Man-kind 14 #3
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Cuando la explicación derivó hacia el modo de modificar los genes durante el lavado de espermatozoides y crioprotección de los óvulos, así como la absorción de empresas especializadas de manera que el sistema se extendiera por todo el territorio de los Estados Unidos, Rachel sintió un profundo disgusto y, activando el proceso de «asignación de memoria», tomó distancia.

Sin embargo, al mencionar Sakoda el asunto de la esterilidad, palideció ostensiblemente.

Los padres de Rachel, viéndose incapaces de concebir descendencia, aceptaron que la lavandería heredada del abuelo de ella pasara a englobarse en una franquicia y también vendieron la casa donde había vivido dicho abuelo, todo con objeto de conseguir el dinero necesario para los tratamientos de fertilidad.

Cuando ya pensaban que no les quedaría más remedio que vender por completo el establecimiento, la técnica de fecundación in vitro que probaron dio sus frutos.

Parecía una mera ironía del destino que pusieran a la hija nacida como resultado de ese proceso el nombre de la mujer que, según la tradición bíblica, padeció de esterilidad, pero al saber que, efectivamente, había sido diseñada para ser estéril, la adjudicación del nombre para esa niña cobraba un cariz mucho más duro.

La revelación de su esterilidad se resistía a apartarse del nivel superficial de su consciencia, pero cuando, tras hacer un esfuerzo, Rachel consiguió apartarla, se dio cuenta de que Toma comenzaba a realizar de manera consciente un proceso de asignación de memoria con mayor habilidad que ella.

El proceso de asignación de memoria de Rachel le permitía almacenar una serie de experiencias en algún rincón de su cerebro para recuperarlas después en otro momento más conveniente. Podía conservar los recuerdos con gran detalle, hasta un total de tres o cuatro experiencias diferentes.

Sin embargo, Toma, que había leído el texto de Sakoda, estaba añadiendo nuevos recuerdos a los que almacenados entonces, comparando unos con otros y realizando búsquedas en ellos.

Sentía que ya había realizado con anterioridad dicho proceso de manera imprecisa, pero ahora que se dispuso a hacerlo con plena consciencia de ello, adquirió seguridad al ver que lo conseguía.

Una vez que Sakoda finalizó sus explicaciones, el avatar de Toma, que había estado escuchando a la vez que leía, acarició el pelo negro de su figura de carne y hueso, concentrada en conducir, y preguntó al periodista:

—¿Te contó algo acerca del color de la piel o del pelo? No parece que los documentos lo mencionen…

—Perdón —contestó Sakoda con una inclinación de cabeza a modo de disculpa—.

Olvidé preguntarlo. Quizá se deba a algo previo a la participación de Ignacio en la creación del MHS…

Lo siento, quizá os ofenda el término creación , pero no se me ocurrió otro.

Imagino que se trata de algo que introdujo Faruqi.

—¿Puedo preguntarte otra cosa? —siguió Toma—. ¿Cuál fue el motivo de que la puntuación de tus artículos bajara de pronto de un modo tan radical?

—De eso tampoco dijo nada, pero me da la sensación de que es consecuencia de los manejos del lobby relacionado.

—Eso tendría sentido —asintió Toma—. Lo que bajaba las puntuaciones de los artículos con noticias de úLa-jiea era la utilización de los modelos de lenguaje del Anuario Jane´s de armamento, de la Cruz Roja y de la Corte Penal Internacional, y en ellos debe de tener bastante influencia la actividad lobista de Washington D.

C. Sin duda, hacen cosas como infiltrar a empleados dóciles a sus intereses en proyectos como ese y los llevan a borrar las huellas clave más comprometedoras.

Probablemente su objetivo no consistía en bajar la puntuación de la verificación de hechos, pero el modelo de lenguaje cargaba con un peso importante del proceso, por lo que, si se le privaba de una gran cantidad de información en determinadas áreas, eso arrojaría sobre la verificación de hechos una influencia que no se podía obviar.

Tras realizar esta explicación, Toma le dijo a Rachel «Adelante» y comenzó a leer la documentación que tenía en ambas manos. Toma se había dado cuenta de una cuestión que Sakoda no había mencionado.

Rachel, a su vez, verificó los recuerdos almacenados en su «depósito» y vio que, efectivamente, Sakoda no había hablado nada del particular. Entonces, miró hacia el periodista, que tenía el rostro en tensión, y le lanzó la siguiente pregunta:

—¿Le preguntaste al tipo por qué motivo mató a mis compañeros?

—Pues es que… —contestó Sakoda apartando la mirada.

Rachel se agarró al respaldo del asiento y, girando el cuerpo entero, clavó la mirada en Sakoda.

—¿Es que no se lo preguntaste? ¿O es que se trata de algo que no puedes decir? Mataron a mis compañeros.

—No se trata de eso —dijo Sakoda agitando la mano ante el rostro—. Es que no comprendí lo que quiso decir Ignacio con su respuesta. Si os lo transmito tal cual, puede suponeros un golpe muy fuerte.

