
—Qué está en coma y no saben si despertará —aclara Jesse en un susurro.
El médico se marcha tras darle un par de explicaciones más que no soy capaz de escuchar porque estoy demasiado ocupada intentando descifrar la reacción de Nao.
Day cierra los ojos con fuerza y abre la boca, pero la cierra antes de poder pronunciar una sola palabra.
—Nao, ¿estás bien? —pregunta Neva con un tono dulce y calmado, como si estuviese hablando con uno de sus niños.
Veo cómo la garganta de Nao se mueve con violencia al tragar saliva. Su rostro, siempre duro, frío e inexpresivo, se convierte en la viva imagen del sufrimiento. Escucho el jadeo de Day en el preciso instante en el que ocurre algo que jamás creí que presenciaría: Nao empieza a llorar.
Su cara se arruga, sus ojos se llenan de lágrimas y las vemos descender por sus mejillas.
—Dios mío… —susurra Day con la voz estrangulada mientras sigue tocándose la base del cuello—. Lo ama tanto que no soporta perderlo.
Me quedo paralizada viendo a mi hermana hacerse pedazos delante de mí. Quiero consolarla de algún modo, pero ni siquiera me atrevo a dar un paso hacia ella.
Es Day quien, muy despacio, se acerca a Nao y la abraza sin importar que le grite que se largue.
Pero no sucede. Al momento, Neva, que también está llorando, la imita.
Y yo me uno al amasijo de carne que forman porque es lo que me pide cada poro de mi cuerpo.
Aunque soy consciente de que estamos abrazando a una puñetera bomba atómica.
—Se va a recuperar, ya verás… —susurra Day.
—Sí, Preston es muy fuerte —secunda Neva.
—Si sobrevivió a tus putadas, puede sobrevivir a todo —añado.
De pronto, y quizá gracias a mi frase, Nao reacciona apartándose de nosotras como un gato del agua. Nos mira con la cara congestionada y los ojos acuosos. Una imagen que jamás pensé que vería.
—Os lo agradezco, chicas… De verdad. Pero ahora… Necesito estar sola. Perdón.
Se va hacia la otra punta de la sala y se sienta en una silla, llevándose las manos a la cara y doblándose sobre sí misma para resistir todas las emociones que la están asolando.
La imagen nos parte el alma.
Neva se derrumba y Evan la abraza por detrás para empujarla contra su pecho. Jesse hace lo mismo con Day. Y yo… Mierda, yo, por primera vez en mi vida, desearía tener a alguien que me abrazara de esa forma, como si quisiera protegerme de todo lo malo y dañino que hay en el mundo.
La imagen de la cara de Thomas cruza por mi mente y exhalo con fuerza.
«Él no, joder. Cualquiera menos él».