Capítulo 7
Thomas
D urante un buen rato, detallo de manera minuciosa mis dos encuentros con Row y sus posteriores huidas mientras mi hermana me escucha con atención.
Melissa y yo siempre hemos tenido la confianza para contarnos todo, pero por alguna extraña razón, le oculto la teoría de los investigadores de que Row puede ser una cazafortunas. No quiero que tenga esa impresión de ella, aunque no sé por qué.
Cuando termino, ella abre los ojos como platos y niega con la cabeza.
—¿Ya está? ¿Solo dejaste que se marchara?
—¿Qué querías que hiciera? Se fue antes de que pudiera reaccionar.
Pone los ojos en blanco y chasquea la lengua, contrariada.
—Muy típico de los hombres, tocáis una teta y perdéis la capacidad de raciocinio.
—He tocado dos, y no tiene nada que ver con eso. Estaba en el ascensor de la empresa, rodeado por un montón de empleados. No podía echar a correr tras ella, gritando su nombre como un desesperado.
—Entonces, es por orgullo. ¿Crees que ir detrás de una mujer que te gusta es indigno de un Hutcher? Esa forma de pensar era muy típica en papá, pero en ti…
—¡No, joder! —Resoplo y vuelvo a ponerme de pie—. Además, yo no he dicho que me guste. Me llama la atención, pero nada más. Es distinta a cualquier mujer con la que haya estado antes.
—¿Distinta en qué sentido?
—¿Aparte de su aspecto físico dices? —Asiente y yo me encojo de hombros—.
No lo sé. Su forma de actuar, de hablar…
Desprende una seguridad en sí misma que solo había visto en esos viejos ricos que llevan toda una vida amasando fortunas, sin embargo, ella no parece tener un nivel adquisitivo alto.
Se viste con vaqueros rotos, camisetas de calaveras y botas militares.
—No la conozco y ya me cae bien —comenta mi hermana, sonriente.
—Ya… —Vuelvo a sentarme y exhalo con fuerza—. No creo que llegues a conocerla nunca.
—¿Ya me estás enterrando, hermanito?
—¡¿Qué?! Yo no… —Suelta una carcajada y niego con la cabeza—. No tiene gracia.
—Lo sé. —Enseguida pierde la sonrisa y busca mi mirada—. En realidad, justo de eso quería hablarte, de mi entierro.
—Melissa, deja ya las bromas de mal gusto —mascullo, frunciendo el ceño.
—No, en serio, esto no es una broma. Necesito que hagas algo por mí.
Estrecho la mirada sobre ella con desconfianza.
—Tengo miedo de preguntar.
Me coge de nuevo la mano y toma una respiración profunda antes de empezar a hablar.
—Tom, cada día estoy peor. Ambos sabemos que mi final es inminente y necesito dejar mis asuntos en orden antes de irme.
Suelto su mano e intento ponerme en pie, pero ella me lo impide, sujetándome por la muñeca.
—No quiero escuchar ni una sola palabra más —siseo entre dientes—. La cura llegará. Walsh está trabajando en ello. Es solo cuestión de tiempo.
—Llevo escuchando eso desde que tenía diecisiete años, hermano. Primero fue papá y después tú, pero el resultado es el mismo. No quiero ni puedo seguir luchando. Estoy cansada de vivir con dolor y sufrimiento, encerrada en esta habitación. ¿No te das cuenta de que ya estoy muerta?
La culpa regresa al centro de mi pecho como una jodida apisonadora.
Ella está aquí, muriéndose, mientras yo salgo cada día e ignoro su estado de salud para no tener que verla así.
¡No es justo, joder! No se lo merece.
—Escúchame, ya casi lo hemos logrado. Prometo que conseguiré una cura para tu enfermedad. Vas a recuperarte, Mel.
—Sé que harás todo lo que esté en tus manos para que sea así, pero si la cura no llega…
—Llegará —la corto.
—Tom, por favor. Nunca te pido nada. Haz esto por mí.
Me froto el rostro con ambas manos y exhalo con fuerza.
—¿Qué es lo que quieres?
—Ataúd, flores, velatorio, funeral… El paquete completo, hermanito. No he tenido control sobre nada en mi vida desde la adolescencia. Al menos quiero decidir cómo será mi despedida y el paso a la eternidad.
—Mel, me estás pidiendo que tire la toalla, y eso no puedo hacerlo —mascullo, apartando la mirada para que no pueda atisbar las lágrimas que me esfuerzo por contener.
—No lo veas de ese modo. Sé que seguirás peleando para salvarme, pero si no es posible, yo me iré en paz. ¿Lo harás por mí?
Trago saliva con fuerza y asiento.
Tras unos segundos en los que ninguno de los dos dice nada, me acerco a ella y beso su frente.
—Me voy a la cama. Trata de descansar.
—Lo haré. —Ya casi he llegado a la puerta cuando vuelve a hablar—. Tom, encuentra a esa chica. Por la forma en la que te brillan los ojos cuando hablas de ella, estoy segura de que valdrá la pena arriesgarse.
Asiento, aunque no me giro para mirarla porque en esta ocasión no podría evitar que viera la lágrima solitaria que está recorriendo mi mejilla.
Solo salgo del dormitorio y cierro la puerta a mi espalda.
Recorro el pasillo hasta llegar a mi habitación, y antes siquiera de desvestirme, cojo mi teléfono y busco el número de Walsh entre mis últimas llamadas. Suena un par de veces antes de que conteste.
—Señor Hutcher, no esperaba su llamada a estas horas de la noche. ¿En qué puedo ayudarlo?
Me obligo a usar con ella el mismo tono que guardo para mis empleados. Esta mujer es una perra mala, soy muy consciente, pero también es la única persona capaz de salvarle la vida a Melissa.
—Resultados, Walsh. Eso es en lo que puede ayudarme. Mi familia ha invertido millones de dólares en su proyecto con el único objetivo de encontrar una cura para la enfermedad de Melissa, y se está muriendo.
—Entiendo su preocupación. Como le dije la última vez que nos reunimos, lo más conveniente sería trasladar a su hermana a uno de los laboratorios de GenoLabs para tenerla bajo supervisión.
Niego con la cabeza.
Mel no está dispuesta a abandonar nuestro hogar. Después de tantos años de pruebas y experimentos, no soporta estar encerrada en un laboratorio.
—Ese no es el problema. Aquí tiene a una enfermera que cuida de ella las veinticuatro horas del día, lo que de verdad necesita es una jodida cura, y rápido.
—Ya casi lo hemos logrado. Estamos en la fase final de un nuevo experimento que…
—¡Ahórrese los detalles que no le he pedido! —la corto, alzando la voz—. Quiero la cura por la que hemos pagado, y más vale que sea pronto.
Antes de que pueda decir nada más, desconecto la llamada y lanzo el teléfono sobre la cama con toda la rabia y la desesperación que siento.
No estoy dispuesto a darme por vencido. Aún no.