21. HAZEL
HAZEL
Comida segura: cualquier plato que contenga patatas.
Comida envenenada: cualquier plato que contenga arándanos.
Arrugo la nota en la mano y la guardo en el bolsillo de la capa.
No me había dado cuenta de la cantidad de platos que hay sobre la mesa hasta ahora.
Las tripas me rugen al ver algunos de ellos, pero después me invade una sensación de aversión al pensar que la mayoría de las raciones que hay sobre la mesa están envenenadas.
No quiero imaginar cómo será la muerte de quien tenga que comer una de ellas.
Hoy solo quedamos diez personas. Pero mañana seremos menos. ¿Cuántos? Imposible decir. No es que Magnus tuviese mucho aprecio a nuestras vidas. Si estamos aquí todavía es por simple espectáculo. Porque, incluso desde la tumba, somos un juego para él.
Camino por delante de la mesa. Algunos platos ya han sido retirados.
Otros todavía están humeantes, tratando de llamar mi atención para que los elija.
Mis ojos se clavan en una pequeña bandeja de arándanos.
Tan normales y, al mismo tiempo, tan mortíferos.
Por un instante, me siento tentada de cogerlos y terminar con el sufrimiento de Theo, de darle una salida rápida a todos estos días de maltratos y vejaciones por parte de la familia Ravenscroft.
Sin embargo, hay algo dentro de mí que me impide ser el verdugo.
Quiero liberar a Theo, pero no me siento capaz de hacerlo así. No puedo.
Sigo caminando y me decanto por un guiso de cordero que, por el olor y el plato en el que está presentado, parece marroquí.
Unas patatas cortadas en forma de tacos se mezclan con todo tipo de verduras sobre una salsa oscura y con aspecto picante.
Cojo el plato y regreso a la mesa, colocándolo frente a Theo.
Él ha elegido para mí una pechuga de pollo con una salsa de almendras.
Las dudas se amontonan en mi cabeza. No creo que el pollo sea mortal, aparece en demasiados platos.
Pero las almendras... Me fijo en el resto de platos.
Algunos tienen patatas, como el que Alaric ha escogido para Morgana.
Quizá lo ha hecho porque su pista indica que el pescado es seguro.
Trato de memorizar todo lo que han escogido los demás, creando una lista de posibles alimentos seguros y mortíferos.
Sé que las patatas son seguras, por tanto, el pescado también, por el plato de Morgana.
No puedo sacar ninguna conclusión más de esta ronda, así que espero a que todo el mundo termine de elegir su plato para que inicie el verdadero desafío.
Todos habéis escogido un plato para vuestro compañero. Empezaréis de izquierda a derecha, mesa a mesa. No podréis probarlo hasta que la mesa anterior no haya terminado. La primera ronda comienza ya .
El corazón me da un vuelco cuando me doy cuenta de que la primera mesa es la nuestra.
Theo me mira con una expresión de pánico y desvía los ojos a mi plato y, después, hacia abajo.
Cojo el tenedor y el cuchillo. Por lo menos, no me tiembla el pulso a la hora de cortar el pollo, que ya está untado en la salsa de almendras.
Miro la comida y después a Theo, que se muerde los dedos y abre mucho los ojos para evitar que las lágrimas se le derramen por las mejillas.
Entonces, tengo un mal presentimiento. No he visto frutos secos en ningún otro plato.
Si fuera un alimento seguro, quizá alguna otra persona lo habría elegido.
.. Engancho un pedazo de pollo con el tenedor y lo levanto.
La respiración de Theo se acelera y la mía también.
El olor del pollo parece normal, pero la reacción del chico me preocupa.
Siento cómo se clavan en mí las miradas de todos mis compañeros, así como de los segadores.
Solo tengo una oportunidad de negarme. No sé quién me va a tocar en las dos siguientes rondas, ni siquiera estoy segura de que un niño como Theo sea capaz de matar, pero.
.. he visto esa mirada antes. Reconozco el miedo, el trauma en sus ojos.
La posibilidad de que Theo esté amenazado por los Ravenscroft para tratar de matar a toda la gente posible.
.. o, si no, sus acciones tendrán consecuencias.
Entonces, con un ruido sordo, suelto el tenedor, que cae sobre el plato.
—Decido no comer en esta ronda —digo en voz alta.
Aunque escucho las quejas de los segadores desde el balcón, estoy más centrada en la reacción de Theo.
