5 #2
—Pero superar el setenta por cien ya es magnífico —terció Toma echándole una mano.
Wu le dio las gracias y acto seguido fue dirigiéndose uno por uno al personal de la oficina, unos en persona y otros accediendo mediante su avatar, hasta un total de diez, comprobando sus nombres.
Lo que se pedía en las pruebas de acceso de COVFE era demostrar la capacidad de comprensión para agrupar una serie de cifras, unas inmensamente grandes y otras inmensamente pequeñas, y verterlas en computación cuántica.
Si se contaba con estudios de informática o de matemáticas superiores o de información y comunicación cuántica, se gozaba de cierta ventaja, pero sin duda lo que más importaba era cierta capacidad especial que entraba en los terrenos de la intuición.
Toma aprobó con 95,34727 puntos y An Ho con nada menos que 97,23625. Marsha era quien ideaba los problemas que les planteaba, pero, según pasaban los años, la puntuación de los aprobados era cada vez más alta y se abría más la diferencia con los que no aprobaban.
Ni que decir tiene que el motivo por el que Marsha recurría a Wu no era su capacidad de manejar las cifras.
Fue Wu, que entonces todavía era una estudiante, quien hizo los trámites para que Marsha registrara en el NIST aquel sistema que resonó en el mundo entero para descifrar la encriptación RSA, así como los necesarios para fundar una empresa con varias decenas de patentes y comprar la totalidad de los subterráneos del barrio de Tenderloin.
Aquel as en la manga de Marsha estaba ahora dirigiendo la palabra a un joven rubio de ojos azules, Raspberry Wang.
—Y tú eres Raspberry Wang, ¿no?
—Así es.
Tenía más o menos la misma edad que Marsha, pero era un empleado reciente, que acababa de entrar el año anterior. Era, además, el único empleado extranjero de COVFE.
—Oye, Wu Lin-wen, ¿te has olvidado de que fuiste tú quien consiguió un visado H-1B para Raspberry?
—Claro que me acuerdo —contestó Wu mirando de hito en hito el avatar de Raspberry—. Tu padre era tailandés y tu madre nigeriana, ¿no? Criado en Bangkok.
—Sí —contestó él soltando una risita al ver lo confundida que parecía Wu.
El padre era menudo y de tez morena, mientras que la piel de la madre era casi negra. ¿De qué manera se habrían combinado aquellos genes para que él naciera con unos ojos azules y un cabello rubio que envidiaría hasta un europeo?
—Bueno, vamos a empezar de una vez con la reunión —intervino Marsha.
Wu se sentó en una silla junto a la ventana. An Ho apoyó el codo izquierdo en el mostrador del fondo que había pegado a la pared y Toma se sentó en una banqueta situada a la derecha de este. Todos los participantes de la reunión de ese día se encontraban físicamente en la oficina.
Nadie en particular presidía la reunión, pero fue Toma quien habló el primero.
—Gracias por haber venido hoy, Wu —saludó mientras desplegaba un espacio de trabajo frente a su pecho—. ¿Has leído nuestro informe?
—Por supuesto.
Wu extendió su dedo índice y mostró el informe en su pantallita virtual.
—Una semana. Habéis averiguado bastante en ese tiempo, ¿eh?
—Sí —contestó Toma comenzando a explicar la situación actual.
En el método de polimerización de Pearson v5 que estaba analizando Toma todavía no se había detectado ningún problema.
Había probado a juzgar el artículo de Sakoda tanto con las versiones anteriores como con la más moderna, que todavía se estaba desarrollando, pero la puntuación siempre quedaba inamovible en torno al 0,46.
El análisis de cifras que entremezclaba Toma en su informe en modo alguno resultaba fácil de entender, y Wu, que lo escuchaba con el ceño fruncido, intentó resumirlo en lenguaje corriente.
—En suma, que no se trata de un error en el algoritmo, ¿no?
—Efectivamente. Parece que el problema reside en la documentación usada para adjudicar la calificación. An Ho, ¿puedes seguir tú?
El aludido asintió y, usando la pared junto a la que se apoyaba un momento antes, desplegó el espacio de trabajo usado para su análisis.
Contenía un modelo de lenguaje con varios grupos grandes y pequeños representados como nubecillas y dos recuadros donde se proyectaban las filmaciones de los respectivos drones del periodista.
Delante de todo ello, había varias terminales repletas de caracteres blancos sobre fondo negro.
Una vez que An Ho terminó de verificar la disposición de aquel espacio de trabajo, se volvió hacia ellos y comenzó su explicación.
—Este es el material que utilizó el periodista Sakoda para la verificación de los hechos. Un modelo extenso de lenguaje que trabaja con cinco modelos de vectores y las dos filmaciones que realizó él mismo. El número total de nodos es de unos cuatrocientos treinta y dos billones.
Marsha levantó un pulgar en signo de aprobación ante el hecho de que An Ho no diera todos los dígitos de la cifra exacta. Si una se descuidaba, los empleados de COVFE tendían a leer en voz alta hasta el último de los dígitos válidos de una cifra. Wu también sonrió.
