16. Una frase para Marc
Una frase para Marc
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Nora está en su habitación hablando con alguien por videollamada. La oigo reírse al otro lado del pasillo. El grupo FAMILIA se ilumina.
MAMÁ
Marc, diles por qué tu llave abrió R-17 en mi ordenador aquella noche.
No hay indicador de escritura después. Solo la frase.
Tardo unos segundos en respirar con normalidad. Marc responde primero.
MARC
Esto se ha acabado.
INÉS
¿Es verdad?
MARC
No voy a discutir esto aquí.
INÉS
Eso no es un no.
MARC
Inés.
PAPÁ
Basta. No discutáis por aquí.
Yo tampoco escribo.
Vuelvo al mensaje de mi madre y pienso en algo que Samuel dijo esta mañana.
Una credencial demuestra que se utilizó la llave. No quién la sujetaba.
El mensaje tampoco dice que Marc estuviera allí. Pero está construido como una acusación.
El teléfono suena. Marc.
No contesto. Vuelve a llamar.
Lo silencio.
INÉS
¿Clara?
No respondo a ella tampoco.
MAMÁ
22:39.
Nada más.
La hora hace el resto. Yo encontré a mi madre pocos minutos después.
Marc había dicho que la noche de la caída bloqueó R-17 desde VALDERYN.
Su llave estaba en el portátil de Helena. Su madre había preparado una propuesta para quitarle poder.
Y después de morir ella, Marc revocó la credencial sin informar a nadie de que faltaba.
No prueba que hubiera un homicidio, pero en mi cabeza la historia empieza a encajar demasiado bien.
El teléfono vuelve a sonar. Esta vez es Inés.
Contesto.
—Dime que eso de la llave tiene una explicación —dice.
—Marc dice que la perdió.
—¿Cuándo?
—No lo sabe.
Inés suelta aire.
—Claro.
—No hagas eso.
—¿Qué?
—Decidir antes de saber.
—Llevamos desde anoche intentando saber y cada vez que abrimos una puerta hay otra mentira detrás.
—También las mías.
La llamada queda muda.
—¿Qué significa eso?
He hablado de más.
—Nada.
—Clara.
—No ahora.
—¿Tiene que ver con los noventa y siete segundos?
Cierro los ojos.
—No quiero hablar de eso.
—Pues alguien sí quiere. —Me irrita porque es cierta.
—¿Dónde está Marc? —pregunto.
—En VALDERYN, creo.
—¿Papá?
—En casa.
—¿Has hablado con él?
—Sí. Dice que mañana y que dejemos el grupo en paz.
—Inés, ¿tú sabías que mamá quería quitarle competencias a Marc?
La respuesta no llega.
—Sabía que estaban fatal.
—¿Lo sabías o no?
—Sabía que había una propuesta. No sabía hasta dónde iba a llegar.
—Teresa lo sabía.
—Teresa sabía hasta cuándo mamá tenía cita con el dentista. No significa nada.
—Daniel también estaba en documentos de R-17 antes de que muriera.
—Daniel llevaba años entrando y saliendo de conversaciones estratégicas.
—Todo tiene una explicación contigo.
—Porque normalmente la hay.
Eso es muy Inés.
De niños, cuando Marc y yo discutíamos, era capaz de entrar con dos vasos de agua, dejarlos sobre la mesa y marcharse sin decidir quién tenía razón. Sigue haciendo lo mismo, solo que ahora suele haber abogados y millones en la habitación.
—¿Crees que Marc pudo estar en Vallvidrera aquella noche?
No responde enseguida. Cuando lo hace, su voz ha cambiado.
—Creo que si se lo preguntas ahora te va a mentir aunque la respuesta sea no.
—Eso tampoco ayuda.
—No intento ayudarte a acusarlo.
—¿Entonces?
—Intento que no vayas sola.
Las llaves del coche siguen sobre la mesa.
—No voy a ninguna parte.
—Clara.
—Buenas noches, Inés.
Cuelgo. Me quedo sentada unos segundos.
Después voy al dormitorio. Abro el armario.
Saco la caja. La llave 4C7 pesa unos gramos.
La meto en el bolsillo del abrigo. Nora abre la puerta de su habitación cuando me ve pasar por el pasillo.
—¿Dónde vas?
—A ver a Marc.
—Son casi las once.
—Lo sé. —Repara en el abrigo. Después en las llaves del coche.
—¿Quieres que te diga que es mala idea o ya lo sabes?
—Ya lo sé.
—Perfecto.
Vuelve a entrar en su habitación. Antes de cerrar, asoma la cabeza.
—Mamá.
—¿Qué?
—Tienes el teléfono al nueve por ciento.
La pantalla marca nueve por ciento.
—Gracias.
—De nada.
Cojo un cargador de la cocina y salgo de casa. Voy a hablar con Marc.