Malenfant 24. MARLOWE
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24. MARLOWE

MARLOWE

Serenity ahoga un grito.

—Hazme caso en lo que te voy a decir —se adelanta Alaric, poniéndose de pie.

Ivy sigue llorando, desconsolada, sin poder sostenerle la mirada a Corey—.

Lo mejor es que te lo comas. Vas a morir, sí.

.., pero la alternativa será mucho peor.

No creo que Magnus haya sido benévolo al pensar en qué hacer si algún participante se niega a comer.

Te aseguro que será algo mucho más doloroso y traumático.

—¡Qué fácil es decirlo cuando no te ha tocado a ti! —exclama él. Abre tanto los ojos que parece que se le van a salir de las órbitas.

—¡Cómetelo! ¡Nos estás poniendo en peligro a todos! —añade Caleb.

Me fijo en Hazel; quiero saber cuál es su reacción.

Sin embargo, está seria. Tiene la cabeza ligeramente agachada, pero no aparta la vista de su exnovio, y tampoco parpadea.

Tiene que estar ardiendo por dentro. Lo sé.

Puedo sentir su rabia en la distancia, sus mejillas ardiendo, los puños apretados por debajo de la mesa.

—Tú cállate, traidor —le insulta Corey a Caleb—.

Has matado a la profesora Vexley y ahí estás, tan tranquilo, esperando a que yo sea el siguiente.

¡Pues no lo haré! ¡No os daré ese gusto, ni a ti, ni a ellos, ni a Magnus!

—Corey señala hacia arriba y entonces, en un ataque de rabia, coge la manzana que hay sobre su plato y la lanza directamente a las gradas, apuntando hacia su mentora, una segadora prima de los Myers.

La manzana sale volando hacia esa dirección, pero no con la suficiente altura, y se acerca peligrosamente a donde me encuentro. Todo sucede en cuestión de un segundo. La fruta gira en el aire y golpea directamente a mi madre en la mejilla. Ella ahoga un grito y se lleva las manos a la cara.

—¡Madre! —exclamo, girándome hacia ella. No estoy seguro de si la ha golpeado en el ojo también.

Extiendo mi mano enguantada hacia su mejilla, pero ella me la aparta en cuanto siente que le rozo la cara.

—Estoy bien —murmura.

—¡Esto es un escándalo! —grita entonces Aaron Aurigae.

El padre de Alec se pone de pie, fuera de sí, y empieza a exigir a gritos que vengan a por Corey y lo maten. Mi madre se agacha y se frota la mejilla.

—Madre, por favor —le insisto—. Enséñame la cara.

Pero ella no se mueve.

—¿Qué era lo que me ha golpeado?

—Una manzana —le respondo enseguida.

Mi madre no responde, pero se incorpora justo en el momento en el que Aaron Aurigae se acerca a nosotros.

—Voy a matar a ese hijo de puta con mis propias manos —murmura, buscando una salida de las gradas.

Da varias zancadas hacia la puerta por la que hemos entrado y, casi un minuto después, aparece en la parte de abajo, donde están todos los participantes. Ivy se levanta y se aleja corriendo de él, aunque Aaron tiene otros planes.

Con un murmullo de fondo, y la música cada vez más alta, Aaron Aurigae coge a Corey por el cuello y le empieza a apretar la garganta. Corey intenta zafarse, pero algo dentro de él sabe que no hay nada que pueda hacer.

—Te crees muy listo, ¿verdad? —masculla entre dientes. La cara le empieza a sudar y unas gotitas caen sobre la cara de Corey, que lo mira con los ojos muy abiertos—. ¿Crees que puedes asustarnos? ¿Te recuerdo qué le ha pasado a tu familia y por qué estás aquí?

—Ya basta, Aaron —interviene Alaric.

Por algún motivo, sus palabras parecen hacer efecto, porque Aaron suelta al chaval justo a tiempo para que pueda coger aire y luchar por su vida. Se lleva las manos a la garganta, que ha pasado del blanco al rojo.

—Ay, Alaric... ¿No te da pena estar aquí rodeado de niños? —le espeta Aaron—. Yo no soy uno de tus alumnos, así que no intentes decirme lo que tengo que hacer.

—Pero un día estuviste sentado conmigo en uno de esos pupitres que hoy están cubiertos de escombros... y sé que eres mucho más que esto. Tan solo fuiste un niño con mala suerte, que nació en la familia equivocada, que se sintió obligado a obedecer unas normas que existían mucho antes que él.

Trago saliva. Sus palabras me duelen a mí también. No sé qué pretende Alaric, pero no parece estar funcionando. Aun así, está ganando tiempo para que Corey pueda recuperar su respiración del todo.

—No abras ahora el baúl de los recuerdos, Alaric.

Pero el profesor sonríe con paciencia.

—No lo necesito. Hay muchas cosas de las que me acuerdo como si hubieran sucedido ayer mismo. ¿Quieres que te cuente alguna? Quizá eres tú el que se ha olvidado de lo que pasó, por ejemplo..., en el cuarto de escobas.

