Prólogo #4
Por los alrededores de la parte del sendero que desembocaba en la hondonada aguardaban desplegados en forma de diamante los seis miembros del destacamento de Jones, con el Maschief a cargo de Rachel ocupando el centro.
En cuanto a los efectivos de Terra Amazonas, había desplegados unos doscientos soldados a pie rodeando en semicírculo el punto del terreno bajo por el que se disponía a entrar el destacamento ORGAN.
Delante del equipo de Jones se veían alineadas tres camionetas de caja abierta con sendas ametralladoras instaladas apuntando hacia el destacamento.
Probablemente su estrategia consistía en mermar la capacidad de respuesta del destacamento ORGAN disparando las ametralladoras de frente y después utilizar los soldados a pie para rodear a la encañonadora del Maschief y disparar todos a una contra ella.
Era una formación que se veía con frecuencia en las guerras legítimas, pero no estaba muy claro que resultase efectiva, puesto que casi todas las guerras legítimas terminaban con la victoria del lado de ORGAN.
Lo cierto es que el destacamento al mando de Jones, que se estaba comunicando mediante gestos de las manos, parecía bastante relajado.
El aspecto del capitán Jones mientras impartía órdenes, señalando a la barrera de defensa que circundaba el terreno bajo, apenas difería del que presentaba esa misma mañana en el campo que hacía de base, y los subordinados que escuchaban sus órdenes también parecían bastante tranquilos. Era un equipo de profesionales.
Así las cosas, no tenía nada de extraño que el cuerpo de defensa que les hacía frente ofreciera el aspecto de un grupo de aficionados.
Los soldados que estaban en primera línea vestían trajes de camuflaje adaptados a la vegetación de esta zona y se protegían el cuerpo con una especie de coraza y cascos unificados, pero cerca de la mitad de los soldados que se apiñaban detrás de ellos ni siquiera vestían uniforme.
Aun cuando muchos llevaban una coraza corporal, el atuendo general se componía de unos pantalones de trabajo con muchos bolsillos y una camiseta de color a juego.
También había algunos soldados con protectores en los codos y en las rodillas, pero eran de los que se usan cuando se va en monopatín.
Las milicias de cualquier mafia debían de presentar un aire mucho más marcial.
Pero, aun así, tenía mucho mérito su actitud de prestar atención a lo que les dijera el líder mientras empuñaban sus fusiles (¡unos kalashnikov con culata de madera!) sin perder de vista los movimientos del destacamento de Jones.
Sakoda probó a buscar con sus dos drones Meganeura, uno más alto y otro más bajo del centro del terreno de operaciones, pero no consiguió localizar a Ignacio por ninguna parte.
Volvió a desplegar el mapa frente a su pecho y comprobó la posición de los drones de Terra Amazonas, de Goodfellows y de las dos empresas de noticias rivales que sobrevolaban en torno a la hondonada donde iba a desarrollarse la contienda.
Contando con tal cantidad de fuentes de información como apoyo, el artículo generado automáticamente a partir de las imágenes sin duda obtendría una puntuación de veracidad de los hechos por encima de 0,9.
Uno de los soldados del Cuerpo de Defensa de Terra Amazonas que se encontraba en primera línea miró un instante hacia abajo para echar un vistazo a su reloj de pulsera y entonces el destacamento de Jones se puso en guardia, todos a una.
Sakoda comprobó también la hora en su visualizador por capas queuechouvue .
Sakoda se puso en pie con precaución para no alterar los nervios de ninguna de las partes y avanzó un poco más hacia donde se hallaban los contendientes de Terra Amazonas.
No existía la preocupación de que le dispararan los soldados de Goodfellows, pero el Cuerpo de Defensa utilizaba armamento antiguo y, sin duda, carecían de identificador amigo-enemigo y de proyectiles guiados asociados a dicho sistema.
Entonces sacó de la mochila el brazo extensible de la cámara que llevaba plegado y lo sujetó a su exoesqueleto. Con la cámara colocada en el extremo de dicho brazo, comenzó a filmar el terreno bajo como si lo estuviera lamiendo.
En unos pocos segundos serían las seis y treinta minutos de la mañana según el huso horario del Amazonas.
La hora que acordaron ambas partes para el comienzo de la batalla.
Sakoda maniobró el Meganeura para que filmase la retaguardia del cuerpo de defensa. En las guerras legítimas siempre dispara primero el bando defensor. De esa manera, el destacamento ORGAN puede alegar legítima defensa.
Jones bajó la mano que tenía a la altura de las cejas, dando la señal para avanzar.
Sakoda levantó el pulgar y el meñique en un gesto que imitaba un teléfono y, junto al meñique, que figuraba ser el micrófono, murmuró: «Redacción de artículo».
