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Marukawa desplegó el artículo enviado por Sakoda en un espacio de trabajo con forma de pizarra blanca y lo superpuso sobre la pared del fondo de la oficina.

Dado que se trataba de una aplicación del visualizador queuechouvue , carecía de peso material y podía haber fijado la imagen en el aire, pero no resultaba tan fácil cambiar las costumbres para alguien criado en un entorno de objetos sólidos.

A continuación, Marukawa dispuso las fotos, las imágenes y los mapas de la evolución de la guerra en los laterales de aquel marco.

—Podíamos presentarlo tal que así…

—Señor Marukawa, nosotros también queremos ver el artículo —pidió An Ho desde una mesa un poco más atrás—. ¿Me permite ampliarlo?

De la espalda de aquel grandullón brotaba más de una docena de extremidades articuladas que se afanaban en diversas tareas de su propio espacio de trabajo. Mientras miraba hacia Marukawa esperando una respuesta, el movimiento de los apéndices manipuladores continuaba.

Marukawa revisó una vez más la colocación del material y asintió.

—Me parece bien, adelante.

—Entonces, lo voy a situar en el estudio.

An Ho pasó las manos por un teclado flotante y la pared del fondo pareció retroceder unos dos metros, reproduciendo la documentación precedente a varias veces su tamaño original.

—¡Oh, qué maravilla! —se admiró Marukawa instalándose en uno de los taburetes junto al mostrador y mirando la pantalla gigante desde una distancia de lo más cómoda.

Puesto que no dejaba de ser una ampliación del estudio físico creada virtualmente por el queuechouvue , si uno estiraba la mano, seguía tocando la pared de escayola con los agujeros de haber clavado carteles, pero ahora la cantidad de información mostrada había aumentado considerablemente.

Si colocaba sobre el mostrador la consola del queuechouvue , ya tendría instalado al momento un centro de control.

—¡Qué cómodo es esto! Me siento como si estuviera en un estudio de la CNN.

En aquel estudio de realidad virtual, se habían añadido varios espacios de trabajo.

—He conectado a nuestro estudio los drones de reconocimiento de Terra Amazonas, la información que hace pública Goodfellows y el sistema abierto de ORGAN de la sargento Rachel Chen.

Con esto y la cámara del Meganeura donde se ha instalado Toma, tenemos una vista de pájaro de todo el campo de batalla.

—Esto supone una enorme ayuda. Podemos hacer una emisión que compita con la de los tipos del Chicago Bear .

Marukawa hizo aparecer en un monitor grande de una esquina del estudio la emisión del grupo de noticias rival.

Realizada por un operador de cámara veterano y con narración a cargo de la célebre presentadora Becky Elliott, era una emisión para queuechouvue de muy alta resolución, un trabajo excelente, pero la de Sun tampoco se quedaba atrás.

Con la documentación remitida por Sakoda, las filmaciones más los artículos generados por el sistema, An Ho y sus compañeros de COVFE preparaban un programa apto para difundir por la red.

No estaban acostumbrados a la producción de programas visuales, pero aquellos genios de Stanford podían, en apenas unos minutos, fabricar unas herramientas de generación automática capaces de obtener un programa para emisión a partir de la documentación original, por lo que dejaban ya listo a Marukawa un contenido de un nivel aceptable en líneas generales.

El mayor atractivo de su reportaje consistía en la simulación que replicaba el sistema de los ORGAN.

Habían comprado la licencia para usar el sistema abierto que presentaban los países de la Unión Europea y lo difundían a través del queuechouvue de Rachel.

Así, la información tratada en el lugar de los hechos por alguien cuyo trabajo era el de encañonadora profesional ofrecía un realismo indescriptible.

—Ahora aparece en tiempo real la filmación del dron de Toma —anunció An Ho—. Insértela en el lugar donde mejor pueda utilizarse, señor Marukawa.

Al mismo tiempo que hablaba el joven empleado, cambiaron las imágenes de la pantalla central, correspondiente al centro de control de Fortaleza Delta, en pleno campo de batalla.

Ahora eran unas imágenes donde la cámara iba escurriéndose entre los resquicios que dejaba la arboleda.

Delante de la cámara se veían dos Maschief pintados de color púrpura fosforescente, caminando el uno junto al otro.

El de la derecha era el de Sakoda y el de la izquierda el de Rachel.

Cuando intentaron mover la cámara para ver mejor las imágenes, la voz de Toma reverberó en el estudio.

—¿Estáis utilizando mi mirada para ver? Me da un poco de vergüenza compartir una visión por completo subjetiva, así que esperad un momento, por favor. Voy a preparar el otro aparato.

