Malenfant 14. HAZEL
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14. HAZEL

HAZEL

No soy dueña de mi cuerpo, pero desearía no serlo tampoco de mis emociones.

Siento cómo Marlowe me gira hacia Caleb y Alice, que están a punto de batirse en un duelo a muerte.

El atuendo verde de Caleb ya está rasgado y manchado de tierra húmeda, y creo que lo han herido a la altura del muslo derecho, aunque no parece un corte muy profundo.

Después, se gira hacia Serenity y Veyron Nox.

Serenity cuelga de una rama, está suspendida en el aire.

El pelo se le ha pegado a las mejillas. A mi espalda puedo escuchar los ruidos de otras peleas.

El suelo tiembla bajo mis pies, como si estuviera pensando su próximo ataque.

La profesora Vexley grita de rabia en algún lugar, pero no puedo verla porque soy incapaz de girarme.

Solo puedo presenciar lo que Marlowe Malenfant decida ver, y ahora mismo creo que sé lo que le estará pasando por la cabeza.

Sus ojos pasan de Caleb y Alice, peleando por hacerse con la piedra afilada que blande ella, a Serenity y Veyron.

Mi cuerpo permanece rígido. Está decidiendo si participa, si se involucra en una de las dos peleas que tiene delante.

Quiero correr, doy la orden a mis músculos para que actúen, pero, por supuesto, no me responden.

Solo noto la presencia de Malenfant dentro de mí: un veneno que me ha emponzoñado la sangre.

Me siento sucia, como si alguien me estuviera usando como a una marioneta para entretener a un público imaginario.

Mi cuerpo no me responde y mi mente está a punto de apagarse, cansada de luchar por que la escuchen por encima de todo lo que está sucediendo a su alrededor.

—¡Muévete! —le grito, intentando que reaccione. Aunque lo llevo haciendo varios minutos sin recibir ninguna respuesta a cambio.

Malenfant continúa paralizado mientras Caleb se abalanza sobre Alice y trata de arrebatarle la piedra afilada, pero cae a un par de metros de donde están.

Si no estuviéramos poseídos, estoy segura de que Alice sería la que habría atacado primero y no habría dejado caer la piedra.

Pero esto no es la vida real. Es una simulación macabra, una pesadilla de la que algunos no despertarán.

Caleb le pega un puñetazo a su hermana justo en el centro de la cara y por el crujido juraría que le ha roto la nariz. Ella intenta defenderse, pero Caleb parece fuera de sí.

Malenfant gira noventa grados y me obliga a perderlos de vista.

Se centra en Serenity, que está a punto de morir.

El hombre le aprieta el cuello con tanta fuerza que se le marcan los nudillos de color blanco.

Veyron la está ahorcando con una sola mano y Serenity no tiene oportunidad de defenderse.

Las ramas le aprisionan las manos y los pies.

—¡Sálvala! ¡Haz algo! ¡Espabila, idiota!

Las piernas de Serenity dejan de moverse y, por un instante, temo que este sea el fin. Que el alma de mi amiga se desvanezca delante de mis ojos y yo haya estado encerrada en mi propio cuerpo, paralizada por obligación, sin poder hacer nada más que ver cómo la vida la abandona frente a mí.

—Por favor..., Marlowe...

Lo intento una última vez, sabiendo que no voy a obtener respuesta. Todo a nuestro alrededor es un caos y yo tengo de mi lado a la última persona que haría algo por mí.

Entonces alguien nos da un golpe por detrás.

El dolor me ciega, pero de alguna manera mi cuerpo reacciona y se gira hacia un lado para ver de frente a nuestro agresor.

Me encuentro cara a cara con Theo. El niño está hecho un desastre.

Su rostro parece de todo menos humano, pero no se le borra la sonrisa de la cara, como si estuviera disfrutando de este espectáculo macabro.

—Aléjate, Eleanor —le dice Malenfant a través de mis propios labios—. Deja que los mayores jueguen.

Sin esperar respuesta, le da una patada en el centro del pecho a Theo.

El niño cae hacia atrás y la diversión abandona su rostro de un plumazo.

Es entonces cuando él reacciona. Malenfant echa un último vistazo a los hermanos White y corre hacia Serenity.

Veyron le ha soltado el cuello y está a punto de rematarla, si es que no ha muerto ya.

Ha cogido una raíz seca y la está atando alrededor del cuello de Serenity.

Me alivia ver que Marlowe Malenfant por fin ha reaccionado.

Pero, por otro lado, no me sorprende su elección.

Por supuesto que él ayudaría a ganar a Veyron Nox antes que a Orion Vale o Luc Myers, que están dentro de Caleb y Alice.

Todo el mundo sabe que las dos casas más aptas para suceder a Magnus son la Malenfant y la Aurigae, y a él le acaban de poner en bandeja quitarse del medio a su mayor adversario.

Me preparo para lo peor. Mi cerebro anticipa una serie de imágenes en las que me veo a mí misma, a mis propias manos, terminando de ahorcar a mi mejor amiga.

