Man-kind 7 #2
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—Este sello tiene una validez de 24 horas.

Por favor, dejen el vehículo en la zona para residentes que encontrarán según rodean el estadio por el lado derecho.

En la parte del estacionamiento destinada a los visitantes, hay un sitio disponible para ustedes.

Una vez que aparquen, vayan al recibidor de la torre y allí, a mano derecha, tienen los ascensores para los residentes.

Como el apartamento del doctor Faruqi queda en el piso 160, utilicen el primero de los ascensores, un expreso con destino a los pisos más altos.

Si ponen el sello de su mano en el lector del ascensor, se detendrá en el piso que buscan. ¿Disponen de un visualizador por capas?

—Sí.

—Entonces pueden conectarlo a la red local de la torre y los guiará hasta el dormitorio sin posibilidad de pérdida. Bien, por último, permítanme tomarles su huella facial.

El vigilante enfocó la cámara que llevaba en el hombro hacia el rostro de Sakoda y después rodeó el coche para colocarse junto a Rachel, repitiendo la operación. La rendija lateral de la cámara corporal emitió un fugaz destello. Rachel crispó el rostro.

Tras oírse un sonido que indicaba el fin de la toma de imágenes, el vigilante les hizo un saludo al estilo militar.

—Gracias por su colaboración.

El efecto del destello del dispositivo junto a la lente todavía persistía en el fondo de los ojos de Rachel. Parpadeaba intentando eliminar su rastro cuando Sakoda se dio cuenta y se volvió hacia ella.

—¿Te pasa algo?

—El flash , que me ha entrado en el ojo.

—Pero ¿han utilizado un flash ?

Rachel suspiró. Como era de esperar, por lo visto Sakoda no podía ver esa clase de flashes .

Sakoda aparcó el Ford en el lugar indicado y se dirigieron a la recepción de la torre, donde el visualizador los guio con unas flechitas hasta los ascensores.

—Mira esto —dijo Sakoda desplegando ante Rachel un espacio de trabajo privado enmarcado en gris—. Al parecer, Geppetto Faruqui es directivo de una compañía farmacéutica.

En el espacio de trabajo aparecía el historial de Faruqui.

Geppetto Faruqui, setenta y dos años. Doctorado en Biología Molecular por la Universidad de Clarksville. Mientras estudiaba allí, creó su propia empresa, P&Z, dedicada a investigaciones sobre embarazos.

Sakoda señaló el nombre de la empresa.

—P&Z era una compañía dedicada a análisis genéticos, la especialidad del doctor.

Parece que investigaba con gran detalle los procesos de gestación humana, pero tras la carrera por el desarrollo de nuevas vacunas que comenzó en 2020, la actuación de los inversores hizo que se fundiera con otras empresas para formar un consorcio de gran envergadura.

Existían más de cincuenta entidades que se habían fusionado para dicho consorcio y muchas de estas guardaban relación con la especialidad de Faruqi, los procesos de gestación y parto.

Dentro de este megaconsorcio, la parte correspondiente a P&Z pasó a dedicarse al tratamiento de la infertilidad.

En particular, por lo que respecta a la fecundación in vitro , la entidad gestionaba las tres compañías que fabricaban los imprescindibles equipos de lavado seminal, por lo que en la práctica poseía el monopolio de dichos productos.

El historial incluía también una fotografía suya en la alocución de una convención científica.

Aparentaba ser de origen germánico. A pesar del pequeño tamaño de la imagen, se podía discernir con nitidez que los ojos bajo su amplia frente dirigidos a la audiencia eran color azul cielo.

Aparte, tenía la nariz grande y los cabellos claros.

No suponía un rostro que dejase una profunda impresión, pero sí daba la sensación de parecerse a alguien.

—¿Y qué relación guarda con aquel sujeto? —preguntó Rachel.

—¿Con Ignacio? Yo diría que la diferencia de edad entre ambos es como la de padre e hijo, pero como la supuesta edad del comandante no se la cree nadie…

Sakoda se encogió de hombros y se metió en el ascensor.

Ante la subida de un kilómetro, con su larga aceleración y no menos largo frenado, Sakoda y Rachel se cruzaron un par de veces la mirada.

No llegó a convertirse en una sensación desagradable, pero sin duda habría ancianos que sufrirían un cierto mareo.

Rachel creyó comprender los sentimientos de aquellos que optaban por utilizar un dron.

Al abrirse las puertas de la cápsula en el piso 160, salieron a un vestíbulo con plantas en macetas dispuestas de manera que se asemejaban a un jardín.

En el centro se veía un espacio para aterrizaje y despegue de drones y un aparato Albatros privado descansaba sobre su soporte.

Probablemente, el inquilino solo usaba el ascensor del que acababan de salir ambos para transportar objetos grandes o para el desplazamiento del personal de servicio contratado.

Cuando llegaron frente a la puerta que parecía dar paso al apartamento en sí, el propio Faruqui, que reconocieron por la fotografía, salió en persona a recibirlos.

La línea capilar frontal había retrocedido y la espalda se veía ligeramente encorvada, pero su aire juvenil no invitaba a pensar que ya superase los setenta años.

