Malenfant 22. MARLOWE
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22. MARLOWE

MARLOWE

La sangre se me congela cuando otro chico más muere sobre la mesa, luchando contra una poción demasiado efectiva para que el cuerpo humano se resista a ella.

Aunque nos separan varios metros, puedo distinguir cómo se le hinchan las venas del cuello y se le enrojecen los ojos justo antes de perder el conocimiento.

El chico muere de lado, en una posición ridícula, con las manos cerca del cuello y las piernas dobladas.

La primera ronda ha finalizado. En la segunda, os podréis sentar en el orden que queráis, pero no podréis repetir con la persona que os ha tocado ahora .

La voz de El Magno desaparece. Los indignos esperan unos instantes para ver si dice algo más o si da alguna indicación sobre qué hacer con los cuerpos, pero enseguida un grupo de seis encapuchados aparece en la sala y se encargan de ellos.

Los cadáveres del chico y la chica son retirados con muchas prisas y poco cuidado.

Después, los encapuchados regresan para recoger todos los platos de las cinco mesas, tanto los que se han comido como los que han quedado sin tocar.

Los rebeldes se ponen de pie y buscan una nueva pareja con la que sentarse.

Serenity se levanta de su mesa y enseguida sustituye a Theo para sentarse con Greenleaf.

No me doy cuenta hasta ahora de que estaba conteniendo el aire en los pulmones, rezando para que ni Ivy ni el chico delgaducho la escogieran a ella.

Por ahora, que nosotros sepamos, son los únicos que han entregado una comida envenenada.

Entonces, soy consciente de que hay una alta probabilidad de que Greenleaf sobreviva.

Si esta prueba la va a compartir con Serenity, en la siguiente puede sentarse con Caleb.

No me imagino a ninguno de sus amigos traicionándola.

Si son igual que ella, intentarán llegar, por lo menos, los tres juntos hasta el final.

Caleb se cambia a la mesa de al lado y se sienta solo, sopesando sus opciones.

Theo Hall lo tiene claro: camina hacia la tercera mesa, donde Alaric se acaba de levantar, y se sienta frente a Morgana.

No sé si Theo ha intentado envenenar a Hazel, porque ella ha usado su comodín, aunque tampoco me imagino a un niño tratando de envenenar a su profesora.

De hecho, si se hubieran organizado bien, la segunda prueba podría ser la única en la que no falleciera nadie.

No entiendo por qué Ivy y el chico han escogido la comida envenenada.

Imagino que Ivy se ha dejado llevar por la rabia de la muerte de su padre.

.. y que el chico simplemente querría quitarse algo de competencia.

Alaric se sienta frente a Ivy y a Caleb no le queda otra que esperar a que el alumno que ha sobrevivido, el que también ha usado ya su comodín, se coloque frente a él. En cuestión de un minuto, todas las mesas se han organizado. La quinta queda vacía.

Que empiece la segunda ronda .

Todas las miradas se dirigen ahora a Serenity, que es la primera en elegir.

La chica se levanta, mordiéndose las uñas y con una meta clara: un elaborado postre de chocolate negro.

Coge el plato y camina despacio, para que el coulant no se abra y se desparrame su interior de chocolate líquido.

La chica rubia vuelve a la mesa y coloca el plato justo delante de su amiga.

Después, Hazel se levanta y se pasea por delante de la mesa.

Hay decenas de platos, pero ella parece buscar un ingrediente en especial.

Se detiene delante de un estofado de judías, lo mira con cuidado y decide cogerlo.

Camina de regreso a su mesa y se lo entrega a Serenity.

Ambas comparten una mirada llena de complicidad.

Vuelvo a coger y soltar aire. Parece que a mi cuerpo se le ha olvidado cómo hacerlo de forma automática.

Caleb y su nuevo compañero repiten el ritual, aunque con cierto recelo. Después hacen lo mismo Theo y Morgana y, por último, Alaric y Ivy.

