48. HAZEL
HAZEL
Cuando abro los ojos, una luz azul me ciega.
Estoy tumbada boca arriba sobre una superficie mullida, mirando directamente al cielo, que tiene un color celeste intenso.
De fondo solo se escuchan los pájaros y el movimiento de las ramas de los árboles a causa de una leve brisa.
Por un segundo, reina la calma. Dejo que mis pupilas se acostumbren y me incorporo.
Estoy sola.
El prado es más bonito de lo que podría haber imaginado. Huele a césped recién cortado, flores y paz. Mucha paz. Me pregunto cuánto durará. Más allá se extiende un prado que da paso a una arboleda, unas cabañas abandonadas y una zona rocosa.
Me giro para mirar a mi alrededor y me da la sensación de que nada de esto es real. De estar metida en una especie de bola de nieve. Llevo el mismo atuendo que en la última prueba, una ropa cómoda y ligera que no me protegería ni de una navaja de bolsillo.
Por unos segundos disfruto de la tranquilidad.
Porque soy consciente de que, en cualquier momento, aparecerá alguien que querrá matarme, alguien que tiene nombre y apellido.
Después, pienso en Serenity y en que hoy una de las dos no saldrá de aquí.
Intento dar con ella, como he hecho en todas las pruebas anteriores, descifrar su silueta entre el verde que me rodea, pero no la veo. De hecho, es como si estuviera sola.
Entonces un sonido que reconozco rompe con la paz del prado.
Silba, resuena en el viento, y va acompañado de un montón de cenizas que empiezan a reconstruirse delante de mí.
Solo han pasado unos segundos desde que la figura de Magnus se ha aparecido en la casa de los Malenfant cuando estaba sola, pero veo que su espíritu, esta cáscara vacía que ha dejado atrás, como si fuera una parte de su alma, sigue aquí.
Y no quiere perderse el espectáculo final.
De nuevo os saludo, participantes. Hoy es el día. El día en el que decidiréis en manos de quién quedará la continuidad de mi legado .
En los últimos días habéis perdido a compañeros valiosos.
Personas que, desgraciadamente, tomaron el camino equivocado y decidieron pagar sus errores con la moneda de cambio más valiosa que tenían: su vida.
Hoy seréis testigos de la benevolencia de la Muerte, ya que Ella siempre cuida de sus hijos, incluso de los que han confundido su juicio y traicionado la fe.
Tras esta prueba solo uno quedará en pie.
Pero esta vez no será tan fácil. El suelo sobre el que pisáis está maldito, el aire fresco que respiráis es solo un espejismo que esconde un gran peligro: sobre vuestras cabezas, el oxígeno es limitado.
Cada segundo que pasa desde el inicio de la prueba es una cuenta atrás para reuniros con la Muerte.
No me gusta dar consejos, pero os recomiendo que acabéis con esto lo más rápido posible, o la Muerte elegirá por vosotros .
El pensamiento me hace temblar, pero sé que, en el fondo, es algo bueno.
Si Serenity no ha logrado huir, si solo quedamos ella y yo, no tendremos obligación de enfrentarnos.
Podremos simplemente dejar que el aire nos vaya matando…
hasta que una deje de respirar. Esa imagen me provoca alivio y pesadillas al mismo tiempo, pero por lo menos me asegura que no viviré con el peso de haber asesinado a mi mejor amiga.
En todos estos días, se me han ocurrido mil maneras en las que nos podrían haber obligado a matarnos entre nosotros.
Muchas veces me he cuestionado si sería capaz, pero siempre he llegado a la misma conclusión: por supuesto que no.
Prefiero morir antes que matar, aunque eso me adjudicara el papel de cobarde.
No me importa. Lo llevaría con gusto, mucho más que el de asesina.
En esta prueba también hay una novedad. A diferencia de en las anteriores, podréis usar vuestra magia para lo que queráis siempre que no interceda con su funcionamiento.
Desde este momento vuestros tatuajes desaparecerán y, salgáis con o sin vida de este lugar, seréis libres.
El tiempo aproximado de duración del oxígeno depende de la cantidad de magia que utilicéis: cuantos más hechizos, menos minutos de oxígeno.
Cuidado con lo que hacéis, pero, sobre todo, cuidado con lo que creéis .
Suerte y recordad: solo puede quedar uno .
La figura de Magnus hace un asentimiento con la cabeza y se vuelve a desvanecer, espero que por última vez.
La ceniza se va con la brisa, desapareciendo entre la hierba del prado, y todo vuelve a quedar en silencio, a excepción de los pájaros que cantan a lo lejos, en algún punto del bosque.
