Malenfant 13. MARLOWE #2
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13. MARLOWE #2

Mi cuerpo responde enseguida. Me levanto y giro hacia ese lado.

Alice viene corriendo hacia mí, con una piedra con forma puntiaguda en la mano.

Amenaza con clavármela. Por un momento creo que no lo va a hacer.

No me imagino a Luc Myers atacándome, aunque esté usando el cuerpo de otra persona.

Sin embargo, me obligo a pensar que ahora es como si no conociera a nadie.

Todo esto es una guerra de vida o muerte y el honor familiar está por encima de los principios.

Aun así, Luc me sorprende y descarga un golpe sobre mí que logro esquivar. Agarro con fuerza el brazo de Alice White, tiro hacia abajo y consigo que pierda el equilibrio durante unos segundos muy valiosos.

¡ Corre! ¡Escóndete !

La voz de Hazel me da órdenes que ni siquiera sé si debería acatar.

Doy unos pasos hacia atrás y estoy a punto de chocarme con el cuerpo que ahora controla Evander Fern: un hombre de mediana edad, el único adulto aparte de los profesores.

Tiene una complexión alta y grande, casi como el propio Evander, y fue uno de los indignos más cotizados en el reparto que se hizo en la mansión.

Me aparto y observo cómo el hombre persigue a Serenity Spic.

En ese momento, me doy cuenta de que tengo que decidir si voy a respetar o no el trato que quedó a medias con Alec.

Los Aurigae son una familia poderosa y es normal que muchos participantes vayan a por ellos, sobre todo teniendo a Serenity como su participante.

Serenity parece sonreír mientras el cuerpo que ha poseído Evander la persigue, como si estuviera disfrutando de una cacería en la que la presa es más poderosa que el depredador.

Aun así, Evander la alcanza y se abalanza contra ella.

Los dos caen al suelo y el bosque parece revivir.

Un montón de ramas secas aparecen de la nada, descendiendo de los árboles, y crean una burbuja a su alrededor para que nadie se inmiscuya en su pelea.

Por un momento me parece ver el terror de Alec en los ojos de Serenity.

Alec siempre ha sido de los que ganan las batallas moviendo los hilos desde la retaguardia, nunca participando directamente en la guerra.

Y ahora está en el barro, en el cuerpo de un guerrero debilitado por él mismo y enfrentándose a uno de los enemigos más poderosos del tablero.

Augustus y Aaron se volverían locos si vieran esto.

Mientras tanto, Serenity se defiende como puede de los golpes de Evander mientras las ramas de los árboles se vuelven cada vez más gruesas, envolviéndolos en una cúpula casi impenetrable.

Mi pulso se descontrola ante la visión, cada vez más reducida, de la chica de pelo dorado.

¡ Ayúdala !

La voz de Hazel solamente me nubla la mente.

Pero antes de que pueda decidir si dejar que guíe mis acciones, Alice White vuelve a aparecer en mi visión periférica.

No sé qué habrá estado haciendo durante estos minutos, pero tiene la ropa manchada de salpicaduras de sangre.

Todavía empuña la piedra y parece que le ha estado dando un uso.

No tengo tiempo de mirar a mi alrededor para ver quiénes han sido sus víctimas.

Esta vez doy un paso adelante y me enfrento a ella.

Luc Myers, en el cuerpo de Alice, levanta la piedra a la vez que yo estiro los brazos para alcanzarla, pero estoy a punto de perder el equilibrio.

Todavía no me he acostumbrado a medir veinte centímetros menos ni a defenderme sin guantes, así que mis brazos no alcanzan los suyos y Alice me da una estocada sin piedad.

La piedra se me clava en el hombro, justo encima de la clavícula y peligrosamente cerca del cuello.

Se me escapa un gruñido y puedo escuchar los gritos de Greenleaf en mi cabeza. Empiezo a sentir un líquido viscoso que borbotea de la herida.

¡ Esquívala! ¡Sal de ahí, no le hagas daño !

—¿Que no le haga daño? —le respondo en voz alta, hecho una furia, mientras aparto a Alice de una patada en el pecho. Pero la chica no parece ni inmutarse.

¡ No le hagas daño !

—¡CÁLLATE! —bramo.

El grito resuena en el bosque y una bandada de pájaros sale volando a pocos metros sobre nuestras cabezas. Muchos se giran, buscando una explicación. Alice me mira y esboza una media sonrisa.

—Qué huésped más mona —dice Luc Myers con la voz de Alice—. La mía también me está suplicando que no te haga daño... Qué raro, cuanto más me lo pide, es como que me dan más ganas de hacerla sufrir. ¿No te pasa?

Pero antes de que pueda responder, un cuerpo se abalanza sobre el de Alice. No me cuesta reconocer a Caleb White, su propio hermano. La mayor de los White cae de lado sobre el suelo, con una expresión desprevenida, soltando un aullido en cuanto su brazo se dobla en una posición extraña.

—Hola, hermanita. ¿Cómo estás? —la saluda Caleb. El chico parpadea muchas veces y muy rápido y enseguida sé que lo ha poseído Orion Vale. Está sudado, con el pelo castaño pegado a la frente y unos ojos que parecen haber visto demasiado.

Los hermanos se ponen frente a frente, caminando en círculos. Sé que Orion Vale y Luc Myers están disfrutando de este momento.

De pronto, me siento como un observador en un cuerpo ajeno. No me doy cuenta hasta ahora de que no he hecho absolutamente nada en todo lo que llevamos de prueba. Me he limitado a mantenerme al margen y sobrevivir, algo poco digno para mi familia.

Es ahora o nunca.

Mientras los hermanos White siguen pensando en cómo arrancarse la cabeza, con los gritos de Hazel de fondo rogándome que los separe, me giro hacia Veyron y Serenity.

Y me doy cuenta de que ella está a punto de morir.

Entonces una duda me asalta la cabeza: si la indigna muere, ¿lo hará también Alec?

El Magno no nos había dado instrucciones sobre eso.

Por un momento, pienso que no tiene mucho sentido que sacrifique la vida de un segador, y mucho menos de uno joven.

Pero, si al final de la prueba volvemos a casa el mismo número de segadores que de indignos.

.., sería una advertencia típica de El Magno.

Una forma de recordarnos que teníamos que esforzarnos para que nuestro participante ganara.

.. o lo pagaríamos con nuestra propia vida.

De pronto, esta última hipótesis comienza a ganar terreno en mi mente.

Evander ha conseguido redirigir las ramas hacia el cuerpo de Serenity, que está atado y suspendido en el aire, a su merced. Él la agarra del pelo rubio, sujetando su cabeza para que no caiga hacia abajo. Parece estar a punto de matarla.

Tengo que reaccionar. Si mi teoría es cierta y Alec está a punto de morir, nadie más que yo va a poder evitarlo. Pensé que tendría más tiempo para poder decidir si ponerme del lado de los Aurigae o no, pero todo se reduce a esto.

Matar o morir.

Y creo que tengo la respuesta.