—Estoy preparada —repuso Rachel relajando su respiración como si se prepara para el golpe.

—Dijo que no deberían haber existido.

—¿Eh?

Cuando Rachel comprendió el significado de las palabras de Sakoda, sintió una fuerte emoción creciendo en su interior.

—Entonces le pregunté que si por eso los mató y él no lo negó. Añadió que no debieron crearse unos seres dignos de lástima. Y que antes de que el mundo se diera cuenta de su existencia y comenzase a eliminarlos, deberían desaparecer.

—¿Qué broma es esa? —gritó Rachel pegando un golpe en el respaldo del asiento—. ¿Acaso pedimos nacer así?

La joven golpeó de nuevo el asiento y dio un pisotón con sus botas de combate. Después, la explosión de furia desembocó en un río de lágrimas.

—Fuisteis vosotros quienes os dedicasteis a toquetear los cuerpos de la gente para reunir soldados, ¿no? Por más que os arrepintáis a estas alturas, nosotros ya hemos nacido. ¿Y ahora queréis que nos extingamos? ¡Ni de broma! ¡Ni de broma! ¡Ni de broma!

La voz de Rachel se fue tornando progresivamente nasal hasta convertirse en una mezcla de gemidos y arcadas.

Continuaba dando golpes en su asiento, pero una parte de su campo de visión sintió que Toma la estaba mirando.

En algún momento, el avatar de Toma que flotaba junto a Sakoda la había agarrado por la camiseta a la altura del pecho.

Rachel enseguida comprendió el significado de aquel gesto.

El proceso de asignación de memoria también permitía almacenar emociones como la furia para descargarlas más tarde.

Rachel, que había gritado con todas sus fuerzas aquel «Ni de broma», un instante después, como si tomara aliento, se encontraba almacenando a su vez aquella furia en su depósito de memoria.

Y así, en un instante, Rachel recuperó la serenidad.

Sacó del fondo de la bolsa de papel del restaurante unas servilletas desechables y se limpió con ellas las lágrimas y el agüilla de la nariz.

Aun así, las lágrimas dejaron un rastro en sus mejillas que, según se secaba, le producía un leve cosquilleo.

Los recuerdos que había almacenado conservaban con toda frescura la furia que le producían.

Si los dejaba tal cual, terminarían por difuminarse, pero si los recuperaba una segunda o una tercera vez, podía reforzar aquel sentimiento.

—Ya estoy bien, gracias —dijo Rachel.

Entonces Toma cambió a una posición desde la cual Sakoda podía verlo.

—¿Puedo enviar esta información a mi empresa? Aunque tal vez Marsha diga que la va a hacer pública…

—Sí, envíala, por favor —contestó Sakoda al instante—.

Los empleados de COVFE sois todos parte de esta operación.

Por eso, si decidís hacer público el asunto, quiero que lo hagáis cuando contéis con pruebas suficientes.

Y os agradecería que discutáis conmigo la forma de darlo a conocer.

Lo primero es verificar los hechos con Faruqi.

Toma mostró el documento donde constaba la foto del pequeño Ignacio rodeado por los investigadores.

—¿No se podría hablar también con los investigadores que salen en la foto?

Sakoda negó con la cabeza.

—Estas personas desconocen que su investigación fue utilizada para gestaciones en entorno natural y se hallan convencidas de que Cherry era solo una especie de niño prodigio.

Dentro de lo posible, intentaré contactar con ellos, pero, en cuanto a Faruqi, esta es la última posibilidad que tenemos de hablar con él.

Toma ladeó la cabeza con aire dubitativo.

—¿Crees que contestará con sinceridad?

—Supongo que seguramente lo negará todo. Pero quiero darle al menos una oportunidad de que se explique ante las cámaras.

—Así no —dijo Rachel girándose hacia el asiento trasero donde estaba Sakoda y señalando la pila de estuches con las armas—.

La herencia que debería haber recibido de papá y mamá ha sido manoseada a su capricho.

A Faruqi lo interrogaré yo. Tú puedes dedicarte a filmarlo.

Aprendí en los cursos de formación a hacerlo de manera conforme a la legalidad internacional, por lo que será un testimonio válido y tampoco habrá problema en usar las grabaciones.

Sakoda miró los estuches de las armas y luego a Rachel.

—Las armas no puedes usarlas.

—¿Por qué?

—¿No ves que no podemos entrar en el aeropuerto con armas que no estén selladas?

—¿El aeropuerto? —preguntó Rachel acercando hacia sí el mapa que había hecho aparecer Sakoda.

Seleccionó Torre Donelson como punto de llegada y añadió:

—Atrapémoslo cuando salga de la Aguja.

—Eso sí que es imposible —replicó Sakoda negando con la cabeza—. Ya viste que Faruqi disponía de un Albatros para uso privado. Saldrá de su casa en el piso 160 para ir volando hasta el aeropuerto, sin poner un pie en tierra.

—Lo sé. Por eso…

Cuando Rachel terminó de contar su plan, Sakoda se quedó boquiabierto.

—No podemos hacer eso. Sería un delito.