Faruqui vestía unos pantalones chinos holgados, una camisa informal de aspecto muy cómodo y, sobre ella, una rebeca ligera.

Sakoda avanzó un paso y alargó la mano ofreciendo un saludo.

—Encantado de conocerlo. Mi nombre es Johei Sakoda, periodista.

Faruqui echó un vistazo a Sakoda y estrechó sin ganas la mano que le tendía.

—Soy Geppetto Faruqui. ¿Y esta joven es…?

Rachel, de pie junto a Sakoda, estrechó la mano que le tendía Faruqui.

—Rachel Chen, del destacamento de choque ORGAN número 1 de la compañía Goodfellows. Sargento.

—Oh… —contestó Faruqui al oír la presentación, recorriendo con la vista todo el cuerpo de Rachel y estrechando con un poco más de fuerza su mano, como si quisiera comprobar algo—.

Entonces, ¿quizá es usted la superviviente del equipo que se enfrentó con Cereja?

Ah, perdón, ahora se hace llamar Cherry.

Rachel se sintió confundida ante la inesperada pregunta, pero luego pensó que no tenía nada de extraño que aquel hombre conociese a Ignacio. Una vez desecho el apretón de manos, cruzó los brazos detrás de la espalda en la postura militar de descanso y contestó con un escueto «Sí».

Faruqui sonrió con amargura ante el repentino cambio de actitud de Rachel y continuó con más preguntas.

—Disculpe mi impertinencia. Siento ser tan directo, pero ¿le importaría decirme su edad?

—Veinticuatro años. Desde que me incorporé, a los dieciocho, he formado parte todo el tiempo de los cuerpos ORGAN.

—Ya veo. Así que veinticuatro años… Hmm…

El doctor asintió varias veces mientras contemplaba con detenimiento a Rachel.

Comenzó por los cabellos, después los ojos y a continuación fue bajando para examinar la complexión del cuerpo.

Lo único que estaba claro es que no le interesaba por una cuestión sexual.

Una vez terminado su examen, formuló una nueva pregunta.

—El apellido Chen, ¿se debe a un origen chino?

—¿No cree que ya está bien?

Rachel retrajo el mentón y miró desafiante a Faruqui. Tras unos instantes, el doctor se dio por vencido y reculó un paso.

—Me temo que me he inmiscuido en una cuestión privada. Le pido disculpas. Bien, me han dicho que vienen como mensajeros de Cherry. ¿Y qué es lo que desean?

Sakoda extrajo el sobre de un bolsillo interior.

—Me entregó una carta para que la trajese. Según él, no podía hacerla llegar hasta aquí.

—¿Ah, sí? ¿Qué será? Bueno, en cualquier caso, muchas gracias.

Faruqui cogió el sobre y, al ver que no estaba cerrado, alzó la vista con aire inquisitivo.

—Desde que me la entregó, estaba abierta. Dijo también que no importaba que la leyese.

—Entiendo —contestó Faruqui asintiendo y sacando acto seguido la carta—. Y entonces, señor Sakoda, ¿la leyó usted?

Sakoda asintió.

—¿Y usted? —preguntó Faruqi volviéndose hacia Rachel.

—No, pero Jake me contó lo que ponía.

No tenía por qué mentir. De hecho, cuando Ignacio entregó la carta a Sakoda, le dijo incluso que podía reproducirla en algún artículo.

Faruqi contestó con un sonido nasal y se puso a leer la carta. Claro que el contenido no era gran cosa.

Estimado Geppetto :

¿Qué tal te encuentras? Ha pasado un largo tiempo desde que nos vimos la última vez.

Mis recuerdos se van difuminando cada vez más, pero todavía hoy considero un tesoro muy preciado los días en que estuve colaborando en tu investigación, sobre todo las experiencias en el hospital.

Imagino que ya lo sabes, pero por fin he conseguido volver al continente americano.

Tengo intención de visitarte alguna vez en tu domicilio de Torre Donelson .

Como puedes ver por esta carta, yo me encuentro bien. Rezo por que tú también te encuentres bien de salud .

Cherry Ignacio

La carta venía escrita en un papel blanco con una tinta de color parduzco.

Según Sakoda, Ignacio siempre escribía sus cartas con una pluma Parker 51, el modelo que le gustaba al Che Guevara.

Esta vez no tenía por qué ser una excepción.

Era una escritura como la de un pincel, donde, a diferencia de la del bolígrafo, se diferenciaban los trazos gruesos de los finos.

También, según la opinión de Sakoda, constituía un detalle extraño el hecho de que, en lugar de firmar con su acostumbrado «Che», lo hiciera con el nombre completo.

Solo podía deducirse de la carta que Ignacio era un conocido muy íntimo de Faruqi y que durante un tiempo habían trabajado juntos en un hospital.

Sakoda había conseguido identificar varios de los hospitales donde estuvo empleado Faruqi, pero no sabía si alguno de ellos se correspondía con aquel donde trabajó también Ignacio.

Hubiera servido para completar las biografías existentes sobre Ignacio, pero para Sakoda, que no se dedicaba a dicha especialidad, no se trataba de una cuestión prioritaria.