Capítulo 2
Row
O dio esperar.
Soy una persona demasiado impaciente y nerviosa como para quedarme quieta en un mismo sitio sin hacer nada. Ser detallista y milimétrica es cosa de Nao. Yo prefiero ir directa a la acción, y en caso de que no sea posible, siempre puedo acudir a la violencia.
Si Madre hizo algo bien con nosotras fue entrenarnos física y mentalmente para nunca perder una pelea. Siempre decía que nuestras habilidades nos sirven para cazar a nuestros objetivos, pero tenemos que estar preparadas para defendernos si todo lo demás falla.
Al pensar en Madre no puedo evitar rememorar nuestra infancia en GenoLabs, encerradas, siempre con marcas de pinchazos en los brazos debido a todas las pruebas a las que nos sometían…
Mis hermanas, Terry, Jesse, Tobías, Monroe, Newman y…
Alyss. Ella era la que peor lo pasaba. Odiaba las agujas, a pesar de haber crecido entre científicos, médicos y diagnósticos.
Muchas mañanas se metía en mi cama para evitar que Madre la encontrara y se la llevara al laboratorio, pero siempre daba con ella. No había a dónde huir.
Exhalo profundo y sacudo la cabeza de un lado a otro.
Me subo la manga de la chaqueta y echo un vistazo a la parte interna de mi antebrazo. El último tatuaje que me hizo Nao aún está ahí, pero noto cómo está perdiendo su efecto. Voy a tener que ir a su estudio a que vuelva a dibujarme una de sus runas vudú.
Necesito mantener toda esta mierda enterrada para seguir cuerda.
Al fin, después de varias horas vigilando la entrada de la sede de Hutcher Technology, encuentro la oportunidad que estaba buscando. Observo cómo una chica sale de su coche, que es, ni más ni menos, un Subaru Forester nuevecito.
Sonrío sin poder evitarlo. Conducir ese coche es como llevar una bandera LGTBIQ+ colgada alrededor del cuello.
La marca hizo una campaña publicitaria en los noventa dirigida de forma bastante pionera a ese público, incluyendo parejas de mujeres y guiños muy discretos en los anuncios. Con el tiempo acabó convirtiéndose en un cliché cultural.
Ninguna mujer a la que no le guste comerse un coño se compra un Subaru Forester.
Sigo observando a la chica mientras hace malabarismos con las carpetas que lleva entre las manos para poder cerrar la puerta del vehículo.
Me fijo en su ropa y en su forma de moverse.
Lleva puesto un traje de chaqueta y pantalón con raya diplomática, el pelo castaño recogido en una cola de caballo en lo alto de la cabeza y gafas de pasta.
Sin maquillaje ni nada que pueda llamar la atención hacia ella.
Me aventuro a pensar que es tímida, y por la forma en la que casi se le caen las carpetas en varias ocasiones, también bastante patosa.
Espero a que cierre el vehículo, y cuando está a punto de pasar por delante de mí, cojo mi teléfono y me lo llevo a la oreja.
—Sí, mamá. Iré esta noche a cenar, lo prometo —comento mientras camino en su dirección.
La chica levanta la vista, aunque no tiene los reflejos suficientes para esquivarme cuando choco contra ella. Las carpetas que mantenía sujetas contra su pecho caen al suelo y una montaña de documentos se desparrama sobre el asfalto.
—¡Mierda! —exclama antes agacharse para empezar a recogerlo todo.
—Mamá, tengo que colgar. Te llamo después —digo a nadie. Me acuclillo frente a ella y la ayudo a recoger varios documentos. Todos llevan el logo de Hutcher Technology—. Lo siento, estaba distraída. Deja que te ayude.
—No te preocupes. Ha sido culpa mía.
Cuando conseguimos reunir todos los documentos, ambas nos ponemos en pie.
La chica levanta la mirada de las carpetas que vuelve a apretar contra su cuerpo y yo le sonrío.
Le lanzo una de esas sonrisas que provoca una erección instantánea en los hombres y que las mujeres empapen las bragas. Justo esa sonrisa.
—¿Lo tienes todo? —Ella asiente con la cabeza como un muñeco de esos que van en los salpicaderos de los coches.
Aprovecho para colocarme la melena ondulada sobre un hombro sin dejar de sonreír—.
Diría que lamento haber chocado contigo, pero no todos los días se tiene la suerte de estar tan cerca de una mujer tan guapa.
Espero un segundo, dos, tres y…. ¡Ahí está! Sus mejillas se tiñen de un color rojo carmesí nada disimulado.
—Eh… Eh… Gracias —balbucea.
Retrocedo un paso para que la pobre chica pueda recuperar el aliento. Tras inspirar hondo por la nariz, vuelve a mirarme.