—Gracias por el redondeo. ¿Cuál es el porcentaje de apertura de la fuente del modelo?
—Es de un 85,452 %.
—O sea, que es una modalidad muy rigurosa. Parece que ese periodista, Sakoda, trabaja con gran seriedad.
Wu tenía toda la razón. Los medios de gran calidad, como era el caso del Sun , exigían unos parámetros muy estrictos, además de la puntuación de la verificación de hechos.
El número total de nodos del modelo que efectuaba los juicios tenía que ser como mínimo de doscientos billones y un mínimo de tres cuartas partes de ese modelo tenían que proceder del aprendizaje de información abierta.
Puesto que el que se consideraba modelo general dentro de los modelos que se usaban para la difusión de noticias era uno que solo utilizaba información abierta, bastaba con poseer la cualificación de entidad distribuidora de noticias para juzgarlas con la modalidad ordinaria que se servía de ese único modelo.
Sin embargo, Sakoda, aun cuando significara sacrificar el porcentaje de información abierta, empleaba una modalidad más rigurosa, donde intervenía la opinión de especialistas.
Wu, situada detrás de An Ho, seguía con mirada atenta cómo aquellos modelos con forma de nubecilla se hinchaban o comprimían.
—Entonces, el problema estaba en el modelo, ¿no? En concreto, ¿en qué consiste?
An Ho asintió y, tras trazar una línea que arrancaba de una de las terminales en cuya negra pantalla flotaban los caracteres blancos del artículo periodístico de última hora, la unió con el modelo más grande de todos.
—En primer lugar, probemos a valorar el modelo general que se usa en las noticias de sucesos. Si juzgamos el artículo en cuestión con este modelo, la puntuación que se obtiene es de 0,8633 puntos.
A continuación, An Ho unió nuevas líneas con los modelos segundo y tercero en tamaño.
—Estos son el modelo de información para sucesos de Sudamérica y el modelo de información para conflictos de las Naciones Unidas. Con estos, la puntuación es de 0,9324.
—Vaya, pues ya podían haber probado a publicar la noticia utilizando estos —murmuró Wu.
Enseguida le contestó Marsha.
—Pero nuestro periodista Sakoda usa un modelo riguroso. Vamos a ver qué pasa.
An Ho asintió y acto seguido unió un cable a uno de los modelos pequeños.
—Este es un modelo para juzgar información sobre guerras legítimas fabricado con las bases de datos que aportan la IFRC (Federación Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja) y la ICC (Corte Penal Internacional). La puntuación con este modelo es de 0,6264.
Wu inclinó el cuerpo hacia delante y entonces An Ho arrancó el cable de la nube y lo unió a otra que, más que una nube, parecía una esponja uniforme de datos.
—Vamos a unirlo también al modelo del Anuario Jane´s sobre industria de defensa. En este caso, la puntuación baja a 0,51243.
—Entonces, parece que cuanto más aumenta el carácter especializado, más baja la puntuación —comentó Wu.
A su lado, An Ho negó con la cabeza.
—Como pensé en esa posibilidad, probé usando como anuario militar el Hongxing que edita China. La puntuación subió a 0,9435.
—¿De verdad? Y entonces, ¿eso no significa que pasa algo raro con el Jane´s ?
An Ho eliminó del espacio de trabajo las dos nubecillas de similar tamaño que flotaban en él.
—Eso es lo que estoy estudiando ahora. He probado a introducir cincuenta mil artículos tanto en el Jane´s como en el Hongxing y voy a comprobar hasta qué punto los resultados obtenidos son diferentes.
—Pero supondrá un trabajo terrible…
—No, no tanto. Es la misma clase de tarea que hago cuando aplicamos algún modelo que hemos comprado o fabricado.
—Ya veo. ¿Y la base de datos de guerras legítimas?
An Ho alargó una mano hacia Wu.
—Eso era lo que pensaba preguntar. Estoy pensando en crear un modelo similar, así que ¿no existirá por alguna parte una entidad que me proporcione los datos oficiales de las guerras legítimas?
Wu se dio una palmada en la frente.
—Uff… Eso va a ser difícil. ¿Una entidad equiparable a la Corte Penal Internacional o a la Federación Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja? Bueno, de momento voy a buscar.
Wu movió los dedos de la mano derecha como una ola. Debía de estar tomando notas. Wu asintió hacia An Ho y Toma para después girarse hacia Marsha.
—En otras palabras, que existe la posibilidad de que el modelo que usáis para juzgar los textos esté podrido, ¿no?
—No sé yo si será eso… Sigue quedando la posibilidad de un error en el algoritmo.
Wu se dio unos golpecitos con el índice en la punta de la nariz y luego alzó de pronto la mirada.
—El agente del periodista era un tal Marukawa, ¿no? ¿Le has pedido disculpas?
—Pues todavía no, ¿por qué?
La mirada de Marsha delataba que dudaba de la necesidad de pedir disculpas. Estaba en contacto con el periodista Sakoda. Pero parecía no querer dar su brazo a torcer ante Wu.
—Primero, vamos a pedir disculpas.