52. HAZEL #2
—El Magno redactó un testamento poco antes del final de la guerra en el que dejaba el poder en manos de los Malenfant —continúa Aaron, ajeno totalmente a mi presencia, como si fuera un mal menor en toda su historia—.
Cuando Gwendoline lo descubrió, Damascus ya estaba enfermo, así que vino a verme.
Las secuelas de la guerra lo dejaron postrado en una cama y la sucesión de El Magno peligraba.
Así que, simplemente, ayudé a tu madre a idear un plan mejor: una alianza entre familias.
El torneo nos aseguraría acallar cualquier posible insurrección entre el resto de los segadores, y así los dos podríais estar al frente del nuevo régimen.
Pero has tenido que matarlo y, además, por error. Eres patético hasta para esto, Marlowe.
Pero el heredero del mundo mágico solo tiene ojos para su madre.
—¿Ni siquiera lo consultaste con padre? —pregunta Marlowe, con el rostro crispado.
—Cariño, lo mejor que podía hacer tu padre era mantenerse al margen de todo esto. Le hicimos un favor al dejarlo ir. Nunca habría entendido las verdaderas ambiciones de las casas Aurigae y Malenfant.
Entonces algo hace clic dentro de mi cabeza.
Damascus Malenfant nunca murió, sino que se le dejó morir, poco a poco, en la enfermería de los Aurigae.
De hecho, no me extrañaría que lo hubieran ido envenenando paulatinamente para acelerar su deterioro, simulando que su malestar era consecuencia de su enfermedad.
—Tu madre y yo destruimos el testamento original y nos dedicamos a crear todo esto para vosotros. Para la supervivencia de nuestros apellidos.
—Vosotros… habéis matado a mi padre —responde él.
Gwendoline Malenfant suspira.
—Bueno, es una forma de ver las cosas, sí. Pero fue por su bien, Marlowe. Ya estaba enfermo y todo esto no le habría gustado.
—¡Por supuesto que no le habría gustado!
—exclama él, gritando a todo pulmón. Su cara pasa del blanco al rojo y, por un momento, me da miedo que ataque a su propia madre—.
¡Rompisteis el testamento original! ¡Habéis ido en contra de las mismísimas órdenes de Magnus!
¿Ni siquiera eso hizo que os planteaseis que estabais haciendo algo mal?
¡Han muerto decenas de personas inocentes para llegar a este momento!
Pero Gwendoline no parece escuchar todos los reproches de su hijo. Solo se queda con un detalle, uno pequeño, casi irrelevante, pero cargado de significado.
—¿Desde cuándo lo llamas así? —murmura ella con un tono más grave de lo normal. Aaron no les quita la vista de encima y yo tampoco—. Ya veo que la pequeña indigna te ha estado comiendo la cabeza.
—No me ha comido la cabeza. Me ha abierto los ojos a lo que vosotros mismos habéis demostrado con toda esta farsa: que solo sois unos mentirosos, borrachos de poder, personas capaces de poner sus ansias de controlar a todos por encima de la vida de decenas de jóvenes, segadores y rebeldes por igual, que han muerto por una causa que nunca fue real.
—Entonces Marlowe se gira hacia Aaron y lo desafía con la mirada—.
Lo que le ha pasado a tu hijo es lo que se merecía.
Quise salvarlo, pero me alegro de que haya muerto así, sabiendo que ese vial estaba reservado para mí.
Ojalá lo hubiera hecho antes. —Después, vuelve a hablarle a su madre—.
Y tú… eres un ser despreciable. No tengo palabras para describir lo que le has hecho a esta familia.
Podrías haberlo tenido todo, pero tus ansias de abarcar cada vez más te han llevado a perderlo.
Siento una oleada de orgullo al escuchar sus palabras, aunque sé que su respuesta le conllevará represalias.
—Ganaras o no El Ascenso, soy tu madre —me recuerda—. Y ahora, cállate y deja que solucionemos las cosas entre adultos.
Gwendoline utiliza su magia para ubicar la posición exacta de Aaron Aurigae. Después, una bola de fuego similar a la que usaba para castigar a Marlowe comienza a crecer entre sus brazos.
—Oh, venga, Gwen —le dice Aaron—. Esto no cambia las cosas. Podemos seguir adelante con nuestro proyecto. Juntos, mi amor.
La última frase me provoca una arcada. Doy un paso atrás, y deseo que Marlowe haga lo mismo, porque esto se va a poner feo.
Sin embargo, él se queda ahí, esperando a que su madre reaccione a lo que Aaron le acaba de llamar.
Pero no lo hace. En su lugar, le lanza directamente la bola de fuego, acompañada de un grito que retumba en el bosque.
Por fin, Marlowe se aparta, pero Aaron se ríe.
—¿En serio? ¿Eso es lo mejor que puedes hacer?
Entonces Aaron chasquea los dedos y una decena de cuchillas aparecen flotando a su alrededor, levitando, a la espera de las instrucciones para asesinar a Gwendoline. La mujer, como si intuyera lo que va a suceder, crea un escudo a su alrededor.
Miro a Marlowe, intentando adivinar qué estará pasando por su cabeza.
Lo veo sufrir por la pelea que está a punto de comenzar, pero, por otro lado, no creo que intervenga.
