Malenfant 30. HAZEL
61%

30. HAZEL

HAZEL

El recuerdo se desdibuja mientras regreso a la biblioteca.

Doy un paso hacia atrás, tratando de salir de ahí lo más rápido posible, y estoy a punto de caerme al tropezar con una pila de libros que está en el suelo.

De hecho, hay prácticamente los mismos libros esparcidos que en las baldas de las estanterías, como si representaran todas las memorias que voy perdiendo con cada decisión.

Intento repasar mentalmente todo lo que acabo de ver, pero me horroriza.

No recuerdo nada de aquella noche. Cuando Serenity y yo nos pasamos las siguientes horas vomitando, los recuerdos del juego de la vela se fueron borrando.

Olivia no mentía. La sangre de vampiro era conocida por generar una sensación de aislamiento mental, algo así como meterse en una burbuja que te hacía dejar de ser consciente de lo que estaba pasando a tu alrededor, para después olvidarlo todo.

En algunos lugares se consumía como una droga más, aunque en cantidades pequeñas no era ilegal.

Aun así, Olivia se tenía que haber pasado, porque no era normal que no recordara nada de todo aquello.

Con el corazón en un puño, me preparo para ver el siguiente recuerdo.

El pitido se va desvaneciendo mientras el humo me absorbe y, de pronto, me veo a mí misma hablando con mi hermano en la cocina de nuestra casa.

Reconozco la escena al instante. Jack aparece por la puerta con la cara desencajada y los puños apretados.

—Hazel... —me llama.

Al principio no le hago caso, ni siquiera me he dado cuenta de que ha llegado con las mejillas rojas y una expresión de desolación en el rostro.

—Estoy terminando esto —le señalo, todavía sin mirarlo. Sobre la mesa hay varios papeles de los deberes de Invocación.

—Hazel —insiste mi hermano de nuevo.

En el recuerdo, y en el ente que soy ahora metida dentro de esta escena tan tétrica, me giro hacia él. Entonces la Hazel de hace unos años se da cuenta de que algo va mal.

—Jack. ¿Qué pasa?

Me veo ponerme de pie y caminar hacia él. Y, entonces, mi hermano se desmorona. No puede contener el llanto mientras me confiesa que nuestros padres han muerto. Me veo a mí misma llevándome las manos a la cara y perdiendo el control de mis emociones.

Lo revivo todo por segunda vez: los gritos, el llanto, la rabia.

.. La escueta explicación que me da Jack sobre cómo los han matado, porque esa es toda la información que tenemos.

Nuestros padres volvían en coche después de haber pasado toda la mañana en una asamblea de la resistencia.

Jack y yo nos habíamos quedado en casa por seguridad.

Las clases se acababan de cancelar y los exámenes estaban a la vuelta de la esquina, pero nos habían puesto deberes, como si algún día fuéramos a regresar al internado.

Siempre me resultó extraño que nuestros padres murieran en una emboscada en un accidente de coche.

Al fin y al cabo, eran unos de los mejores magos de su generación.

Los dos destacaron en el internado por sus buenas notas y fueron los primeros en enseñar a los rebeldes todo tipo de hechizos defensivos en cuanto las cosas se empezaron a poner feas.

Intento salir del recuerdo antes de tiempo, pero no puedo mover los pies.

Una fuerza externa me obliga a seguir viéndome a mí misma romperme, tirar los deberes al suelo, agacharme y ponerme de cuclillas mientras mi mundo se desmorona.

Y lo que más me duele es que sé que, en ese momento, me sentí culpable por no haber hecho caso a Caleb.

Si hubiéramos huido a Londres, si le hubiéramos hecho caso y mi familia no hubiera tenido un papel tan activo en la guerra.

.., los cuatro seguiríamos vivos. Escondidos, sí, pero vivos.

Después de un minuto interminable, los devastadores gritos del pasado se van difuminando hasta el dolor sordo y constante que es hoy, y regreso a la biblioteca. Me duele la cabeza de aguantarme las lágrimas y el pitido va a hacer que me estalle.

Entonces los dos recuerdos se muestran delante de mí, esperando que elija alguno.

En el humo, veo de nuevo a la Hazel de décimo curso pasándoselo bien con Serenity.

A la derecha estoy rota en el suelo, sollozando, ahora en silencio.

De nuevo, Magnus juega con nosotros y se burla de nuestro dolor.

Y es que la decisión no es tan sencilla.

Quizá, para algunos, lo más fácil sería olvidar el segundo recuerdo.

No recordar ese momento tan traumático que los marcó para siempre.

Una pequeña parte de mí me recomienda que lo haga, que sea libre, que me quite esa carga y esa culpabilidad que me han acompañado durante estos años.

.., pero, de nuevo, no puedo hacerlo. La rabia de ese momento es más valiosa para mi supervivencia, para que no me conviertan en una marioneta de su régimen, igual que han hecho con las chicas mirrorem .

A cambio, solo perdería algunos recuerdos con Serenity.

.. y, por supuesto, lo que pasó esa noche en la que Olivia nos dio un cóctel con sangre de vampiro.

He vivido todos estos años sin recordar el beso con Marlowe Malenfant, así que creo que seré capaz de hacerlo durante el resto de mi vida. Es posible que él también bebiera y no recuerde nada. Me estremece la simple idea de que no sea así.

Aunque es una decisión complicada, me cuesta poco tomarla. Tengo que recordar el dolor. Decido aferrarme al trauma para no olvidar por qué sigo aquí, luchando en un torneo macabro donde, realmente, ninguno de nosotros será un verdadero ganador.

—Quiero conservar el segundo recuerdo y olvidar el primero.

