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11. El hombre de la pizarra

El hombre de la pizarra

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Samuel Ortega, uno de los arquitectos técnicos históricos de VALDERYN y hoy responsable de arquitectura de investigación, me recibe en su despacho. Adriana ha venido conmigo y escucha desde una silla junto a la puerta. Samuel no parece un hombre que lleve tres años hablando con muertos.

Parece un profesor al que hemos interrumpido a mitad de una clase.

Camisa azul arremangada. Gafas demasiado bajas. Una libreta de papel abierta junto al portátil. En la pared de su despacho no hay premios ni fotografías con inversores. Solo una pizarra llena de flechas que no significan nada para mí.

En una esquina, un rotulador sin tapa se ha secado sobre una pila de artículos impresos. Samuel parece vivir mejor entre cosas a medio terminar que entre objetos decorativos.

—No hago necromancia —dice después de escucharme cinco minutos.

—No he utilizado esa palabra.

—La estás pensando.

—No te conozco lo suficiente para pensar cosas tan interesantes sobre ti.

Samuel baja un poco las gafas.

—Te conozco desde que tenías quince años.

—Eso es mucho tiempo para que yo no me acuerde de ti.

—Mejor para ti.

Se reclina en la silla.

—Entré en VALDERYN cuando todavía cabíamos casi todos alrededor de una mesa. Tu madre me contrató porque discutí con ella en una entrevista.

—Eso suena creíble.

—Me dijo que un sistema concreto podía escalar sin cambiar arquitectura. Le dije que era una estupidez.

—Y te contrató.

—Después de hacerme demostrarlo durante cuatro horas.

—Eso también.

Samuel pasa una página de la libreta.

—Tu madre podía ser agotadora y extraordinariamente buena consiguiendo que una persona quisiera demostrarle que estaba equivocada.

—Parece una forma peligrosa de dirigir.

—Funcionó bastante tiempo.

No lo dice con nostalgia exacta. Más bien con la incomodidad de quien todavía no sabe si estar agradecido a alguien que le enseñó mucho y también cruzó líneas que él ayudó a construir.

—Eso no significa que yo te conozca a ti.

—No. Eso sería estadísticamente una relación bastante desequilibrada.

No sonríe. No sé si ha hecho un chiste.

Adriana nos deja solos cuando le entra una llamada con los abogados de Calder Quay.

Samuel aceptó verme solo después de que ella le enviara el PDF de R-17 y una copia de los mensajes.

Los tiene impresos sobre la mesa. Subrayados.

—¿Por qué los has impreso?

—Porque así no puedo hacer nada accidental con los originales. Y porque se me ha muerto el cargador.

Levanta un cable doblado con cinta aislante.

—Eso sí me tranquiliza. La empresa de tres mil millones depende de esto.

—Solo mi portátil. La empresa tiene problemas más caros.

—Empiezo a pensar que aquí todos vivís esperando una investigación.

—No todos.

—¿Tú sí?

Samuel deja el cable.

—Desde hace tres años, bastante. —Me siento.

—¿Puedes hacer que una máquina escriba como mi madre?

Samuel no necesita pensarlo.

—Sí. —La respuesta me molesta por sencilla.

—¿Así de fácil?

—Has hecho una pregunta fácil.

—Hazla difícil.

Se quita las gafas y las deja sobre la libreta.

—Con suficientes correos, mensajes, transcripciones o documentos de una persona, un sistema actual puede reproducir bastante bien su estilo.

Longitud de frase. Vocabulario. Muletillas.

Manera de saludar. Qué palabras utiliza y cuáles evita.

Si el corpus —el conjunto de textos de referencia— es grande, puede resultar muy convincente durante un rato.

—¿Durante un rato?

—Imitar no es ser.

—No he dicho que sea ella.

—Tu familia sí está reaccionando como si alguna parte lo fuera.

Pienso en Compra pan.

—Hay cosas que sabe.

—Eso es distinto.

—¿Por qué?

—Porque escribir como Helena y saber algo que solo sabía Helena son dos problemas diferentes.

Esa frase sí me sirve.

—¿R-17 podía hacer las dos cosas?

Samuel vuelve a ponerse las gafas.

—R-17 no era una cosa.

—Daniel me ha dicho lo mismo.

—Entonces Daniel ha aprendido algo.

—¿Qué era?

—Una línea de investigación que cambió varias veces de nombre, alcance y responsables. Meter quince años de trabajo bajo un código hace que parezca más limpio de lo que fue.

—¿Trabajabas en ella?

—Sí.

—¿Mi madre?

—Mucho más de lo que debería haber trabajado una presidenta ejecutiva en un proyecto experimental.

—¿Mi padre?

Samuel cierra la libreta.

—Tu padre construyó media arquitectura que hizo posible VALDERYN. Esa pregunta no tiene una respuesta útil.

—Todo el mundo me contesta lo mismo cuando pregunto por él.

—Quizá haces preguntas demasiado grandes.

—¿Y Marc? —Ahora sí hay una pausa.

—Marc quería cerrarlo.

—¿Cuándo?

—Varias veces.

—¿Antes de que muriera mi madre?

—Sí.

La primera teoría vuelve a levantar la cabeza.

—¿Por qué?

—Eso deberías preguntárselo a él.

—Te lo estoy preguntando a ti.

—Y yo estoy decidiendo no contestarte.

Al menos es honesto. Le señalo los mensajes impresos.

—¿Tú podrías haberlos generado?

—Sí.

—¿Y enviado?

—Generado y enviado son problemas distintos.

—¿Podrías haber hecho los dos?

—Técnicamente, probablemente. —No intenta defenderse. Me inquieta más de lo que esperaba.

—¿Tienes acceso al archivo de mi madre?

—A partes del archivo corporativo. No a su patrimonio personal.

—¿Y a R-17?

—A material histórico.

—¿Qué significa «material histórico»?

—Que no debería haber nada ejecutándose.

—No es lo que he preguntado.

Samuel deja que la frase se asiente y vuelve a los papeles.

—Te pareces mucho a ella cuando crees que alguien está evitando una pregunta.

—No vuelvas a decirme eso.

—De acuerdo. —Lo dice sin ofenderse. Después coloca los cuatro mensajes en línea.

NO ME CAÍ.

UNO DE VOSOTROS ME MATÓ.

CLARA, NO DEJES QUE VENDAN VALDERYN.

CLARA, EXPLÍCALES QUÉ HICISTE ANTES DE LLAMAR AL 112.

—Hay algo que me interesa más que el estilo —dice.

—¿Qué?

—El orden.

—No entiendo.

—Cada mensaje cambia lo que hacéis después. Eso no demuestra nada por sí solo. Puede ser simple dramatización. Pero nos da una forma de comprobar otra cosa.

—¿Cuál?

—Si el siguiente mensaje utiliza información que solo existe después del anterior.

El despacho pierde de golpe todo el ruido.

—Hay una forma sencilla de distinguir un archivo preparado de algo que está reaccionando —dice.

—¿Cuál?

—Fíjate en si responde a información nueva.

—¿Nueva cuánto?

—Posterior al primer mensaje. Algo que Helena no pudiera haber dejado preparado. Algo que no esté en un correo, una noticia o un documento al que cualquiera con acceso pueda llegar.

—¿Y si responde?

Samuel recoge las hojas.

—Entonces no tenéis una carta póstuma.

—¿Qué tenemos?

—A alguien observando.