Man-kind 14 #4
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—Por eso te digo que me encargaré yo. Tú no serás más que un tercero.

—¿Quién iba a creer un sofisma semejante?

—Cuento también con un «seguro» adicional —explicó Rachel girando el mapa hacia Sakoda y trazando un círculo en torno a Torre Donelson—. La Aguja afirma tener la jurisdicción policial sobre todo este vasto terreno, ¿no? Bastará con que no nos atrape su servicio de seguridad.

—Pero aun así…

—Cállate —espetó Rachel apuntando a Sakoda con el índice—. Yo, por mi propia cuenta, voy a raptar a Faruqi e interrogarlo. Después, tú puedes limitarte a filmarlo y, si quieres, intervenir también para entrevistarlo; eso es cosa tuya. Duerme un poco.

Sakoda suspiró con una expresión que mezclaba la insatisfacción con la conformidad. A continuación, Rachel se volvió hacia Toma.

—Lo siento, pero ¿me harás el favor de conducir? Luego puedes decir que te amenacé para hacerlo.

Toma se encogió de hombros.

—Te ayudaré.

—¿Sin avisar de ello a tu empresa?

—Se lo comunicaré, pero, al fin y al cabo, yo soy también uno de los afectados. ¿Por dónde empezamos?

—Me gustaría introducir la aplicación de apuntar al exterior en uno de los drones de Jake y poder controlar el disparo. Después, quisiera practicar reproduciendo con la realidad virtual del queuechouvue el clima y el gradiente gravitatorio.

—Entendido —asintió Toma.

Acto seguido, hizo que su avatar se sentara detrás del asiento del conductor y abrió un espacio de trabajo.

A continuación, Toma creó un segundo avatar suyo y lo hizo sentar al lado del otro, en la posición central del asiento trasero.

Después, señaló el avatar del fondo, que tenía la vista clavada en el espacio de trabajo.

—Mi avatar del fondo se encarga de programar el dron y de hacer prácticas de su pilotaje. Probablemente no contestará aunque se le diga algo. Para lo relativo a los ajustes de la realidad virtual, dirígete a mí.

El avatar de Toma sentado al fondo se puso a trabajar con los ajustes del dron sin mostrar interés por lo que sucediera a su alrededor, moviendo únicamente las manos para su tarea.

—¿Tri… triple desdoblamiento? —balbuceó Sakoda estupefacto.

El Toma sentado a su lado forzó una sonrisa.

—Sin practicar debidamente, parece que este es el límite. No te preocupes y duerme, por favor.

—Eso, eso, tú duerme. Que no eres más que un tercero en este asunto.

Tras decir eso a Sakoda, Rachel relajó su cuerpo para sumergirse en la realidad virtual del queuechouvue , dejando que todo su peso recayera sobre el asiento.

Se sentó con ambas piernas cayendo rectas hacia el suelo y colocó las palmas de las manos sobre las rodillas.

Si por un descuido se sumergía con las piernas cruzadas, al terminar había veces en que las encontraba entumecidas.

—Preparada la recreación virtual básica de Torre Donelson y su entorno.

Rachel asintió y, antes de cerrar los ojos, clavó la mirada en las manos colocadas sobre las rodillas. Le dio la impresión de que si superponía el avatar que había activado para la realidad virtual, podría realizar con él movimientos independientes de los de su cuerpo.

Sin perder la sensación táctil de las palmas en contacto con las rodillas, probó a ir alzando las manos. Al principio no consiguió que se movieran, pero cuando el coche se sacudió un poco al cruzar por encima de un ligero desnivel, el pulgar del avatar se levantó.

—Así que era esto… —murmuró Rachel separando lentamente de la rodilla el resto de los dedos de la mano del avatar.

Con un poco de práctica sería como si de los hombros le salieran tres brazos, pero no parecía posible llegar al punto de Toma, capaz de manejar tres consciencias simultáneamente.

Esta diferencia entre ambos era uno de los productos derivados del «plan» de Faruqi.

Cuanto más nuevo, mejores funciones. Igual que un programa informático.

Rachel, una vez conseguido que el avatar alzase el brazo, le hizo cerrar el puño lentamente y recuperó la furia que tenía almacenada en su depósito de memoria. Al momento, la rabia volvió a embargar todo su cuerpo y, dejándose llevar por ella, descargó el puño sobre el asiento.

Sintió cómo los dedos de la mano impactaban contra el asiento. Por lo visto, en vez del avatar había sido su cuerpo físico quien había golpeado.

—¿Qué sucede? —preguntó Toma.

—Nada. Estoy practicando.

Tras contestar a su compañero, Rachel se sumergió en la realidad virtual.

Descendió en el claro de un bosque a primera hora de la madrugada y ante ella se alzaba la negra mole de Torre Donelson.

Dado que la hora que habían programado en el sistema era las cinco de la mañana, las galerías comerciales de los primeros pisos todavía no habían abierto.

Tampoco se veía el enjambre de pequeños drones revoloteando a su alrededor como mosquitos, a diferencia del paisaje de dos días atrás.

Rachel escrutó la zona del piso 160 donde vivía Faruqi y comenzó a determinar el lugar donde se ocultaba. En el instante en que descubrió su rostro, se preguntó si sería capaz de contenerse para no matarlo.