Man-kind 22
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Tras escuchar la noticia de la primera batalla, hundió la cabeza en la almohada de la cama que se había hecho traer a la tienda de campaña que usaba como centro de operaciones y musitó:

—Ya veo… ¿Quiénes son los que han muerto?

El avatar de Camilo, sentado en una banqueta junto a la cama, se encargó de contestar.

—Camila Ruiz, Santiago Jaul, Valentina Pérez, Imara Cusco, Tania Chasqui y Felipe García, seis en total.

Ignacio cerró los ojos e hizo sobre su pecho la señal de la cruz.

—Todos eran jóvenes… ¿Por qué les dispararon?

Camilo agachó la cabeza.

—Mis instrucciones no fueron lo suficientemente explícitas. Se asomaron para mirar a los soldados que desembarcaban y entonces comenzó un tiroteo. Los quince supervivientes sufrirán también secuelas, quizá permanentes.

—¿Habéis informado al alcalde?

—Amanda se lo ha comunicado. Al parecer, viene un Pelikan para recoger los cadáveres y los heridos.

—¿Ha llegado ya Doug?

Camilo asintió al oír el nombre del técnico en embalsamamiento de cadáveres que habían hecho venir desde Estados Unidos.

—En el campamento de retaguardia hemos preparado una estancia para esos tratamientos. Antes del anochecer, podremos entregar a las familias los cadáveres recompuestos.

—Al anochecer… Más o menos cuando todo haya terminado, ¿no?

—Sí.

Ignacio dirigió la vista hacia las paredes de la tienda de campaña. Una junto a la otra, se proyectaban allí las emisiones para la red del Sun y del Chicago Bear . Camilo siguió la vista de Ignacio y detuvo su mirada en la emisión del Sun .

—¿Eh? Esta es la interfaz de ORGAN, ¿no? Diría que la versión de la Unión Europea. Por mucho que se trate de código abierto, me extraña que suban esta clase de imágenes…

Ignacio relajó sus labios intentando sonreír.

—Es cosa de tus hermanos. Los empleados de COVFE son quienes se están encargando de ello.

Camilo alzó los hombros como sorprendido.

—Ahora entiendo. Así que las capacidades especiales también sirven para esas cosas. Comandante, ¿preveía usted el nacimiento de un grupo de genios de las matemáticas?

Ignacio negó con la cabeza dando muestras de fatiga.

—Ni se me ocurrió. Aquí donde me ves, yo también tenía ideas preconcebidas. Camilo…

Camilo escuchaba con atención la enronquecida voz de Ignacio.

—¿Sí?

—Aplasta a la gente de Goodfellows, esos otros que han desembarcado en el lado oeste. Avisa también a Sakoda y encárgate de que haga una retransmisión en directo.

—Ya lo avisé. Me lanzó una advertencia. Que no hagamos una masacre.

—Muy propio de él. Bah, es igual. Si no ofrecen resistencia, déjalos con vida.

Tras asentir, Camilo hizo un saludo militar y eliminó su avatar.

—No les dejes tiempo para que se rindan —murmuró Ignacio con la vista perdida en el espacio vacío.