Aaron lanza los cuchillos, que se convierten en polvo cuando se topan con la barrera protectora de Gwendoline.
Y entonces la batalla se convierte en un intercambio de hechizos que no he visto nunca.
Entre ellos se lanzan chispas, objetos, e incluso alteran la naturaleza del bosque, haciendo que él también sea parte de su enfrentamiento, tal y como pasó en la primera prueba.
Ahora comprendo lo que antes ignoraba. Dejaron atrás muchas pistas, pero era imposible saber que estaban detrás de todo esto.
Los envenenamientos de la segunda prueba también me podrían haber llevado a pensar que los Aurigae formaban parte de todo esto…
, pero el veneno no es un elemento poco común.
Incluso después de la guerra, cualquier persona podría acceder a uno, siempre que supiera a quién preguntar.
La batalla entre ellos se vuelve cada vez más cruenta.
Y, al mismo tiempo que la intensidad crece, el oxígeno disminuye.
Me llevo la mano al pecho, sintiendo por primera vez que me ahogo sin haberme movido del sitio.
Miro a Marlowe para asegurarme de que está bien y lo encuentro en una posición similar.
—¡Marlowe! —lo llamo, por encima de los gritos de Aaron para liberar su frustración contra Gwendoline.
Un fogonazo de espinas y ramas sale disparado hacia Aaron, quien logra esquivar la mayoría, a excepción de algunas que se le clavan en el pecho y el hombro izquierdo.
—Hazel —responde él—. Vete.
—No.
—Vete, por favor. Ya puedes huir, puedes marcharte de aquí. No tienes por qué quedarte —insiste.
Pero él no entiende que no le quiero dejar atrás.
—No puedo, Marlowe.
—Claro que sí. Conoces de sobra el hechizo para transportarte. —Me echa en cara, entre jadeos—. Fuiste la primera de la clase en aprenderlo, ¿recuerdas?
Se me escapa una sonrisa con ese comentario.
—Sí, pero no me refiero a eso. Me quedaré aquí, contigo. No te dejaré solo.
Marlowe agita la cabeza.
—Vete, Hazel, busca un lugar seguro. Busca a Serenity.
Aprieto los labios en cuanto me doy cuenta de las cartas que está jugando Marlowe.
—No lo haré. No me iré sin ti —le repito.
—Hazel, te lo estoy pidiendo por favor.
La pelea entre Gwendoline y Aaron se intensifica todavía más, hasta el punto de que parece que ambos caerán fulminados en cualquier momento.
Ella tiene dificultades para mantener su respiración en un ritmo normal y Aaron hace tiempo que está jadeando.
El sudor le cae por la frente y las mejillas, dándole un aspecto aún más sádico.
—No te dejaré solo.
—Por favor —me suplica de nuevo, perdiendo la paciencia.
Me niego a abandonarlo. Como puedo, a causa de la falta de aire, me muevo hacia él y lo cojo de la mano.
—No puedo, Marlowe. El contrato con tu madre... —murmuro, casi sin aire—, pero no me encontrarás nunca.
Él parece tomárselo a risa y me frustra no tener tiempo para explicarle todos los detalles ahora.
Recordarle que no podrá reconocer mi rostro en cuanto salga de aquí.
Debí haberlo hecho antes, pero nunca pensé que el contrato que firmé con su madre sería un problema.
Nunca imaginé que El Ascenso fuera una farsa orquestada por dos traidores que pelearon, y siguen haciéndolo, para ver quién se queda con más poder.
—Por supuesto que lo recordaré. Te lo prometo —jadea.
Pero yo niego con la cabeza.
—No puedo discutir esto ahora, pero créeme. Esta será la última vez que nos veamos, Marlowe —le respondo, luchando para seguir en pie. Me caigo de rodillas sobre la superficie del bosque y él baja al suelo conmigo—. No me podrás encontrar.
—Prometo que te buscaré, Hazel. Quemaría el mundo entero para protegerte y no dejaría que una sola llama te rozara la piel.
En ese momento, Aaron cae al suelo.
—Que te jodan, cabrón. Dale recuerdos a la Muerte de mi parte —murmura la madre de Marlowe.
Los dos nos giramos justo a tiempo para ver a Gwendoline Malenfant acabar con la vida de Aaron, lanzando un rayo verde y morado que le impacta en el centro del pecho.
Aaron grita, pero el sonido se evapora enseguida.
Cae hacia atrás, perdiendo el equilibrio, y se despide de este mundo con los ojos muy abiertos, capturando todavía un atisbo de asombro en ellos.
—Hazel. Ahora.
El tono desesperado de Marlowe me hace volverme hacia él. Lo miro a los ojos, sabiendo que será la última vez que vea esas facciones que he aprendido a amar.
Con mucho cuidado, lo cojo de las manos. Me gustaría llevarlo conmigo, ponerlo a salvo, tenerlo a mi lado después de todo lo que hemos vivido…, pero sé que tiene muchos asuntos que cerrar todavía.
Así, sintiendo como si me arrancaran el corazón del pecho, le suelto las manos, sin despegar mis pupilas de sus ojos azules, y le dedico en un susurro dos últimas palabras.
Entonces desaparezco.