17. MARLOWE
MARLOWE
Me aplico el ungüento mientras me muerdo la lengua.
Para ser una pomada que cura las heridas, el efecto parece justo el contrario.
Me escuecen como si otra vez se hubieran reavivado las llamas.
.., aunque encuentro cierto placer en ese dolor.
Significa que todavía queda algo de tacto en las palmas de mis manos, que aún puedo sentir y no lo he perdido del todo. Todavía.
La crema, de color naranja oscuro, se fusiona con las ampollas y con el rojo y negro de las heridas y la carne quemada.
No debería extenderla hasta que deje de supurar, pero necesito esa sensación de alivio cuanto antes o me explotará la cabeza.
Aplico una capa gruesa y después me siento en el borde de la cama, esperando a que haga efecto lo antes posible.
Mientras van pasando los segundos, pienso en mi padre.
Hace años me contó que mi habitación era entonces la suya y me pidió que la mantuviera intacta, para que fuera pasando de generación en generación sin que el tiempo la cambiara.
Los únicos enseres que añadí durante mis años de estudio en el internado fueron retirados hace tiempo.
El suelo de madera oscura le da un toque tétrico, pero, al mismo tiempo, reconfortante.
El armazón de la cama parece tener varios siglos, aunque ha resistido sin problema a pesar de la humedad.
Aquí arriba no se nota tanto, y eso que el cuarto tiene un gran ventanal al fondo con vistas al lago y a los jardines.
Con cuatro pilares, uno en cada esquina de la cama, su estructura está llena de detalles, de imágenes de plantas y animales que han representado a los Malenfant en algún momento de su historia.
Los pilares llegan hasta el techo, donde se funden con unas telas que rodean la cama creando un dosel verde oscuro.
El cabecero tiene un acabado de terciopelo burdeos, igual que los dos reposapiés que hay al final de la cama.
Mi padre nunca me ha dejado utilizarlos, ni siquiera para dejar la ropa que pensaba ponerme al día siguiente, así que son más bien un elemento de decoración.
Toda mi ropa está en la habitación de al lado, un vestidor de gran tamaño del que en veintidós años apenas he logrado llenar una cuarta parte.
Por fin, siento cómo el ungüento empieza a hacer efecto y se me va curando la piel.
Es la tercera vez que lo hago en un mes, así que no tengo muchas esperanzas en que se regenere del todo.
Cierro los ojos y me concentro en el hormigueo de mis dedos, mientras el dolor se va desvaneciendo.
No me había dado cuenta de lo cansado que estaba hasta ahora, cuando por fin me quedo a solas con mis propios pensamientos.
Mi mente entra en un estado de confusión, un limbo entre la realidad y el sueño.
Me veo a mí mismo, en el bosque, cargado de impotencia y miedo.
Al principio intento moverme, pero mis piernas están paralizadas, así que no me queda otra que ser consciente, otra vez, de las tres vidas que se perdieron en el claro.
Si tengo que matar para ganar, ¿puedo evitar formar parte de esta masacre?
Me debato entre cumplir las expectativas de mis padres y no perder mi humanidad por el camino.
En mis visiones del pasado, Alice White muere y siento a Greenleaf desgarrándose dentro de mí.
Podría haberlo evitado. Una sensación de desesperanza se apodera de mí, pero, cuando por fin voy a actuar, el bosque empieza a volverse borroso.
La imagen se desvanece y aparezco en un laberinto de espejos con baja iluminación.
Busco frenéticamente la salida, pero cuando me giro estoy a punto de chocar conmigo mismo.
.., aunque no soy yo. La persona que me devuelve la mirada es Greenleaf, con los ojos rojos, como si estuviera poseída.
Tiene el pelo revuelto y encrespado, aunque puedo distinguir perfectamente su pinza de color burdeos, y la túnica del décimo curso del internado.
El corazón me da un vuelco al verme así, pero antes de que pueda evitarlo, la escena vuelve a cambiar.
Aparezco en una habitación llena de gente.
De fondo hay música, demasiado alta para las horas que son.
En cualquier momento los profesores nos van a pillar, pero es la noche de Halloween.
Espero que nos den un poco de margen y que entiendan que solo nos estamos divirtiendo.
Que la vela en el centro de la habitación es un juego de adolescentes que buscan desconectar de las clases y pasar un buen rato.
Por primera vez me permito relajarme. El ambiente es distendido.
Las caras de mis compañeros se difuminan, pero escucho sus voces diciéndome que es mi turno de soplar la vela.
Unas chicas sueltan una risilla cómplice, como si estuvieran esperando que ellas fueran las elegidas.
Sin embargo, cuando soplo la vela, instigado por mis compañeros. ..
Me despierto de golpe.