Entonces, la biblioteca parece ser alcanzada por un rayo.

Un enorme crujido derriba centenares de libros de sus estanterías.

Algunos me golpean y me aparto de donde estoy para que no me den.

Uno de ellos pasa peligrosamente cerca de mi cabeza.

Puedo escuchar una risa que me resulta familiar que proviene de su interior, pero que se va apagando a medida que el libro cae al suelo.

El sonido se convierte en el pitido, que cobra todavía más fuerza con cada recuerdo olvidado.

Sin dudarlo, me agacho un momento para cogerlo.

Varios libros me dan en la cabeza y están a punto de enterrarme en una pila que no para de crecer.

El suelo se mueve con violencia y tengo que hacer un esfuerzo por levantarme y salir de ahí.

Quiero coger el libro, sé que contiene algo importante que acabo de olvidar.

.. Me aferro a él y busco la salida con el libro bajo el brazo.

Salgo corriendo de los pasillos de la biblioteca, buscando la puerta.

La veo al fondo. Está tan rota que no sé cómo se mantiene en pie.

La madera tiene huecos que dejan entrever una bruma blanca y espesa al otro lado.

Extiendo la mano para agarrar el pomo y justo cuando lo toco siento una descarga eléctrica.

La aparto enseguida y no me doy cuenta de que ha aparecido una cara en la puerta, formándose con los pocos listones de madera que le quedan.

—¡El libro no puede pasar! —me grita una voz rasgada.

Intento recordar la escena que contenía el libro, pero, por más que me concentre, ya la he olvidado.

Lo abro y un humo blanco deja escapar una carcajada.

Me asusto al escucharla. ¿Por qué haría eso?

¿De quién es esa risa? Sin entender muy bien por qué lo he cogido, lo lanzo al suelo, con los demás, mientras las estanterías de la biblioteca amenazan con caerse.

Todos los libros vibran a mi alrededor. Echo un último vistazo atrás, tratando de recordar algo que ya he olvidado.

Es como si lo tuviera en la punta de la lengua y no me saliera la palabra.

Intento visualizar algo del último recuerdo.

Siento una mezcla de asco y dolor, pero creo que es solo por la escena en la cocina que acabo de revivir.

Es como si hubiera algo que he olvidado y que, en el fondo, no quería perder.

Se vuelve a escuchar un ruido fuerte y se apagan las luces de la biblioteca.

Aunque fuera llueve, todavía se cuela un poco de luz por las ventanas, que hace que pueda ver cómo las estanterías de la biblioteca colapsan y se empujan entre ellas como un dominó gigante.

Los pocos libros que todavía quedaban en las estanterías salen disparados en todas las direcciones.

Uno de ellos aterriza a varios metros con un gran estrépito y se abre; es uno de los más grandes que hay en toda la biblioteca.

Una bruma blanca me trae una sensación de familiaridad, un olor que quizá algún día fue importante para mí y ahora he olvidado.

Me acerco a recogerlo, pero las estanterías se caen justo encima de él y me salvo por unos segundos.

Intento coger otro diferente. Lo abro, pero no sale nada.

Está vacío, apagado. Lo mismo con el de al lado.

Otra estantería se derrumba a escasos metros de mí.

Tengo que salir de aquí. No sé si habrá otra sala esperándome, pero desde luego no puedo quedarme en esta ni un segundo más.

El pitido se vuelve insoportable cuando agarro el pomo, que esta vez sí que me deja abrir la puerta.

Las maderas se destruyen en cuanto la abro y la puerta se desmorona, pero aun así atravieso el marco y caigo justo sobre una Porta Fatum.

Todo a mi alrededor comienza a girar. Siento la ingravidez mientras la biblioteca se aleja de mí, a una velocidad vertiginosa, y la oscuridad me consume.

Varias imágenes de los recuerdos que he conservado me rodean, sumiéndome en un torbellino de voces, la de mi padre y la de Jack, mis gritos en la cocina y mis conversaciones incómodas con Caleb.

Y, de pronto, todo para. Aparezco en otra biblioteca, pero una muy diferente a la del internado: la de la mansión Malenfant.

Nadie ha venido a recibirme, así que me pongo de pie yo sola, con dificultad, hasta que aparece el basilisco. Se enrosca a mi alrededor, como si me quisiera recordar que podría matarme en un segundo o lentamente, como más se le antojara.

—No me molestes —le ordeno, aunque no tengo ningún tipo de autoridad sobre él—. No soy ningún intruso, solo acabo de volver de la tercera prueba. Y quiero estar sola.

El basilisco da una vuelta más a mi alrededor y, como si estuviera molesto o aburrido porque no hay nada interesante que hacer aquí, se marcha.

Me humedezco los labios y salgo de este ambiente enmohecido y cargado de un olor insoportable a papel podrido.

Siento que el corazón me va a estallar, que el pecho se me encoge cada vez más, dificultándome la respiración.

Me arrastro por el vestíbulo y subo las escaleras con una sensación insoportable de angustia hasta la segunda planta. Me encierro en mi cuarto.

No sé en qué momento empiezo a forzarme a recordar las cosas que he visto en la biblioteca, pero nada funciona.

Cuando busco en esos lugares perdidos en mi mente, el pitido me hace cambiar de preocupación, salir de ahí.

La amenaza de Magnus de perder mis recuerdos era real, pero revivir los que he escogido mantener tampoco ha sido precisamente divertido.

Me dejo caer en la cama y me pongo a llorar, agotada y sin un ápice de esperanza. Ni siquiera siento cierto alivio cuando por fin cedo al cansancio y consigo quedarme dormida.