Entonces, sucede algo que no he visto nunca, en toda mi vida: Aaron Aurigae se tensa. Sus ojos desafían al profesor. Miro a su familia, que parece estar igual de intrigada que yo. Hasta mi madre se revuelve en el asiento y ya parece que se le ha olvidado el golpe que ha recibido.

Sin embargo, Aaron enseguida recupera la compostura y hace como si no le interesara lo que Alaric tiene que decir.

—No sé a qué te refieres. De jóvenes todos hacíamos muchas travesuras, sí. No las recuerdo todas.

El profesor inclina la cabeza con curiosidad. Todavía puedo leer la intranquilidad en los ojos del padre de Alec, por más que se empeñe en disimularla.

—Oh, venga, Aaron. No me quiero poner ahora a destapar antiguos secretos.

—Yo tampoco, Alaric —lo amenaza de vuelta—.

Creo que a ninguno de los dos nos beneficiaría causar un espectáculo delante de este público.

Y no quiero que se nos olvide por qué estamos aquí hoy.

Por qué estás aquí hoy. —Aaron cambia de tema, pero estoy convencido de que todos los presentes queremos saber qué se esconde detrás de esas frases en clave que han intercambiado los dos.

Quell no dice nada más, como si le hubieran sacado un tema prohibido y estuviera atado de pies y manos.

—Marlowe, por favor. —Aaron se gira en mi dirección al pronunciar mi nombre. El corazón me da un vuelco—. ¿Serías tan amable de devolver la manzana a la mesa? Hay un comensal que tiene mucha hambre y creo que está deseando hincarle el diente...

Bajo el escrutinio de todos, rebeldes y segadores, agacho la cabeza y busco la manzana por el suelo.

Puedo sentir la respiración de mi madre, más fuerte de lo normal, como si estuviera justo en mi nuca.

Localizo la manzana tres asientos más a la derecha y la recojo con cuidado.

Tiene un aspecto aparentemente normal, pero un solo bocado podría matar a cualquiera de los que estamos aquí.

La agarro con fuerza durante unos instantes y después la lanzo hacia Aaron Aurigae. La manzana aterriza justo en su mano y la devuelve a la mesa, donde estaba hace unos segundos.

—Venga, cariño, un mordisquito y ya nos podremos ir todos a casa. ¿Estás listo?

Aaron se coloca detrás de él y posa la mano sobre el hombro del chico.

Corey reacciona, apartándolo de un manotazo, y trata de golpearle cuando su mano se detiene a escasos centímetros de la mejilla del hombre.

Todos nos quedamos en silencio. Me doy cuenta de que la música también se ha detenido.

Sin embargo, el juego sigue. Como si no la pudiera controlar él mismo, la mano de Corey se gira hacia la mesa y coge la manzana.

—¡No! ¡NO!

Los gritos de Corey resuenan por la sala, haciendo eco en la planta de arriba.

Con la otra mano, trata de detener su propio cuerpo, pero es en vano.

El chico echa la cabeza hacia atrás mientras su mano agarra la manzana, y la acerca a su boca, con una extraña rigidez.

Me fijo en Aaron y luego en Alaric, pero ninguno de los dos parece estar haciendo esto.

De hecho, el primero observa la escena con fascinación y el segundo con horror.

Aurigae no lo está obligando, ni tampoco ninguno de los segadores que estamos aquí.

Son las propias reglas de El Ascenso. Por supuesto, El Magno tenía que haber pensado en esto, en cómo conseguir que el juego se terminara hasta el final.

Corey trata de luchar contra su propio cuerpo, se resiste a abrir la boca, pero ya no hay nada más que pueda hacer.

Como si estuviera presenciando una escena de terror, el indigno abre la boca y da un mordisco grande a la manzana.

La escucho crujir desde aquí. Después, comienza a masticarla, poco a poco, mientras empieza a llorar y a ponerse cada vez más rojo.

Las piernas le tiemblan, pero no puede moverse de la silla.

Da otro bocado, esta vez, tratando de gritar, pero sus intentos quedan ahogados por la manzana.

En cuestión de segundos, el veneno comienza a hacer efecto y Corey empieza a atragantarse.

Los siguientes segundos son agónicos. El cuerpo del chico lucha por sobrevivir, en sus ojos hay un grito de auxilio que nunca podrá soltar, y trata de coger aire sin saber cuál va a ser su última exhalación. .., hasta que pierde la vida.

Nos quedamos en silencio absoluto. El cuerpo de Corey queda inerte, su mano pierde la fuerza y la manzana se le escurre de las manos, cayendo al suelo y rodando un par de metros.

Ivy se cubre la cara con las manos y empieza a llorar otra vez, o quizá nunca ha parado de hacerlo.

Es una lástima ver cómo un chico valiente, tan joven, decide volverse en contra de la verdad con tal de complacer a un grupo de rebeldes indignos.

Espero que esto os haya servido para daros cuenta de que no hay una alternativa a unirse a nosotros.

Por suerte, vuestro compañero ya podrá encontrarse con la Muerte.

Con esto, termina la tercera ronda. Los campeones serán guiados con sus respectivas familias. Podéis descansar... por ahora .