Malenfant 28. HAZEL
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28. HAZEL

HAZEL

—Elijo quedarme con el primer recuerdo y olvidar el segundo.

Esta vez el terremoto es mucho mayor. Estoy a punto de perder el equilibrio. Observo cómo el humo se desvanece y desaparecen todas las imágenes de las pirámides, los templos y mi familia disfrutando de unas vacaciones en...

Me quedo en blanco. Parpadeo un par de veces y me agarro a la mesa para no caerme mientras camino hacia la puerta.

La madera está destrozada, pero todavía se mantiene en pie.

Ya no puede quedar mucho más, supongo. Atravieso la puerta justo cuando una pila de libros cae en el lugar donde estaba hace unos segundos y aparezco de nuevo en la biblioteca.

El zumbido suena cada vez más alto. Camino hacia los estantes, con el viento susurrando en mi espalda, y me encuentro de nuevo con los libros.

Esta vez son tan grandes que ocupan el triple que uno normal.

Me acerco al primero, con los nervios a flor de piel.

Juzgando por el tamaño, no creo que se trate de un recuerdo banal, sino de una gran parte de mi vida.

Me dejo llevar por el humo hasta que me vuelvo a ver a mí misma en el internado.

Las imágenes pasan demasiado rápido, pero alcanzo a distinguir algunos momentos que recuerdo a la perfección.

Viajo al día en el que saqué mis primeros excelsos en el boletín de notas del primer curso.

Después, estoy en octavo, haciendo una práctica de Botánica con Serenity.

Nos reímos por lo bajo cuando una criatura parecida a un saltamontes le muerde el pulgar a Orion Vale, el actual mentor de Caleb.

Luego, vuelvo a encontrarme con ella en la biblioteca, en el mismo lugar en el que estoy ahora, estudiando para un examen de cuarto.

Serenity me pasa una nota en la que ha dibujado a Alaric Quell atrapado entre los tentáculos de una planta carnívora gigante.

Se me escapa una risa y aparece la bibliotecaria entre los pasillos, intentando averiguar quién ha interrumpido su sagrado silencio.

Entonces, el recuerdo cambia y estamos en décimo, que ha empezado hace poco más de un mes.

Las habitaciones están decoradas con calabazas y velas de Halloween.

Caleb no está aquí porque rompimos nada más empezar el curso.

Todo el mundo va disfrazado. Serenity y yo hemos optado por reformular a nuestra manera un disfraz de princesa: ambas llevamos una falda grande, un corsé apretado con un poco de escote y maquillaje con heridas falsas en la cara.

Cada una sujeta un vaso grande y transparente.

Dentro hay un líquido rojo que reconozco muy bien, un cóctel que preparaba Olivia Pembroke con alcohol robado de las cocinas.

Según ella, el color rojo se lo daba la sangre de vampiro que guardaban en un armario de ingredientes para pociones.

Todos sabíamos que era mentira, pero nadie le llevaba la contraria porque los cócteles estaban buenísimos.

Aquella noche fue la primera vez que me emborraché de verdad.

No me siento orgullosa de ello, porque tanto Serenity como yo terminamos vomitando en el baño de nuestra habitación y al día siguiente nos saltamos las clases, lo que hizo que mandaran una carta a nuestros padres.

Por suerte, los profesores se creyeron que estábamos enfermas y que nos lo habíamos pegado, ya que estábamos todo el día juntas y jamás faltamos a una clase durante los años anteriores.

Me veo a mí misma bebiendo de la copa, que Olivia rellena hasta en dos ocasiones más.

Me pregunto hasta dónde llegará la escena, ya que hay un momento en el que no recuerdo nada más de esa noche.

Sin embargo, la fiesta improvisada en la habitación de Olivia continúa, hasta que Caleb aparece por la puerta.

Me mira con una expresión extraña, como si no aprobara lo que estamos haciendo, y se marcha.

—Vaya, vaya —murmura Serenity cerca de mi oído—. Creo que a alguien no le gusta mucho que estés aquí.

No recuerdo que esta conversación haya sucedido. Empiezo a plantearme que Magnus la esté manipulando, pero decido no pensar en eso ahora, porque mi mente está tratando de absorber toda la información posible.

—¿A Caleb? ¿Por qué?

A Serenity se le escapa una risita y yo analizo cada uno de nuestros gestos como si lo estuviera viviendo por primera vez.

—A ver, está claro que todavía le gustas, aunque ya no estéis juntos... Se nota a kilómetros que sigue interesado en ti —dice ella.

—¿Qué dices? —respondo enseguida, haciendo un gesto con la mano—. Ya dejamos las cosas claras. Solo somos amigos. Además, creo que Caleb iba detrás de una chica de octavo.

Serenity se encoge de hombros.

