Malenfant 13. MARLOWE
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13. MARLOWE

MARLOWE

Las jaulas desaparecen, dejando a todos los indignos en un estado de confusión.

Ni yo mismo entiendo lo que está sucediendo.

Hace un momento estaba suspendido en un limbo con el resto de segadores, observando desde arriba todo lo que estaba pasando.

.., y ahora estoy aquí. Con los pies en la tierra y un dolor en el pecho que no me deja respirar bien.

Me miro las manos y me doy cuenta de que estoy dentro de ella.

¿ Qué está pasando ?

Escucho la voz de Hazel dentro de mi cabeza. Es como si lo hubiera dicho yo, pero no ha salido de mi boca.

—¿Qué...? —murmuro en voz alta.

¿Qué es esto?

Hazel suena cada vez más desesperada.

«¿Puedes oírme?». Al principio, me siento como un absoluto gilipollas hablándome a mí mismo.

Sal de aquí, sal de mí , me grita Hazel.

«No puedo. Ni siquiera sé cómo ha pasado».

A nuestro alrededor se escuchan voces. No somos los únicos que estamos descubriendo el funcionamiento del hechizo.

Es una magia tan avanzada que ni siquiera había oído hablar de ella.

Además de que, por supuesto, es oscura, inmoral y peligrosa.

No puedo ni imaginar lo que podría hacer alguien como El Magno con algo así.

.. O sí. Precisamente porque lo está haciendo ahora mismo.

Levanta la mano , me ordena Hazel.

Sin cuestionarlo, obedezco. Levanto los brazos y los muevo, sintiéndome más liviano que hace unos segundos, incluso habiendo estado flotando en un limbo. La bajo.

«Ahora tú», le digo.

Me quedo quieto... y no pasa nada. Entonces lo entiendo.

Greenleaf tan solo es una espectadora de lo que va a pasar mientras yo habito su cuerpo.

El hechizo no solo va a hacer que se maten entre ellos, sino que seamos los segadores los que nos manchemos las manos de sangre mientras los indignos lo ven todo en primera persona.

Me siento raro dentro del cuerpo de Hazel.

Hay una cierta calidez que me incomoda, que me hace sentir tranquilo a la vez que me insta a huir.

Y después está ese dolor en el pecho, cada vez más agobiante.

.. Puedo sentir mi corazón latiendo con ansiedad, pero no sé si es por mi culpa o por su desesperación.

Estoy a punto de preguntarle si puede relajarse cuando alguien me interrumpe.

—¡Hey! ¡Mirad lo que puedo hacer!

Levanto la cabeza y veo a Theo Hall, un chaval que no tendrá más de trece años, de pie y en el centro del claro.

Tiene la cara y los brazos llenos de heridas, algunas de ellas todavía no han curado y no parece que vayan a hacerlo en los próximos días.

Hay una a la altura del cuello que se le ha infectado.

Theo corre en círculos, se cae al suelo, se reboza por las ramas y después coge un puñado de tierra y musgo y se lo mete en la boca. Todos observamos con horror cada uno de sus actos, sabiendo que no es él quien realmente se los está ordenando a su cuerpo, sino Eleanor Ravenscroft.

—¿Quién quiere ver cómo intento dar un salto mortal hacia atrás? —pregunta, con una terrorífica sonrisa sádica en los labios.

Todos nos quedamos en silencio.

—¡Yo! —responde Serenity Spic con la voz ronca.

Noto que el corazón se me acelera justo en este momento y entonces me doy cuenta de que conservo algo más de Hazel que su voz.

No, no, cállate , piensa ella.

—¡Y yo también! —grita Alice White.

Theo hace una especie de reverencia.

—Lo que mi audiencia me pida... ¿Qué debería hacer después? —Theo se lleva la mano a la boca—. ¿Me arranco un diente?

Se escuchan risas de fondo, pero yo no reacciono.

Esta prueba va a ser más difícil de lo que había pensado.

Theo vuelve a reírse y se empieza a quitar la ropa.

Tira al suelo la camiseta y hace lo mismo con los pantalones, después de darles varias vueltas sobre su cabeza mientras tararea una canción que, en otro contexto, sería divertida.

Ya en ropa interior, camina hacia el bosque, con la mirada de todos los indignos clavada en la espalda.

Se acerca al primer árbol que encuentra y empieza a treparlo.

A continuación, se encarama a una rama gruesa y camina por ella, a punto de perder el equilibrio en dos ocasiones.

La caída no sería muy grande, no lo mataría, pero un mal gesto y podría romperse la columna o quedarse parapléjico.

—¿Y si me como alguna de estas hojas? ¿O me meto una rama por la garganta para ver hasta dónde llega? ¿Creéis que podré sacarla después sin que se atasque?

La sensación de angustia se intensifica en mi pecho y siento que me voy a partir en dos.

Theo arranca una rama fina y alargada pero bastante curva.

Después, se sienta con las piernas colgando en el aire y bamboleándose como si de un columpio se tratara, mira hacia el cielo y comienza a meterse la rama por la boca.

