Mamá está escribiendo… 19. La grabación
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19. La grabación

La grabación

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Han bajado la luz para ver mejor la grabación. El reflejo azul de la pantalla deja a Adriana y a mí convertidas en dos sombras alrededor de la mesa.

No es la caída que me interesa.

La grabación está archivada en el expediente de una incidencia grave de un banco británico. Adriana ha tardado menos de diez horas en encontrarla porque, según me explica, las sesiones de crisis de ciertos clientes regulados se conservan junto al informe posterior.

No pregunto cuánto tiempo guardan todo. Hoy agradezco que VALDERYN no tire nada.

En la pantalla aparece una sala de reuniones que reconozco.

31B.

Marc está sentado al fondo, tres años más joven y con el mismo cansancio. Hay cinco personas con él. Dos caras que conozco de VALDERYN y tres que no.

En otra ventana aparecen participantes conectados desde Londres, Nueva York y un despacho jurídico.

La hora está en la esquina. 22:34.

—¿Cuándo creemos que cayó Helena? —pregunto.

Adriana no me corrige por usar creemos.

—No tenemos una hora exacta. Por la llamada al 112, tu llegada y la información médica, la ventana razonable está entre aproximadamente las 22:45 y las 22:55.

—Diez minutos.

—Aproximadamente.

La grabación continúa. 22:41.

Marc se levanta, se acerca a la pantalla y empieza a dibujar algo en una pizarra. Habla durante casi cuatro minutos. 22:45.

Sigue allí. No toca el móvil.

No desaparece. No existe ningún corte.

22:48.

Una mujer de Londres le interrumpe. Marc responde. Otro hombre habla encima. Mi hermano se enfada y se le nota porque empieza a ordenar los rotuladores que tiene delante mientras discute.

Conozco ese gesto. 22:51.

Sigue allí. 22:54.

Sigue allí. Adriana pausa el vídeo.

—La sesión completa dura hasta las 23:12.

—Podría haberse ido después.

—Después, sí.

—Pero no antes.

—No durante la ventana que nos importa.

La pantalla queda congelada con Marc levantando una mano y esa expresión de impaciencia absoluta.

No parece un hombre que acaba de empujar a su madre por una escalera. Eso no significa nada.

La distancia sí.

—¿Cuánto hay de VALDERYN a Vallvidrera?

—En coche, a esa hora, veinte minutos si tienes suerte.

No necesito hacer la cuenta. Si Marc seguía en VALDERYN a las 22:54 y la grabación no tiene cortes desde las 22:45, no podía haber estado junto a la escalera durante la ventana en que debió ocurrir la caída.

Me siento hacia atrás. Desde el domingo por la noche he construido una versión que encajaba demasiado bien.

Marc enfadado. Marc perdiendo poder.

Marc bloqueando el acceso a R-17. Su llave en casa.

Lo que no dice después pesa más. Y ahora una pantalla me obliga a quitar la pieza más importante.

Marc.

—¿Estás bien? —pregunta Adriana.

—No.

—Entonces no intentes salvar la teoría solo porque te ha costado dos días construirla.

Vuelvo al vídeo.

—No pensaba hacerlo.

—Perfecto. Me ahorrarás trabajo.

Adriana cierra el vídeo.

—Esta grabación no exculpa a Marc de todo lo que hizo después. Ni explica cómo llegó su llave a casa de Helena. Solo elimina una hipótesis concreta.

—Que estuviera allí.

—Sí.

—¿Él sabía que esto existía?

—Probablemente. Era una incidencia formal.

—¿Entonces por qué no me lo enseñó desde el principio?

—Porque tú no se lo pediste desde el principio. Lo acusaste anoche y él te dio una coartada.

No me gusta la respuesta. También porque es correcta.

—Quiero saber quién estaba en la agenda de mamá aquella noche.

—Ya lo estamos revisando.

—Y quiero saber quién retiró la llave de Marc.

—Eso no lo sabremos mirando más veces el mismo log .

—¿Entonces cómo?

—Preguntando a la gente adecuada.

Recojo mi bolso. 4C7 está dentro, en una bolsa que Adriana me ha obligado a no volver a tocar directamente.

La entregaré dentro de media hora ante dos testigos y quedará registrada. Me sorprende sentir alivio.

No por Marc. Por no tener que seguir guardándola.

Antes de salir vuelvo a mirar la pantalla negra.

Marc no pudo estar allí. Y eso me obliga a volver a mirar a todos los demás.