7. MARLOWE
MARLOWE
Cuando vuelvo a la habitación, me sorprende encontrar una sonrisa en el rostro de mi padre. No recuerdo la última vez que la vi. Quizá es una mueca de dolor o un efecto secundario de la poción.
—Hijo —me llama con un hilo de voz.
Me acerco a un lado de la cama con cautela. Ahora que lo veo de cerca, no tiene tan buen aspecto como me había parecido al principio. Parece muy cansado y mayor, como si hubiera envejecido diez años en los últimos meses de la guerra.
—¿Cómo te encuentras?
Él se encoge levemente de hombros.
—Más preocupado que enfermo. La poción minimiza el dolor, pero no consigue darme paz.
Asiento. Sin decir nada más, mi padre retira un poco las mantas y me muestra todos los vendajes que tiene en el cuerpo.
Son muchos más de los que había imaginado.
Cuando me dijeron que estaba herido, no pensé que sería tan grave.
A través de varias vendas se puede apreciar que sus heridas no han cerrado.
Tiene una en el esternón, justo encima del estómago, que supura una sustancia marrón y viscosa.
—¿Cuánto tiempo vas a estar aquí? —le pregunto.
—No lo sé —responde.
Todavía le cuesta un poco hablar. Puedo ver el sufrimiento a través de sus ojos, así que prefiero no cansarlo más.
—Déjalo, es mejor que duermas y te recuperes. Volveré a casa.
—¡No! —salta mi padre, haciendo un sobresfuerzo. Se incorpora un poco en la cama, llevándose la mano al pecho, y me hace un gesto con la mano para que me acerque a él—. Quiero hablar contigo sobre El Ascenso, porque no sé cuándo volveré a verte.
Trago saliva.
—¿Volver a verme? Estoy seguro de que te recuperarás antes de que termine. Y yo me quedaré en casa entre las pruebas, ¿no? —le pregunto, aunque es más bien una súplica.
Pero mi padre no lo tiene tan claro.
—Desconozco los planes póstumos de El Magno, pero quiero que estés preparado para todo, Marlowe.
No será una tarea fácil, pero confío en que lograrás honrar nuestro apellido y demostrar que los Malenfant somos los herederos legítimos del poder de nuestra señora, la Muerte, que tan bien encarnó El Magno.
—Haré todo lo que esté en mi mano, padre.
He escogido a Hazel Greenleaf para representarnos.
Sé que puede parecer una opción débil, pero confío en sus habilidades.
La he visto dominar los encantamientos más complejos durante años.
Es arrogante y siempre quiere tener la razón, pero confieso que también es muy inteligente.
Sabes que siempre nos hemos peleado por el primer puesto en todo.
—Una elección arriesgada —me corta él—, pero confío en que sabrás ganarte su confianza. Es esencial que consigas ponerla de tu parte. Debe sentir que tiene algo por lo que ganar.
—Eso va a ser difícil —le advierto—. Todavía está en shock por la muerte de su hermano.
—¡Pues aprovéchalo! —exhorta, aunque apenas le sale un hilo de voz, lo cual lo hace todavía más aterrador—.
No es el momento de comportarte como un caballero, Marlowe.
No lo has sido en estos últimos meses, tampoco ahora.
La chica tiene que encontrar un motivo por el que seguir viviendo. Y, si no, dáselo.
—No lo hará. En realidad, ninguno de los indignos entrará en el juego. ¿Por qué iban a hacerlo, si van a verse morir a manos de los otros? Ayer, en el salón de casa, se deshicieron de más de cincuenta de golpe.
—Porque las personas cambian cuando ven a la sombra de la Muerte llamando a la puerta de su casa, Marlowe.
Nadie es tan digno como pretende ni tan leal como predica.
Al final, el ser humano buscará su propia supervivencia.
Dale un motivo a la chica para sobrevivir.
Engáñala, tortúrala, juega con su mente.
Me da igual cuál sea el camino mientras consigas ganar el torneo.
Haz lo que tengas que hacer para obtener su compromiso, aunque sea a cambio de romperla.
Además, ¿qué son un par de muertes más después de tres años de guerra?