En un lado de la imagen apareció el otro Meganeura y, casi al instante, el ángulo desde el que se veía la escena cambió de manera que ahora el punto de vista de la cámara se situaba en diagonal, por encima de los Maschief y el Meganeura anterior. Parecía igual que la pantalla de un videojuego.

—Gracias. Ahora se ve mejor.

—De nada. An Ho, te voy a pasar el control del Meganeura que lleva la cámara actual.

En el queuechouvue apareció un dispositivo con forma de controlador de videojuegos y An Ho, alargando uno de sus manipuladores, lo recogió. Acto seguido, tras hacer un par de ensayos de su manejo, le dijo a Marukawa:

—La cámara sigue al periodista Sakoda, pero si surge algún otro punto que desee enfocar, dígamelo sin reparos.

—De acuerdo, gracias.

Marukawa decidió tomarse una pausa y entonces llegó Wu Linwen, que puso a su lado un vasito de papel con un café expreso.

—Bueno, de momento hay un poco de tranquilidad, ¿verdad?

—Sí, gracias.

Marukawa jugueteó un tiempo en la boca con el amargo y aromático café mientras Wu paseaba la vista por las imágenes del campo de batalla que ofrecía la ampliación del estudio.

—¿Qué pasará en adelante con esa… guerra de hoy? —preguntó la mujer.

Wu había hablado bajando la voz. Por lo visto no deseaba que los empleados de COVFE la oyesen. Marukawa optó por contestar él también en voz baja.

—Goodfellows lleva ventaja. Abrumadora.

—¿A pesar de que el comandante Ignacio esté al mando?

—Pero no creo que pueda revertir la situación.

—¿Usted cree? Se dice que ese comandante vence a los ORGAN una vez tras otra.

—Eso es verdad. Es un hombre con un historial militar espectacular.

Marukawa manejó la consola y abrió el historial militar de Ignacio.

—Ha ostentado el mando en ciento cincuenta y tres guerras legítimas.

Nunca ha sido derrotado. Su especialidad es atraer a los cuerpos ORGAN a zonas boscosas o de jungla y atacarlos mediante guerra de guerrillas.

Si se tratara de un lugar de orografía compleja, donde la línea de demarcación del campo de batalla resultara difícil de discernir y no se viera bien con cuántos efectivos cuenta, quizá él también tuviera posibilidades de vencer, pero esta vez parece bastante difícil.

A mitad de la conversación, Marsha se había acercado a ellos.

—En esta ocasión, también la parte central es jungla —observó señalando el mapa de Fortaleza Delta.

—Ciertamente, ahí tienes razón. Pero no es muy amplia.

Marukawa movió el islote triangular de modo que quedase en el centro del mapa.

Añadió sobre los datos tridimensionales de orografía adquiridos por Sun la información filmada por Sakoda y los suyos, introduciendo unas modificaciones para dejar un conjunto en el que el equipo de COVFE podía ir mostrando la evolución de la guerra.

—La longitud de punta a punta es de apenas tres kilómetros. En semejante lugar, Goodfellows ha introducido cinco destacamentos ORGAN, con un total de treinta y cinco soldados. Hay una concentración tal de gente que prácticamente pueden distinguirse unos a otros a simple vista.

—Pero Terra Amazonas cuenta con más efectivos, ¿no?

—Si nos atenemos solo al número de soldados, sí —contestó Marukawa trazando un círculo con el dedo índice que englobaba las figuritas que representaban a los combatientes—.

Según estos datos, en esta ocasión han movilizado noventa y un efectivos.

Considerando que la población total solo es de unas siete mil personas, me parece bastante meritorio.

Marukawa desplegó en el estudio los modelos tridimensionales de los soldados preparados por Toma.

En las emisiones para el público se aplicaba un filtro para proteger el anonimato que desfiguraba los rostros, pero los datos originales de alta resolución reproducidos en el queuechouvue ofrecían un realismo tal que resultaba difícil distinguir las imágenes de las personas de carne y hueso.

Marukawa dividió a los combatientes usando las pestañas del extremo del archivo.

—Diez destacamentos con equipo ordinario y dos de infantería mecanizada. Cada destacamento son siete personas. Estos doce destacamentos están formados por combatientes voluntarios de Terra Amazonas. Han muerto ya seis de ellos y otros quince han quedado fuera de combate.

—Ya veo —asintió Wu Lin-wen.

Marsha observó que las cuentas no cuadraban.

—¿Y los siete restantes?

—¿Siete restantes? Ah, ya entiendo. Los siete que faltan para completar el número. Esos siete son los soldados ORGAN, que dependen directamente de Ignacio. Su capitán es Camilo Naser, veinticuatro años, nacido en Indiana.

Marukawa entresacó el soldado del centro y trajo a primer plano su imagen e historial. Wu leyó rápidamente el texto y luego entrecerró los ojos con aire de sospecha.