No puedo mirar. Me arden los ojos y me imagino que son las lágrimas de Hazel, luchando por escapar, por recuperar el control de su propio cuerpo. Pero no dejo que salgan. No me pueden ver como al débil, aunque mi aspecto sea el de ella.

Intento lanzarle un hechizo paralizante para que no se trague la rama, pero mi magia no funciona, y al parecer la de ninguno de los participantes. Solo el bosque está encantado. Theo comienza a meterse más y más la rama por la garganta hasta que se atraganta.

—¡Más profundo! —grita Serenity.

La imagen es desoladora. Por un instante siento pena por Theo. Parece tan pequeño, tan frágil... que por un momento deseo que alguien lo mate.

Como si me hubieran leído la mente, algo pasa en el bosque. El suelo del claro comienza a temblar. Algunos dan varios pasos atrás, sin saber muy bien a dónde mirar. Después se empieza a resquebrajar, y de los agujeros surgen unas ramas oscuras con espinas rojas que se hacen cada vez más gruesas.

¿ Qué es eso ?, pregunta Hazel, pero ni yo mismo tengo la respuesta.

Las ramas comienzan a reproducirse y van invadiendo toda la superficie del claro, obligándonos a salir de ahí.

No me quedo quieto para ver lo que pasa a continuación, sino que me adentro en el bosque sin pensarlo dos veces.

La mayoría de los indignos, guiados por los segadores que albergan, hacen lo mismo, echando a correr y dejando atrás la zona soleada.

A nuestro alrededor la oscuridad toma paso.

Las ramas nos persiguen, enroscándose y buscando un tobillo, muñeca o cualquier lugar del que agarrar a una persona y llevársela.

De pronto, el ambiente se vuelve sombrío, un viento me congela las entrañas y me invade una sensación de pánico.

Estoy acostumbrado a la humedad y a vivir con poca iluminación, pero estar en el bosque es diferente.

Por suerte, mis pupilas se van ajustando con rapidez.

El claro queda completamente cubierto de ramas, que siguen creciendo y metiéndose en el bosque.

Escucho un grito y me giro, justo a tiempo para ver cómo atrapan a una chica, rodeándola por los muslos.

Las ramas se la llevan de vuelta al claro y la alzan en el aire para después bajarla con rapidez y sumergirla en su entramado puntiagudo.

Los gritos de pánico y dolor se escuchan cada vez más amortiguados y poco después se acallan.

Doce. Acabamos de empezar y ya somos uno menos.

No sé qué segador estaría con esa chica, pero imagino que no le habrá hecho gracia que su participante haya sido la primera en caer.

Todavía puedo escuchar sus quejidos en mi mente, como si estuvieran a kilómetros de distancia de aquí, de la que estoy seguro no habrá sido una muerte digna ni rápida.

Y, con ella, me quedan claras dos cosas.

La primera es que no me puedo fiar del entorno.

Mis compañeros no serán mi único enemigo en El Ascenso.

Y la segunda, me tomo lo que acaba de suceder como una advertencia: si no seguimos adelante con el plan de El Magno, él mismo lo hará, asegurándose de que nuestras muertes sean largas y dolorosas.

A pocos metros de mí, Theo recupera mi atención. El chico se saca la rama de la boca, tosiendo sangre. No sé en qué momento se ha bajado del árbol, ni cómo lo ha hecho, pero me acerco a ver qué está pasando.

—¡Déjame en paz! —me grita cuando intento ayudarlo a incorporarse. Dentro de ese cuerpo infantil está la mente de Eleanor.

No doy un paso atrás y Theo aprovecha esos segundos para abalanzarse sobre mí. El ataque es tan inesperado que me caigo hacia atrás y toda mi espalda se estrella contra el suelo. Varias ramas y piedras se me clavan en la piel y puedo sentirlas como si estuviera desnudo.

El golpe es como un cañonazo que anuncia el inicio de una guerra.

De pronto, todos a nuestro alrededor comienzan a pelearse.

Un chico se abalanza contra Serenity Spic, pero ella saca fuerzas y responde a sus golpes.

Le da un puñetazo justo a la altura de la nariz que lo dobla por la mitad y lo deja noqueado durante unos segundos que ella aprovecha para darle un rodillazo en el estómago.

El pulso se me acelera. Mi instinto de supervivencia me recuerda que tengo sobre mí a una de las personas más enfermas y sanguinarias que conozco, tosiendo sangre encima de mi cuerpo.

Por suerte, Theo es demasiado pequeño para ser una amenaza.

Lo agarro del cuello para mantener una distancia entre nuestros cuerpos y, con la otra mano, lo echo a un lado, tirándolo al suelo y dejándolo mareado pero consciente.

Hazel no tiene tanta fuerza como yo, pero sí un agarre firme, y por un instante registro el tacto del mundo bajo las yemas de mis dedos, sin guantes.

¡ A tu derecha !, me grita la voz de Hazel en mi cabeza.