Cuando todos ya están sentados y con sus respectivos platos, Serenity coge una cuchara.

Sin dudarlo, se lleva una buena cantidad de judías a la boca.

La receta tiene zanahoria y guisantes. Desvío un instante la mirada para observar a los Aurigae, que no quitan ojo a su participante.

Todos parecen estar igual de tranquilos que yo en esta ronda.

Serenity coge otra cucharada de judías y después otra más.

Incluso se termina el plato. Observo con horror cómo traga la comida.

Es entonces cuando me doy cuenta de que Serenity ha perdido mucho peso y eso que ya estaba delgada cuando terminó la guerra.

La están matando de hambre en la casa de los Aurigae.

De pronto, Serenity deja la cuchara y empieza a toser.

El corazón me da un vuelco. Todas las miradas se centran en ella, y después en Hazel.

Desde donde me he sentado no la puedo ver.

Serenity sigue tosiendo y se lleva la mano al pecho.

Hazel arrastra la silla con un ruido sordo y se pone de pie.

Mira a su amiga y, después, me busca entre las gradas.

No tarda mucho en encontrarme. Casi de inmediato, mira a mi madre con cara de pánico, pero ella es incapaz de corresponderla.

Hazel vuelve a observarme, con los ojos húmedos y llenos de preguntas.

Sin decirme nada, puedo sentir su corazón latiendo con fuerza y algo dentro de mí hace que también me ponga en pie.

Quiero decirle que esté tranquila, que es parte del juego.

Que solo se está asegurando de su propia supervivencia, y eso está bien.

A veces todos tenemos que hacer sacrificios, aunque no nos guste, por el bien de todos.

Sin embargo, no puedo evitar sentirme fatal por ella.

Por lo menos mi madre estará contenta con todo esto.

Caleb también se levanta, dos mesas más allá, pero no se acerca a ellas por miedo a que su intervención empeore las cosas, supongo. Aun así, se frota las manos y la ansiedad le puede.

—¿Qué has hecho? ¡La has matado! —grita él.

Hazel se gira hacia el que un día fue su pareja. Pierdo el contacto visual con ella.

—¡No! ¡Ha sido un error! —le responde. Las lágrimas comienzan a empaparle la cara. Han aparecido de la nada e intenta apartárselas con las manos, aunque le tiemblan tanto que apenas atina.

Pero Caleb agita la cabeza.

—Ahórrate el teatro, Hazel. No esperaba que, después de todo, te dejaras comer la cabeza por los Malenfant. ¿Qué te han prometido? ¿Con qué te han engañado?

Hazel no responde. En su lugar, aprieta los puños y se vuelve de nuevo hacia su amiga.

Serenity hace esfuerzos por coger aire mientras mi mente intenta registrar lo que acaba de suceder.

Hazel la ha envenenado sin querer. No hay otra explicación para lo que está sucediendo.

No me imagino a Hazel haciendo algo así por su propia voluntad.

Y, si antes no ha matado a Theo para liberarlo de los Ravenscroft, tampoco creo que lo haya hecho con su amiga.

En el estado en el que se encuentra Serenity, su mejor baza para sobrevivir es que ambas lleguen lo más lejos posible, juntas.

.. y vivas. Hazel lo sabe y, aunque solo sea por eso, debería protegerla.

Los Aurigae siguen con disgusto la escena. Más bien, con asco. Puedo ver la expresión tosca de Alec, con el labio fruncido mientras observa a Serenity dar sus últimas bocanadas de oxígeno.

Greenleaf empieza a hiperventilar y rodea la mesa, colocándose junto a Serenity, y trata de ayudarla a que respire.

La tez blanca de su amiga ya se ha vuelto roja y está empezando a adquirir un tono morado que no augura nada bueno.

Y, entonces, Serenity coge el poco aire que le llega a sus pulmones y tose con mucha fuerza.

Un trozo de lo que parece ser zanahoria sale disparado, volando un par de metros hasta caer en el suelo y rodar, manchándolo todo.