Cojo aire. No sé ni por dónde empezar, así que opto por no responder a ninguna de las ideas de mi padre.
Entiendo lo que me quiere transmitir, pero no va a resultar tan fácil.
Hazel Greenleaf ha sido todo lo opuesto a mí desde que nació.
Rodeada de una familia llena de amor y comprensión, llegó al internado para convertirse en la alumna favorita de todos.
Con el paso de los años, comenzó a destacar por su belleza, inteligencia y férreos valores, pero no dejó que nadie se le acercara de verdad hasta el noveno curso, cuando se confirmaron los rumores de relación con Caleb White, aunque las cosas no terminaron bien.
Greenleaf ha vivido entre algodones y ahora, por primera vez en su vida, el mundo se le ha derrumbado.
Quizá podría estar ahí para ella. Convertirme en un falso amigo, un apoyo en el que poco a poco fuera confiando... y traicionarla al final. Porque yo también soy consciente de que, aunque gane El Ascenso, no hay ninguna forma de que Hazel pueda tener una vida normal cuando todo esto termine.
—Conocí a los padres de tu compañera en tu primer día de clase, poco después de que pasaran lista y todos cruzarais las puertas del internado —empieza a relatar mi padre—. Me pareció que estaban hechos el uno para el otro, porque los dos eran insoportablemente pegajosos. Muy poco decoroso.
Su comentario me asquea.
—Los dos provenían de buenas familias, pero había escuchado rumores de que se habían desviado del camino de la Muerte.
Pensé que se equivocaban porque la madre llevaba un cuervo bordado en la solapa de la camisa, igual que hacían tus abuelos, y que te iría bien hacerte amigo de sus hijos.
Pero cuando lo vi más de cerca era un simple patrón en la tela.
Una decepción. Aun así, no pude quitarles los ojos de encima.
Se comportaban con cierta extravagancia, como si no pertenecieran a este mundo.
Los mellizos ni siquiera sabrían quién era El Magno, pero ya practicaban magia en la puerta del internado, antes de que comenzaran las clases.
La niña aún tenía su gracia, pero él era incorregible.
No me extraña que se uniera enseguida a esa banda de estúpidos con el símbolo del ciervo.
Y la melliza lo seguiría, supongo, porque iban insoportablemente juntos a todas partes, como sus padres.
No volví a verlos juntos hasta el día que empezó la guerra, justo antes de vuestra graduación.
Mi padre no sigue hablando porque no hace falta que me cuente más.
Todos estuvimos ahí para presenciarlo. Ni siquiera nos dio tiempo a graduarnos, aunque apenas quedaban unas semanas para que termináramos Aurum.
El último curso de Stonefell se vio truncado por un ataque integral de El Magno al internado.
Aprovechando la época de exámenes finales y que los profesores indignos estaban ocupados, se infiltró en Stonefell y asesinó a una clase entera de alumnos de décimo que se negaron a matricularse en los tres últimos cursos de artes oscuras.
La incursión con padres, profesores y segadores enzarzados en una batalla en la que muchos huyeron.
El Magno se autoproclamó entonces líder de los segadores, aunque ya lo había sido de forma implícita durante los años anteriores, después de pillar al antiguo líder acostándose con una indigna, asesinarlo y ofrecer su cuerpo desmembrado a la Muerte.
Nadie se atrevió a llevarle la contraria.
Desde entonces, vivimos tres años en los que tuvimos que defendernos, criar bestias mágicas para ofrecer su sangre a la Muerte y pelear junto a El Magno. .., hasta hace unos días.
—Estás muy callado —me dice mi padre—. Espero que no sea porque vas a desoír mi consejo.
—No —le aseguro—. Estoy pensando en que he recibido una oferta de Alec Aurigae. Quiere que nos aliemos en el torneo.
Mi padre abre los ojos, repentinamente interesado en lo que tengo que decir.
—¿Y qué le has respondido?
Niego con la cabeza.
—No he tenido tiempo de decir nada.
—Bien. —Mi padre medita la situación—. No queremos a los Aurigae como enemigos. Pero tú conociste a El Magno y sabes que no le gustaban las tonterías. Solo puede haber un ganador, Marlowe. Encárgate de ser tú.