—¿Tra…? —Carraspea y se sacude los hombros, como si estuviese intentando reunir todo su valor para hablar conmigo. Casi me dan ganas de soltar una carcajada y animarla yo misma con unos pompones—. ¿Trabajas aquí? —logra preguntar al fin.
Borro mi sonrisa y niego con la cabeza.
—Ya me gustaría. De hecho, tenía una entrevista hoy para optar a un puesto en recursos humanos, pero he tenido una mañana de locos.
Anoche tuve una cita desastrosa y resulta que me dejé las llaves de mi apartamento en el coche de la chica.
—Noto cómo sus ojos brillan al escuchar la confirmación a sus sospechas.
Ahora ya sabe que salgo con mujeres—. He intentado llamarla, pero como ya he dicho, la cita fue horrible, así que no me lo coge.
No pude entrar en casa para cambiarme de ropa.
La chica me mira de la cabeza a los pies y esboza una pequeña sonrisa.
—Yo te veo muy bien —susurra, y vuelve a sonrojarse.
—Es una pena que los que están en el control de seguridad no piensen lo mismo que tú. En cuanto me he acercado, me han echado de allí sin miramientos.
—¿No has traído la acreditación? Debieron enviártela para que acudas a la entrevista. Solo con ella puedes acceder al edificio.
—Lo sé. Adivina dónde está la acreditación.
Arqueo una ceja y ella vuelve a sonreír, esta vez de manera más natural.
—¿En tu apartamento?
—¡Bingo! Como decía, estoy teniendo una mañana para olvidar. Lo peor es que de verdad quería este trabajo y por culpa de la loca de anoche no podré conseguirlo.
Tras unos segundos en silencio, suspira y alza la barbilla con determinación.
—Yo puedo ayudarte a pasar el control de seguridad. Trabajo en la planta de dirección. Si digo que vienes conmigo, nadie te impedirá el paso.
Esto ha sido demasiado fácil, joder. Casi me da pena la pobre chica.
En distancias cortas tampoco está tan mal. Tiene unos ojos bonitos y debajo de ese traje tan poco favorecedor estoy segura de que oculta un cuerpazo. Le daría un revolcón si eso no la matara.
No, tiene pinta de ser una buena persona y yo solo me cargo a hijos de puta.
—¿Harías eso por mí? —pregunto, dando un paso en su dirección. Vuelve a sonrojarse y asiente—. Muchas gracias… Lo siento, no sé tu nombre.
—Jane. Me llamo Jane.
—Encantada, Jane. Es un verdadero placer conocerte.
Caminamos juntas hacia la entrada del edificio, y tal como dijo, en cuanto informa a los de seguridad de que estoy con ella, me dejan pasar sin ningún problema.
—Recursos humanos está en la segunda planta. Si quieres, puedo acompañarte —me dice cuando nos detenemos frente a uno de los ascensores.
—No te preocupes. La entrevista es en diez minutos. Aunque me pierda, tengo tiempo para encontrar el lugar correcto sin llegar tarde.
—Bien, eso es un gran punto a tu favor. En Hutcher Technology valoramos mucho la puntualidad.
—Tampoco es que tenga ningún otro lugar a donde ir —comento en broma.
Ella ríe bajito y enseguida sus mejillas vuelven a teñirse de rojo.
—Si quieres, eh… Si te apetece, esta tarde puedo acompañarte a buscar un cerrajero.
—No te preocupes, ya has hecho mucho por mí. Ahora mismo, mi prioridad es acudir a esa entrevista y conseguir el trabajo.
Por la forma en la que agacha la mirada, sé que mi respuesta no le ha gustado. No es mi intención ser cruel, pero tampoco quiero que piense que entre nosotras puede haber algo. Yo no tengo citas ni salgo con gente. Solo cazo objetivos.
—Sí, claro. —Carraspea y vuelve a alzar la mirada con algo más de determinación—. Supongo que, si consigues el trabajo, nos volveremos a ver en algún momento.
—Por supuesto.
Asiente justo cuando las puertas del ascensor se abren.
Me aparto para que salga un hombre vestido con traje y corbata, al igual que todos con los que me he cruzado desde que entré en el edificio.
Mi intención es subirme tras Jane, pero antes de que pueda hacerlo, un grupo de ejecutivos se adentra en el cubículo, ocupando todo el espacio. Jane me sonríe desde el interior.
—Tranquila, cogeré el siguiente —le digo, y me despido con la mano.
Las puertas enseguida se cierran y exhalo con fuerza.
Lo he conseguido. Estoy dentro. Ahora solo tengo que acceder al despacho de Thomas Hutcher sin ser vista, besarlo y largarme cuanto antes. No pinta nada mal.