La chica vuelve a dar una bocanada desesperada, una aspiración sonora y, poco a poco, parece que recupera la respiración.

La imito, como si a mí también me hubiera faltado el aire durante este angustioso minuto.

Serenity apoya un codo sobre la mesa y entierra la cabeza en su mano mientras su respiración se va calmando.

Pero Hazel sigue hiperventilando en medio de un ataque de ansiedad.

Miro a los Aurigae, que todavía están reclinados en su asiento, asegurándose de que su participante va a sobrevivir y de que todo ha sido un susto.

—¿Qué ha pasado? —me susurra mi madre al oído.

Trago saliva.

—Creo que Serenity se ha atragantado.

Ella asiente con tranquilidad. A veces envidio su frialdad.

Siempre se muestra impertérrita, como si nada la perturbase.

No lo hace lo que está pasando ahora y nunca lo ha hecho ni en el pasado ni en el futuro.

Es como si jamás hubiera tenido una preocupación, a pesar de que no ha tenido una vida fácil.

Hazel se asegura de que su amiga está bien y se sienta en su silla. Me giro hacia Caleb, que observa la escena con una expresión desencajada en el rostro. Abre la boca para hablar, pero decide no hacerlo y se deja caer en su asiento.

Hazel, todavía con lágrimas en la cara, coge una cuchara y abre el coulant por la mitad.

Aunque estoy lejos, puedo percibir cómo le tiemblan las manos, y siento un pinchazo en el pecho, justo a la altura del corazón.

Un reguero de chocolate líquido y oscuro cubre el plato.

Con un gesto brusco, coge un trozo de bizcocho y se lo lleva a la boca.

No come nada más. La observo con decisión, con los ojos clavados en su nuca. .., y no sucede nada.

El turno pasa a la mesa de al lado, donde están Theo y Morgana. El niño prueba su comida de un bocado, sin pensárselo dos veces, y sobrevive. Sin embargo, Morgana decide utilizar su comodín y no comer. Desde la grada, su hermana la llama cobarde y se burla de ella, pero la profesora no se inmuta.

—No estaba envenenada —le susurra el niño mientras, a su lado, Caleb se revuelve incómodo, esperando su turno.

La profesora Vexley no responde. El turno pasa a la siguiente pareja.

El compañero de Caleb, que observa el plato de pasta frente a él con detenimiento.

El chico clava los ojos en el único superviviente de los White, como si estuviese estudiándolo.

Ambos se sostienen la mirada durante un instante que parece eterno y, finalmente, prueba su plato sin ningún problema.

En ese momento me doy cuenta de que Caleb White no parece él mismo.

Desde que ha acusado a Hazel de querer matar a Serenity, su rostro se ha puesto blanco y parece incómodo.

Coge el tenedor, dudando entre si probar o no la comida. Todavía queda una ronda más, pero me sorprende que vaya a arriesgarse. El otro chico no ha tenido ningún reparo en matar a su compañero en la ronda anterior, sin ningún motivo aparente.

Entonces, Caleb se arrepiente y, por fin, habla:

—Utilizo mi pase para saltarme esta ronda.

El chico de enfrente no reacciona y el turno pasa a la última mesa, la de Alaric y Ivy, en la que los dos pasan la prueba sin problemas.

Mi madre exhala un suspiro al ver que todos han sobrevivido.

Veo que todos habéis sido buenas personas. Por lo menos, todos los que habéis probado el plato habéis sobrevivido, lo que significa que vuestro compañero ha querido que sigáis adelante. Pero la gloria no puede estar al alcance de todos. Por eso, vamos a hacer un cambio de última hora .

Los Aurigae, que ya se habían relajado, parecen volver a prestar atención. Alec se incorpora en su silla y apoya los codos en las rodillas y el mentón en las palmas de las manos, con una expresión expectante.

En esta ronda final se asignarán los sitios de forma aleatoria. Y, además, si los participantes de una misma mesa comen de sus platos y ninguno está envenenado..., ambos morirán.