Malenfant 19. HAZEL
38%

19. HAZEL

HAZEL

Siento una extraña familiaridad cuando regreso al sótano.

Me fustigo por ello, pero no lo puedo evitar.

Con todo lo que ha pasado en los últimos días, por lo menos sé que aquí abajo estoy segura.

Las visitas inesperadas del basilisco o de mi antiguo compañero de clase son molestas, pero ninguno de los dos me ha hecho daño mientras estoy en mi jaula.

Quizá el síndrome de Estocolmo me está consumiendo.

Mi hermano se avergonzaría de mí al saber que lo primero que he sentido es un soplo de tranquilidad al volver a quedarme a solas y en silencio.

Todo lo que ha ocurrido hoy me ha dejado emocionalmente exhausta y me refugio en el sueño.

Es lo más cobarde que puedo hacer, pero también la única forma de mantenerme cuerda.

Por más que me pese, Gwendoline Malenfant tiene razón: cuanto más despejada esté mi mente, más posibilidades tendré de sobrevivir. .. por ahora.

Aunque mi cabeza se empeña en recordarme una y otra vez las imágenes de Alice muriendo a manos de su hermano, ya no le hago caso. Ha sido tan irreal que todavía parece una pesadilla, una película mal hecha que ni siquiera tiene un final.

Me coloco de lado, pegada a la pared donde termina mi jaula, y cierro los ojos.

Están húmedos, con las lágrimas a punto de salir, pero logro contenerlas hasta que me quedo dormida.

Y, por unas horas, tengo paz. No sé cuánto tiempo ha pasado hasta que me despierto, pero doy un bote al ver que hay algo más conmigo en la jaula.

Junto a mi habitual bandeja de desayuno, alguien ha colocado meticulosamente una montaña de objetos.

Mis ojos van directos a la comida y la engullo sin mirarlos hasta que lo he terminado.

Me bebo el vaso de agua a una velocidad alarmante, pero confío en que mi estómago no me juegue una mala pasada otra vez.

Cuando termino de comer, vuelvo la mirada a lo que me han traído.

Hay una especie de colchón doblado en tres partes, así como una manta y un cojín que puede pasar por una almohada.

También me han dejado algo de ropa, calcetines, unos guantes y un gorro, todo de colores oscuros, mucho más normales y que abrigan más que el camisón que llevo puesto.

Observo una a una todas las prendas y me sorprende descubrir que, no solo parecen nuevas, sino que han sido lavadas y planchadas hace poco.

Mi olfato, que se ha desarrollado por culpa del hambre, es capaz de distinguir ese olor tan característico a ropa recién planchada.

Junto a ella hay varias botellas de plástico llenas de agua, un bote de vitaminas que no pienso tocar, dos libros y un sobre.

Hojeo las novelas con rapidez. No me suenan los títulos.

Aunque su estado de conservación es bueno, parecen bastante antiguas, quizá incluso una reliquia familiar de los Malenfant.

Me sorprende que lo hayan dejado aquí, en el lugar más húmedo de su casa, pero luego recuerdo el estado de la biblioteca y llego a la conclusión de que no le tienen demasiado aprecio a la literatura.

Aparto el bote de vitaminas, así como las botellas de agua. Aunque no les conviene envenenarme, tampoco me fío de lo que puedan contener esos recipientes. La mayoría de pociones pasarían inadvertidas si se derramaran tan solo unas gotas dentro de una botella.

Por último, me centro en el sobre. De todos los objetos es el más pequeño y viejo, pero el que más me llama la atención.

No pone nada por delante ni por detrás, pero está sellado con una gran letra M de lacre morado.

Cuando lo despego, me da la sensación de que no se ha secado bien.

Aunque parece que alguien lo ha hecho con prisas, la caligrafía de la carta que hay en su interior es impecable.

Una letra cursiva, con tinta morada, destaca sobre el papel pequeño y amarillento.

Úsala ben.

No sé si es un consejo, un recordatorio o una amenaza, así que decido tomarlo como las tres cosas.

