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Con los drones Meganeura para la filmación alineados en el jardín del hotel, junto con el cargador de baterías en forma de mástil, Sakoda percibió de pronto un aleteo sobre su cabeza que sonaba diferente al de un pájaro o un insecto.

Al levantar la vista, descubrió dos drones de reconocimiento color rojo rasgando el cielo nublado.

—¿Serán Yenfen? —se preguntó en voz alta.

—No —negó enseguida Rachel, que se encontraba en la terraza revisando los Maschief—. Son Eyesbee II de Goodfellows. Son de color rojo, ¿verdad?

Sakoda recordó los anejos del acuerdo para una guerra legítima. Los drones Yenfen de reconocimiento que usaría Terra Amazonas deberían estar pintados de verde fosforescente.

—Pues son casi iguales.

Rachel alzó la vista hacia ellos. Sus bien formadas cejas se fruncieron en un gesto de malhumor.

—Los Eyesbee II son de fabricación Remington.

—¿Cuál es más cómodo de usar?

—Ni idea.

Rachel retornó a su tarea de revisión de los Maschief.

A Sakoda le hubiera gustado oír algo más de su opinión acerca de los Eyesbee II, dado que los había utilizado en Goodfellows, pero la joven parecía haber perdido el interés por la cuestión.

«Qué contrariedad», pensaba Sakoda cuando apareció flotando frente a él una filmación de realidad virtual de los Eyesbee II acompañada de la voz de Toma.

—Aquí tienes la documentación del Eyesbee II, Sakoda.

—Gracias.

Toma saludó agitando la mano desde la terraza, sentado frente a una mesa. Se encontraba fabricando un modelo tridimensional del terreno triangular junto al río donde tendría lugar la batalla y, aparentemente, su consciencia desdoblada había oído los comentarios de Sakoda.

—El Eyesbee II —prosiguió Toma— lo fabrica Remington en sus talleres de Austin y es un aparato hermano del Yenfen, que se produce también allí bajo licencia.

La interfaz de programación de aplicaciones es prácticamente igual en los modelos para uso de ORGAN.

La mayor diferencia que introducen estos es el chip de comunicaciones que varió debido a las restricciones de tecnología china que comenzaron en la década de 2020.

Según avanzaba su explicación, la voz de Toma fue perdiendo fuerza. Sakoda forzó una sonrisa. Por lo visto, la consciencia dividida que interactuaba con él trabajaba con un rango de prioridad bastante bajo.

En estos últimos tres días, Toma había conseguido establecer una gradación en sus desdoblamientos de consciencia.

El joven de carne y hueso junto con dos o tres avatares suyos usaban sendas aplicaciones del queuechouvue para desempeñar una serie de tareas de forma maquinal.

En estos momentos, quien desgranaba la explicación sobre el Eyesbee II ante Sakoda sin duda era una de las consciencias desdobladas del Toma físico que se sentaba en la terraza, pero quizá a partir del momento en que empezó a leer la documentación en voz alta, cambió a una consciencia foliácea 7 .

La explicación de Toma prosiguió con detalles como que el Eyesbee II era un dron de rotores basculantes, que disponía de una modalidad de vuelo convencional con alas fijas que le permitía alcanzar gran velocidad y otra de alas rotatorias como un helicóptero para permanecer suspendido en un determinado punto.

Su diseño básico no era muy diferente al de los Meganeura que usaba Sakoda para sus filmaciones, pero el fuselaje era como un veinte por ciento mayor, con una longitud que superaba los ciento cincuenta centímetros.

Los rotores principales, con un diámetro de unos cuarenta centímetros, estaban unidos a las cortas alas horizontales, mientras que en el centro del alerón vertical trasero aparecía un pequeño rotor adicional.

—Cuando se encuentra en la modalidad de alas fijas, alcanza una velocidad aerodinámica de 180 kilómetros por hora y, cuando se trata de la modalidad de alas giratorias, la velocidad relativa de ascensión es de cien metros en ocho segundos.

Al llegar a este punto de la explicación, Sakoda creyó haber oído mal.

—¿Sube cien metros en ocho segundos? ¿No es demasiada velocidad?

Toma contestó con voz serena.

—La velocidad de ascensión es de 12,5 metros por segundo, lo que equivaldría a 45 kilómetros por hora.

—Eso es el triple de lo que alcanzan los Meganeura. ¿Cómo es posible?

—Un momento, por favor. Los Eyesbee II de Goodfellows, por lo visto, son modelos de fuente de alimentación inalámbrica; las alas principales albergan una antena en su interior. Como la capacidad de las baterías es pequeña, el aparato resulta ligero.

Tras la primera frase se había producido una pausa de un segundo para después cambiar a una voz más amable.

Al parecer, se había operado un aumento de la prioridad del tema en aquella consciencia.

En la imagen, un modelo tridimensional del Eyesbee II giró en redondo mientras recalcaba la parte de las alas principales.

Debía de estar indicando el lugar que alojaba las antenas receptoras de energía.