Me pregunto cuántas versiones de estos juegos planeó Magnus para poder asegurar su continuidad ante cualquier contingencia que pudiera surgir.
No me quedo quieta. Soy incapaz de hacerlo. Doy varias vueltas a mi alrededor, buscando a alguna persona. Solo somos cuatro, así que no parece tarea fácil. Mi instinto me dice que entre al bosque, no solo para protegerme, sino para poder buscar a los demás sin ser vista.
No me preocupa Theo. Ahora mismo solo quiero encontrar a mi amiga antes de que lo haga Caleb.
Aprieto el paso, aprovechando que ahora el oxígeno estará al máximo, y no me doy cuenta de que me siento diferente hasta que un dolor sordo me baja por los brazos.
Una corriente me recorre entera y me trae lágrimas a los ojos.
Noto como mi magia me abraza de nuevo, se funde con mi esencia y reclama su lugar, como un gato en el sillón frente a la chimenea en una noche fría.
Jadeo. Tengo poderes de nuevo. Ya casi se me había olvidado cómo se sentía tener ese cosquilleo en las manos.
Me detengo un momento para mirar mi antebrazo y me doy cuenta de que el tatuaje que me convertía en propiedad de Marlowe ha desaparecido.
Soy libre. Viva o muera, ya soy libre. Cojo aire con todas mis fuerzas, lo suelto y sigo caminando a buen ritmo en dirección al bosque, de donde veo surgir unas chispas verdes entre las copas de los árboles.
Un par de minutos después las ramas me resguardan con su sombra.
Al principio los árboles están más dispersos, pero a medida que me adentro siento que las copas de los árboles impiden el paso de la luz.
La sensación es más agobiante que la propia noción de que el aire se agota, pero trato de no pensar en ello.
Aminoro el paso, mientras el suelo pasa de un césped homogéneo a una mezcla de ramas, hojas recién caídas y raíces.
Me muevo con más cuidado, intentando interpretar cada sonido del bosque.
Atravieso una zona de barro y busco huellas, pero es demasiado pronto para eso.
No sé cuánto tiempo habrá pasado, pero no creo que sean más de diez minutos.
Por ahora respiro bien, así que me concentro en seguir caminando, buscando un destello de pelo rubio.
Después de un buen rato mirando a mi alrededor y con todos los sentidos alerta ante cualquier ruido, de pronto, los pájaros dejan de cantar.
Me acerco al árbol más grande que veo a mi alrededor y me escondo entre los pliegues de su enorme corteza.
Me quedo así varios segundos, relajando mi respiración, pero no pasa nada más.
«Habrá sido una alucinación».
Estoy a punto de salir de mi escondite cuando veo a alguien con el mismo uniforme que yo, caminando con diligencia y sin mirar atrás.
Por su envergadura solo puede ser Caleb.
Espero unos segundos más a que pase, quizá demasiados, hasta que estoy segura de que no hay nadie más en esta zona del bosque.
Salgo de mi escondite con cuidado y entonces un silbido llama mi atención.
Me giro enseguida, buscando el origen, pero no hay nadie.
La advertencia final de Magnus resuena de nuevo en mi cabeza, pero no consigo darle un significado claro.
¿Se refería a esto? Cuando me aseguro de que no hay nadie a mi alrededor sigo caminando.
Pero el silbido se repite, esta vez un poco más alto. Vuelvo a girarme. El corazón se me acelera, al igual que la respiración, y deseo que no sea porque el oxígeno ya me está empezando a faltar.
—Aquí arriba —susurra una voz.
Levanto la cabeza hacia las copas de los árboles, escaneándolas en busca de esa voz, y veo una figura infantil colgando entre las ramas.
Theo.
Él me saluda con la manita, moviéndola despacio e indicándome que suba con él.
—¿Qué haces ahí arriba? —le pregunto, intentando no hablar muy alto. Si Caleb ha estado hace poco por aquí, no quiero llamar su atención.
Theo se encoge de hombros.
—Vi las chispas verdes a pocos metros de mí y he trepado este árbol para ocultarme —confiesa.
Y ha funcionado bien, porque ni siquiera yo me había percatado de su presencia cuando he pasado por aquí.
—Imagino que has visto a Caleb, ¿no?
Theo mira a su alrededor, asegurándose de que nuestra conversación sigue siendo privada.
—Sí, pero… no era él —susurra tan bajo que me cuesta entenderlo.
—¿No era él?
Theo niega con la cabeza, despacio.
—Era otra persona. No sé quién, pero era otro chico.
Me tomo las palabras de Theo con cautela. Solo hemos llegado cuatro rebeldes a la prueba final, así que no puede ser nadie más. A no ser que Magnus haya buscado alguna forma macabra de…
No, no puede ser. Me niego a pensar en ello.
