13
«Inicialmente, se trataba de una investigación dirigida a curar la ELA, esclerosis lateral amiotrófica», comenzó Ignacio.
Sakoda, que sintió que el otro le miraba como queriendo confirmar que sabía de qué se trataba, asintió.
Una enfermedad que provoca la atrofia de los músculos.
Se sabe que los primeros síntomas son leves y consisten en que cada vez cuesta más trabajo mover las manos o los pies, se atasca la lengua al hablar o se sufren dificultades para tragar.
Finalmente, se produce una completa pérdida de energías.
Sin embargo, Sakoda no veía de qué manera ese tema se relacionaba con lo anterior, así que optó por preguntar.
—Sé lo que es la ELA, pero consiste en algo muy diferente de la especialidad del doctor Faruqi, ¿no?
«Cierto, es otra cosa. Pero es algo en lo que tiene interés él a título particular. Él poseía uno de los factores que desencadenan la ELA».
—¿Eh? Pero la ELA no se debe a factores genéticos...
«No es frecuente, pero existe también lo que se llama ELA familiar.
Es famoso el ejemplo de la mutación genética SOD1.
Aparte de este, otros casos bastante conocidos son el de la mutación del gen CPorf72, el de la proteína TDP-43 o el de la mutación del gen FUS.
El propio Geppetto tenía el SOD1 y el FUS.
Entonces apareció la Cas9 de CRISPR y, al mismo tiempo, un grupo de inversores.
Así que coincidieron el clavo y el martillo».
Ignacio agarró el puro como si fuese un martillo y con la mano izquierda imitó el movimiento de los dedos sujetando un clavo.
«Contaba con el instrumental y el material de trabajo estaba en su propio cuerpo.
Geppetto se sumergió de cabeza en esa investigación.
No se conformó con las modificaciones de cara a la ELA y continuó modificando una y otra vez los genes.
Entonces, fabricó unos espermatozoides cuya totalidad de locus genético del genoma humano llevaba incorporado un marcador, utilizándolos a continuación para un proceso de fecundación in vitro ».
—Proceso que desembocó en su nacimiento, ¿no?
«Eso mismo. Te lo comenté antes, pero mi ADN fue construido de tal manera que se puede llevar a cabo una edición genética sin necesidad de secuenciador.
Es la mejor plataforma posible para la medicina genómica.
Geppetto realizó varias clases de investigaciones usando mis células.
Por supuesto que no procedía hacer constar aquello en una memoria científica, pero sí que podía hacer cuantos experimentos piloto deseara.
Los resultados fueron mejorando, pero los inversores no vieron con buenos ojos las investigaciones que desarrollaba con mi cuerpo».
Ignacio sonrió alzando un extremo de sus labios.
—Claro, es lógico. Resulta imperdonable.
«No era por eso. Les desagradaba porque lo consideraban de bajo rendimiento».
Ignacio soltó una risita al ver el desconcierto de Sakoda ante el inesperado comentario.
«Aquellos inversores habían amasado una fortuna gracias a internet y se hallaban convencidos de que la edición genética era una especie de programación.
Como si el ADN fuese un código fuente, vaya.
Para gente con esa manera de pensar, los avances mediante medicina genómica en una persona viva resultaban algo entre farragoso y tedioso, y preferían que las modificaciones se introdujeran desde el principio, en los espermatozoides o en los óvulos.
Así que consiguieron que Geppetto diese su brazo a torcer y virara su esfuerzo hacia la edición del código fuente. Y de esa manera llegó mi nacimiento».
Por fin la narración discurría por terrenos comprensibles para Sakoda.
Una serie de inversores, enriquecidos gracias al negocio de internet, impusieron al doctor la aplicación de una analogía de un programa informático a las ciencias de la vida.
La industria de internet había generado una riqueza descomunal y ahora imponía su estilo a las grandes empresas tecnológicas de diversos ramos.
En suma, se trataba de políticas tipo «en vez de dedicar tiempo a algo perfecto, queremos algo ya» o «muévete deprisa y rompe cosas».
Lo que contaba Ignacio era un vívido testimonio de cómo aquella manera de pensar que había impulsado los avances del siglo XXI dirigía también sus ojos hacia la vida.
«Es evidente que, antes de mover una mutación no intencionada, es mejor corregirla. La edición de un genoma no es precisamente sencilla y lo sé porque yo mismo la he hecho a menudo. Entonces Geppetto decidió virar el timón en esa dirección».
—Quiere decir que concluyó que la mejor opción era crear bebés de diseño…
La expresión que se le escapó a Sakoda encerraba un tinte sombrío, pero Ignacio asintió sin parecer afectado.
«Efectivamente, eso es. Geppetto consiguió diseñar un vector capaz de sustituir in vitro unos genes por otros dentro de los cromosomas de los espermatozoides o de los óvulos.
