14 #2
—Aparentemente, es un proyecto de implementación de consciencia multirramificada. Está estructurado exactamente igual que el desarrollo de un programa informático.
—¿Ramificado? —repitió Rachel crispando el rostro mientras ojeaba la documentación.
Equiparando a una caché informática las capas de la memoria a corto plazo que se superponen de manera tridimensional, ejecutan varias clases de procesos mediante la permutación del tiempo compartido en la corteza prefrontal del cerebro .
En el encabezamiento de la documentación que desgranaba esa clase de explicaciones, constaban una serie de tablas numéricas relativas a los genes, con el resto del espacio ocupado por una codificación en lenguaje Python.
Rachel desconocía en qué consistía el desarrollo de los programas informáticos, pero si Toma decía que presentaba este mismo aspecto, así debía de ser.
Rachel echó a un lado la pila de documentación.
—¿Y entonces qué?
—Se refiere a las personas como Rachel o yo, ¿verdad? —dijo Toma buscando la confirmación de Sakoda.
Sakoda asintió.
—Efectivamente. En vuestros cerebros se ha insertado la facultad de hacer tareas diferentes con la mano izquierda y la derecha al mismo tiempo o de leer simultáneamente varios textos y también de ejecutar de manera automática tareas predeterminadas.
—Yo no puedo hacer eso —contestó Rachel de modo reflejo—.
Imagino que te refieres al trabajo de encañonadora de un destacamento ORGAN, pero no es posible hacer eso.
Aunque aparezcan decenas de retículos, para decidir los objetivos hay que poner el dedo en ellos.
No conozco cómo funciona en el caso de otras organizaciones.
He oído hablar de ejércitos donde el proceso se realiza de forma automática mediante un programa, pero en mi caso no es así.
—¿Vas escogiendo los blancos de uno en uno, uno tras otro?
Rachel guardó un incómodo silencio.
Cuando el retículo se superponía sobre los soldados enemigos, usaba los diez dedos de las manos para escoger sendos objetivos, pero no recordaba haberlo hecho por orden.
Dejaba correr los dedos sobre el retículo e iba decidiéndolos con una puntuación que comprendía cinco niveles en cuanto a la importancia del daño por infligir: ligero, moderado, importante, extremo y crítico.
¿Pero lo iba haciendo por orden? No lo sabía.
En cambio, había algo de lo que sí estaba segura.
—Supongo que mis dedos se mueven todos a la vez. Pero escojo cada blanco de forma específica. Eso sí lo recuerdo perfectamente.
—Entendido —contestó Sakoda.
Iba a extender la mano hacia un documento, cuando Toma, que había colocado las manos en el volante, dijo sin dejar de mirar al frente:
—Está en la página diecisiete.
—¿Cómo?
Sakoda detuvo la mano que ya estaba a punto de tocar el documento. Toma, con la vista clavada en la carretera, contestó con voz extrañamente plana.
—Lo relativo a la memoria de la consciencia ramificada viene escrito en la página diecisiete. Eso de que la experiencia personal percibida de manera simultánea, paralela o retardada se convierte en memoria declarativa con una clara relación causa-efecto.
—¿Memoria declarativa? —preguntó Rachel.
—El relato —contestó Toma sin dudar un segundo—. Una historia que nos dice que esto acabó siendo así porque pasó esto, eso y aquello.
Rachel alargó una mano hacia la consola y, con gran rapidez, devolvió el coche al nivel de conducción automático número 4 para luego dar un golpecito en el hombro de Toma y preguntar:
—Toma, ¿quieres decir que me estoy inventando una historia?
—No.
A pesar de que Rachel le estaba pidiendo claramente que la mirase, Toma no dejaba de mirar al frente, con la vista fija en esa carretera que se perdía en la oscuridad, y contestaba con una voz extrañamente carente de vitalidad.
—Lo que he dicho es la predicción del investigador Cereja Ingers, el principal autor de ese informe.
Que el recuerdo se convertirá en una historia, en una descripción o declaración de un encadenado de experiencias.
Su predicción no contradice lo que tú has dicho.
Es un límite que marca el cuerpo de los seres humanos.
Rachel echó un vistazo al documento.
—En definitiva, ¿quieres decir que quizá hacemos muchas cosas a la vez, pero solo podemos recordarlas ordenándolas una tras otra?
—Eso mismo —asintió Toma dando unos golpecitos con el índice en el volante—.
Cuando hacemos un ruido con el dedo, el cerebro acusa tres señales: la percepción del tacto efectuado, el sonido levantado y la visión del dedo.
Pero estas informaciones no le llegan todas al mismo tiempo.
La señal del tacto del dedo tarda una centésima de segundo en ser reconocida por el cerebro; el sonido, un mínimo de 0,05 segundos; y la visión, 0,1 segundos. 0,1 segundos, viene a ser algo así…
Toma juntó el dedo medio con el índice y, tras mostrárselos a Rachel y Sakoda, dio dos golpecitos sobre el salpicadero.