Malenfant sigue corriendo para llegar junto a Veyron y Serenity e interponerse entre ellos.

Observo el rostro de mi mejor amiga, apagado y maltratado por los golpes que ha recibido no solo hoy, sino en los últimos días.

Tiene varios moratones en el cuerpo y ahora también una línea roja y brillante alrededor del cuello.

El bosque la suelta, devolviéndola al suelo.

Me sorprende que todavía se pueda mantener en pie.

Quiero gritar su nombre, decirle que todo estará bien, pero sé que va a ser en vano.

Me preparo para verla morir, para vivir su último suspiro.

Ya lo he hecho otras veces a lo largo de la guerra, en realidad.

He acompañado a muchas personas en la muerte.

Y he acunado a mi hermano cuando su cuerpo todavía estaba caliente. ..

Marlowe Malenfant empuja a Veyron para apartarlo de Serenity, aunque la fuerza de mi cuerpo tiene poco que hacer contra los músculos del hombre.

Escucho a mi amiga respirar con dificultad, bebiendo el aire como si se lo fueran a volver a quitar, y un pinchazo de alivio me invade el pecho.

Porque, aunque doy las gracias por no perderla aquí y ahora, sé que lo que va a venir a continuación no va a ser agradable para nadie y no creo que sobrevivir este día sea algo que celebrar.

Después de dar varias bocanadas angustiosas, Serenity pierde la fuerza en las rodillas y cae de lado sobre el suelo irregular del bosque.

—Vaya, vaya. Mira a quién tenemos aquí. —Veyron Nox sonríe, pero no sé si lo dice por Malenfant o por mí.

Serenity ha perdido el conocimiento y no veo si respira. Suplico mentalmente al segador dentro de mí que la mire para saber si, por lo menos, puedo notar su pecho moviéndose con su respiración, pero no aparta los ojos de Veyron.

—No te metas donde no te llaman, Evander. Quiero matar a Alec con mis propias manos, así que apártate.

Él se encoge de hombros.

—¿Te vas a poner la medallita cuando te lo he dejado en bandeja?

Típico movimiento de los Malenfant... —Evander Fern, en el cuerpo de Veyron, mira a Serenity y por fin puedo fijarme en ella.

Creo que respira, pero no estoy segura, porque Malenfant enseguida vuelve la vista a su compañero segador—.

Tu amiguito Alec no durará ni medio torneo.

Quizá su familia se lo tendría que haber pensado dos veces antes de hacer negocio con el dolor y la desesperación de la gente vendiendo pociones al triple de precio.

.. ¿Sabes? Mi participante, Veyron, me ha chivado que los Aurigae le han hecho la vida imposible a su hija, así que tiene una afrenta personal contra ellos.

Escarcha negra. Una enfermedad terrible.

A mí, honestamente, me da igual que la niña se muera, solo es una indigna.

Pero no deja de ser curioso que los dos compartamos el mismo odio hacia una familia que ha llevado demasiado lejos sus negocios sucios.

.. Al fin y al cabo, mi mujer también falleció de escarcha negra a los pocos meses de casarnos. Adivina por qué no se pudo salvar.

Y entonces, algo dentro de mi cabeza se une, encaja como un puzle al que siempre le había faltado una pieza que he encontrado debajo de la alfombra.

La hija de Veyron, Ivy Nox, siempre estaba enferma, pero no sabía que tenía la escarcha negra.

Jamás lo habría imaginado. Pensaba que tenía la tensión baja, que había nacido prematuramente y eso le había acarreado algunos problemas.

.. Muchas veces se ausentaba de clase, por eso no la llegué a conocer tanto.

Ahora entiendo por qué: la escarcha negra es una enfermedad que afecta al corazón, que lo va pudriendo y apagando desde dentro hasta que lo detiene por completo.

La enfermedad fue marcada como incurable, aunque los Aurigae encontraron una fórmula que detenía y revertía los efectos de la escarcha negra.

Por eso, la única forma de sobrevivir es consumiéndola, imagino que todos los días, por lo menos una vez.

Pero ese tipo de pociones no son fáciles de elaborar.

De hecho, dudo incluso de si son legales.

Desde luego, no están reguladas, pero nadie se ha enfrentado nunca a los Aurigae por ello, ya que ninguna familia estaba a salvo de contraer la escarcha negra o cualquier otra dolencia que solo ellos pudieran solucionar.

De ahí que amasaran tanta fortuna, así como un gran respeto y temor dentro de la comunidad mágica.

Veyron coge aire y sus músculos se hinchan.

—Encontramos una poción alternativa que podemos preparar en casa, pero ya fue demasiado tarde para mi mujer. Aun así, se la tengo jurada a esta panda de alimañas —masculla, con los labios apretados—. Y ahora apártate. Quiero rematar a este parásito.

Veyron se prepara para asestarle a Serenity el golpe final, pero Malenfant levanta el brazo entre ambos.

—Espera —murmura.