—No lo sé, ¿eh? A mí me parece que está tonteando con ella para intentar llamar tu atención, sobre todo ahora, que eres tan amiguita de Marlowe Malenfant.

Me quedo de piedra cuando escucho esas palabras, pero Serenity solo se ríe y me coge de la mano para que no me enfade.

—¡No! —se defiende la Hazel de décimo curso.

Su grito no distrae al resto de personas que hay a su alrededor, que siguen bebiendo y hablando en un tono más alto de lo normal.

Están sentados en un círculo con una vela en el centro.

De vez en cuando, uno de ellos la enciende con magia y después la apaga soplándola.

Los demás celebran cuando el humo se dirige hacia una chica que no conozco.

Imagino que será amiga de Olivia. Sea como sea, el chico que ha encendido la vela se levanta y la besa.

Los gritos y las palmadas se intensifican. Nos estábamos jugando que nos pillaran los profesores y no nos dábamos cuenta. Por suerte, eso no pasó.

—Hombre, no puedes negar que ayer pasaste toda la tarde con él en la biblioteca —insiste Serenity.

Las mejillas me arden, tanto en el pasado como en el presente.

—Ah, es por eso... Bueno, es que nos ha tocado juntos en el trabajo de Lenguas mágicas, pero no quiero saber nada más de él.

—Más te vale, ¿eh? —me advierte Serenity, aunque no tiene nada que temer. Jamás estaría con una persona como él—. Es raro de narices y su madre da un miedo...

—Y que lo digas —respondo.

Serenity me aprieta la mano.

—Oye, deberías ir a buscar a Caleb —me anima Serenity—. Si corres, seguro que lo alcanzas.

—¿Para qué? —le pregunto.

Ella se encoge de hombros.

—¿Por qué no? —Me guiña el ojo—. Quizá podáis arreglar las cosas y volver juntos. Al fin y al cabo, hoy es la noche más mágica del año...

Frunzo el ceño. Mi yo de dieciséis años no puede negar que ha pensado alguna vez en regresar con Caleb, pero las dos tenemos claro que nuestras formas de pensar ya son irreconciliables. Aun así, no quiero que estemos mal. Me gustaría que pudiéramos ser, simplemente, buenos amigos.

En el fondo me sabe mal haber visto a Caleb tan desanimado, vagando por el pasillo como si estuviera buscando dónde esconderse durante lo que queda de noche de Halloween.

Caleb nunca ha tenido muchos amigos, así que, empujada por la lástima o por el alcohol (o una mezcla de las dos), me pongo en pie en mi recuerdo y voy tras él.

No habrá pasado más de un minuto desde que se ha ido, pero aun así salgo disparada de la habitación, con el vaso todavía medio lleno en la mano.

Voy tan acelerada, con los efectos del cóctel corriendo por mis venas, que giro una esquina y me choco de frente con alguien.

No se queja, ni siquiera se enfada porque todo el contenido de mi vaso se derrame en su camisa blanca y la copa se rompa a nuestros pies.

Levanto la cabeza y me encuentro frente a frente con el Marlowe Malenfant de décimo curso.

El corazón me palpita con fuerza al verlo.

Parece... diferente. No tiene nada que ver con el Marlowe con el que estoy conviviendo ahora.

En mi recuerdo es un chico alto y desgarbado, nada que ver con el Marlowe actual, más grande y musculado.

Hasta parece más bajo. Tiene el pelo todavía más claro y algo revuelto, y un aura de poder que se siente a varios metros a su alrededor y que no tiene nada que ver con su apellido.

Siendo sincera, y aunque me resulte extraño verlo así, Marlowe ya apuntaba maneras entonces, y entiendo por qué la mitad de chicas de mi curso, e incluso de noveno y octavo, estaban locas por él.

Pero para mí todo eso queda opacado ante una única noción: si algo no me pasa desapercibido es que en el recuerdo no lleva guantes.

—Vaya, vaya, princesa. No necesitaba un toque de sangre falsa en mi camisa, pero ahora que lo veo, no está tan mal —bromea a modo de saludo.

La Hazel de dieciséis años vestida de princesa se siente tan mal que no sabe ni por dónde empezar a disculparse.

Malenfant también huele a alcohol, aunque a una bebida mucho más elegante que la mía.

Con un sencillo hechizo, recompone el vaso y lo eleva entre nosotros.

Me lo devuelve entero, como si jamás se hubiera estrellado contra el suelo.

—Gracias. Siento mucho haberte arruinado la camisa —murmuro, con la vista puesta en el pasillo. No hay ni rastro de Caleb—. Perdona, me tengo que ir.

Salgo pitando de ahí. La escena avanza y me veo regresando a la habitación de Olivia sin Caleb. Me encuentro a Serenity sentada en el círculo alrededor de la vela, que se ha hecho todavía más grande. También se ha unido Marlowe Malenfant.