—El sonido llega con retraso suficiente como para que se oigan los dos golpes diferenciados. Nuestro cerebro crea la historia de que los golpes, el tacto de los dedos y su visión sucede todo al mismo tiempo, y el conjunto de todo ello forma un recuerdo.
Toma devolvió la modalidad de conducción automática al nivel anterior del cambio efectuado por Rachel y agarró el volante con las dos manos.
—Sin embargo, Ingers estaba equivocado.
Tras estas palabras, la figura de Toma se volvió borrosa y luego se desdobló en dos. Por una parte, el Toma real que, hundido en su asiento, se concentraba en conducir, y, por otra, su avatar creado por el visualizador queuechouvue .
—¿Qué es esto? —preguntó Sakoda inclinando el cuerpo hacia delante.
Mientras Rachel lo miraba también con atención, el avatar de Toma se volvió hacia el documento colgado en el queuechouvue y lo cogió entre sus manos.
—He probado a hacerlo y he podido. Soy consciente tanto de mi yo físico, que está conduciendo el Ford, como de mi avatar, que está leyendo el documento.
Mis verdaderos ojos están mirando la carretera mientras manejo el volante y al mismo tiempo estoy moviendo el avatar gracias al sensor electromiográfico de uno de mis implantes.
Lo más seguro es que la documentación que nos ha mostrado Sakoda esté en lo cierto.
Toma, que seguía conduciendo detrás del avatar, levantó el pulgar.
—Ahora me cuesta hablar. Pero cuando me acostumbre, podré hablar más.
El avatar de Toma hizo un gesto con la mirada al Toma de carne y hueso que conducía y se puso una mano sobre el pecho.
—Así son las cosas.
El avatar de Toma abrió la página diecisiete del documento y se la entregó a Rachel.
Contenía una foto del equipo del proyecto.
En la imagen, cuatro hombres vestidos con batas blancas rodeaban sonrientes a un niño en una cama con aspecto de acabar de incorporarse.
Al momento, Rachel se dio cuenta de que el hombre con aires de líder del grupo era el doctor Faruqi.
El avatar de Toma se colocó a la espalda de Rachel y señaló el rostro del niño, que tenía varios tubos saliendo por una manga de su albornoz.
—Ese niño es Cereja Ingers —añadió Sakoda.
—Es decir, Cherry Ignacio, que participaba en el experimento.
Sakoda comprobó el sello de fecha del documento.
—Cuando se hizo la foto, debía de tener unos doce años. Faruqi y él fueron las figuras principales de la puesta en práctica de este plan.
—¿Plan? —murmuró Rachel.
Sakoda asintió y entresacó de la montaña de documentación un correo electrónico de aspecto antiguo. Hizo dos copias y pasó una a Rachel y otra a Toma.
—Al parecer, Faruqi lo llamaba «Modified Human Standard», abreviado MHS. Este es el contenido del plan que remitió a los inversores.
Era un intercambio de anticuados correos electrónicos con textos planos, escritos sin floritura alguna. Sakoda, usando un marcador color rosa, subrayó varios lugares de aquel extenso documento.
—Por lo visto, la intención original de Faruqi era dar lugar en secreto al nacimiento de suprahumanos que fueran criados en el seno de familias corrientes y, cuando ya se hubiera alcanzado un número elevado de ellos, sacar el caso a la luz pública con objeto de modificar el criterio existente sobre la edición genética.
—¿Cómo dices? —exclamó el avatar de Toma.
Sakoda continuó.
—La opción de conseguir mediante ese método combatientes para las guerras legítimas fue algo que se añadió después, pero al final terminó convirtiéndose en su principal tarea, que parece haberse prolongado durante unos veintiocho años.
El capitán Jones o la directora Yoshino pertenecen a la primera generación.
A continuación, Sakoda comenzó a hablar sobre el MHS.
Entre las muchas modificaciones genéticas desarrolladas en las investigaciones que Faruqi llevó a cabo en los experimentos sobre el cuerpo de Ignacio, había algunas de cuyo uso el sujeto era consciente, como la orientada a incrementar la velocidad de la red BAN o la que permitía actuar sincronizándose con el entorno, pero también muchas otras cuyo efecto resultaba incomprensible.
Cuando el programa MHS llegó a un punto en que generaba miles de nacimientos al año, se vio sacudido por el sistema de selección mediante el examen SAT.
Ciertamente, Rachel recordaba que, a pesar de que no pudo resolver cerca de la mitad de los problemas del examen, curiosamente sí que logró hacerlo con unos cuantos sin que le supusieran mayor dificultad.
Nunca pudo ni soñar que se trataba de cuestiones incorporadas específicamente para elegir el personal de Goodfellows.
También Toma, que había conseguido la puntuación máxima en todas las materias, recordaba que existían algunos problemas anormalmente difíciles desde un punto de vista general.