Man-kind 21 #2
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—¿Y si hubieran «despertado»?

—Cherry no tendría posibilidad de ganar —afirmó tajante Rachel—.

Mientras que hacen una cosa con la mano izquierda y otra con la derecha, piensan en el significado de ambas órdenes con sendas consciencias separadas y pueden comunicarse con sus compañeros.

Pero supongo que los ORGAN de Cherry han «despertado» todos.

—¿Igual que tú?

También Rachel había pulido durante los tres últimos días sus habilidades MHS.

No podía llegar a desdoblar su consciencia con la misma versatilidad de Toma, pero sí que era capaz de desempeñar sin dificultad tareas como la que había mostrado anteriormente Camilo actuando a la vez de encañonador y tirador. Sin embargo, Rachel negó con la cabeza.

—Probablemente hacen cosas más increíbles que yo. A decir verdad, no puedo ni imaginarme hasta dónde pueden llegar. Me pregunto cuántos serán.

Sakoda rememoró los rostros del cuerpo de defensa de Terra Amazonas que había visto cuando reunía material en Leticia para su reportaje.

Camilo Naser, que ejercía de guardaespaldas de Ignacio, era con casi total seguridad un ejemplo del MHS.

Aparte, recordaba al menos unos cinco soldados más con fusiles QBZ-100 capaces de disparar balas guiadas.

—Quizá unos cinco o seis —contestó Sakoda.

—Puede que asistamos a un duelo muy interesante —murmuró Rachel entrecerrando los ojos para clavar la vista en el terreno triangular.

Tras poner la mano en la consola de uno de los Maschief, la joven preguntó:

—¿Y los efectivos de Terra Amazonas?

—Parece que todavía no han llegado —explicó Toma—.

También Goodfellows está haciendo públicos los datos de sus observaciones, pero por lo visto no han localizado al enemigo.

Bueno, también hay que tener en cuenta que los de Ignacio cuentan con la ventaja de conocer el terreno.

Faltan quince minutos para el inicio de la batalla.

—Bien, ¿vamos nosotros también? —propuso Sakoda montándose a horcajadas en uno de los Maschief arrodillados.

A su lado esperaba el Maschief de Rachel. Sakoda y Rachel verificaron que sobre sus cabezas flotase el letrero de «prensa».

—Toma —llamó Sakoda.

—¿Sí?

—Cuando crucemos el río y pongamos pie en el otro lado, echa a volar los Meganeura.

—Entendido.

Sakoda recorrió con la vista los contornos del campo de batalla, señalados por un cerco de alambre virtual naranja.

—Aunque por muy poco, este lugar se halla incluido también en el terreno de las hostilidades. No salgas del hotel por ningún motivo.

—Yo iré también con vosotros.

—¿Eh? Te digo que ni se te ocurra. No hemos preparado ningún exoesqueleto para ti.

Uno de los Meganeura se separó de la plataforma de recarga de energía.

Simplemente había despegado, pero Sakoda se sintió incapaz de apartar la vista de ese dron.

Le había dado la impresión de que se movía exactamente igual que si estuviera vivo.

El Meganeura se situó suspendido en el aire frente al rostro de Sakoda y después se ladeó un poco, igual que cuando una persona mira algo con expresión inquisitiva.

—¿Qué significa esto?

—He introducido mi consciencia troncal en este Meganeura.

Sakoda se giró hacia la mesa de la terraza y vio que Toma se ponía en pie lentamente para regresar al interior del hotel. Por lo visto, quien manejaba su cuerpo físico era una consciencia ramal, es decir, secundaria.

—¿Has conseguido llegar hasta un punto semejante?

Incluso el sonido de los rotores del aparato al girar recordaba al de una carcajada que sacudiera su cuerpo.

—Por lo visto, basta con que haya un cuerpo físico donde «montar» la consciencia. Yo creo que, si Rachel practicara lo suficiente, también podría hacer lo mismo.

—No quiero —protestó Rachel negando con la cabeza—. Es más, seguro que es imposible. En el caso de mi generación, a lo más que podemos llegar es a utilizar un par de brazos o piernas adicionales.

Rachel hizo aparecer en el queuechouvue un par de brazos y un par de piernas adicionales y, tras situarse frente a la consola del Maschief como si fuese a interpretar el órgano, hizo avanzar la máquina hacia la orilla del río.

Sakoda fue tras ella. Al entrar el tronco de los Maschief en contacto con el agua, los flotadores que habían preparado para cruzar el río se inflaron a sus costados y brotaron también unas hélices que los propulsaban sobre la superficie como si nadaran.

A bordo de sus cuadrúpedos mecánicos, ambos se aproximaron al punto del territorio triangular en la costa oeste que habían determinado para desembarcar.

Cuando ya se hallaban muy cerca, las patas de los Maschief pisaron el lecho del río.