Vuelvo a meter la mano en el sobre y saco una pluma negra.

Parece de un cuervo, porque el fuego la hace brillar en tonos azules y morados cuando la giro entre mis manos.

La pluma termina en punta, como si fuera una estilográfica, pero no hay ningún frasco de tinta para escribir.

Paso las yemas de los dedos por la superficie.

Después toco la punta, pero no sale tinta.

Está fría al tacto y me resulta agradable y, a la vez, incómoda.

Me pregunto si, en caso de necesidad, podría usarla como un arma, pero no creo que esto atravesara la piel de mi enemigo, por más fuerza con la que la clavara.

Me acerco a la luz y busco cualquier tipo de marca o inscripción que me dé una pista de cómo funciona, pero no veo nada.

La agito cerca de mi oreja, pero tampoco parece tener un líquido en su interior.

Aun así, cojo el sobre e intento escribir algo en una esquina, como si lo hiciera con tinta invisible.

Hola.

Las letras van apareciendo, de color morado brillante, y a los pocos segundos se desvanecen, succionadas por el papel amarillento.

En su lugar solo queda un borrón un poco oscuro.

No se puede leer lo que he escrito, pero ha dejado una marca.

Pasan unos instantes y aparecen sobre el papel unas gruesas líneas de tinta, que se van afinando hasta que empiezan a formar palabras.

¿Quién eres?

El corazón se me para al reconocer la letra de Serenity.

Hazel.

Escribo justo encima del lugar donde lo he hecho antes, pero el papel no parece querer absorber la tinta.

Lo vuelvo a intentar, apuntando mi nombre una segunda vez, pero tampoco funciona.

Frunzo el ceño. ¿Esto es todo? ¿Solo un par de mensajes al día?

Tomo nota mental de lo que está pasando para añadirlo en el contrato.

Lo escribo una tercera vez y ya casi no se distingue de tantas veces que lo he hecho, una encima de otra.

Entonces, pruebo en otro lugar del sobre. Mi nombre desaparece al instante y creo entender cómo funciona todo esto. Una vez que el papel ha absorbido la tinta en un lugar, no puedo volver a escribir en el mismo sitio, así que nuestra comunicación va a ser limitada.

No tengo que esperar mucho para recibir una respuesta.

¿Cómo estoy segura de que eres tú?

Me quedo mirando fijamente al papel. Serenity tampoco se fía y hace bien, porque yo no estoy del todo convencida.

Porque sé cuántas veces has suspendido Historia Mágica.

¿Cuántas?

Dos.

No es una pregunta muy difícil. Quizá alguien podría adivinarla diciendo un número aleatorio, pero es lo primero que se me ocurre.

¿Y cuántas veces he llegado tarde a las clases de Alaric Quell?

La pregunta de Serenity es más inteligente que la mía. La asignatura de Botánica era su favorita cuando todavía estudiábamos en el internado, así que siempre llegaba la primera. Aun así, nunca consiguió ganarse al profesor. Creo que nadie nunca lo ha hecho.

Ninguna.

Mis letras desaparecen. La respuesta de Serenity no tarda en llegar.

Vale, creo que ahora sí que estoy segura de que eres tú.

Pienso en qué responderle, porque escribiría una carta entera con un millón de preguntas si pudiera..., pero el espacio en el papel es limitado y no sé cuándo podré conseguir más.

¿Cómo estás? He oído de todo. No sé cuán seguro es hablar por aquí.

Observo cómo el papel absorbe la tinta, dejando atrás un manchurrón que no me dejará volver a escribir encima. Ya casi he utilizado toda la parte delantera del sobre, así que decido escribir con una letra cada vez más pequeña.

He estado mejor, pero estoy viva. He cenado. Por cierto, el papel es limitado. ¿Qué tal tú?

A ella tampoco le han dejado mucho espacio.

Estoy bien. Preocupada por ti. En la prueba estabas... mal.

Me cuesta encontrar la palabra exacta para definir cómo la vi.

No solo no tenía buen aspecto, sino que no tenía nada que ver con la Serenity que conocía.