Parece aliviado de que no haya probado bocado.
Él, sin embargo, no se lo piensa y se lleva a la boca una cucharada de su guiso de patatas.
Mastica con cuidado y traga como si estuviera comiéndose un montón de cristales rotos, pero no le pasa nada.
Theo gime, aliviado, y toca el turno de la siguiente mesa.
Caleb y Serenity prueban sus platos por orden: un postre de fresas con chocolate y un sencillo vaso de zumo de melocotón.
Aunque estoy segura de que no se harán daño, no me abandona la intranquilidad mientras se llevan su comida a la boca, la tragan y esperan unos segundos que se hacen eternos.
Los dos pasan la prueba, así que añado el melocotón, las fresas y el chocolate a la lista de alimentos seguros.
Morgana y Alaric comen a la vez con decisión. Morgana prueba las patatas fritas y el pescado sin consecuencias para su salud y Alaric toma varias cucharadas de una especie de crema de verduras con un tono bastante pálido. Por ahora, las tres primeras mesas hemos pasado la prueba.
Llega el turno de Ivy Nox y una alumna más joven que nosotras, una chica que estaba empezando su segundo curso cuando estalló la guerra.
Ivy se come un plato de huevos fritos y tostadas con judías.
Lo hace con voracidad, como si le importara más llenar su estómago que morir delante de una audiencia.
Ivy no parece mostrar signos de envenenamiento, así que asumo que el huevo es seguro en todas sus formas, tanto duro como frito.
Después, la chica extiende la mano y agarra el asa de una pequeña taza de café.
Con miedo, se la lleva a los labios. Durante unos segundos no sucede nada.
Entonces, la cara le cambia. La taza se le escapa de las manos, derramándose por sus pantalones.
La chica grita de dolor por la quemadura mientras empieza a toser.
Ya está. Ella va a ser la primera en morir.
Las toses se vuelven cada vez más violentas, impidiéndole respirar con normalidad.
La chica se lleva las manos a la garganta.
Mira a su alrededor, pidiendo ayuda, pero algo dentro de ella sabe que no hay nada que hacer.
Tarda un eterno minuto en morir sola, sobre el suelo, mientras un grupo de segadores aplaude sobre nuestras cabezas.
Me hierve la sangre. Siento que las mejillas me van a explotar en cualquier momento.
Me dan ganas de levantarme, de gritar, de lanzar el plato contra las gradas para que dejen de reírse de la chica que acaba de morir.
.., pero sé que será en vano. De hecho, solo servirá para alimentar su ego, y no quiero darles otro motivo para disfrutar del macabro espectáculo.
La última mesa se prepara, porque la prueba tiene que continuar, de una forma u otra.
—No quiero comer —dice un chico bajito y delgado—. Quiero pasar esta ronda.
Entonces, me doy cuenta de por qué lo ha hecho.
En su plato, elegido por el chico pecoso que tiene enfrente, hay un mousse de café.
El mismo café que ha matado a la chica. Al igual que yo, se ha dado cuenta de que este juego va más allá de la suerte y que un poco de estrategia puede salvarte la vida, por ahora.
Sin embargo, el chico pecoso decide probar su plato.
Con el tenedor, empieza a pinchar todos los ingredientes que tiene su macedonia.
Enseguida me doy cuenta del peligro que tiene un plato así, con tantos alimentos diferentes en un mismo sitio.
Cuanta más variedad tenga, más posibilidades hay de que uno de ellos esté envenenado.
.., aunque un mísero café ha sido capaz de matar a la chica, cuyo cadáver todavía sigue tirado en el suelo, en el lugar donde ha exhalado su último suspiro.
El muchacho prueba la manzana, el plátano y la naranja.
Si la macedonia hubiera tenido fresas y él se hubiera fijado en la mesa de Caleb y Serenity, sabría que es un plato seguro.
Pero no veo ningún rastro de esa fruta. De pronto, el chico se paraliza.
Deja de comer y mira directamente al alumno que tiene enfrente, el que le ha ofrecido su plato.
Su cara pasa del blanco al rojo en cuestión de segundos y, después, empiezan las toses.
Cierro los ojos. No puede ser. Dos muertes en una sola ronda. El chico lucha por su vida mientras los demás buscamos maneras de evitar mirarlo fijamente. Ya que va a morir, intentamos que sea de la forma más digna posible, aunque los segadores parecen emocionados por presenciar una muerte más.