24 #2
Los siete combatientes que salían de detrás de las raíces de contrafuerte solo llevaban una coraza sobre la mitad superior del uniforme de combate.
Carecían de blindaje inclinado que les sirviera de escudo y los cascos con que se cubrían eran corrientes y dejaban todo el rostro al descubierto.
Camilo iba en cabeza. Toma, con el dron suspendido sobre el centro del claro, también pareció sorprenderse, puesto que el aparato se bamboleó bruscamente una vez para luego moverse a un punto desde el que encuadraba mejor a los siete.
—Apuntan —musitó Rachel.
Al tiempo que lo decía, en el queuechouvue una línea de color naranja brillante convergió con el pecho de Camilo.
El encañonador de Goodfellows había apuntado el tiro hacia él.
Inmediatamente, el resplandor amarillento de una bala dirigida siguió la trayectoria marcada por la línea naranja.
Con un poco de retraso, llegó el sonido del disparo.
Cuando ya se preparaban para asistir al impacto, la línea naranja se apartó del pecho para cruzar bajo la axila de Camilo.
—¿Ha fallado el tiro?
—No —murmuró Rachel estupefacta.
Sakoda también comprendía lo sucedido. Pero no pudo evitar la pregunta para comprobarlo. Camilo se había apartado en el último instante de la bala.
—¿Camilo ha esquivado la bala?
—Pues… sí…
Rachel soltó un bufido. Al momento, una decena larga de brillantes líneas atravesaron el claro, apuntando a sendos objetivos del grupo de Camilo.
Una vez más, el resplandor amarillo corrió sobre las líneas naranjas.
Era una ráfaga de barrido horizontal simultánea.
El sonido de los disparos inundó el claro.
Esa clase de descarga en modo cien por cien automático donde todas las balas daban en el blanco era una de las mortíferas especialidades de los ORGAN.
Sin embargo, los siete combatientes encabezados por Camilo caminaban mientras se movían a izquierda y derecha esquivando las balas, avanzando por el claro sin perder la compostura.
A sus espaldas, ramas y arbustos saltaban en pedazos.
Ellos y ellas caminaban apartándose de las balas por un pelo en la última fracción de segundo.
—¿Ahora también? —gritó Sakoda sin poder evitarlo.
—He probado a hacer una simulación —contestó Rachel recuperando la sangre fría—.
Creo que es posible. Cuando se dispara en modalidad cien por cien automática las balas guiadas, que presentan una gran resistencia en el momento de eyección de los casquillos, se produce un ligero retraso de una décima de segundo.
Como la distancia entre una bala y otra es de sesenta metros, si en ese intervalo se mete el cuerpo entre ambas, es posible evitar el impacto.
Por supuesto que tiene que tratarse de alguien que haya «despertado».
Camilo levantó una mano y sus seis acompañantes agarraron los QBZ-100 en posición de tiro.
Las siguientes líneas naranjas que aparecieron en el visualizador salían de la boca de los QBZ para clavarse en la arboleda donde se desplegaban los soldados de Goodfellows.
Camilo y los suyos continuaron avanzando con los fusiles de asalto en la misma posición mientras dirigían sus balas desapasionadamente contra el contingente ORGAN contrario.
Uno tras otro fueron desapareciendo los señalizadores de los efectivos de Goodfellows.
Durante ese tiempo, los soldados de Goodfellows también disparaban, pero ni una sola de sus balas alcanzó a Camilo y los suyos.
Después de que el grupo de Camilo descargase varias andanadas, no se oyeron más disparos por parte de Goodfellows. Al parecer, habían perdido su capacidad de resistencia.
—Rachel, voy a hacer una entrevista a Camilo.
Sakoda y Rachel bajaron del promontorio a bordo de sus Maschief. Cuando atravesaron el claro, el Meganeura de Toma volvió junto a ellos.
—Los dos destacamentos de Goodfellows han sido destruidos por completo —informó Toma.
—¿Los quince? ¿Todos muertos?
El Meganeura de Toma, suspendido en el aire, se inclinó como si asintiera.
—Las balas han perforado las cabezas o las gargantas de todos.