Ahora me recordaba a un fantasma en vida.

Parecía haber perdido para siempre esa faceta risueña, alegre y soñadora que siempre mostraba a los demás, incluso en los peores momentos.

Aunque no nos hicimos amigas desde el primer curso, nuestra conexión se volvió inseparable cuando compartimos habitación en tercero.

Tras unas primeras noches que fueron un poco incómodas, enseguida encontramos muchos aspectos en común, como nuestra fascinación por la Botánica o nuestra aversión a los ideales de los segadores.

Cuando Serenity era pequeña, uno de ellos mató a sus padres porque los confundió con un matrimonio que trató de atentar contra Magnus.

A pesar del error, los segadores siempre se burlaron de ella, diciendo que había sido un acto de «control de plagas» y que tenía que estar agradecida de que no le hubieran hecho lo mismo.

Desde que me enteré de eso, y cada vez que los veía riéndose de ella por los pasillos, mi instinto protector se activó.

Serenity no necesitaba a nadie que la salvara, pero no podía quedarme callada mientras se burlaban de la muerte de sus padres cada vez que tenían la ocasión.

Y en ese grupito de segadores que le hacían la vida imposible estaban, por supuesto, Alec Aurigae y Marlowe Malenfant.

Porque la familia que había terminado con sus padres no era otra que los Aurigae.

Ojalá juntas.

Escribe de forma telegráfica para ahorrar papel. Después añade:

¿Sabes cuándo siguiente prueba?

No. Ojalá.

Una parte de mí quiere saberlo cuanto antes para poder prepararme mentalmente para lo que estaría por venir. La otra, prefiere disociar. Pensar que todo llegará y que cada día que pasa es, para bien o para mal, un día menos para mi muerte.

Si alguien gana, espero que tú.

El mensaje de Serenity me revuelve las tripas.

No digas eso. Juntas.

Si Alec no me mata antes.

De nuevo, esa sensación no me abandona el estómago.

Ten cuidado. Nos leen.

Nada peor que me puedan hacer.

Puedan. Serenity habla en plural de los Aurigae, no solo de Alec. Me pregunto a qué más la estarán sometiendo, además de todas las asquerosidades que he escuchado... y que espero que sean mentira. Aunque una parte de mí sabe que no lo son.

Tranquila. Juntas pronto. Búscame en siguiente prueba. Por cierto, nueva clave. Pensar en otra.

Vale. Sin espacio. Te quiero.

Te quiero mucho.

La respuesta de Serenity no llega. De pronto, un gran vacío se instala dentro de mí, amenazando con quedarse para siempre.

El corazón me palpita con fuerza y no me doy cuenta hasta ahora de que estoy sentada, con la espalda totalmente encorvada hacia delante, mirando el papel con una mezcla de ansiedad y desesperación.

Solo me queda una pequeña parte de papel, así que la guardo entre mis nuevos enseres para asegurarme de que no se pierda.

Y pensar en que mañana firmaré el contrato con la matriarca de los Malenfant...

Hago la cama, algo que no pensé que sucedería desde que llegué a este sótano, y me tumbo sobre el colchón.

Mientras intento quedarme dormida, repaso mentalmente la conversación con Serenity.

Es una pena que la tinta desaparezca, porque me gustaría releerlo todo, intentar exprimir cada detalle, cada letra que haya podido escribir de forma diferente. .. Pero es imposible.

Me llama la atención que a ella también la hayan cuidado tanto esta noche, teniendo en cuenta el infierno que está pasando.

No me parece una casualidad que a mí también me hayan facilitado tantas cosas hoy, de forma inesperada y sin habérmelo ganado.

Entonces, me doy cuenta de por qué lo han hecho.

La segunda prueba tiene que estar a punto de comenzar y los segadores se han dado cuenta de que no tiene sentido tenernos muertas de hambre y cansadas.

Quizá sea una prueba física, de resistencia.

Mi cabeza intenta imaginar todas las posibilidades, pero el cansancio termina consumiendo todos mis pensamientos hasta que me quedo dormida.