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Marsha Yoshino llegó a la oficina y arrojó su mochila en la cesta situada bajo la mesa que un día sirvió para servir cafés.
La superficie del mueble lucía borrosa por la infinidad de rasguños, fruto del roce de las cuchillas de afeitar que usaban los clientes para hacer rayas de heroína en los tiempos en que el barrio de Tenderloin era el más peligroso de todo San Francisco.
Marsha creó un espacio compartido de trabajo del queuechouvue sobre aquella mesa y se puso a estudiar un archivo de documentos que debía de tener un grosor de unos quince centímetros.
Puesto que se trataba de un dispositivo electrónico del queuechouvue , se podía representar con cualquier aspecto, pero la mayoría de los empleados escogían un icono de acceso directo que lo mostraba como un taco de papeles con el grosor que correspondiera a su tamaño.
Aquel archivo, que cualquiera diría que era el manual de instrucciones de un avión, constituía un compendio de la inmensa documentación que An Ho había estado examinando.
Marsha hizo una reverencia de agradecimiento hacia An Ho, que se hallaba echando una cabezada en un sofá.
La noche anterior, casi de madrugada, Marsha recibió por parte de Toma una gran cantidad de documentación y despertó a An Ho para pedirle que obtuviese pruebas que verificasen su contenido. Así, el resultado fue aquel archivo de documentos de quince centímetros de grosor.
Marsha abrió el documento y, poniendo una mano en la portada que rezaba «MHS – Modified Human Standard», clavó la vista en el techo.
—Operador, analiza este documento por NMF (Factorización no Negativa de Matrices)…
No, mejor por ADL (Análisis Discriminante Lineal).
Añade a los documentos un orden cronológico, el grado de interés público y una dimensión de puntuación de veracidad, así como un vector de dependencia de los fenómenos en sus interrelaciones, un vector cronológico y otro de relaciones interpersonales.
«Entendido. Procesaré de inmediato».
En el instante en que se oyó esa escueta respuesta, el archivo de documentos en manos de Marsha se abrió como un abanico y los textos comenzaron a entrelazarse mediante una serie de líneas que dibujaron sobre la borrosa superficie de la mesa la proyección plana de un sistema esférico de redes.
Mientras acariciaba el borde de la mesa, Marsha continuó impartiendo directrices.
—Cartografía la dimensión nodal en un espacio cilíndrico mediante coordenadas polares. Añade una interfaz sobre la superficie de la mesa para poder manejar las dimensiones nodales deslizando el dedo y las dimensiones perimetrales con un deslizamiento circular del dedo.
«Cartografía de redes realizada e interfaz añadida».
Marsha colocó la mano derecha sobre la superficie de la mesa y acarició el reborde con la izquierda.
Solo con que moviera un poco los dedos, la maraña de documentos que aparecía sobre la mesa como si se hundiera en ella cambiaba su posición formando una especie de remolino.
Mientras Marsha enderezaba la espalda y se preguntaba cómo proceder a continuación, oyó cómo a su espalda An Ho se levantaba profiriendo un ostentoso bostezo.
—Buenos días. ¿Todo bien con los documentos?
An Ho, que por lo general desempeñaba su trabajo emanando confianza por todos los poros, esta vez no parecía tan seguro, lo cual llamó la atención de Marsha. Y es que el contenido de la documentación no era para menos.
—Sí, muchas gracias. Había una cantidad terrible de material, ¿verdad? ¿Qué modelo has utilizado para la verificación de hechos?
—El GQG (Global Qubit Glacier) del año 2015 al 2045.
—¡Guau! —exclamó Marsha pensando que bien merecía un silbido de admiración.
El modelo mencionado por An Ho era el de mayor nivel a escala mundial para tratar documentación, que almacenaba todos los datos que cruzaban por internet en bits cuánticos mediante computación a exaescala.
Entre el importe por utilizar dicho modelo y el de usar los procesadores cuánticos de alta velocidad que permitían extraer un resultado, los gastos superaban el millón de dólares.
Así es que solo para comprobar la veracidad de todo lo que contenían aquellos documentos, An Ho había gastado el equivalente de lo que podía manejar una pequeña empresa a lo largo de un año y con muchos esfuerzos.
Pero también podía decirse que había bastado con esa cantidad gracias a que tenían una pequeña oficina de 30 metros cuadrados en Quantum Hill que costaba un alquiler de doscientos mil dólares mensuales.
Una empresa que no pudiera conectarse a un acelerador ni a la red de clústeres cuánticos que se apretuja en una computadora óptica necesitaría pagar a un operador cuántico decenas de veces esa cantidad.
—¿Y qué opinas tú de esto, An Ho?
Marsha añadió una cavidad de coordenadas al espacio cartografiado de forma cilíndrica y cambió a una lente instantánea.
Acto seguido, fijó en el centro del espacio el esquema arbóreo de anotaciones de Sakoda y comprobó que salían unas líneas finas de color azul claro de casi todas las «hojitas» de notas, entrelazando unos fenómenos con otros e incluyendo su grado de relación.
