Malenfant 41. HAZEL
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41. HAZEL

HAZEL

Empieza a llover. Las gotas de agua golpean con fuerza el cristal mientras las palabras de Marlowe todavía flotan en el aire. Una ráfaga de calor me recorre el cuerpo y siento que me arden las mejillas.

Todo este tiempo he querido creer que Marlowe era un producto más de sus padres, una réplica perfecta de su conducta y sus ideales para mantener vivo el legado Malenfant. Ahora me doy cuenta de que hay algo más debajo de todas esas capas vacías.

Pienso en Serenity y en cómo me gustaría que estuviera aquí, escuchando esta conversación en persona. Entonces, recuerdo la nota que coló en la cinturilla de mi pantalón. El pulso se me acelera y busco una escapatoria rápida para leerla cuanto antes.

—Necesito ir un momento al baño —me excuso.

Salgo de la habitación, dejándolo solo y me escondo en el baño de baldosas azules.

Apoyada contra la puerta, saco el papel y lo desdoblo.

Es tan pequeño que me da miedo romperlo.

Algunas palabras se han borrado, la tinta se ha movido por culpa del sudor y del calor asfixiante del desierto. Pero, aun así, la mayoría es legible.

Hazel, he encontrado una forma de escapar de la mansión Aurigae. Si en la quinta no estoy, es que lo he conseguido y estaré a salvo. Tranquila. Búscame el primer jueves de cada mes donde nos conocimos de verdad . Gana por mí.

El corazón me late en los oídos y siento que me voy a marear.

«Escapar». La incertidumbre de no saber nada más me mata, pero sé que tengo que confiar en mi amiga.

Cojo aire varias veces, tratando de relajar mis pulsaciones.

Me imagino una quinta prueba en la que ella no esté.

.. y la posibilidad de ganar y que ella me esté esperando fuera.

Sus indicaciones y las dos palabras subrayadas me hacen sonreír.

Entonces, una sensación de tranquilidad me abraza.

Lo conseguirá, estoy segura. No se arriesgaría si no lo tuviera claro.

Y, aunque yo no gane, ella podrá sobrevivir.

Desde el principio he tratado de evitar pensar en que solo una de nosotras saldría adelante, y ahora se acaba de abrir la posibilidad de que no solo ella pueda salvarse, sino quizá las dos.

Vuelvo a leer la nota, tratando de memorizar cada palabra, cada línea y cada signo de puntuación, para después romperla en mil trozos, tirarlos por el váter y verlos desaparecer para siempre.

Con una nueva energía, salgo del baño y regreso a mi habitación, deseando que Marlowe siga ahí. Ahora que las cosas han cambiado, lo necesito de mi parte, con un mismo objetivo.

—Me gustaría que ganaras El Ascenso —rompo el silencio con contundencia, justo después de atravesar el umbral de mi puerta—. Con la victoria, podrías negarte a seguir con el legado de tu familia. Podrías empezar un nuevo orden mágico, ¿no te das cuenta? Puedes cambiar las cosas, Marlowe.

Pero él agita la mano en el aire.

No lo quiero presionar, siento que ambos ya hemos tenido demasiado hoy, pero la conversación ha llegado a un punto que no sé si podré volver a alcanzar en el futuro.

—Solo piénsalo, Marlowe. Si ganamos, podrías decidir, hacer lo que tú quieras sin la presión de nadie. Así lo dijo Magnus.

Me doy cuenta de que Marlowe no hace una mueca cuando menciono el nombre de El Magno tal y como lo hacemos los rebeldes: usando su nombre común, sin enaltecerlo.

Sin embargo, sigue sin aceptar lo que le digo como una posibilidad. Niega con la cabeza, con una leve sonrisa, como si mi propuesta fuesen las palabras de una niña pequeña a la que le pesa más la ilusión que la realidad.

—Ganaremos El Ascenso, sea como sea —murmura él, de todas formas—. Las posibilidades son muy altas ahora que hemos llegado al final. Solo hay que solucionar el tema de Alec.

Solucionar .

—¿Qué pasa con Alec?

Entonces lo entiendo antes de que responda.

Su amigo ha sido su aliado, por ahora, pero en la última prueba solo puede quedar uno.

No se me pasa por la cabeza revelarle el contenido de la nota de Serenity, pero algo me hace pensar que, si ella no está, quizá Alec tampoco aparezca en la quinta prueba y quede descalificado.

—¿Qué pasa con Serenity? —responde él, imitando mi frase.

No desvelo mis cartas. Simplemente me quedo en silencio mientras la tormenta sigue golpeando las ventanas. La luz del rayo atraviesa la habitación, rompiendo la tensión en dos.

—¿Sabe tu madre que fuiste a mi casa a por el diario? —cambio de tema, recostándome en la cama y volviendo a nuestras posiciones habituales.

Marlowe inclina la cabeza.

—Por supuesto que no.

—Así que la desobedeciste.

—Técnicamente nunca dijo que no fuera a tu casa para buscarlo —aclara él.

—¿Sabe que has dormido aquí, en mi habitación? —insisto.

—Sí, y que te tapé y te di un beso de buenas noches.

—Muy gracioso. No le estás contando que nuestra... —busco la palabra más adecuada— dinámica ha cambiado. ¿Por qué?

Marlowe se encoge de hombros.

—No quiero que lo malinterprete. Aunque, como has visto, para ella el fin siempre justifica los medios. Para ser sincero, al principio me dijo que hiciera lo que tuviera que hacer para ponerte de mi lado si con eso conseguía que ganaras El Ascenso.

Levanto las cejas.

—Vaya, esa tuvo que ser una conversación interesante. Apuesto a que te sugirió, incluso, que trataras de seducirme.

