Man-kind 32
96%

32

Rachel encuadró en el retículo de encañonamiento del sistema ORGAN a la combatiente enviada por Camilo. El programa incluido en la máquina era el de uso de la Unión Europea, pero los principios básicos de funcionamiento coincidían. El blanco era Hapati Machule, diecinueve años, cuarta generación.

Machule había bajado corriendo de la cima de la colina hacía unos veinte minutos y ya había dejado fuera de combate a los cinco miembros de Goodfellows, incluyendo a su jefe, Mario García.

En todos los casos se les había acercado hasta disparar a quemarropa contra brazos y piernas, que eran lo más difícil de proteger con los escudos.

Aparentemente, los datos de observación recogidos por los drones Yunfen solo se habían usado para determinar su posición.

Rachel comenzó a seguir con el Maschief a Machule, que se movía ocultándose entre la maleza y las concavidades del terreno.

Los humanos del MHS que habían «despertado» podían desplazarse en momentos concretos incluso a cincuenta kilómetros por hora, pero ni por su agilidad ni por su capacidad de maniobra podían superar los Maschief.

En cuanto el Maschief comenzó la persecución, la consola se tiñó de rojo y emitió un mensaje de alerta que detuvo los pasos del ingenio.

Violación del Tratado de Guerras Legítimas. Las personas que han entrado en la zona como acreditados de prensa no pueden intervenir en el combate. Apártese del lugar inmediatamente .

—¡Eso ya lo sé!

Rachel intentó apagar el aviso, pero tocase donde tocase lo único que conseguía era que volviese a aparecer la alerta de «Violación del Tratado de Guerras Legítimas».

Se encontraba pensando que la única opción sería bajarse del Maschief para enfrentarse con Machule cuando el Meganeura de Toma, que venía volando detrás, alargó un manipulador y comenzó a introducir unas instrucciones en la consola.

Entonces, la pantalla de la alerta se contrajo y cambió a un punto rojo intermitente.

—¿Qué has hecho?

—Presentar una objeción —contestó Toma girando la cámara para hacer un barrido alrededor—.

He alegado ante el sistema de observancia del tratado que Ignacio está realizando una maniobra impropia de cara a los espectadores con su entrevista.

Creo que servirá para ganar tiempo. Sakoda viene también hacia aquí.

—Me bastarán con diez segundos.

Rachel se concentró en los controles del Maschief y, tras localizar la posición de Machule, lanzó la máquina en pos de ella.

Machule salía de una depresión del terreno para cruzar por detrás de unos arbustos cuando su vista se clavó en el Maschief de intenso rosa violáceo que se acercaba a la carrera y entonces se aprestó a saltar sobre un montón de hojas secas.

Rachel, de pie en el Maschief con la consola sujeta entre los muslos, apuntaba a su objetivo con el sistema ORGAN, pero en vez de valerse de dicho encañonamiento, disparó con su FAR-15 una ráfaga de tres disparos.

Machule, que había visto la trayectoria del disparo marcada por el sistema de encañonamiento de ORGAN, se revolcó por el suelo para apartarse de ella.

Sin embargo, eso era precisamente lo que buscaba Rachel.

El punto hacia el que se movió Machule coincidía con el lugar al que Rachel dirigió su ráfaga de tres disparos.

A través del sistema ORGAN, Rachel vio cómo Machule daba un tumbo en el aire para caer en una hondonada.

Uno de los tiros le había alcanzado en el brazo derecho y los otros dos habían sido detenidos por la coraza corporal.

Machule se incorporó agarrándose el brazo derecho.

—Has sufrido una herida de grado intermedio —dijo Rachel—. Márchate a la retaguardia.

Machule negó con la cabeza y sacó una pistola de la funda de la cadera. Rachel se agachó buscando la protección del armazón del Maschief y, al mismo tiempo que sonaba un disparo, la garganta de Machule reventó.

Rachel se volvió en busca del origen de aquel disparo y se encontró con un rostro familiar que la estaba mirando. Era la sargento Jo Persimmon, que ingresó en Goodfellows en su misma promoción.

—¿Rachel? ¿Qué haces en ese Maschief de color tan chillón?

Rachel señaló a Sakoda, que se acercaba por su espalda.

—Protejo a un periodista. Pero más que eso, lo importante es verte con vida, Jo.

Jo señaló con un movimiento de los ojos hacia dos compañeros que se incorporaban a su espalda. Por lo visto habían permanecido ocultos para escapar de Machule.

—Por pura casualidad. Nosotros tres nos separamos para buscar una ruta por la que acercarnos hacia las tiendas y en ese tiempo machacaron el grupo principal. Pero, dejando eso aparte, ¿has visto lo de antes?

Rachel asintió. Resultaba evidente a qué se estaba refiriendo Jo.

—Superhumanos creados por manipulación genética —asintió ella.

—Se refiere a esa gente, ¿no? —dijo Jo señalando a Machule con el cañón de su arma—. Pueden esquivar las balas y moverse con increíble velocidad.

—No. Se refiere también a todos nosotros.

Rachel compartió la pantalla del sistema de encañonamiento de ORGAN.