—Veo que no figura ningún rango…

—Probablemente nunca ha formado parte de ningún ejército oficial. El resto de los miembros son también muy jóvenes.

Marukawa hizo aparecer también la descripción del resto de soldados del grupo de Camilo. Figuraba solo la edad y el lugar de nacimiento.

Amanda Nievola. 21 años. Steamboat Spring (Colorado) .

Tadashi Burst. 24 años. Gothenburg (Nebraska) .

James Elizer. 24 años. Long View (Texas) .

Sara Gray. 25 años. Lovelock (Texas) .

Hapachi Machule. 19 años. Socorro (Nuevo México) .

Conrada Crimkovich. 23 años. Alexandria (Louisiana) .

—¿Qué les parece? ¿Se puede saber?

Lógicamente, sentía que resultaba muy descortés preguntar «¿son de los vuestros?», pero, por otra parte, usar una abreviatura como las siglas MHS sería demasiado frío. Marsha sonrió a Marukawa, adivinando su turbación.

—Quiere decir si ellos también son parte del MHS, ¿no?

—Perdón.

—No se preocupe. Sí, probablemente pertenecen todos al MHS.

—¿Eso se sabe solo con mirar las imágenes tridimensionales? —preguntó Wu.

Marsha forzó una sonrisa y se volvió hacia Marukawa.

—Digo esto de forma confidencial y le pido que quede entre nosotros, pero tengo la impresión de que la forma en que se presentan las particularidades étnicas se parece a la de nuestros empleados.

Marukawa estuvo a punto de pedirle que se explicara con más detalle, pero se contuvo al comprender por qué Marsha hablaba de modo tan precavido. Si se podía juzgar por el aspecto físico la pertenencia o no al proyecto MHS, podía convertirse en un factor para terminar sufriendo discriminación.

—Señora Marsha, por el momento no tenemos intención de escribir sobre ello en nuestros artículos. Si no le importa, ¿podría explicarme por favor qué detalles le han llamado la atención?

—Creo que esta chica es un ejemplo fácil de entender —contestó Marsha señalando el rostro de Amanda Nievola—.

A pesar de que la forma de sus ojos o de la nariz no presenta ninguna particularidad distintiva fácil de describir, su piel es en extremo blanca, sus ojos azules y su pelo rubio y ondulado. Es como muy exagerado, ¿no?

Marsha hizo una seña con los ojos hacia la oficina que se extendía más allá de la ventana.

—Lo mismo sucede con nuestros empleados.

Marukawa contempló con mayor atención los avatares de los empleados trabajando en la oficina ampliada virtualmente.

Efectivamente, era como Marsha decía. No se había fijado hasta que no se lo habían dicho, pero los empleados «de pelo negro» no tenían un pelo marrón oscuro como el de muchos de los que se veían en la comunidad nikkei entre la que se había criado el propio Marukawa, sino que realmente era negro y por completo liso.

En el caso de los rubios, el pelo era en verdad dorado y en cuanto al color de los ojos, ya fuera verde, azul, negro o marrón, siempre presentaba una coloración intensa y diferenciada.

Marsha alargó una de sus manos, mostrando el color achocolatado de la piel del dorso.

—A menudo la gente da por supuesto que mis ancestros son de la India, pero entre los indios no es frecuente un color marrón tan intenso de la piel.

—Ciertamente… No podemos escribir un artículo acerca de esto.

—Muchas gracias por ser tan considerado.

—¿Se han fijado en algún otro detalle?

Wu Lin-wen señaló los historiales.

—Estos seis han nacido todos en los Territorios Libres. Texas, Nebraska, Colorado, Nuevo México y Louisiana. ¿Es por eso por lo que son más aptos para el camino de las armas?

—Creo que no es así —contestó Marsha negando con la cabeza—. Si se hubieran criado en el lado de los Estados Unidos, puede que alguno hubiera ingresado en COVFE.

—Así que es una cuestión de entorno y educación… —comentó Wu con un suspiro.

También en el caso de las personas corrientes, la diferencia entre dedicarse a un trabajo causa de admiración en una empresa tecnológica puntera o ser enviado al campo de batalla podía venir determinada en función del lugar de nacimiento.

Mientras Wu miraba los rostros de los siete sin decir palabra, Marsha señaló el mapa.

—¿Qué es eso?

En medio de la jungla apareció el equipo de los mismos siete cuya figura se reproducía en el estudio. Los dos destacamentos de Goodfellows del lado este seguían la línea de la costa buscando el punto propicio para adentrarse en la selva.

—Son imágenes de los drones de Goodfellows —murmuró Marukawa—. Comienza algo que rara vez hay ocasión de ver. Un combate entre dos grupos ORGAN.