Malenfant 34. HAZEL #2
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34. HAZEL #2

Lo aparto a un lado, molesta. Y entonces me entra curiosidad por saber qué libro habrá escogido Marlowe para mí.

¿Será uno de su biblioteca? No, no puede ser.

Todos están demasiado destrozados para leerlos.

Es posible que lo haya sacado de la casa de los Aurigae.

No me lo imagino yendo a comprar uno a la ciudad más cercana.

No sé exactamente dónde estamos, pero, por la cantidad de campo que nos rodea y el silencio absoluto que reina en los alrededores de la mansión Malenfant, sospecho que estará por lo menos a cincuenta kilómetros.

Cojo el paquete con una mano, quito la cuerda marrón que sujeta el envoltorio y rasgo el papel, esperando decepcionarme.

En apenas un segundo siento cómo cada músculo de mi cuerpo se tensa. Es mi diario. Mi diario de la infancia y la adolescencia, donde recogí todos mis recuerdos desde antes de entrar en el internado.

No me lo puedo creer.

Las páginas no solo están llenas de mis mejores momentos, sino también de fotos de las personas con las que compartía mi día a día, hojas que recogía en otoño, entradas del cine, etiquetas de botellas.

.., incluso en una página hay un poco de arena, asegurada con una tonelada de celo transparente.

Sin entender qué hace esto aquí, leo el título de esa hoja: «Arena del desierto, justo delante de las pirámides de Guiza.

Día uno». En ese momento lo entiendo. Como si todo regresara a mí, empiezo a leer y mis recuerdos vuelven a aparecer: mi hermano enterrando los pies en la arena y quemándoselos, los cuatro montando en un camello, aunque a mí no me hacía mucha gracia; la esfinge.

.. Todo vuelve a mí, poco a poco, rebajando ese pitido que no me ha dejado descansar en las últimas horas.

Sigo leyendo sobre el viaje a Egipto, pero entonces decido empezar desde el principio.

Arranqué este diario con nueve años, así que las primeras entradas son bastante distantes y caóticas, pero aun así me voy empapando de todos los recuerdos que puedo.

Durante la siguiente hora leo el diario entero, repasando cada capítulo, analizando cada foto o cada elemento que guardé de ese día.

Me río, lloro y, sobre todo, empiezo a recordar momentos que pensé que había perdido para siempre.

No sé cuánto recupero de todo lo que me despojé en la tercera prueba, pero, cuando termino, siento el pecho hinchado y el pitido casi ha desaparecido.

Me llevo el diario a la mejilla y apoyo la cara contra él.

La superficie está fría, pero me reconforta.

Se me escapan unas lágrimas que no sé si son de alegría, alivio o tristeza.

Es posible que se trate de una mezcla de todo lo anterior, así que las dejo caer, sintiendo por primera vez que soy un poco más libre.

Que he recuperado una parte de mí. Y todo esto es gracias a. ..

Vuelvo a abrir el diario, esta vez por el final. La última entrada es de un día cualquiera de las vacaciones de verano. Aquella mañana, aunque yo no lo sabía, sería la última vez que escribiría sobre estas páginas.

No quedan muchas más vacías, pero sí las suficientes para volver a escribir a Serenity si vuelvo a conseguir la pluma de cuervo hechizada por Gwendoline Malenfant.

Paso las hojas, calculando cuánto espacio quedaría para escribir a mi amiga, y entonces se cae una notita.

Al principio pienso que es alguna foto o quizá una etiqueta que guardé de alguna compra especial, pero entonces veo que tiene una caligrafía que no reconozco, escrita en un tono verde oscuro que jamás he utilizado.

Hazel:

No sé por qué te estoy escribiendo esto, ni por qué me importa tanto que lo leas, pero espero que este diario pueda ayudarte a rellenar las piezas del puzle que hayas podido perder durante la tercera prueba.

No voy a fingir que soy tu aliado, pero quiero dejarte esta nota para recordarte que no estás sola.

Todas las personas que formaron parte de tu vida siguen dentro de ti, porque los que nos aman jamás nos abandonan mientras los mantengamos vivos en nuestra memoria.

Espero que estas palabras te sirvan cuando pienses en rendirte: siempre queda algo por lo que merece la pena luchar, aunque a veces no lo veamos.

Sé lo que has perdido y también sé que no hay nada que pueda decir para arreglar las cosas.

Ni siquiera una disculpa, aunque me gustaría empezar por ella.

Perdón por elegirte. Perdón por hacerte pasar por todo este calvario que ni yo mismo imaginé que llegaría a este nivel.

Si pudiera echar el tiempo atrás, créeme, lo haría.

Has demostrado una gran fuerza y valentía, cualidades que veo en tus ojos cada vez que me desafías.

No las pierdas. Aguanta y llega hasta el final, Hazel.

Dejando de lado mi orgullo, sé que, si hay alguien que puede hacerlo, eres tú.

Te prometo que pondré todo de mi parte para ganar este torneo y que seas libre.

Te prometo que, cuando todo esto termine, nunca más volverás a saber de mí.

Solo recuerda que no estás sola.

M. M.

P. D.: Por favor, destruye esta nota. Podría meterme en problemas.

Me quedo congelada después de leer la última frase.

Vuelvo a empezar desde el principio, pasando la mirada por todas y cada una de las frases, escritas con una caligrafía que parece sacada de un manual.

La leo una tercera vez y comienzo a romperla en trozos muy pequeños, procesando que Marlowe Malenfant me acaba de pedir perdón.

Por escrito y sin dar la cara, pero sus disculpas resuenan en mi mente.

Termino de romper la nota. Por algún motivo, le guardo lealtad con ese único detalle. Sé que Marlowe se la ha jugado escribiéndola. Si la descubriera su madre, no puedo imaginar lo que le haría...

Cojo de nuevo el diario y me pregunto cómo lo habrá conseguido.

Las dudas me consumen y el corazón me late con demasiada fuerza.

La idea de ir a buscarlo para pedirle explicaciones pasa por mi mente, fugaz, pero su habitación está en la planta de arriba y no he oído movimiento en toda la tarde.

.. Intento no darle espacio a esa voz que me pide que lo haga, pero, apretando unos últimos trozos que guardo en el puño, decido ir a buscarlo.