—Eso no es posible, Theo. Aquí solo estamos nosotros.
Pero él sigue moviendo la cabeza.
—Te prometo que no era Caleb. Era… otra persona.
Miro a mi alrededor, pero no hay ni rastro de mi ex ni del supuesto chico que ha pasado antes por aquí. Theo se da cuenta de lo que estoy haciendo e insiste:
—No me estoy volviendo loco. Lo juro.
—Tranquilo. Es posible que… tengamos sorpresas. Ya escuchaste a Magnus.
Los dos nos quedamos en silencio de nuevo. Theo vigila nuestros alrededores desde su posición, más de cuatro metros por encima de mi cabeza, y yo no quito el ojo del lugar en el que he visto por última vez al caminante misterioso.
—Oye, Hazel… —empieza a hablar Theo, muy bajito.
Levanto la cabeza para mirarlo.
—Dime.
—¿Puedo… pedirte un favor? Sé que no estamos en el mejor sitio para pedir ayuda, pero eres la única persona que puede hacerlo.
Theo espera un poco antes de hacer su petición.
—¿Crees que podrías ayudarme a… morir?
Se me hace un nudo en la garganta al escuchar sus palabras.
Theo no se merece esto. Es demasiado pequeño para vivir algo así.
Ha luchado hasta el final y aguantado torturas inimaginables y, aun así, su destino sigue siendo morir…
La rabia crece en mi interior. De pronto pienso en Alice.
Por lo menos ella no tuvo que sufrir todo esto.
Me gustaría saber qué habría pensado de Caleb si lo hubiera visto ahora.
Estoy segura de que no lo habría apoyado.
De hecho, se avergonzaría de ser su hermana.
—¿Me estás pidiendo que te mate? —le digo, aunque sé cuál va a ser la respuesta.
—Te estoy pidiendo que me ayudes a acabar con esto.
Lo que es, en resumidas cuentas, lo mismo.
Pero no quiero perder el tiempo con tecnicismos, porque la petición de Theo sigue flotando en el aire, esperando a que le diga si podré llevarla a cabo.
Ni yo misma lo sé. Durante la guerra no maté a nadie.
Tampoco me vi en la necesidad de enfrentarme a un segador yo sola, cara a cara.
Siempre actuábamos en grupo y había voluntarios para hacerlo, como mi hermano.
A él nunca le tembló el pulso al pelear por sus ideales, pero, desgraciadamente, eso fue lo mismo que lo llevó a la muerte.
—Nunca he matado a nadie, Theo. No sé si podría —le digo la verdad.
El chico parece agobiado.
—No quiero que Caleb me haga nada. Ya viste lo que pasó con la profesora Vexley. Era una de las brujas más poderosas que jamás había existido y él… la mató.
—Lo sé.
—¿Y cómo crees que podrás salvarte hoy? —El tono de voz de Theo va subiendo, hasta el punto que parece que me está recriminando que no le haya dicho que sí—. En algún momento tendrás que enfrentarte a Caleb y Serenity. ¿Cómo crees que lo harás? ¡Es mejor que practiques!
Theo se echa a llorar y yo todavía tengo atragantada su última palabra. Practicar. Como si matar a alguien fuera como montar en bicicleta, algo que aprendes a base de prueba y error, pero que nunca olvidas, incluso con el paso de los años.
En el fondo, la táctica de Magnus de corrompernos mentalmente está funcionando a la perfección.
Llegada a este punto, no sé ya ni quién soy.
¿La Hazel de hace un año se plantearía matar a alguien por compasión?
¿A un chico que está sufriendo y se lo está rogando?
¿Mataría a su mejor amiga si se lo pidiera?
Miro hacia arriba, tratando de encontrar las palabras para responderle, pero Theo abre mucho los ojos, se pone el dedo delante de los labios y después me señala a un punto justo detrás de mí.
Me giro, despacio, para que los pies no delaten mi movimiento, pero, si Caleb ya está por aquí, no me dará tiempo a regresar a mi escondite entre la corteza del árbol.
Enseguida escucho unos pasos que se acercan.
Son fuertes y marcados, como si a la persona que camina no le importara que la escucharan o incluso lo pretendiese.
Una figura se acerca a nosotros y me obligo a no volver a mirar hacia arriba para no desvelar la posición de Theo.
Por lo menos, que me encuentre solo a mí. Y no sé qué haría Serenity.
No lo sé.
Lo único que tengo claro es que, cuando la persona emerge de entre las ramas, no se trata Caleb White.
Sino de Marlowe.