Mamá está escribiendo… 43. La nota
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43. La nota

La nota

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He dormido dos horas en mi antigua habitación y me he despertado con la sensación de haber vuelto a los diecisiete.

Mi padre está haciendo café cuando llama Teresa.

La cocina todavía conserva la oscuridad de la noche en los cristales. La Bialetti resopla sobre el fuego y nadie ha recogido las tazas de ayer.

La conversación de ayer sobre la agenda de papel le ha hecho recordar otra cosa: durante los últimos meses Helena llevaba una libreta negra pequeña al despacho y la guardaba separada de los cuadernos de reuniones.

Gabriel llama a seguridad de VALDERYN. Teresa entra con ellos cuando abre el edificio y, cuarenta minutos después, llega a Vallvidrera con la libreta dentro de una bolsa de archivo.

La deja sobre la mesa.

—Estaba donde la recordaba. Cajón inferior del despacho. Debajo de manuales viejos.

Es más pequeña que la agenda que revisé ayer. Sin fechas impresas. Papel grueso. La goma que la cierra está gastada.

—¿Por qué no salió antes?

—Porque hasta ayer nadie me había preguntado si Helena tenía otro sitio para escribir cosas que no quería en el calendario.

—¿Qué escribía?

Teresa se encoge de hombros.

—No lo sé. La veía usarla cuando no quería abrir el portátil.

Abro la libreta. Las primeras páginas son aburridas.

Nombres. Llamadas.

Una receta que alguien le recomendó. Una lista de libros.

Dos números de teléfono sin nombre. Después cambia.

Aparecen notas más cortas: «R-17 — origen».

«Marc: no confía en límites internos. G.: destruir personalización / imposible mientras existan copias».

«Inés / CQ: frenar. No hay contexto».

No hay frases completas.

—G es papá.

Teresa busca a Gabriel. Él no niega.

—Discutíamos —dice.

—Ya llegaremos a eso. —Mi padre bebe café. No protesta.

Paso páginas. Nueve días antes de morir: «Nada sensible en repositorio hasta aclarar accesos».

«Papel para conversaciones familiares». Levanto la vista.

—¿Por qué?

Teresa responde.

—Porque había empezado a desconfiar de quién podía ver qué dentro de VALDERYN.

—¿De Samuel?

—De todos.

—¿De papá?

—De todos significa todos.

Gabriel no se ofende. Eso me inquieta menos de lo que me habría inquietado el lunes.

Sigo. La noche de la caída hay una página con tres líneas.

«21:30 — I. casa. CQ / límites / acuerdo».

«Sin móvil en mesa». La letra se me hace más pequeña aunque no ha cambiado.

—Inés.

—Sí —dice Teresa.

—Lo sabías.

—Sabía que iba a verla.

—Anoche te pregunté si recordabas si mamá esperaba a alguien.

Teresa asiente.

—Y te dije que no tenía nada que pudiera afirmar con seguridad.

—Esto parece bastante seguro.

—Anoche no sabía que esta libreta seguía en el despacho.

—Pero sabías que Inés podía ir.

—Sabía que habían hablado de verse. No sabía si finalmente ocurrió.

—Podías haberlo dicho.

—Y tú habrías oído «Inés estuvo allí» aunque yo hubiera dicho «quizá quedaron».

—¿Qué significa «sin móvil en mesa»?

Teresa repasa la nota.

—Helena empezó a dejar el teléfono fuera en algunas conversaciones.

—Por MIRROR.

—Por privacidad.

—Es lo mismo.

—No. —Mi padre interviene.

—No era solo MIRROR. Se dio cuenta de que habíamos construido una empresa donde casi todo dejaba rastro y decidió que eso era insoportable cuando el rastro era suyo.

Hay algo casi divertido en la injusticia.

—Después de pasar años guardando los nuestros.

Gabriel baja la vista.

—Sí. —No intenta defenderla. Sigo leyendo.

Hay entradas sobre abogados. Poderes.

Patrimonio digital. Fundación.

Separar activo. Control fundador.

No entiendo aún qué quería construir. Una frase aparece tres días antes de morir: «Si sale de VALDERYN, no sale de nosotros».

—¿Qué significa esto? —Mi padre deja la taza. No responde.

Teresa espera. Gabriel sigue sin responder.

—Gabriel.

—Ya lo hablaremos.

—No. —La palabra sale demasiado fuerte.

—Llevo desde el domingo escuchando «ya hablaremos».

Mi padre apoya las dos manos en la mesa.

—Helena no quería destruir la parte personalizada.

Lo dice sin emoción. Me cuesta más oírlo así.

—Marc dice que quería cerrar R-17.

—Marc quería cerrarlo.

—Samuel dice que mamá congeló la transferencia.

—Congelar no es destruir.

—¿Entonces qué quería?

Gabriel pasa el pulgar por el borde de la libreta.

—Sacarlo de la empresa antes de que nadie pudiera comprarlo.

—¿Y hacer qué?

—Conservarlo.

Teresa cierra los ojos. Como si llevara años esperando que alguien utilizara esa palabra.

Yo vuelvo a la nota. Si sale de VALDERYN, no sale de nosotros.

La mujer muerta que parecía estar intentando impedir que vendiéramos una tecnología peligrosa no quería que desapareciera. Quería que siguiera siendo suya.