Mañana (Arpías 3) Capítulo 5
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Capítulo 5

Day

A prieto el brazo con la goma y busco con cuidado la vena para insertar la aguja. La sangre sale disparada hacia el tubo de extracción mientras Row no aparta la mirada, como si a través del líquido denso pudiese ver qué ha cambiado en ella.

—Es posible que haya perdido su habilidad —comenta Jesse.

Nos encontramos los tres en mi despacho.

Cuando a primera hora él ha aparecido más blanco que el sofá de Nao y me ha contado que ha visto a Thomas Hutcher salir de GenoLabs con una salud de hierro, como si el beso de Row jamás hubiese existido, no he dado crédito.

Por eso la he llamado. He preferido que venga al laboratorio para someterla a diferentes pruebas.

Nunca la he visto tan descompuesta como cuando le hemos comunicado, por segunda vez, que su habilidad ha fallado con Hutcher.

Ni siquiera tras lo sucedido con Alyss, que fue cuando comenzó a caer en su propio pozo emocional.

—Búscame otro objetivo —pide Row.

Levanto la vista de los tubos y la observo al percibir que no hay desafío ni arrogancia en su tono. Solo desesperación.

—Row… —le advierto.

—Lo digo en serio.

Jesse deja escapar una risa incrédula mientras permanece apoyado contra la puerta con los brazos cruzados.

—Claro, Rowan. Dame un momento, que saque el catálogo de personas que merecen morir. Igual tenemos una oferta de dos por uno esta semana.

Que mi hermana no rebata la pulla me preocupa.

—Es la única solución que encuentro para descubrir qué hay mal en mí.

—¿Quieres que te haga una lista? —replica Jesse.

«Maldito sea. No es el momento».

—En ti no hay absolutamente nada malo, ¿me oyes? —intervengo antes de que la cosa se desmadre.

Le lanzo a Jesse una mirada molesta. Si va estar a cada segundo incordiando, prefiero que se largue.

Row continúa inmóvil y ni siquiera gira la cabeza hacia él.

Su actitud resulta tan extraña que hasta Jesse termina frunciendo el ceño y dando un paso en nuestra dirección.

—Oye…, ¿estás bien, Row?

Ella al fin alza la vista hacia él.

—Perfectamente.

Paladeo la mentira en el ambiente.

No hace falta ser una persona empática para saber que no lo está. Lo sabría cualquiera que hubiese convivido con ella más de dos días.

Row jamás responde con una sola palabra cuando realmente está bien. Ella es de discutir, provocar, molestar… Es su forma de respirar. Sobre todo, si Jesse está involucrado en la ecuación.

Verla así, encerrada en sí misma, me preocupa más que sus explosiones o su discutible carácter.

Mientras retiro la aguja y presiono el algodón sobre la zona de la punción, no puedo evitar observarla de reojo.

Tiene la mirada perdida. Da la sensación de que estuviese repasando una escena en bucle, intentando comprender qué ha podido salir mal.

Me hago una ligera idea de que su cabeza sigue atrapada en ese ascensor junto a Thomas Hutcher.

Row, cuando quiere, es extremadamente meticulosa, y por lo que nos contó anoche, me apuesto lo que sea que su mente está en la forma en que él la sostuvo o la manera en que la besó.

Según sus palabras, fue incapaz de distinguir dónde terminaba el objetivo y dónde comenzaba el deseo.

—Ya está. —Retiro el algodón y coloco un pequeño apósito sobre la zona—. En cuanto tenga los resultados, veremos si existe alguna alteración fisiológica, aunque, sinceramente, no creo que ese sea el caso.

Row asiente. La conozco para saber que no está convencida.

—Encuentra algo, Jesse.

Por un instante juraría que veo un miedo en sus ojos que jamás le había visto.

Jesse lo capta también. Porque esta vez no hay burla cuando responde:

—Lo haré. Tranquila.

Sin nada más que ofrecer, Row se pone en pie y, sin despedirse siquiera, abandona el despacho.

Espero a que la puerta se cierre antes de dejar escapar un suspiro.

—Lo de Row no me gusta —digo mientras comienzo a etiquetar los tubos de sangre.

—A mí nunca me ha gustado.

Lo miro mal por encima del hombro.

—No tiene gracia.

Veo en sus ojos el arrepentimiento.

—Lo sé. Lo siento. —Suelta el aire de golpe—. Verla tan apagada tampoco me ha gustado…

Por mucho que estén siempre provocándose y ninguno de ellos lo admita jamás, sé que se quieren.

Para Jesse, las chicas son como sus hermanas pequeñas. Pueden discutir, llevarse al límite, pero si a alguna les hacen daño o sufren…, Jesse sangraría por ellas. O, mejor dicho, derramaría sangre por ellas.

—¿Y si es cierto que ha perdido su habilidad? —pregunta serio.

Para cualquier persona que tuviera la habilidad de Row, eso casi sería una bendición. Para ella no. No tardaría en odiarse por haberla tenido y por no haber podido salvar a alguien a quien quería.

Jamás hemos culpado a Row de lo que sucedió con Alyss. Nunca. De ninguna manera. Pero ella se ha autoinculpado.

Dejo el último tubo sobre la bandeja y me doy la vuelta. Siento la necesidad de hacer a Jesse partícipe de mis temores.

—¿Sabes qué es lo que más me preocupa de todo esto?

—¿Que lo que ocurrió con Alyss siga matándola todos los días? —cuestiona Jesse de vuelta.

A veces me asusta que sepa leerme tan bien.

Asiento.

—Nao hace auténticas maravillas con sus tatuajes. Consigue amortiguar la culpa, el dolor, los recuerdos… Pero, al final, el efecto desaparece.

Vuelvo a mirar la puerta por donde ha salido Row.

—Es su forma de lidiar con el dolor.

Sé que Jesse lleva razón, sin embargo…

—Todos sabemos que son parches. —Nao la primera. Por eso intenta espaciarlos en el tiempo—. No puede seguir recurriendo a ello como anestesia emocional.

—Los tatuajes son lo único que le impiden derrumbarse.

Jesse se acerca a mí y me envuelve entre sus brazos.

Hay momentos en los que creo que él también desarrolló mi habilidad y lee las emociones. Ver a cualquiera de mis hermanas sufrir de alguna manera me afecta demasiado.

Intento que su cercanía y su olor me reconforten de alguna forma. Y, protegida entre sus brazos, me humedezco los labios antes de continuar:

—Creo que el último ya está perdiendo efecto, Jesse. Y que no haya podido acabar con Hutcher hace que todo lo que intenta mantener enterrado salga a la superficie.

Él deposita un beso en mi coronilla.

—Eso explicaría por qué parece tan desubicada.

—El problema de Row es que lleva años sobreviviendo con una herida abierta. Y hasta las personas más fuertes acaban desangrándose.

Y esa posibilidad me preocupa incluso más que descubrir que su habilidad ha dejado de funcionar.

Cabe la posibilidad de que en algún momento de nuestras vidas las habilidades fallen. Yo misma lo he experimentado cuando he sentido atracción por un hombre, y hasta que no la he resuelto no la he recuperado.

Sin embargo, a día de hoy, a Jesse sigo sin leerlo. Cuando me concentro en él solo existe un ruido blanco.

Pero no todo lo que se estropea vuelve a funcionar igual. Hay heridas que cambian la forma en la que estamos hechos.

Por eso siento miedo por ella. Porque cuando el corazón se rompe demasiadas veces, no siempre tiene la suerte de recomponerse bien.