Él esboza una media sonrisa y sé que he dado en el clavo. Gwendoline Malenfant será muy calculadora, pero sus cuentas se intuyen a kilómetros de distancia.

—Como a todo el internado, a ella también le llegaron rumores.

Inclino la cabeza.

—¿Rumores?

Ahora es Marlowe el que parece confundido. Cruza los brazos a la altura del pecho y me observa, enderezándose para dejar de apoyarse en la pared.

—No tengo ganas de juegos, Hazel. Me voy a mi habitación.

—¿Qué rumores? —insisto.

Él coge aire, como si esta conversación estuviera acabando con su paciencia.

—¿En serio vamos a hablar de esto? Pensé que podríamos convivir hasta la última prueba sin tocar este tema.

Por un momento me siento perdida, como si hubiera pasado algo delante de mis narices, pero no recordara haber estado presente.

—Seguramente lo habré olvidado. Tercera prueba, ¿recuerdas?

Pero Marlowe no parece convencido.

—¿No estaba eso en tu diario?

Suspiro, perdiendo la paciencia.

—Marlowe, ¿me puedes decir de qué estás hablando?

—¿Leíste todo el diario? —me pregunta en su lugar.

—Sí, varias veces. ¿Por qué?

Sus hombros se vuelven a tensar y, por un momento, tengo miedo de que regrese Marlowe Malenfant, con nombre y apellido.

—¿No había nada sobre la noche de Halloween de décimo curso?

Ahora lo entiendo.

—En el diario no ponía nada —le explico.

Marlowe no se mueve y yo tampoco. Entonces, su cuerpo se activa y comienza a caminar hacia la puerta.

Tardo un segundo en reaccionar, pero doy un salto y me bajo de la cama.

Corro hacia el umbral y me pongo justo delante, con los brazos estirados, abarcándola con todo mi cuerpo para impedirle que pase.

—Dímelo.

—Hazel, por favor, apártate. No quiero tocarte .

En otro momento me lo habría tomado como un ataque. Ahora, después de haber notado el cuero que envolvía sus dedos contra mi piel hace apenas unos minutos, sé que esa aversión nace de un lugar completamente diferente.

—Dímelo y te dejaré pasar.

Marlowe aprieta las manos dentro de sus guantes.

—¿En serio te vas a poner como una niña de seis años porque no te lo quiero decir?

—¿En serio te vas a poner como un niño de seis años porque no me lo quieres decir?

Me mantengo firme en la puerta porque sé que no la traspasará mientras yo esté aquí. Marlowe bufa, me da la espalda y se aleja de mí.

—Y no vale que te lo inventes —le advierto.

—En serio, eres insoportable.

—Y tú un gilipollas. ¿No te das cuenta de que lo quiero saber porque perdí gran parte de mis recuerdos hace unos días?

¿O se te había olvidado a ti también? Recuperé muchos con el diario, sí, pero todavía hay huecos en mi mente.

Todavía escucho un pitido agudo cada vez que intento indagar en las lagunas que se han creado.

Él me observa en silencio y eso me hace sospechar que se lo está pensando. Una parte de mí se prepara para lo peor, porque un secreto así de potente no va a ser fácil de digerir. Si no, me lo habría dicho a la primera, pero se niega a soltarlo y se pone a la defensiva con cada intento.

—Está bien.

Asiento. Marlowe se toma su tiempo, no sé si por fastidiarme o porque no sabe cómo empezar. Después de unos segundos con la tormenta de fondo, por fin, lo revela.

—Por muy surrealista que te parezca, tú y yo nos besamos en décimo.

—¿Qué? —se me escapa.

Tiene que ser una broma. Le concedo unos segundos para que se ría de mí, me diga que todo es mentira y que tendría que ver mi cara..., pero eso no sucede.

—Sí, en la fiesta de Halloween de Olivia Pembroke. Pero fue solo un juego.

Abro la boca para seguir preguntando, pero no sé hasta dónde quiero saber. De hecho, no quiero saber nada. Siento un calor que me sube por el cuello y se instala en mis mejillas, y rezo para que no cambien de color y me delaten.

—No... no lo recordaba.

Marlowe inclina la cabeza.

—Pues ahora ya lo sabes. ¿Puedo pasar?

Me muerdo el labio.

—Si el rumor llegó hasta tu madre..., entonces Caleb también se enteró —le digo. Esta vez no es una pregunta. Poco a poco, las piezas comienzan a unirse en mi mente.

Si es así, conociendo a Caleb, ahora que estoy viviendo en la mansión Malenfant, no me puedo imaginar lo que pensará que estoy haciendo con Marlowe.

Aunque también cabe la posibilidad de que en la tercera prueba lo olvidara todo.

¿Serenity lo borraría también de sus recuerdos?

Un montón de preguntas se acumulan, unas encima de otras, y siento que la cabeza me va a explotar.

—Bueno, fue la comidilla del internado durante un tiempo. Así que sí, estoy seguro de que se enteró.

Cierro los ojos al mismo tiempo que un recuerdo comienza a reconstruirse en mi mente. La habitación de Olivia, la bebida que preparó, una vela en el centro...

—¿Me puedo ir ya? ¿O voy a pasar ahora a ser yo tu prisionero?

Todavía sumida en algún rincón de mi mente, me aparto para que Marlowe se vaya.

No le hago más preguntas ni me despido de él.

Ni siquiera escucho sus pasos cuando se aleja, ni la puerta cuando la cierro y me quedo sola en mi habitación.

Simplemente me arrastro hasta la cama, me dejo caer encima de la colcha y empiezo a intentar ponerlo todo en orden.

Sin embargo, el cansancio acumulado hace que me quede dormida.

Esa noche sueño con el fuego de la cuarta prueba, con sangre de vampiro y con labios que saben a whisky.