47. MARLOWE #2
Miro al suelo en un acto de sumisión que tengo más que ensayado, pero que ahora ya no me surge de manera natural.
La mente me va a toda velocidad. Si a Serenity se le pasa por la cabeza ir a mi casa, tenemos un problema grave.
Las nuevas protecciones que ha puesto mi madre detectarán su presencia en cuanto ponga un pie en el jardín y el basilisco no la dejará ni llegar a la puerta principal.
Busco una excusa para volver a casa sin que Alec pueda leer mis intenciones, sin que se note mi ansiedad por regresar cuanto antes.
Pero, en ese momento, mi madre aparece en la sala de los mapas, silenciosa como un gato.
—Marlowe, Alec. Estáis aquí, ¿verdad?
—Sí, señora —responde Alec por los dos. No hay ni rastro de ira en su voz.
Me extraña verla aquí, pero no hago preguntas. Imagino que ha venido a ayudar con la búsqueda de Serenity, que estará igual de alterada que los Aurigae.
—¿Todavía no ha aparecido? —nos pregunta.
—No, madre.
Quiero preguntarle si Hazel está en casa, pero tengo que imaginar que sí, porque si no me lo habría dicho. Por lo menos, sé que Serenity no ha intentado buscarla, o ya habría dado la voz de alarma.
En ese momento aparece Aaron detrás de ella.
—Hemos vuelto a revisar las caballerizas y los alrededores, pero no hay nadie. Tampoco hemos encontrado ningún rastro.
—Habrá tenido acceso al almacén —dice Alec—. Es la única opción. ¿Quedaban viales de alguna poción atraceo ?
—Tu abuela está haciendo inventario —explica Aaron—. Por ahora no ha encontrado nada, pero le llevará un par de horas más.
Alec se humedece los labios, estresado.
—Tiene que haber alguna manera de encontrarla. Si pudiéramos…
Pero entonces un sonido extraño inunda la sala.
El suelo empieza a llenarse de ceniza y un ligero viento la mueve, levantándola en el aire y creando una figura.
El corazón me da un vuelco cuando me doy cuenta de lo que significa todo esto.
Ya no hay vuelta atrás. La quinta y última prueba de El Ascenso está a punto de comenzar.
Aprieto la mandíbula mientras la figura se sigue formando.
Un hombre de ceniza, que va adoptando las facciones de Magnus, se despierta progresivamente, como si regresara a la vida en un atuendo de polvo y fuego.
Después de unos segundos más, la figura está completa, igual que el día en el que todo empezó.
De pronto, la sala de mapas se vuelve más fría.
La huella de lo que un día fue Magnus parece despertar.
Abre los ojos y nos mira, uno a uno, como si pudiera vernos.
Como si fuera real. Por un instante, me da miedo que pueda adivinar mis intenciones, que descubra lo que pasó hace unas noches con Hazel y todo lo que le dije, pero después recuerdo que está muerto y delante solo tenemos una reproducción.
Queridos segadores. Si estáis viendo esto es porque seguís participando en El Ascenso.
Antes de nada, quiero felicitaros por haber llegado hasta aquí.
Vuestro empeño, valentía y honestidad a la hora de defender los valores de la Muerte serán siempre recompensados.
Sin embargo, como ya sabéis, solo puede haber un único ganador en el torneo.
El vencedor se decidirá hoy, después de una última prueba donde solo quedará un participante con vida.
El mentor del superviviente será quien ostente el título de regente del nuevo orden mágico, el heredero que se encargará de seguir mis pasos para restablecer la auténtica fe.
No debemos aceptar que aquellos indignos de la magia continúen mancillando el nombre de la Muerte.
Mantengamos puros los valores que Ella nos enseñó, honremos su legado y evitemos que se creen nuevos desviados que interrumpan nuestros propósitos.
Magnus hace una pausa ceremoniosa.
Las instrucciones de la quinta prueba se darán en el momento en el que inicie. Los mentores debéis acudir como público en veinte minutos. Suerte y larga vida a la Muerte .
Magnus se queda unos instantes en silencio y después comienza a desintegrarse.
La ceniza desdibuja su rostro y va cayendo hacia el suelo hasta convertirse en un montón de polvo que el aire se va llevando, hasta desaparecer por completo.
La temperatura de la habitación tarda unos segundos en regresar a la normalidad.
—¿Y yo qué hago? —pregunta Alec, mirando a su padre y después a mi madre.
Aaron coge aire y lo suelta, sin saber qué decir.
—No lo sé —reconoce, al final—. ¿El Magno ha aparecido porque están aquí los Malenfant o se refiere a todos?
Pero yo no estoy escuchando su dilema porque solo puedo pensar en Hazel.