Al instante le llegó la contestación, gracias al implante de transmisión ósea: «¿Cuál debe ser el contenido del artículo? ».
—Estilo, informe de última hora; contendientes, Cuerpo de Defensa de Terra Amazonas y destacamento de Goodfellows al mando de Jones; tras la señal de Jones, da comienzo la batalla de defensa del territorio.
Al terminar de hablar Sakoda, el sistema sintonizado con su idioma preparó un artículo a modo de informe de última hora que apareció en su visualizador.
A las 06:32 de la mañana del 25 de julio de 2045, hora local de Amazonas, ha comenzado la operación de desarme de Terra Amazonas, autoproclamada ciudad internacional independiente.
La empresa paramilitar Goodfellows, contratada por el Gobierno de Brasil, ha desplegado en el lugar de combate previsto el destacamento ORGAN n.º 1 al mando del capitán Jasper Jones y ha informado al Cuerpo de Defensa de Terra Amazonas sobre su voluntad de entablar batalla.
Ante ello, el Cuerpo de Defensa de Terra Amazonas muestra intención de rodear al destacamento de Jones con una fuerza de 214 efectivos a pie .
El Cuerpo de Defensa de Terra Amazonas se halla bajo el mando del comandante Cherry Ignacio y la encañonadora del destacamento de Jones es la sargento Rachel Chen . En el momento en que alguno de los dos acabe incapacitado para actuar, la batalla se dará por terminada .
Cuando Sakoda leyó el artículo una segunda vez, se dio cuenta de que el nombre de Rachel venía subrayado.
Si se tratara de un artículo detallado, todavía podría admitirse, pero en uno cuyo fin era el de informe de última hora, no parecía necesario citar los nombres de los componentes del destacamento y el subrayado era una advertencia al respecto.
Sakoda sacó el nombre de la pantalla y el operador lingüístico enseguida corrigió esa parte del artículo.
El Cuerpo de Defensa de Terra Amazonas se halla bajo el mando del comandante Cherry Ignacio. En el momento en que él o el encañonador del destacamento de Jones acabe incapacitado para actuar, la batalla se dará por terminada .
Sakoda volvió a imitar un teléfono con los dedos y comunicó al meñique: «Publicar».
Entonces, en el ángulo superior izquierdo del artículo apareció un icono con la forma de una balanza que marcaba la cifra 0,9234.
Era la puntuación de comprobación de veracidad de los hechos que daba COVFE, una plataforma de verificación de artículos periodísticos alojada en San Francisco.
Cuanto más alta fuera la puntuación, más se aceptaría el artículo como verídico por todas las plataformas de información.
No había necesidad de esforzarse por conseguir el 0,0766 restante para la puntuación completa y, además, si se modificaba el artículo a posteriori para subir la puntuación, se recibía una penalización que impedía seguir trabajando como periodista durante unos años.
Ya había conseguido enviar la primera información. La siguiente sería la de la batalla en sí.
Sakoda volvió la cabeza hacia la hondonada y descubrió la figura de cierto hombre ataviado con uniforme militar color caqui, de pie en la caja de una de las camionetas.
El individuo portaba una carabina y tenía un puro entre los dientes, pero no llevaba ni coraza ni casco.
Corrigió la posición de su boina, que llevaba ladeada, y apuntó su ostentosa arma hacia el destacamento de Jones.
—¿El comandante? ¿Qué le habrá pasado por la cabeza?
Sakoda no pudo evitar hacer el comentario en voz alta. El retículo creado por el visualizador de Rachel debía de estar ya encuadrando al jefe del grupo, Ignacio.
Una vez esquivado el primer tiro del cuerpo de defensa, lo único que tendría que hacer el destacamento de Jones era apretar el gatillo. Las balas guiadas que disparaban sus fusiles de asalto FAR-15 atravesarían el tronco encefálico de Ignacio con precisión milimétrica.
Viendo cómo Ignacio apuntaba su arma hacia el destacamento de Jones, Sakoda sintió una especie de calor ascendiendo desde el fondo de su vientre.
Cuando se dio cuenta de que lo que llevaba él en la mano no era un cuchillo ni un arma de fuego, sino el agarre de la cámara de fotos, se desilusionó.
Pensó que, si hubiera sido un arma de fuego, podría haber matado de un tiro a ese fantoche disfrazado.
Acto seguido, recuperó la consciencia de sí mismo.
—Pero ¿qué estoy pensando? —murmuró con un suspiro.
Por lo visto, se había dejado llevar por la indignación que le producía el acto tan desorbitado de Ignacio. Nada más entrar aquel hombre en su campo de visión, había sentido un irrefrenable impulso de atacarlo.
Cuando se disponía a respirar hondo y exhalar un nuevo suspiro para recuperarse, se oyó un disparo.