Comenzó a crear bebés sin factores que originen enfermedades genéticas, con buen metabolismo, con excelente control corporal y elevada inteligencia. En definitiva, sobrehumanos».
—¿La inteligencia también se puede mejorar con la edición del genoma?
«Depende de a qué se llame inteligencia, pero Geppetto quería introducir un gen que alargase el tiempo que dura la memoria a corto plazo.
Manipuló también las fibras nerviosas, los axones y la vaina de mielina, consiguiendo con éxito incrementar la velocidad de transmisión de los impulsos nerviosos entre un veinte y un treinta por ciento.
Además, realizó una serie de ajustes para acelerar la segregación de hormonas que influye en la capacidad de toma de decisiones.
Y lo cierto es que, mediante esa edición genética, consiguió que los cálculos matemáticos de cabeza se realizaran con mucha mayor rapidez y mejorasen la capacidad memorística, los reflejos y el control del cuerpo».
—¿Consiguió que mejorasen?
Sakoda se hallaba sumido en un mar de confusiones.
Para medir el resultado de algo como la capacidad de cálculo, el sujeto de estudio debía alcanzar una edad en la que le fuera posible calcular.
Debería de ser imposible conocer los futuros resultados solo con ver el genoma o el embrión en cuestión.
A pesar de ello, Ignacio se señaló la frente.
«Hizo la prueba conmigo. Yo tenía entonces dos años, pero según los registros de sus exámenes de entonces, por lo visto ya era capaz de sumar y de deletrear».
Viendo que Sakoda parecía incapaz de hablar, Ignacio prosiguió.
«Aparte, también introdujo en mí genes neuroprocesadores equivalentes a las puertas lógicas AND, OR o XOR, así como neuroprocesadores que responden a una función exponencial u otros que en un enrejado tridimensional son capaces de emitir un slug de neuronas localizadoras con coordenadas esféricas, como las que usan los murciélagos para la localización sonora.
Geppetto, repitiendo un experimento tras otro, llegó a obtener el conjunto de genes necesarios para crear suprahumanos. ¿Has comprendido hasta aquí?».
Sakoda asintió. En resumen, Faruqi utilizó a Ignacio como cobaya para sus experimentos, introduciéndole una serie de marcadores y, gracias a esas investigaciones, halló el modo de editar los genes durante los procesos de fecundación in vitro .
No lo había comprobado, pero seguramente las capacidades especiales de los miembros del destacamento de Jones o de los empleados de COVFE nacían de ese procedimiento.
Con todo, todavía quedaban lagunas. Entre el hecho de conseguir editar unos genes en un laboratorio y lograr que naciera un ser humano con ellos existía una gran distancia.
—¿No experimentó con nadie más aparte de usted?
«Al principio así fue. Pero los inversores, contentos ante el resultado, proporcionaron a Geppetto un nuevo “martillo”.
Adquirieron una compañía dedicada a la fabricación de soluciones para lavado de espermatozoides y sustancias crioprotectoras para los óvulos.
P&Z se convirtió en la compañía líder de productos utilizados en la fecundación in vitro , y consiguió introducirse en el proceso mismo de la fecundación.
Entonces, comenzaron realmente a producir bebés de diseño.
Los primeros nacieron en el año 2017. De forma natural».
—¿Quiere decir que aceptó por encargo manipular los genes de hijos de terceros?
Según terminaba de preguntar, Sakoda se dio cuenta de que no era así.
Si habían nacido en 2017, tendrían ahora unos veintiocho años.
Dentro de los límites de lo que hasta ahora sabía, eso correspondería a personas como Jasper Jones o Marsha Yoshino.
El caso de Marsha quizá pudiera considerarse especial por contar con estudios superiores, pero la familia de Jones carecía de dinero como para ello.
Tal y como preveía, Ignacio meneó la cabeza en gesto negativo.
«Ya te he dicho que nacieron de forma natural.
Faruqi realizó dicho experimento como un servicio a la sociedad.
El 1 % de los productos de lavado de espermatozoides o de crioprotectores de óvulos que P&Z sacaba al mercado en territorio estadounidense era en realidad un fármaco para producir suprahumanos.
Según las estadísticas, en el año 2017 nacieron, si no me equivoco, unas tres mil personas por ese sistema. Tú conoces, sin duda, a dos de ellas».
—El capitán Jasper Jones y…
Sakoda consiguió contener a duras penas el nombre de Marsha Yoshino que ya tenía en la punta de la lengua, pero en vez de eso dijo un nombre que Ignacio también conocía.
—Ah, sí, la alférez Rosalind Said, ¿no? Los dos tenían veintiocho años.
«Efectivamente».
—Pero ¿qué demonios pretendía hacer? Ponerse a alterar según su capricho los genes humanos… Es un disparate.
Ignacio corrigió su postura en la silla y miró a lo lejos.