—¿Y los escudos? —preguntó Rachel—. ¿No los han protegido los escudos?
El Meganeura se meneó hacia los lados, imitando un gesto negativo.
—Lo que conseguí filmar fueron los dos últimos en caer. Los escudos de Goodfellows no se desplegaron a tiempo.
—Eso es imposible —contestó Rachel con voz alterada—. El blindaje inclinado de los ORGAN es más rápido que los reflejos, así que…
Rachel se interrumpió e hizo que su Maschief cubriera de un salto los últimos diez metros hasta llegar junto a Camilo, y se bajó inmediatamente después.
—¿Cómo has conseguido abatirlos?
Mientras cambiaba el cargador de su QBZ, Camilo contestó como si no hubiera pasado nada.
—Muy sencillo. Disparando a mayor velocidad que la del sistema.
Rachel agitó la mano ante el rostro en ademán negativo.
—Eso no es posible. El sistema ORGAN detecta cuándo se aprieta el gatillo, previendo el disparo.
—Cierto, el blindaje inclinado de ORGAN prevé los movimientos humanos. Pero nosotros somos mucho más rápidos.
Tras contestar a Rachel, Camilo agarró su fusil automático con la boca apuntando hacia arriba.
—Señor Sakoda, pruebe a dar una palmada. Yo apretaré el gatillo en cuanto oiga el sonido. Puede emitir las imágenes.
Sakoda clavó la vista en Camilo con expresión furiosa.
—Vuestra intención es aprovecharos de esas imágenes, ¿no?
—El comandante nos ha dicho que mostremos al mundo entero las capacidades que nos otorgó el MHS. Dé una palmada en el momento que mejor le parezca, señor Sakoda.
Sakoda contuvo el aliento esperando la ocasión y, al llegar un momento en que le pareció que Camilo se había distraído, dio una palmada. Sin embargo, para entonces ya se oía el sonido del disparo. Aparentemente, Camilo había apretado el gatillo antes de que él diera la palmada.
—Has disparado antes, ¿verdad?
—No, después —contestó Camilo con expresión sonriente—. Pruebe a reproducir otra vez la grabación que ha hecho, por favor. Apreté el gatillo una vez que vi que daba la palmada.
—Mentira. Has disparado antes.
—Jake —susurró Rachel—. Camilo tiene razón. Ha apretado el gatillo tras ver tu movimiento.
—¡Mentira! Cuando di la palmada, ya se estaba oyendo el disparo.
—Sakoda… —terció Toma—. Camilo, sin lugar a duda, disparó después de ver cómo dabas la palmada. Lo que sucede es que, como hasta ahora no se había visto ante ningún ser vivo que reaccionase tan rápido, el cerebro ha sido incapaz de asimilarlo.
—Tiene que ser mentira…
Rachel negó con la cabeza.
—Yo lo he visto con toda nitidez. Puedes comprobarlo en la filmación.
Al terminar de hablar, Rachel se volvió hacia Camilo.
—¿Crees que yo puedo hacer lo mismo?
—Sí puedes. Nosotros somos más rápidos que cualquier otro ser vivo evolucionado hasta ahora. Pero, por eso mismo…
Camilo abrió y cerró la mano como si quisiera comprobar algo. Después, miró por turnos hacia Rachel y el Meganeura con la consciencia de Toma.
—Nosotros, al fin y al cabo, somos diferentes de los humanos, ¿no?
Sakoda sintió que por toda la espalda se le ponía la carne de gallina.
Camilo reconocía ser diferente. Sus subordinados, que escuchaban como quien no quiere la cosa, asintieron todos a una.
Fue el chasquido de la lengua de Rachel lo que resquebrajó el hielo que parecía haber detenido el tiempo y atrapado al enmudecido Sakoda.
—¿Y qué pasa por eso? Una especie diferente de humanos. Basta con aceptarlo.
Camilo miró a Rachel a la cara y, tras soltar una risita, hizo un saludo militar a Sakoda.
—La filmación de la siguiente batalla la hemos dejado a cargo de Chicago Bear . Los tengo que dejar ya.