—Aparentemente, cuentan con un dron volando por los alrededores de la zona de combate que lleva un generador a bordo para cargar la energía del resto.

Toma contrajo la imagen tridimensional del Eyesbee II y en su lugar desplegó un mapa de la zona prevista para el enfrentamiento.

Un mapa tridimensional del punto en que confluían el Amazonas, que llegaba desde el noroeste, con el serpenteante y estrecho Yavarí, que discurría desde el oeste.

En el triángulo entre los dos ríos se veía la bandera de Terra Amazonas con el motivo que reproducía una hoja de cannabis.

En el centro de aquel territorio entre ríos, que tenía dos kilómetros de este a oeste y un kilómetro de norte a sur, se alzaba una colina de unos diez metros cubierta de una espesa arboleda.

Los contornos de aquel terreno triangular eran playas arenosas.

Ignacio debería establecer su puesto de mando en algún lugar de aquel triángulo y resistir el ataque de Goodfellows durante veinticuatro horas.

El nombre adjudicado a aquel espacio triangular era Fortaleza Delta.

El mapa también representaba los límites de la actividad militar que rodeaba por completo el recinto.

La frontera del espacio que el acuerdo denominaba simplemente «campo» entraría en vigor a las nueve de la mañana, hora de comienzo de las hostilidades y, vista con el queuechouvue , presentaba el aspecto de un muro semitransparente.

Una vez que diese comienzo la guerra, ya no se podían introducir más combatientes ni equipo en el campo de batalla.

En las guerras legítimas habituales, lo más común era que la parte atacante que disponía de la tecnología ORGAN declarase unilateralmente la guerra y decidiera también el campo de batalla y las condiciones de la victoria.

El ejército local encargado de la defensa intentaba apoyarse en el hecho de que los ORGAN se veían atados por los apartados relativos a la ética y las limitaciones del campo de batalla para darle la vuelta a la situación y asegurarse una oportunidad que les concediese la victoria, pero la cosa no era tan fácil.

Si se descubría alguna violación de las normas éticas, por ejemplo, tomar civiles como rehenes, los cuerpos ORGAN podían cambiar la modalidad de guerra legítima por la de guerra ordinaria.

En ese caso desaparecía la condición de hacerse con la victoria causando el menor número de bajas posible, por lo que los ORGAN se transformaban en un mecanismo salvaje que esparcía sus proyectiles por doquier.

Los drones de observación comenzaban a apuntar a los soldados enemigos indiscriminadamente, sin importarles que estuvieran dentro o fuera del campo de batalla, y los soldados disparaban las balas guiadas de sus armas en modo cien por cien automático, arrebatando vidas a diestro y siniestro.

Apenas llevaba unos minutos que un destacamento ORGAN de siete miembros terminase con un ejército enemigo de varios miles.

Sin embargo, la batalla de hoy era por completo diferente.

Ignacio iba a ponerse al mando de su propio destacamento ORGAN y luchar frente a frente con otro equipo ORGAN, el de Goodfellows.

En los veinte años transcurridos desde que comenzaron las guerras legítimas, solo se habían dado dos casos de enfrentamiento mutuo entre cuerpos ORGAN, la guerra de defensa de Chechenia de 2035 y la guerra por la frontera kazaja de 2040.

En ambos casos, el enfrentamiento se limitó a que ambos bandos se escrutaron amenazadoramente hasta que se alcanzó un armisticio.

El desarrollo de la guerra de defensa de Terra Amazonas a punto de comenzar resultaba imprevisible, pero como mínimo podía afirmarse que Ignacio no mostraba indicios de querer rehuir la lucha.

También desde ese punto de vista se trataba de un enfrentamiento que con toda seguridad dejaría huella en la historia de las guerras legítimas.

Sakoda se fijó en que la mitad este del triángulo del mapa aparecía llena de incontables puntitos rojos.

—¿Son los efectivos de Goodfellows?

—Así es. Terra Amazonas acaba de exponer los datos de sus observaciones. Los triángulos representan Eyesbee II, los cuadrados rellenos son Maschief y los cuadrados vacíos, soldados ORGAN a pie. Los tres círculos grandes fuera del espacio del campo de batalla son drones de abastecimiento de energía.

Los cuerpos ORGAN estaban divididos en varios equipos.

—Veo que cuentan con seis encañonadores. Y muchos efectivos a pie.

En algún momento Rachel se había situado detrás de Sakoda y ahora intercalaba sus comentarios.

—Si hubiera un encañonador por cada dos equipos, no le sería difícil trabajar. Siendo seis a repartir entre quince equipos, es más o menos justo el límite.

—¿Serán todos nacidos del MHS? —preguntó Sakoda.

—Eso creo. Aunque seguramente no serán conscientes de ello y no habrán «despertado».

Sakoda no pudo evitar girarse hacia Rachel. Comprendía que se refería a comenzar a utilizar ciertas capacidades subyacentes, pero, si no se equivocaba, era la primera vez que la joven lo calificaba de «despertar».