12. HAZEL #2
—Todos los que estáis aquí habéis sido obligados a participar por vuestros mentores.
Quizá para vosotros sea un castigo, pero deberíais tomarlo como un honor.
Una oportunidad de rectificar, de cambiar vuestra trayectoria hacia un lugar de devoción y respeto.
De hecho, para demostraros que la misericordia de la Muerte no tiene fin, antes de que empecemos con El Ascenso, os propondré algo: si ansiáis vivir, todavía estáis a tiempo.
Quiero demostraros que todas las vidas mágicas son valiosas si siguen el camino correcto.
No disfruto de matar por el placer de matar.
Nunca he sido así, ni lo seré, porque lamento cada gota de sangre mágica que se derrama, sea del bando que sea.
Por eso, os permitiré abandonar la competición si os unís a los míos.
La voz hace una pausa. Muchos rebeldes se miran entre ellos. Creo que, como yo, están asegurándose de que nadie le hace caso. De que ninguno de los trece participantes vamos a caer en su juego ni nos hemos rendido tan rápido.
—¡Moriremos igual! —grita Alice, rompiendo el silencio incómodo que se ha creado en el bosque.
Su pelo liso y castaño ondea con la brisa del claro.
—¡Sí, es verdad! —grita otra voz, aunque detecto un punto de duda.
Me giro hacia la chica que lo ha dicho y reconozco a Ivy, que estudiaba en Stonefell algunos cursos por debajo.
Alguien la llama y ella responde enseguida con una muestra de enfado.
El hombre que le habla es el tercer adulto que hay en el claro, junto con los dos profesores, y se parece tanto a ella que estoy segura de que es su padre.
No puedo creer lo injusto que es todo esto. Sé cómo va a terminar esa historia antes de que mis ojos lo vean en las próximas semanas. Esa sensación de rabia, de impotencia, enciende un fuego dentro de mí. Entonces, casi sin quererlo, me sorprendo a mí misma al alzar la voz.
—Todos vamos a morir —confieso, dirigiéndome a los otros participantes.
El silencio se vuelve todavía más pesado—.
Da igual la forma. Algunos más rápido, otros más lento.
Si salís de aquí ahora, os torturarán para sacaros información.
No os vais a convertir en una especie de hijo pródigo que regresa a casa con las orejas bajas.
Os exprimirán hasta que no sirváis para nada y entonces, posiblemente, os borren del mapa en cuestión de segundos.
No caigáis en su trampa. Solo es parte del espectáculo, para reírse de nosotros, para regodearse de su poder ahora que nos han exterminado.
Nadie responde. Busco a Caleb con la mirada, pero él no le quita el ojo a su hermana.
Me giro hacia Serenity. Esperaba que mi voz la hiciera despertar de su trance, pero continúa en la misma posición.
Si sé que sigue viva es porque su pecho se mueve levemente con cada respiración, pero poco más.
No ha reaccionado desde que hemos aparecido en el bosque.
—Una lástima. Esperaba un mejor recibimiento a mi propuesta —continúa la voz.
No sé qué tipo de hechizo estará detrás de esa reproducción tan fiel de la voz de Magnus, pero está claro que ha usado algún tipo de magia oscura para poder contestar a las diferentes situaciones que pudieran darse en El Ascenso. No me lo imagino preparando una respuesta para cada situación.
—Aun así, seguiremos adelante con la primera prueba.
—La grabación hace una pequeña pausa, una manera cruel de alargar la espera para conocer cuán retorcido sería su plan para acabar con nosotros—.
Debo confesar que, cuando ideé El Ascenso, encontré un reto en mi camino: ¿quién querría luchar por su propia vida si no tenía un motivo para hacerlo?
¿Quién plantaría cara a sus amigos para que un grupo de extraños ganara el poder del mundo mágico?
Nadie. Nadie lo haría. A no ser... que tuviera un pequeño aliciente.
Esa última palabra me pone los pelos de punta.
Theo Hall se tapa los oídos y murmura algo que solo puede escuchar él mientras se balancea hacia delante y atrás.
Tiene las manos llenas de heridas, manos a las que ya de por sí les habían arrancado las uñas y un dedo.
El estómago me da un vuelco de la impresión al ver su falange seccionada.
Estoy segura de que se lo cortaron de la forma más macabra posible.
—Pero eso es algo que deberéis descubrir por vosotros mismos. Sin más dilación, que empiece la primera prueba.
La voz de Magnus se pierde en el aire. Por unos instantes todo vuelve a la normalidad: las jaulas se disuelven, la atmósfera se suaviza y el bosque parece un poco más afable...
Entonces lo noto. Una sensación extraña comienza a invadir mi cuerpo, una especie de frío que empieza trepando por los pies y va subiendo por mi espalda, como una serpiente que se enrosca a mi alrededor para terminar ahogándome.
Enseguida me doy cuenta de que no soy la única.
En el bosque los gritos me confirman que hay más personas bajo el mismo efecto.
Veo a Caleb mirando hacia sus piernas y después al suelo, buscando una explicación, pero sin encontrar una respuesta a lo que nos está sucediendo.
Una parte de mí se muere de curiosidad por saber cuál será la prueba, pero hay otra que se siente sucia con tan solo formar parte de este proceso.
Era evidente que Magnus no nos desvelaría el aliciente. La incógnita, el desconocimiento, lo hace todo mucho más doloroso. Más crudo. Lucharemos sin saber el motivo porque ninguno puede arriesgarse a lo contrario. Ahí radica la tortura.
El frío sigue escalando por mi cuerpo. Me siento como si tuviera una segunda piel, como si fuera una serpiente a punto de mudar sus escamas, desprendiéndome de las viejas y dando la bienvenida a unas nuevas.
Sube haciendo círculos por mi pecho, hombros, cuello y finalmente llega a mi cabeza.
Siento que, a medida que avanza, voy perdiendo el control de mis extremidades y de mi propia voluntad.
Mis brazos se levantan, las manos muestran las palmas hacia arriba, pero no soy yo la que los está moviendo.
Los gritos siguen, pero los escucho de forma distinta.
Ya no soy yo. Hay alguien dentro de mí, habitando mi piel, y yo solo soy una testigo de lo que pasa a mi alrededor. Una prisionera dentro de su propio cuerpo.
Es entonces cuando escucho su voz en mi cabeza. La última voz que querría oír ahora mismo, y mucho menos dentro de mí: Marlowe Malenfant.