Una vez en tierra, Sakoda soltó los flotadores y los echó a la corriente.

Se suponía que los flotadores, que llevaban incorporadas las hélices, volverían por su cuenta a la ribera contigua al hotel.

Rachel, que se había liberado unos momentos antes de sus flotadores, retorció un poco su cuerpo a bordo del Maschief para mirar hacia el cielo.

—Jake, acaba de comenzar la batalla.

Sakoda miró también hacia arriba y el firmamento que se divisaba a través del queuechouvue apareció recubierto de una membrana blanca, como correspondía a una zona de combate.

—Eso parece, sí.

Con todo, mientras Sakoda contestaba, Rachel ya estaba mirando en otra dirección.

Era el interior del bosque, que les cortaba la visión más allá de la estrecha franja de arenosa playa fluvial.

En el queuechouvue de Rachel se veían superpuestas la situación de la batalla transmitida por Goodfellows y la transmitida por Terra Amazonas.

—¿Ha sucedido algo?

—A las nueve en punto ha habido un encuentro armado —contestó escuetamente Rachel.

Extendiendo con la aplicación pertinente un brazo adicional desde su hombro, hacía flotar en el espacio de delante a su izquierda una filmación de realidad virtual y, a la vez que su Maschief avanzaba, iba ajustando la posición de la cámara y la hora de la reproducción.

El aspecto que presentaba al hacerlo ofrecía la misma naturalidad que un operador de vídeo manejando un equipo por control remoto.

En estos últimos tres días, Sakoda se había llevado no pocas sorpresas con las experimentaciones de Rachel y Toma acerca de los desdoblamientos de consciencia, pero ahora que los veía utilizando aquellas habilidades para un trabajo real, comprendía todavía mejor lo anormales que resultaban.

Hasta entonces, Sakoda había pensado que él era una persona bastante mañosa.

En los campos de batalla se movía sorteando toda clase de obstáculos y, mientras manejaba la cámara con la mano izquierda, manipulaba con la derecha los controles de los Meganeura.

Gracias a su habilidad, había conseguido hacer sus reportajes él solo.

Sin embargo, los nacidos del proyecto MHS de Faruqi, mediante su capacidad de desdoblamiento de consciencia, podían actuar prácticamente sin pensar, lo cual marcaba una diferencia notable.

Rachel movió la filmación de realidad virtual situándola frente a Sakoda y le pasó el controlador de vídeo.

En la imagen, aparecieron los cuerpos ORGAN de Goodfellows que habían desembarcado en la arenosa playa de la costa este.

Eran dos destacamentos, consistentes en diez soldados a pie y un encañonador a bordo de un Maschief.

El marcador de tiempo indicaba que se trataba de imágenes de hacía treinta y nueve segundos.

—He hecho el encabezamiento. El resto reprodúcelo tú.

—Eh, espera un momento. Yo no puedo hacerlo. Es prácticamente la primera vez que monto en un Maschief y solo con controlarlo…

—Yo me encargaré —sonó la voz de Toma a su espalda.

Sakoda se volvió en dirección a la voz y se encontró con el Meganeura que transportaba la consciencia de Toma suspendido en el aire. El joven debía de estar haciendo llegar su voz a través del espacio sonoro del queuechouvue .

—Se trata de reproducir los incidentes del campo de batalla, ¿no? ¿Qué tal algo así?

El manipulador articulado, del que normalmente carecen los Meganeura, tocó el controlador de vídeo y la imagen comenzó a desfilar.

Surgiendo de los dos destacamentos de Goodfellows que desembarcaron en la playa, seis brillantes líneas de color naranja corrieron en dirección a una cuesta flanqueada por una arboleda.

Sakoda pensó que se trataba de simulaciones de trayectoria de proyectiles, pero un instante después las líneas doblaron su recorrido haciendo una curva y se internaron en el bosque.

Enseguida impactaron contra efectivos del Cuerpo de Defensa de Terra Amazonas.

Con piernas o brazos desmembrados, los soldados cayeron rodando a los pies de los árboles.

—¿Cómo se les ha ocurrido asomarse? —murmuró Sakoda.

Los soldados ORGAN solo deben disparar contra objetivos que los tiradores puedan ver con sus propios ojos. Seguramente, los seis que acababan de ser abatidos, llevados por la curiosidad, se habían acercado para escudriñar entre los árboles cómo se movía el destacamento 2. Una acción estúpida.

Los efectivos de Goodfellows adoptaron una formación de diamante con el Maschief en el centro y apuntaron sus armas hacia el bosque.

Si el cuerpo de defensa no hacía ningún movimiento, podía ir reduciendo el tiempo restante permitido para la confrontación armada.

Sin embargo, ante la pérdida de sus seis efectivos, el cuerpo de defensa no fue capaz de adoptar esa decisión.