Ella estará sola en casa, con las mirrorem , y habrá tenido que enfrentarse sola a la aparición.
Además, no sabe lo de Serenity. Si Hazel aparece en la quinta prueba y su amiga no está, pensará que ha muerto, y eso la destrozará.
Aunque todos sabemos que es algo que tenía que pasar en algún momento…
, se sentirá rota en cuanto llegue a la prueba y no la vea.
Necesito ir a casa. Como sea. Tengo que advertirla de que Serenity sigue viva, de que ha logrado huir y de que, si Hazel gana, las dos podrán encontrarse en el futuro y reconstruir su vida juntas, lejos de aquí.
—Vayamos a casa, madre —le propongo, con tranquilidad—. Así podré cambiarme de ropa.
Pero mi madre parece desaprobar mi sugerencia.
—¿Cambiarte de ropa? Marlowe, no eres una princesa que va a un desfile de modelos. No seas ridículo. Aaron, si no te importa, utilizaremos tu Porta Fatum.
—Por supuesto, Gwendoline. Está a vuestra disposición.
No, no, no. No puede ser. Si la prueba es como la última vez, será imposible comunicarme con ella. Y no creo que a los mentores nos dejen intervenir en la final.
—Iremos con vosotros —insiste Alec, que sigue a lo suyo—. No podemos quedarnos aquí, padre. Además, si no podemos asistir a la quinta prueba, imagino que el portal nos traerá de vuelta, ¿no?
Su padre lo piensa durante unos instantes y finalmente acepta.
Mi madre hace un ligero gesto de aprobación con la cabeza.
—Madre —lo intento otra vez—, necesito volver a casa. ¿Puedo unirme a vosotros en la prueba?
En esta ocasión, hasta Alec se da cuenta de que hay algo raro en mi petición. Mi madre suspira. Tengo que pensar una excusa. Un motivo por el que mi madre acepte que vuelva, pero no se me ocurre nada.
—Marlowe, basta. Nos quedaremos aquí, apoyando a Alec. Ambos teníais una alianza, ¿no? Cumple con tu palabra.
Trago saliva, intentando deshacerme de la desesperación y dar con una solución. Pienso en algo imprescindible para la prueba, algo que pueda llevar, pero no hay nada… Entonces recuerdo dónde estoy.
—¡Necesito coger el frasco! —exclamo más alto de lo que me gustaría.
Todos se giran hacia mí.
—¿El frasco?
Trato de serenar mi respiración para que no se note que estoy improvisando sobre la marcha.
Y que la idea es buena, muy buena. Una oleada de alivio me invade al pensar que esta puede ser mi carta blanca para contárselo todo a Hazel antes de que vaya a la prueba.
Cada minuto cuenta, así que no tengo tiempo que perder.
—Es cierto —responde Aaron por mí—. Alec le regaló por su cumpleaños una poción vitalis que yo mismo elaboré para mi familia al inicio de la guerra.
Aaron pasa a enumerar todos los efectos y cómo puede salvarte de una muerte inminente durante el tiempo suficiente hasta que llegue más ayuda. Lo más parecido a un elixir para revivir a un muerto.
Mi madre inclina la cabeza.
—Qué… considerado —murmura, girándose hacia donde está mi amigo.
—Yo también tengo una, señora, pero pensé que a Marlowe podría hacerle falta en algún momento de lo que quedaba de torneo.
—¿Y tu frasco está en casa? —me pregunta mi madre.
Es el momento.
—Sí. La guardé en mi vestidor, a buen recaudo.
Espero la respuesta de mi madre, pero no se lo piensa demasiado.
—En ese caso, ve a por ella. Pero quiero que regreses inmediatamente.
El cuerpo me pide que salga corriendo de aquí, pero me retraso unos segundos para no dejar mis prisas en evidencia.
Me despido de todos y camino despacio hacia la sala de invitados.
Atravieso el portal y, en cuanto vuelvo a sentir el olor a humedad de la biblioteca, salgo corriendo.
El basilisco silba cuando me ve pasar, enfadado porque lo he despertado, pero no le hago caso.
Subo las escaleras de dos en dos y abro de un golpe la puerta de la habitación de Hazel, pero no está aquí. La busco en el baño, el vestíbulo y hasta en las cocinas, pero no hay ni rastro de ella.
Por un instante, se me pasa por la cabeza la idea de que haya podido escapar. De que, igual que Serenity, lo haya logrado. Sin embargo, cuando me cruzo con una de las chicas mirrorem , que está limpiando la chimenea, confirma una realidad peor que cualquier escenario imaginable.
He llegado tarde.
La quinta prueba ha comenzado y ella ya no está.