Veo cómo me pongo al lado de mi amiga, sin formar parte como tal del juego.

—¿Ha habido suerte? —me pregunta, dándome un sutil codazo.

Niego con la cabeza.

—No lo he encontrado. He bajado por...

Mi versión de dieciséis años intenta explicarle a su amiga todo el recorrido que ha hecho para buscar a Caleb, pero sus palabras se ven ahogadas por los aplausos de la gente.

Marlowe Malenfant se acerca a la vela. Es su turno de jugar.

Me veo poner los ojos en blanco cuando se recrea a la hora de encenderla, como si necesitara un complicadísimo hechizo para hacerlo.

Es magia elemental de primer año, pero supongo que la reputación y el hecho de que todo el mundo quiere ser su amigo hacen que lo aplaudan por cualquier tontería.

Nunca entenderé por qué él y Alec Aurigae son los más populares de nuestra clase, si solo se han ganado esa medalla por los méritos y la fama que han heredado de sus padres.

Todavía estoy esperando a que Alec apruebe todas las asignaturas de un curso o que Marlowe demuestre que tiene algún tipo de habilidad más allá de su inteligencia y carisma.

Cuando la vela está encendida, Malenfant la vuelve a colocar en el centro.

Con un gesto seguro, la apaga. El humo comienza a subir hacia el techo, sin apuntar a nadie en particular, y después baja y señala al lugar que está ocupando Serenity, aunque ligeramente desviado.

Concretamente, un poquito más hacia la izquierda, hacia el lugar que estoy ocupando.

La habitación se queda en silencio durante unos instantes y después se llena de silbidos. Me veo ponerme colorada y me da vergüenza verme a mí misma levantándome y negando con la cabeza.

—No, yo no estoy jugando. Solo me he agachado para hablar con Serenity...

Pero Marlowe Malenfant parece tranquilo.

—Oh, venga, Greenleaf. Solo es un juego. No es que vayamos a casarnos pasado mañana.

—¡Eso, solo es un juego, Hazel! —grita Olivia desde el otro lado del círculo.

Siento que me van a estallar las mejillas de la rabia.

No recuerdo haber vivido nada de esto, ni Serenity tampoco me lo había contado.

Lo único que recordaba que había pasado era que bebimos de más porque Olivia cargó mucho las copas y aquello pasó factura en los cuerpos de unas chicas que era la tercera vez que bebían en toda su vida.

Los cócteles me habían hecho tener lagunas de aquella noche, pero jamás imaginé que jugué a la vela, aunque fuera sin quererlo, con un puñado de segadores.

Me imagino a Magnus indagando en mis recuerdos, encontrando este fragmento olvidado en mi subconsciente y devolviéndomelo, con una sonrisa maligna en los labios.

Todo lo que podía decir de aquella noche es que me desperté en mi cama, vestida con la ropa de la noche anterior y con ganas de vomitar, que fue lo único que hicimos durante el resto del día que no fuimos a clase. Serenity estaba incluso peor que yo. Lo demás es como si nunca hubiera pasado.

Sigo con atención la escena. Al lado de Marlowe, Alec Aurigae se mofa y murmura algo que no alcanzo a escuchar, aunque la Hazel de décimo curso sí lo hace y eso detona una reacción en cadena.

Sucede algo que me deja de piedra: la otra Hazel da varios pasos al frente, agarra a Malenfant por la camiseta, todavía mojada y manchada de rojo, y le besa en los labios.

Le beso .

Marlowe no se aparta y me sonríe cuando nos separamos. Desliza una mano por mi cintura y me vuelve a atraer hacia él. Nos besamos de nuevo, esta vez durante unos segundos que se me hacen eternos.

Algo dentro de mí estalla en mil pedazos.

No puedo creer que en la única noche en la que perdí el control, la única noche de mi vida de la que no recordaba absolutamente nada, pasara esto.

Y que mi subconsciente lo hubiera atrapado en una burbuja en alguna parte de mi cerebro, sin dejarme revivirlo. .. hasta ahora.

La escena se desdibuja, y yo prefiero no ver más. Me siento sucia, exactamente igual que después de la primera prueba, cuando Malenfant se metió dentro de mí.

Regreso a la biblioteca con unas náuseas horribles. El pitido no me deja tranquila y suena cada vez más alto, pero mi cerebro no deja de dar vueltas.

Marlowe ha sido la última persona que he besado.

Solo de pensarlo, los labios me arden, recordándome que un día los suyos estuvieron ahí.

No puedo creer que Magnus escogiera ese primer recuerdo para mostrármelo aquí. No sé cuál será el siguiente recuerdo, pero, cualquiera que sea el resultado, no consigo determinar qué va a ser peor: olvidarlo para siempre o recordarlo y volver a la mansión como si nunca hubiera sucedido.