—Hice un «recocido» con un retículo elíptico no lineal, pero el resultado obtenido fue prácticamente el mismo. Creo que podemos asumir que existen pruebas de toda la documentación remitida por Sakoda.
El tono de An Ho delataba irritación. Marsha extrajo las anotaciones arbóreas del sistema y las colocó dándoles una forma que recordaba a uno de los bonsáis de su padre.
—No queda más remedio que reconocer los hechos. Aunque parecen demasiado disparatados para ser reales.
—Sí. Con todo…
An Ho cerró los puños con furia.
—Te entiendo —musitó Marsha.
La propia Marsha, cuando escuchó por primera vez de labios de Toma la cuestión de la edición genética, experimentó un violento acceso de cólera. No obstante, en aquel momento no había conseguido asimilar el cuadro en su totalidad.
En resumen, aquello venía a decir que la compañía farmacéutica de mayor envergadura se había dedicado a la manipulación genética de los embriones fruto de la fecundación in vitro para crear una especie de suprahumanos.
Los niños habían sido criados en el seno de sus propias familias y, llegado el momento, fueron reclutados como soldados para las guerras legítimas.
El proyecto había comenzado en el año 2017.
Teniendo en cuenta la situación de la tecnología de edición genética en aquel entonces, suponía un proyecto increíblemente puntero e increíblemente inhumano.
Por la mañana, cuando le contactó Toma, usó el término «man-kind», con el sentido de «similar a un humano», una nueva especie, y la verdad es que la expresión encajaba como un guante con el propósito de ese plan.
«Así que nosotros somos diferentes. Pero no se me ocurre qué deberíamos hacer frente a ello.
Con respecto al futuro artículo de Sakoda, podemos ayudarle diciendo que COVFE ha verificado sus afirmaciones para que no encuentre problemas al publicarlo.
¿Pero qué podría decir a mis padres? ¿Qué voces se alzarán en la sociedad cuando esto se sepa?
Y sobre todo, ¿cómo voy a asumir esa realidad yo misma? Todavía no sé nada de eso».
—Bien, vamos a comenzar por hacer un resumen. Operador, haz una tabla cronológica.
El esquema arbóreo de notas sobre la mesa se transformó en un cono invertido con la punta apoyada en la mesa, y en el dispositivo con papel tamaño legal que Marsha había preparado a su lado comenzaron a alinearse los hechos relevantes, arrancando en el nacimiento de Ignacio, en el año 2015.
En un abrir y cerrar de ojos, se rellenó la primera hoja, aumentando el número de papeles de la cronología.
Cuando apareció el último de los sucesos, el total alcanzaba las dieciséis páginas.
Marsha colocó el dedo sobre la línea donde constaba la publicación de una memoria de Faruqi al respecto, acaecida poco después del nacimiento de Ignacio.
—Operador, elimina los incidentes que encierren una importancia similar a este y resume todo en una hoja.
Los textos sobre el papel fueron desplazándose de manera que el resumen fue conservando datos como el año de nacimiento de la cuarta generación, el reclutamiento por parte de Goodfellows, iniciado en 2037, o la creación de la empresa COVFE, así como los puntos fundamentales relacionados directamente con las personas.
Marsha asintió satisfecha mientras comprobaba la hoja resumen.
A su lado, An Ho ladeó la cabeza extrañado.
—¿Por qué has convertido en cartografía bidimensional un sistema de red hexadimensional?
Marsha sonrió con amargura. Ciertamente, al escribir un índice cronológico en papel, la cantidad de información reflejada disminuía de un modo considerable.
—Para consultar el asunto con Wu Lin-wen.
—Ah, claro —comprendió An Ho.
Wu Lin-wen se había ganado la confianza de todos los empleados, pero no era una experta en matemáticas ni en teoría de la información.
Para Marsha y los suyos, capaces de manejar una red de información que superase tres dimensiones, se trataba de una simplificación innecesaria, pero se convertía en una tarea imprescindible si querían que Wu leyese la información.
—¿Quieres que te ayude? —preguntó An Ho haciendo aparecer en torno a sus hombros seis brazos virtuales articulados.
Era una manifestación del desdoblamiento de consciencia del que hablaban aquellos documentos.
—Me gustaría probar yo también a hacer eso —dijo Marsha.
An Ho entrecerró un poco el ojo izquierdo. Era el gesto inconsciente que hacía cuando pensaba cómo decir algo difícil. Marsha supo que algo le inquietaba.
—Te preocupas porque crees que a lo mejor no soy capaz, ¿verdad?
An Ho se rascó la mejilla con uno de los brazos virtuales.
—Bueno, sí… Así es.
—No importa. Si al final no puedo hacerlo, pues no puedo. ¿Por dónde debería empezar?
—Dentro de las funciones manuales del queuechouvue , busca la de extremidades adjuntas.