Mientras utilizaba un tercer brazo para encañonar una rata detectada por el sensor de cuerpos en movimiento, la mató con un disparo de su FAR-15.

Joe miraba boquiabierta. Los otros que le seguían tenían también la mirada clavada en Rachel.

—Te acaba de crecer un brazo más…

—Es de un avatar. Tú y yo, Jo, podemos usar hasta uno o dos brazos adicionales. Los más jóvenes pueden incluso introducir su consciencia en una máquina.

De pronto apareció el Meganeura frente al rostro de Rachel. O, al menos, así pareció a ojos de Jo. Entonces, Toma descendió a una velocidad mayor que la de caída libre y se mantuvo suspendido frente al rostro de Jo.

—Este es Toma —explicó Rachel señalando el aparato poseído por la consciencia del joven.

Toma, mediante un manipulador de queuechouvue , se puso una mano en el pecho y se movió imitando una reverencia.

—Mi nombre es Toma Knut, empleado de COVFE. Estoy ayudando al periodista Sakoda.

El Maschief de Sakoda por fin había llegado junto a ellos. Al ver el cadáver de Machule caído en el suelo, Sakoda hizo un gesto de disgusto.

—Rachel, esto es una violación del Tratado de Guerras Legítimas.

—No la maté yo —contestó ella señalando a Jo.

Había cometido de todas maneras una violación del tratado, pero la cuestión era la manera en que se la había abatido.

—Me salvó cuando ella me iba a matar.

Sakoda se volvió hacia Jo y esta asintió.

—He sido yo. Rachel se limitó a evitar que huyera.

Sakoda continuaba con rostro severo, pero optó por no pedir más detalles y paseó la vista por Jo y sus dos compañeros.

—¿Has terminado de explicarles el asunto?

—No, apenas he empezado —contestó Rachel volviendo a mirar el rostro de Jo—. Nos dirigimos a la tienda de campaña de Ignacio. ¿Podríais venir con nosotros?

Jo, sorprendida, abrió mucho los ojos, pero después asintió.

—Por supuesto. ¿Vosotros también queréis detener al comandante?

—No —repuso Sakoda negando con la cabeza—. Queremos interrumpir la entrevista. Nos bastaría incluso con estropear la cámara.

Jo entrecerró los ojos.

—No parece que sea por entorpecer el trabajo de la competencia…

—Efectivamente. Hay que detener como sea la alocución que está haciendo Ignacio. Su intención es aprovechar las capacidades que os insertaron mediante manipulación genética para provocar una sintonía con vosotros que genere una especie de trabajo de equipo y ordenaros que os suicidéis.

Rachel alzó las cejas con sorpresa. Toma también ladeó el Meganeura bruscamente.

Todavía no sabían de qué manera funcionaba aquel particular hipnotismo de Ignacio.

Sin embargo, les pareció que la intuición de Sakoda no andaba muy desencaminada y por el momento supondría una explicación más que suficiente para Jo y sus compañeros.

—¿Te refieres a esto? —preguntó Jo mientras los dos compañeros que estaban detrás de ella usaban los dedos y los puños para hacer complicados gestos de saludo—. No sabía por qué los soldados ORGAN de Goodfellows éramos los únicos capaces de hacer esto. Así que era porque nos alteraron los genes…

Sakoda asintió.

—Eso es. Si no interrumpimos la entrevista, todos aquellos cuyos genes se modificaron morirán.

—¿Qué quiere eso de todos? —preguntó Jo.

—En los EE. UU. hay más de doscientas mil de esas personas. Vosotros sois lo que podríamos llamar man-kind .

Los tres miembros de Goodfellows se cruzaron una mirada y asintieron. Jo alargó un brazo hacia Sakoda en muda propuesta de darse un apretón de manos.

—De acuerdo. ¿Qué tenemos que hacer? Lamento decir que no podemos esquivar las balas como hacen ellos y que nos hemos quedado también sin encañonador.

Dado que Sakoda la miraba pidiendo ayuda, Rachel señaló el enclave de las tiendas, en el centro de la colina.

—De la irrupción en el campamento me encargo yo y también de hacer frente a los man-kind de allí. Lo que queremos es protección mientras subimos la colina.

—Entendido.

Jo se giró hacia sus compañeros para impartir las órdenes.

—Fuerzas de choque ORGAN, destacamento 3, acorde con el punto 1618 de nuestro protocolo, procedemos a apoyar al periodista Sakoda en su irrupción en el campamento. Traed el Maschief que está inactivo.

—A la orden, señora.

Los hombres abrieron un espacio de trabajo y llamaron al Maschief. Mientras, Jo señaló a Sakoda.

—Nuestra misión es hacer de escudo de Sakoda. Todavía quedan cinco soldados ORGAN en Terra Amazonas. No os descuidéis.

Rachel dio un suave codazo a Sakoda, que asistía desconcertado a la evolución de los hechos.

—Nos vamos.

—Pero es que eso de escudo… Me sabe mal.

Jo, con el FAR-15 descansando en un hombro, se encogió de hombros.

—Lo llaman «despertar», ¿no? El caso es que no tenemos tiempo de practicar. Tenemos que ir antes de que baje el próximo man-kind .